miércoles, julio 15, 2009

Tres años robando rosas: el donoso escrutinio


El pasado 12 de Julio este sitio cumplió tres añitos (¡ya!), y para celebrarlo, o recordarlo, o para satisfacer mi arraigadísimo instinto fetichista con las fechas y mi tendencia a la nostalgia, los balances y el vagabundeo por la senda que nunca he de volver a pisar, hemos decidido hacer una selección personalísima e intransferible de nuestras entradas favoritas, o sea, de las entradas que correríamos a salvar en una hipotética quema.

Y así, hemos dado un paseo por los pasos recorridos a través de algo menos de 500 entradas (no son muchas para tres años... pero es que algunas son larguísimas, que yo tengo más rollo que el papel higiénico), y hemos visto con pena la cantidad de entradas que blogger dejó sin imagen cuando decidió -sin consultarme- eliminar mi antigua cuenta, y yo me he tenido que morder las ganas de corregir, pulir y modificar alguno de mis textos (si supiérais la cantidad de veces que lo hago con cada uno antes de publicarlo... ays, la inseguridad... ays, la indecisión), y nos hemos mirado con sonrisa y algún sonrojo, como se miran las fotos de la infancia, en las que puede que no estemos demasiado favorecidos, pero que despiertan un cariño dulce e indulgente por aquellos que fuimos y por el tiempo que vivimos.

Porque nos han pasado muchas cosas en estos tres años, y casi todas han tenido su reflejo, más directo o más indirecto, más nítido o más críptico, en nuestro robar rosas.

Así que de Dei, que escribe muuuuuuucho menos que yo, nos quedamos con:

A todos mis extraños

A terra dos mil verdes

En lo más profundo

La temida libertad

¿1º de qué?

Demasiado corazón

Los últimos extraterrestres

He visto a la muerte como un ave extraña

Lobo

El artista del alambre

Mi meme

Y de lo que yo he escrito, de forma progresivamente más farragosa, divagante y extensa, por motivos personales, sentimentales, impulsivos y no siempre argumentables,me quedo con:

Donde habite el recuerdo

Y encontré la verdad en la mentira

Recuerdo enmarcado

Amantes o amados

Amar la imperfección

Estar mal

Creer o no creer

Y no estás tú

De caras, monedas y tragedias

Y nosotros nos iremos, y no volveremos más

Libertad (II)

Entroido

Máikel

Apuesta

Paso por Parla

Destino

No

¿Futuro perfecto de amar?

Certeza

Mi vida sin mí

Jajajaja

No era yo

Equipaje

Poetas muertos y versos del capitán

Yamirah y el velo

Ahora que ya no estoy yo

Durmiendo con tu enemigo

Miss you

Vida vivida y vida pensada

Frikis

Dieciocho cosas que me encantan de Zaragoza

Abriles robados

Amor, tiempo, coincidencias y finales

Para olvidar

Unidad y/o variedad

Habemus gato

Silbar mi melodía

Escribir

¿Belleza o utilidad?

Hermosísimo invierno de mi vida

Ángeles castrados

"Es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre"

El cielo, la tierra y la cruz

Una cobarde con suerte

Mi primer meme

Buenos entendedores

Herederos del viento

Credo

Problema y solución

Y por último, y a modo de curiosidad (porque a mí me resulta muy curioso, la verdad), las dos entradas por las que más gente ha llegado a este blog poniendo palabras en google u otro buscador, que les llevan de bruces con:

-Lo dionisíaco y lo apolíneo

-Reivindicación


En todo caso, lo que yo quería celebrar en realidad es que aquí seguimos, todavía. Robando rosas.


Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,
¡amor!, la única rosa.

Rosa, la rosa... Pero aquella rosa...
La primavera vuelve
con la rosa
grana, rosa amarilla, blanca, grana;
y todos se embriagan con la rosa,
la rosa igual a la otra rosa.
¿Igual es una rosa que otra rosa?
¿Todas las rosas son la misma rosa?
Sí. Pero aquella rosa...

(...)
Todo, de rosa en rosa, loco vive,
la luz, el ala, el aire,
la honda y la mujer,
y el hombre, y la mujer y el hombre.
La rosa pende, bella
y delicada, para todos,
su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
a un tiempo lleno y suave,
íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa...
Sí. Pero aquella rosa...

Juan Ramón Jiménez


Ay, aquellas rosas...

martes, julio 14, 2009

Crónicas del casarse (y 5): Y así fue







Dicen que los nervios de la novia son proverbiales e inevitables, lo cual me parece normal, teniendo el cuenta el tiempo y la energía que inviertes en preparar y esperar ese díado. Y sin embargo, yo no estaba especialmente nerviosa los días antes: era más bien un estado de euforia, ilusión y emoción constante, que sí, resultaba extraña por la falta de costumbre.

Fueron días dulces y soleados, de llamadas y mensajes de los que no iban a estar pero estaban, de cuenta atrás y celebración, con compañeros del instituto, que me habían acompañado en la locura que fueron los preparativos, y también alumnos, que llevaban tiempo elucubrando a qué se podía deber mi anunciada ausencia, y que se sorprendieron (¿por qué todo el mundo se sorprendía? ¿tan poco “casadera” se me ve?) y alegraron mucho (incluso empezaron a hablar de que el viernes se escaparían en autobús hasta Zaragoza ¡en horas de clase! para verme en el juzgado, pero yo puse el grito en el cielo y les amenacé con todos los males a mano de un profesor).

Fue emocionante y alegre recibir a mi familia la tarde previa, encontrarnos con la de Dei, irnos todos a cenar, y quedarnos charlando un ratito en casa antes de irnos a dormir. Y el caso es que me dormí enseguida, pero por alguna extraña razón -quizás algún nervio escondido que me remordía por dentro, pero juro que yo no sabía de él- me desperté sobre las cuatro de la mañana, y por curiosidad, miré el reloj. Cuando quise volver a dormir, ví que no me dormía. Y que seguía sin dormirme. Y otro rato más, y otra vuelta... Y ahí sí que me puse un poco nerviosa, pensando que iba a estar hecha polvo, que ya no aguanto como antes, y etc. etc. etc. Y con estos pensamientos -nada dulces, la verdad- me dormí sin darme cuenta un ratito antes de que sonara el despertador, sobre las ocho. Bueno, por fin era 20 de marzo. Parecía que no iba a llegar nunca y que nunca iba a pasar. Pero sí: ya había amanecido, y en unas tres horas tenía que estar en un taxi camino del juzgado.

Me levanté de un soplo, me duché, me lavé la cabeza, me pinté como buenamente pude y salí pitando hacia la pelu, tras rogarle a Dei que fuera a coger el ramo de novia que tantos desvelos había costado -a mí, y a la florista- y que por favor me lo dejara en casa antes de irse a la de su madre a vestirse. Me costó convencerlo, pero al final accedió. Si es que es un sol cuando quiere.

La peluquería estaba recién abierta cuando yo llegué, y estuve lo que me pareció un buen rato esperando a que se instalaran y me dijeran que ya podía pasar, con las uñas entre los dientes, las piernas traqueteando y mensajes cariñosos, que me llegaban al móvil de cuando en cuando, de algunos que sin poder estar, estaban conmigo.

Mientras me peinaba con la tenacilla, la peluquera, que es muy dicharachera y amable, comentaba el día tan maravilloso que hacía (porque hacía un día estupendo, a pesar de no haber llevado ni huevos ni dinero ni nada al convento de Santa Clara y de no haberme encomendado, como buena atea, a más santo que la página del INM que llevaba una semana consultando, y que conmigo fue más maja que un San Antonio), lo poco pintada que yo iba y lo deprimentes que eran las bodas en el juzgado (¿seguro que esta muchacha me había oído bien cuando le dije que me casaba por lo civil y en el juzgado?), donde según ella tenías que hacer cola entre inmigrantes con ramos de novia, donde tu familia corría serio peligro de meterse en la boda que no era y donde el juez apresuraba tu boda para poder gritar cuanto antes "el siguiente", como en la carnicéría.

Llena de los buenos deseos -a pesar de todo- de peluqueras y clientas acontecidas, corrí a casa con la manecilla del reloj en contra, y allí me vestí con la ayuda inestimable de mi hermana para abrocharme (el vestido tenía tooooda la espalda llena de presillas) y de mi hermano para inmortalizar el momento y comentar la jugada. Ramo, carnet, alianzas (sé que no es normal una novia con bolsito, peeero...) ¡Nos vamos!

Enseguida descubrí que bajar las escaleras con taconazo y vestido largo de un par de capas no resulta tan fácil como yo me prometía. Teniendo en cuenta mi natural patoso ,el día pinta de lo más entretenido. Concentración y nada de despistes, Teresa, que no es buena ocasión para caerse ni para proporcionar a familiares y amigos anécdotas inoportunas que te mezclen a ti con palabras como suelo, tropezón,escaleras, y que resultarán imborrables durante años, y años, y años.

A las 11 llamamos al taxi. Estuvimos unos 10 minutos esperando al sol mientras el corazón se me subía a la garganta y preguntaba la hora sin poder evitarlo una y otra vez. Indicamos al taxista con entusiasmo y apremio que nos llevara a los juzgados de la plaza del Pilar por la zona de la muralla (parecía que yo lo tenía muy claro, pero en realidad no tenía ni idea, y esa era la consigna que me había dado Dei). Y todo iba bien hasta que nos encontramos de bruces con el atasco del Paseo de Teruel. Las once y veinte. Cuando le decimos al taxista que la boda es a las once y cuarenta, él, que era profundamente maño, desde el acento hasta la cordialidad, no sólo despotricó enérgicamente contra el atasco y el tráfico de Zaragoza a media mañana, sino que se metió por el carril que no le correspondía y todo para que pudiéramos llegar a tiempo. Y a tiempo, gracias a él, llegamos.

Entre la sonrisa y la risa nerviosa divisé a Dei, y a los míos, y a los suyos, todos guapos... Y mi tía y mi madre que quieren hacerse fotos conmigo.... Y hay un chico alto que no conozco -todavía- con una cámara de vídeo. Y todo son piropos para el vestido -como todas las novias, qué menos-, y besos, y mi madre que me mira y me remira y no me suelta...Y amigos acicalados y otros que se han escapado del trabajo sin acicalar para estar estos minutos... Y las niñas que me ven tan rara que no se acercan ni a darme un beso... Y que ya casi son menos veinte, y nosotros allí de cháchara y fotos y sin saber siquiera adónde tenemos que ir.

Así que nos metimos en el juzgado para descubrir que aquella puerta no era, e indicados por un funcionario dimos la vuelta en comitiva atropellada y despistada hasta que dimos con la puerta que sí era. Nos recibe una juez afable, de voz pausada y suave, que hizo de la sencilla ceremonia -yo hubiera leído el “Todavía” de Benedetti, pero como sabía que Dei no quería, me limité a tenerlo en el corazón- un ratito emotivo, de palabras dulces y torpe intercambio de anillos en el que -como era yo la que llevaba todo- no sabía bien qué hacer con la cajita de las alianzas, el bolsito, el ramo, y en el que todos (padrino, madrina y Dei) acabaron con alguno de mis bártulos en la mano (visto a posteriori en vídeo parece un número de mímica).

Luego vinieron los besos y abrazos de todos con todos, y tal y como entramos, en atropellada y despistada comitiva, nos fuimos a la plaza del Pilar a hacernos fotos, y fotos. Y más fotos. Y en atropellada y despistada comitiva nos fuimos a una cervecería, de donde algunos que yo me sé -ejem, ejem- salieron ya ligeramente perfumados-, y en atropellada y despistada comitiva acudimos luego al restaurante donde comíamos sólo con la familia.

El Txalupa nos reservó y acondicionó un saloncito aparte para nosotros con todo mimo y detalle, que sólo se vio tocado por un despiste inaudito por parte de los anfitriones, es decir, los novios, es decir, nosotros, que con tanto mimo y detalle creíamos haber preparado todo. Porque hete aquí que en la gran mesa exquisitamente decorada faltaban dos sitios. Los nuestros, claro. Porque la única explicación que se me ocurre para haber encargado para doce comensales en lugar de catorce fue que sólo habíamos contado a los invitados y no nos habíamos contado a nosotros mismos.

La comida fue exquisita, cordial y divertida. Corrieron el vino, el marisco, el ternasco, los postres, las charlas, la risa, el Moet, los cantos y los juegos de las niñas. Al acabar nos fuimos al Parque Grande a tomar algo a una terracita y a apurar la tarde sonriente y soleada. Yo, por supuesto, con mi vestido y mi ramo (quería llevarlo a la cena, para regalársel a mi mejor amiga, a la que dejé allá en Galicia), mientras divertidos desconocidos me felicitaban, y hasta me vi obligada a meterme en el aseo portátil con la ayuda de mi madre y sorteando por enésima vez mi proverbial torpeza. En la terraza, eso sí, corrieron alguna copa y hasta algún helado en alguna chaqueta, pero son cosas de las fiestas y dicen que traen buena suerte.

Antes de que anocheciera, subimos a casa un ratito, a descansar. Poco a poco se fueron todos, y llegó la hora de bajar a la cena. Ahí sí que no sé por qué, me puse nerviosa. Seguramente estarían ya todos esperando mientras Dei y yo nos retocábamos, nos sacudíamos el cansancio y cogíamos un taxi hacia el restaurante. En la puerta divisé una cabeza que se asomaba mirando a todos lados, y que al vernos echó a correr hacia nosotros. Belén me abrazaba emocionada y me emocionaba aún más, mientras abría la puerta del Goyesco de la mano de Dei para verlos a todos aplaudir y gritar. Allí estaban, los venidos desde Verín, y desde Valencia, y desde Alcañiz, y desde Navarra, y desde Madrid, y desde donde fuera. No estaban todos los que eran, pero sí eran todos los que estaban. Y lo que importaba era que estaban allí para estar con nosotros, y verlos por fin aquí y juntos era por lo que todo esto merecia la pena.


Y luego ya, pues lo de cualquier boda, supongo. Mucho vivan los novios (mi cuñado, que venía con resaca de la comida, y lleva ba copas y copas de ventaja al resto, nos deleitó varias veces con gritos desaforados dignos de un tenor baturro venido a menos), algún que se besen , que se besen, vinito, entrantes, ternasco, charlas, risas, le doy el ramo a Belén -¡por fin merecieron la pena mis desvelos y los de la florista-, se me emociona y me emociono, más vino, más charlas, más risas, reparto de los detalles, acogidos con entusiasmo, reparto de los tickets para las copas, acogidos con más entusiasmo, fotos, más charlas, cambio de mesas, los gallegos acabamos en una todos juntos y cantamos la rianxeira -oliñas veñen, oliñas veñen, oliñas veñen e vaaaaan .....- lo que es prueba de que aquello era una fiesta de verad, Dei y yo bailamos un vals sin música para "abrir el baile" e irnos al pub(con lo que había temido él este momento cuando pensábamos hacer baile con diskjockey... milagros del alcohol, la noche yla fiesta...), y aunque el camino hacia allí se hizo largo, mereció la pena, porque todo el mundo estuvo animadisimo, la música fue genial, hubo moscas de las gordas, charlas de las de madrugada y copas, besos, abrazos y retirada remolona sólo por cierre del local a altas horas de la madrugada.

Mientras me quitaba el vestido, solo podía pensar en lo rápido que había pasado todo, después de tanto esperar.

Bueno, eso, y que la noche de bodas está muy mitificada ;-)...

Desde ese día, yo me he convertido en una apóstola de las bodas. Pero no por la institución, sino por la fiesta.

Porque es muy difícil reunirlos a todos para celebrar que compartimos vida, y una boda es simplemente la excusa perfecta para que pasen cosas que sin ella no pasarían jamás.





Ahí estás
Tu belleza me consuela
Me he ido lejos
y por poco no te encuentro
y por poco hubiera vivido sin ti
No hay nada en el mundo que prefiriera
a vivir en ti.

Allá vamos.
Nuestra aventura favorita.
Deberias saber
que nunca me he sentido más completa
y que nunca pensé que vería
el signficado de mi vida
envuelto en ti
a mí lado.

Si alguna vez temes
que algún día podamos perder esto
vuelve aquí
a este momento que durará
y el tiempo puede pasar tan rápido
cuando todo está exactamente donde está.
Es lo mejor.








































viernes, julio 10, 2009

Cosas de niños


La niña sonríe: ¡Espera,
voy a cojer la muleta!

Sol y rosas.
La arboleda movida y fresca,
dardea limpias luces verdes.
Gresca de pájaros, brisas nuevas.
La niña sonríe: ¡Espera,
voy a coger la muleta!

Un cielo de ensueño y seda,
hasta el corazón se entra.
Los niños, de blanco, juegan,
chillan, sudan, llegan:
¡Nenaaa!
La niña sonríe: ¡Espeeera,
voy a coger la muleta!

Saltan sus ojos. Le cuelga
girando, falsa, la pierna.
Le duele el hombro.
Jadea contra los chopos. Se sienta.
Ríe y llora y ríe: ¡Espera,
voy a coger la muleta!

¡Mas los pájaros no esperan;
los niños no esperan!
Yerra la primavera.
Es la fiesta del que corre
y del que vuela...
La niña sonríe: Espera,
voy a coger la muleta!
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Hay cosas de niños que sólo puedes comprender bien de mayor.

Como los chistes de Mafalda. O El Principito.

jueves, julio 02, 2009

Feos





Si la belleza está en el ojo del que mira, la fealdad también. Y cada época enseña a sus hijos a mirar de una manera determinada, y a ver belleza y fealdad para aplicar esas categorías de forma contundente. Y cruel con el que le toca la de la fealdad, claro.

"Feo" es una categoría tal vez y hasta cierto punto relativa, pero aplastante una vez que la aplicamos obviando su relatividad, que es como se aplica. Y resulta especialmente aplastante y cruel cuando esa persona la asume y la fealdad se convierte no en una caracteristica, sino en un sentimiento que puede obstaculizar gravemente el poder llevar una vida mínimamente feliz o sensatamente tranquila. ¿Y por qué?

Porque en el imaginario popular que constituye el terreno en el que echamos nuestras raíces, hay una asociación implícita -y por tanto, peligrosa y difícilmente desmontable- entre belleza, bondad y amor. . En poemas, canciones, cuentos, novelas y películas, los buenos son guapos y los malos son feos (a veces, la maldad surge del resentimiento por la propia fealdad... pensad, por ejemplo, en las hermanas de Cenicienta), y todos los que se enamoran, se enamoran de la belleza. Y siempre entre ellos: los guapos con los guapos; los feos con los feos.

Por tanto, nos inculcan que los feos tienen menos posiblidades de ser queridos, y claro, "all you need is love". Todos necesitamos amor. Los feos también.

Pero el asunto va mucho más allá, porque la persona que asume su fealdad, la siente y sufre por aella, no sufre en realidad porque efectivamente sea menos querido (aunque existen por ahí estudios que demuestran que los feos tienen más dificultades y la vida de los guapos está llena de ventajas, por la actitud inconsciente que todos, padres incluidos, adoptamos ante unos y otros), sino porque se siente menos digna de ser querida. Y esto es un problema que puede llegar a ser terriblemente grave y creciente, porque la persona que se siente así puede llegar a despreciar a las personas que le quieren, al considerar -inconscientemente, claro, que es la forma más peligrosa y solida de consideración- erróneo o injustificado ese amor. La frase de Groucho de “nunca querría formar parte de un club que me quisiera como socio” define esto muy bien. O sea, que asumir la propia fealdad puede llegar a ser toda una condena de por vida a la soledad. Y aunque no se llegue a este punto, suele ser duro asumir que se es feo. Porque la belleza está en la órbita de lo positivo, y la fealdad de lo negativo, y parece ser que esto incluso tiene bases biológicas (según Punset, la belleza humana surge de la ausencia de enfermedad y la idoneidad genética), y por si esto fuera poco, nuestra cultura le ha añadido sibilinamente implicaciones cuasimorales.

Pero feo y guapo están lejos de ser categorías absolutas marcadas con un más o un menos, un "si" o un "no". Aparte de la relatividad de los criterios o cánones de belleza, y de que belleza y fealdad están como dijimos, en el ojo del que mira (quién no ha discutido con otro porque a mí fulanito me parece guapo y a ti te parece feo, y/o viceversa), está claro que esto es una cuestión de grado. Me explico.

Todos tenemos cosas bonitas, y todos tenemos cosas feas (termino relativo, vale, pero ya me entendéis). El “problema” (también para entendernos) surge cuando alguien empieza a sentir que son sus cosas feas las que le caracterizan, le marcan y le definen, sobre todo frente a los demás. Es lo que denominamos “complejo”: la conciencia dolorosa de un defecto que crece y crece hasta amargarnos la existencia. Si alguna vez has ocultado compulsivamente una parte de tu cuerpo; si te has quitado la ropa que tanto te gustaba en el último momento; si una crítica en principio trivial te ha dolido como una puñalada y ya no te la has podido quitar de la cabeza; si te has sentido de repente triste por una forma de tu cuerpo, si hasta has dejado de salir, o de quedar con alguien, o hacer cualquier otra cosa apetecible por ello, sabes de lo que te hablo en primera persona. Si no, eres gran afortunado. O afortunada.

Existe una gama amplísima de complejos posibles, porque no dependen de la realidad objetiva, sino de la percepción que uno tiene de sí mismo (nunca objetiva, claro, sino subjetivísima por definición, que somos juez y parte). Unas orejas de soplillo, unos dientes desiguales,unas cartucheras, un michelín en la cintura, una nariz grande o aguileña, unos muslos gordos, unas piernas con varices, el acné, la calvicie incipiente o consolidada, unos músculos distendidos, unos labios finos, unos pechos pequeños, una estatura demasiado larga o demasiado corta, unos kilos de más o las arrugas inevitables que son el rastro de lo vivido.

Cualquier rasgo que para uno no es más es una anécdota, para otro puede ser un drama, porque lo siente como su rasgo más poderoso, el que le define, y por tanto, a partir de rechazar ese rasgo con pasión y entrega, puede llegar a recharzarse a sí mismo. Con la misma pasión y entrega. La anorexia, por ejemplo, a pesar de que suele implicar más factores, suele ser un ejemplo elocuente de este proceso, pero también están ahí la tendencia al aislamiento o directamente la misantropía, y casos hay para la historia y para el arte. (Por ejemplo, Quevedo, del que ya hablamos aquí, misántropo y misógino, era un gran acomplejado).

Contra este “sentimiento del defecto” se puede luchar intentando modificar el rasgo de nuestros desvelos (ahí están los potingues, las dietas, la cirugía estética, los aparatos de gimnasia las ortodoncias), se puede disimular (ahí están las posibilidades de vestuario y peinado, las postures corporales, los gestos) o directamente esconder (ahí está internet y la posiblidad de relacionarse ocultando el físico, germen de tantas historias frecuentemente trágicas, tantas esquizofrenias y tantos problemas).

O se pueden asumir, y pasar de ellos (y hasta dicen que hay terapias para eso, pero no sé yo). Ahí están esos gorditos felices, esas chicas (sobre todo sudamericanas, no sé por qué) que ciñen sus caderas o sus vientres mucho más redondeados de lo que nos acostumbra las televisión, esos feos que se ríen de sí mismos y esas personas poco agraciadas que se ocupan y preocupan afortunadamente en otras cosas, como la simpatía, la inteligencia o el arte... Sabina, por ejemplo, decía que él hacía canciones para ligar, y que si hubiera sido guapo no le habría hecho falta. Es decir, la fealdad puede ser la base y el riego para que florezcan el ingenio, el arte, la cultura o la simpatía...

No es fácil vencer los complejos, aunque si de verdad buscas esa victoria, son obvias algunas pautas. No conviene ver demasiada tele y son contraproducentes las revistas de belleza. Son más que nunca odiosas las comparaciones y escuchar comentarios de compañeros de trabajo o “amienemigos” que buscan meter el dedo en la llaga fingiendo no darse cuenta. Conviene ocuparse mucho del interior, recordar que alguien (no recuerdo quién) dijo que "el ansia de perfección mata los afectos", fijarse bien en el alrededor y observar dónde reside el verdadero afecto, aunque todos percibimos que mientras oímos pregoneros de que eso de que lo importante es el interior y bla bla bla, en el ambiente respiramos que en la práctica el funcionamiento de las cosas es otro.

Es un tópico, pero no por ello es menos real, que vivimos en un mundo tiranizado por la imagen y un ideal de belleza perfecta que además responde a unos cánones muy determinados, rígidos y completamente artificales (o sea: inexistentes en la realidad) que condenan al ostracismo casi de la realidad,( es decir, de la imagen ofrecida por los medios de comunicación – actual dios creador de lo que debe existir) a todo el que no encaje en ellos. Así que no voy a redundar en ello. Lo que me importa es que nacemos y crecemos en un ambiente hostil, extremadamente hostil, que fomenta los complejos y sus consecuencias (y ahí están las anorexias, vigorexias y demás palabras nuevas y horribles, surgidas al arrimo de esta cruel realidad) y hay que estar preparados. Pero no es fácil.


Los complejos, pues, son un sentimiento: la conciencia emotiva y dolorosa de la propia fealdad. Y como todos los sentimientos, han sido expresados por la literatura. Porque la preocupación por la imagen ha existido siempre, aunque ahora dos factores han contribuido a su crecimiento desmesurado:

1.- Los medios de comunicación:
vivimos en un mundo de imágenes como nunca antes había sucedido, imágenes ideales y creadas artificialmente pero que parecen reales y naturales, y se convierten en modelo y referencia de lo que debemos ser (y nunca seremos: ahí está el filón para un negocio inagotable)

2.- La democratización de las aspiraciones: en principio, nos venden que todos podemos ser ricos, guapos, y famosos. Antes se asumía lo que uno era, y había pocas posiblidadesdes de cambio, y por la vía de la resignación se llgaba al conformismo, y ya decían los estoicos que la falta de “afectos” o ansias, bien utilizada, puede ser un pasaporte a la “felicidad” o al menos la serenidad del ánimo (que no es poco) . Hoy nos venden (otra vez el negocio) que todos podemos llegar a ser aunque no seamos. Y por tanto, si no eres, es culpa tuya. Así que si eres feo, o gordo, o tienes tal cosa fea, no sólo tienes un defecto físico, también moral: eres un fracasado.

Qué horror, ¿verdad? Pero insisto en que, aunque hoy vivamos un paroxismo comercial de todo esto, desde siempre ha habido preocupación por la imagen, y los cánones estéticos han sido igual de rígidos e implacables con aquellos a los que en cada época les tocaba ser “feos”. Desde la Antigüedad Clásica (con su ideal de proporción y equilibrio, conservado en la belleza clara, serena y eterna de sus estatuas) hasta la actualidad.

Curiosamente, en la la Edad Media, la preferencia por la abstracción y el rechazo y desconfianza por todo lo terrenal (y ya no digamos lo carnal: pecado, pecado, que lleva a la condena eterna)les hacia referirse a la belleza casi siempre en abstracto, sin dar rasgos físicos conretos . Y en esto, la literatura española muestra el mismo carácter realista que la ha definido frente a otras a lo largo de su historia, y así, la descripción del ideal femenino de belleza aparece en dos títulos medievales hasta cierto puno insólitos, peculiares y excepcionales ya en su época: la Celestina y El libro de buen amor. Este último incluye una especie de “manual para ligar”, en el que se describe a la mujer idónea a buscar en los siguientes términos:

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillos, no teñidos de alheña,
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña

En todo caso, en la Edad Media, y en el resto de los tiempos, es una constante la belleza física como requisito para el amor. Así, en el Renacimiento los poetas adoraban a una dama prototipica, igual en todos los poemas, fueran del poeta que fueran, que terminó siendo un tópico que parodiará el desentaño del siglo siguiente, el XVII: ojos claros, pelo rubio como el oro, cuello esbelto, labios y mejillas rojos, y sobre todo, tez muy muy blanca . Esto último rasgo corrobora también otra constante del modelo de belleza (y por oposición, del de fealdad), que se vincula al dinero: por aquel entonces, las ricas (es decir, las nobles) no curraban, y eran las únicas que podían permanecer blancas recluidas en sus palacios y bajo sus carrozas y sombrillas; las campesinas se ponían morenas sin querer trabajando en el campo y teniendo que andar por la calle, y en España a esto se mezclaba el asociar tez oscura y antepasados musulmanes, lo cual llevaba ya un par de siglos estando muy mal visto y reportando desventajas socioeconómicas.

En el siglo XVIII se llevó al paroxismo la obsesión de de la tez blanca, utilizando polvos de arroz como maquillaje, y al mismo tiempo que nacían las modas, se exageraba también el requisito de una cintura estrecha frente a una cadera ancha, que obligaba a las mujeres a utilizar corsés a lo bestia, lo provocaban frecuentes desvanecimientos entre las más bellas damas.

La preferencia por la tez blanca se mantendrá prácticamente hasta el siglo XX, en que cambian las tornas y las que se ponen morenas son las que tienen dinero para ir a tomar el sol o rayos UVA, y que son las que también pueden operarse de cirugía estética y comer sano y no grasa industrial.

Pero volviendo a la literatura, la belleza aparece siempre como causa y requisito para el enamoramiento, pero... ¿qué ocurre con la “fealdad? ¿Y con su conciencia dolorida?

La fealdad aparece, claro, frecuentemente como motivo de burla, escarnio y caricatura. Así, por ejemplo, en El libro de Buen Amor, que nos cuenta casos amorosos con una serie de damas, aparecen cuatro "serranas" (muchachas campesinas), descritas de forma caricaturesca (y paródica de un género de la época, que describía a las serranillas como seres bellísimos y delicados) con todos los rasgos antitéticos del ideal de belleza. La más fea de todas es Aldara,la serranda de Tablada, a la que no le falta detalle:

Desde que yo nací no pasé tal peligro:
llegando al pie del puerto me encontré con un vestiglo
el más grande fantasma que se ha visto en el siglo,
yegüeriza membruda, talle de mal ceñiglo.

Con la cuita del frío y de la gran helada,
le rogué que aquel día me otorgase posada.
Díjome que lo haría si le fuese pagada;
di las gracias a Dios, nos fuimos a Tablada.

Sus miembros y su talle no son para callar,
me podéis creer, era gran yegua caballar;
quien con ella luchase mal se habría de hallar,
si ella no quiere, nunca la podrán derribar.

En el Apocalipsis, San Juan Evangelista
no vio una tal figura, de tan horrible vista;
a muchos costaría gran lucha su conquista,
¡no sé de qué diablo tal fantasma es bienquista!

Tenía la cabeza mucho grande y sin guisa,
cabellos cortos, negros, como corneja lisa,
ojos hundidos, rojos; ve poco y mal divisa;
mayor es que de osa su huella, cuando pisa.

Las orejas, mayores que las del añal borrico,
el su pescuezo, negro, ancho, velludo, chico,
las narices muy gordas, largas, de zarapico,
¡sorbería bien pronto un caudal de hombre rico!

Su boca es de alano, grandes labios muy gordos,
dientes anchos y largos, caballunos, moxmordos;
sus cejas eran anchas y más negras que tordos.
¡Los que quieran casarse, procuren no estar sordos!

Mayores que las mías tiene sus negras barbas;
yo no vi más en ella, pero si más escarbas,
hallarás, según creo, lugar de bromas largas,
aunque más te valdrá trillar en las tus parvas.

Mas en verdad yo pude ver hasta la rodilla,
los huesos mucho grandes, zanca no chiquitilla;
de cabrillas del fuego una gran manadilla,
sus tobillos, mayores que los de una añal novilla.

Más anchas que mi mano tiene la su muñeca,
velluda, pelos grandes y que nunca está seca;
voz profunda y gangosa que al hombre da jaqueca,
tardía, enronquecida, muy destemplada y hueca.

Es su dedo meñique mayor que mi pulgar,
son los dedos mayores que puedes encontrar,
que, si algún día ella te quiere espulgar,
dañarán tu cabeça cual vigas de lagar.

Tenía en el justillo las sus tetas colgadas,
dábanle en la cintura porque estaban dobladas,
que, de no estar sujetas, diéranle en las ijadas;
de la cítara al son bailan, aún no enseñadas.

Costillas muy marcadas en su negro costado,
tres veces las conté, mirando acobardado.
Ya no vi más, te digo, ni te será contado,
porque mozo chismoso no hace bien el recado.


La fealdad también aparece caricaturizada hasta la crueldad en toda la poesía satírica de Quevedo, compendio de casi todos los defectos físicos (y morales) posibles,desde la nariz grande del proverbial soneto "a una nariz pegado", hasta la delgadez extrema, pasando por la calvicie, la baja estaura, la fealdad, la vejez, la ausencia de dientes,y etc. etc. etc. Pero como sobre ella hace tiempo que quiero escribir algo, no voy a contar nada más ahora.

En literatura (y en cine, claro), la fealdad es un obstáculo para el amor, y esto puede generar el mal y/o la tragedia. Así ocurre, por ejemplo, en la Fábula de Polifemo y Galatea, tema mitológico clásico recreado luego por poetas como Góngora o por dramaturgos del XVII, en la que el monstruoso cíclope se enamora de la bella ninfa, a su vez enamorada del bello Acis, al que el , despechado y rabioso, mata aplastándolo con una piedra. Ya en el siglo XX el Fantasma de la ópera, de Gastón Leroux, cuenta una historia parecida ampliamente recreada por teatro y cine.

Fealdad enamorada de la belleza y final trágico aparecían también en la historia del jorobado de Notre Dame, surgida de la pluma del gran Víctor Hugo en el XIX, recreada varias veces en cine y TV, y edulcorada y popularizada por Disney a finales del XX.



Claro que también hay historias de feos con final feliz, como la de El patito feo o La bella y la bestia.... pero ojo, que aqui el final feliz, por mucho que prediquen lo de la belleza interior y bla bla bla, llega por la transformación del feo en guapo (¡traidores!). Y algo parecido ocurre el cine en Shrek, que en principio se pregona como una reivindicación de los feos y el desmonte de tópicos, pero que se pervierte cuando nos meten que para poder querer a Shrek, Fiona tiene que volverse fea (es decir. los feos con los feos, los guapos con los guapso,... ays, los mensajes subliminales, que chungos) Hubiera sido mejor ver a una princesa preciosa enfrentándose al mundo por su amor a un horrible ogro... pero no se le pueden pedir peras al olmo. Y el imaginario popular al que responden estas historias y estas películas sigue siendo, me temo, un olmo que ha crecido sobre elterreno del mito de la belleza.

Así pues, generalmente el feo produce lástima, se vuelve rencoroso, termina mal o se transforma en bello, y entonces tiene el final feliz que solo los bellos parecen merecer.

Un enfoque más complejo y menos maniqueo lo ofrece el gran Benito Pérez Galdós, uno de los grandes nombres del realismo español, en Marianela. Cuenta allí la historia de una niña fea y raquítica debido a la vida miserable, y falta de atención y afecto con la que el mundo la ha condenado a crecer, que tiene que cuidar y guiar a un chico ciego, el único que no la mira condicionado por su aspecto físico (Exupery dirá medio siglo largo más tarde aquello de que solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos, y de esto hablaba ya este libro). El chico ciego se enamora de ella por su bondad, humildad, candor y simpatía, y por los maravillosos ratos que pasan juntos. Es más, el ciego la considera bonita, y argumenta esta afirmación en dulces párrafos llenos de una lógica aplastante, pero que todos sabemos que se puede desmontar con sólo una imagen... Y Marianela, feliz como una perdiz, hasta que llega un médico inoportuno, que mediante una operación devolverá la vista al joven ciego y.... hasta aquí puedo contar. Porque quiero haceros como a mis alumnos de 4º, con los que suelo leer fragmentos de esta novela. Imaginad lo que ocurrirá cuando el joven ciego recupere la vista. Se admiten apuestas sobre cuál creéis que es el final.

Ahora bien, el tratamiento de los “complejos” en literatura es otra cosa y es menos frecuente. La primera gran acomplejada que se me ocurre es la madrastra de Blancanieves: esa insistencia en preguntar todos los días al espejo, y el no soportar nadie más bello revela en el fondo una gran inseguridad y un complejo, a pesar de la supuesta belleza objetiva ¿o no?



Los complejos en forma de lamentos por el propio físico son menos frecuentes. Recuerdo una poesía popular del s XV en el que una campesina se quejaba del color moreno de su piel (pero no consigo localizar el poema ahora mismo), y en el XIX Bécquer recrimina dulcemente (como era él) a una chica que se quejaba de tener los ojos verdes:

Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las hurís del Profeta.
El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores
brillante el Iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano,
y el laurel de los poetas.


Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta,
en que el carmín de los pétalos
se ve a través de las perlas.
Y sin embargo,
sé que te quejas,
porque tus ojos
crees que la afean.
Pues no lo creas.
Que parecen sus pupilas
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro
que al soplo del aire tiemblan.


Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta,
que en el estío convida
a apagar la sed en ella.
Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean.
Pues no lo creas.
Que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.


Es tu frente que corona
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.
Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean.
Pues no lo creas.
Que entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan.
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
quizás si negros o azules
se tornasen, lo sintieras.





Pero la gran obra sobre un complejo es Cyrano de Bergerac, que se ha convertido en mito y es objeto de constantes versiones por la actualidad (y tal vez universalidad) de su tema : el complejo físico como obstáculo para el amor. Todo universal de la vida y el sentimiento. Y el cine, claro, lo ha recreado profusamente, ya en 1950, o en la maravillosa adaptación de la novela de Ronstad protagonizada por Depardieu, como en “actualizaciones” o adaptaciones contemporáneas, como Roxanne protagonizada por Steve Martin, bombero narigudo enamorado de una dulce Roxanne encarnada por Daryl Hanna, o La verdad sobre perros y gatos , versión mucho más libre y femenina del mito.


Con todo, donde el tema es tratado con más profusión es, claro está, en la poesía popular actual, que sin entrar en valoraciones sobre su calidad literaria, está conformada por las letras de canciones que escuchamos la gran masa. Así, tenemos el Feo, de Fito y Fitipaldis, que afronta el tema desde la reflexión, la serenidad y la sabiduría que sólo da la experiencia:







o el Unpretty de las TLC, que habla del complejo y la inseguridad que puede provocar el enamorarse de alguien que no parece más que ver nuestros defectos y hasta pretende cambiarlos:











o el Ugly de Jon Bon Jovi, que trata de convencer a su chica (en el vídeo, Demie Moore), que al parecer se siente fea, de lo bella que se vería si pudiera verse con los ojos con que él a mira:


y el Beautiful de Christina Aguilera, que anima a todos a sentirse bellos digan lo que digan. Y eso, con una voz maravillosa y descomunal, sorprendente en una chica menuda y chiquitilla como ella. Si es que el tópico de que el físico es un envoltorio a veces injusto de nuestro interior es una verdad tan contundente como desatendida... y poco efectiva en la práctica

.:: Christina Aguilera ::. == Beautiful
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Yo, como gran insegura casi profesional que soy, he tenido muchos complejos a lo largo de mi vida y en ocasiones me han amargados la vida, y escribirlos aquí supongo que es otro granito en la superación en la que estoy empeñada y para la que el paso del tiempo es sin duda un gran aliado: hubo temporadas e que me pesaban algunos kilos de más, que se me ponen siempre en la cadera y en los brazos (odio la forma de mis brazos y he llegado a estar años sin poner ropa sin mangas); en la adolescencia aborrecía mis gafas y estaba obsesionada por su aumento (de hecho hay gente que jamás me ha visto con gafas, aunque Dei ha sido mi gran terapia para sacudirme ese complejo... pero fue tan fuerte durante tanto tiempo, que inevitablemente algo queda todavía); hubo una época en que me parecían horrorosos mis pies y llevaba calzado cerrado hasta en verano; me acompleja también mi torpeza, mi propensión a caerme y tirar o manchar cosas, y siempre que me pasa algo de eso me pongo a la defensiva y soy incapaz de reírme.

En cuanto percibo alguna de estas actitudes, indicios de complejos, en mis alumons, intento mitigarla (supongo que inútilment, pero yo lo intento). Es el síndrome del redentor. Porque los que han tenido complejos (como los que han sufrido algún trauma) suelen tener dos patrones de respuesta: el del vampiro (burlarse de los demás o criticar defectos... Quevedo sería un ejemplo extremo de esto; ya os contaré) o el del redentor (intentar "salvar" a los demás como nos hubiera gustado salvarnos a nosotros mismos). Y me parece que yo me he ido por la segunda vía. Mejor, ¿no?




Pues si tú tienes también algún complejo, pasado o presente, confesado u oculto, y quieres hacer terapia, o conoces algún ejemplo ilustrativo del tema, o quieres hacer defensa o escarnio o disertación o lo que sea acerca de la fealdad y sus alrededores. aquí estaríamos encantados de leerte. Que lo sepas.

domingo, junio 28, 2009

Credo



Miro valientemente más allá de lo que veo
conociendo cosas que sé que no pueden ser, no ahora
Soy tan consciente del lugar donde estoy, pero no sé donde está
y hay algo justo frente a mí y yo

toco los dedos de mi mano
y me pregunto si soy yo
manteniéndome y aferrándome a teorías de prosperidad,
alguien que me pueda prometer
que yo creo en mí.

Mañana fui nada, ayer seré
El tiempo me ha engañado
haciéndome creer que es una parte de mí.
No hay nada en esta habitación más que espacio vacío,
sin mi, sin mundo, sin mente, sin cara.

Toco los dedos de mi mano y me digo si soy yo
manteniéndome y aferrándome al Amor, ¿qué otra cosa es real?
Una religión que me llama.
Creo en mí

¿Puedes apagarme por sólo un segundo, por favor?
Convertirme en algo sin cara, sin peso, sin mente, sin hogar
vacío estado de paz.

Sigo, y sigo, y sigo, y sigo, y sigo
creo en mí.

Espérame, no soy nada en mí mismo
Estoy dispuesto a segur, pero no solo, no ahora.
Soy tan consciente de todo, pero nada parece real y
mientras tú estés en frente de mí entonces yo seré.

Miro los dedos de nuestras manos
y me siento agradecido de ser yo
aferrándome,
sigo, y sigo, y sigo, y sigo, y sigo

Creo en mí...


Creo que querer es poder
y que cuando decimos "no puedo"
nos callamos "no quiero".
Y creo que esto a veces es bueno.

Creo que una mentira asumida
puede convertirse en la verdad que marque una vida.

Creo en el poder de la palabra
la propia y la ajena
para crear,
para condenar,
para sanar,
y para salvar.

Creo que los platos rotos del alma
los paga casi siempre el cuerpo.

Creo que en el principio era el Verbo
y que morder el fruto
del árbol de la ciencia del Bien y del Mal
fue nuestra caída fatal
en el pozo de una infelicidad
desconocida para el resto de la naturaleza.

Creo en la sustancialidad del adjetivo
del adverbio, del verbo y de todos los complementos.

Creo en algunas cosas
de las que a veces puedo creer en las contrarias.

Creo que belleza y fealdad
surgen siempre de adentro a afuera
y creo que no siempre se ven con la mirada primera.

Creo que sólo con el tiempo se aprende
a mirar por segunda vez
a ver
y a distinguir miradas.

Creo en el retrato de Dorian Gray
y en la verdad de todos los cuentos de Wilde
con mi fe más sincera.

Creo en la importancia moldeadora y reveladora de la forma
y en la fuerza inevitable y desbordante del fondo.

Creo en lo cursi, en lo ingenuo
y en la importancia de los superfluo.

Creo en la bondad superficial, espontánea e inconsciente.

Creo que los actos buenos nos hacen buenos
y los actos malos nos hacen malos.

Creo en la mala suerte, el mal de ojo,los sortilegios
pero claro
también creo en amuletos,bendiciones, buenas estrellas
y rituales de salvación
y creo que creer
sobre todo sin querer
es lo que hace que funcionen.

Creo que las ideas nos distinguen
y las emociones nos acercan.

Creo en la necesidad de conocer el mal
para llegar al bien
y creo en las etapas oscuras
necesarias para llegar a la luz
y distinguirla.

Creo con Dante
que el camino al Paraíso
pasa por el Infierno y el Purgatorio
y creo con Dante
que los poetas pueden guiar por infierno y purgatorio
pero que por el paraíso sólo puede guiar
quienquiera que sea lo que para él era Beatriz.

Creo en los milagros que se salen de lo previsto
y en la magia de lo que nuestro ojo a ver no alcanza
porque la mano (de lo que sea) es siempre más rápida.

Creo en el cambio y en la dialéctica
como leyes inmutables.

Creo en las paradojas
porque creo en la artificialidad
maravillosa y falible de los conceptos.

Creo en la mentira,
también maravillosa
y útil
y redentora,
del conocimiento.

Creo en la sorprendente debilidad
de las cadenas
si uno llega a ver que son sólo eso:
cadenas.

Creo que toda cadena se puede romper.

Creo que todo lo que nos hacen
puede ser deshecho.

Creo en los caminos de ida
y en los caminos de vuelta
y en que para volver
es necesario haber(se) ido primero.

Pero creo que volver es imposible
porque nunca vuelve el mismo.

Creo en el amor y la afinidad y la repulsión
a primera vista
y creo en la amistad y el afecto y el desamor
a fuego a lento.

Creo en el instinto, lo irracional y el impulso
y creo en el poder del entrenamiento
de la voluntad
del alma y del cuerpo.

Creo en la risa como arma poderosa
y en la alegría como escudo protector.

Creo en la intuición y sus aciertos imposibles,
creo en el corazón y sus errores inocentes
y en la buena intención inútil de los consejos.

Creo en la utilidad de las preguntas
y en el peligro de las respuestas.

Creo en el poder y la mentira del espejo.

Creo en un tiempo para cada cosa
y en cada cosa a su tiempo.

Creo que hay que aprender a esperar
-qué difícil-
y a distinguir los deseos impuestos
de los que son realmente los nuestros.

Creo en el derecho a querer
lo que realmente se quiere
todo lo que se quiere
pero sólo lo que se quiere,
y creo que descubrirlo
reconocerlo
y aceptarlo
es una parte esencial de la sabiduría.

Creo que para ser sabio
hay que saber recordar.

Creo que recordar bien
no es tan fácil como parace.

Creo que son las cosas que ganamos con el tiempo
y no las que perdemos
las que son realmente nuestras.

Creo que uno aprende siempre solo
aunque la chispa y las ganas puedan ser azuzadas por otros.

Creo en nuestra soledad esencial
y creo que la soledad puede compartirse.

Creo que crecer de verdad es irse atreviendo
a ser el niño que una vez creímos que dejábamos de ser.

Creo que madurar es llenarse de nostalgias
dulces
y reconciliarse con el ayer
con todo el ayer
con todas sus cosas y todos sus quiénes
con todo y con todos.

Creo en la serenidad y en la sabiduría
de la vejez
como único consuelo para la vida.

Creo en el poder de intentar burlar la muerte
y en la heroicidad y grandeza
del inútil esfuerzo.

Y creo que se cree
con la cabeza y con el corazón
pero que,
aunque se le pueda convecer
con elocuencia, argumentos, trabajo y paciencia,
en esto de creer
la última palabra
la definitiva
la tiene siempre, con sus razones, el corazón.

Y creo que el corazón es un gran cabezota.

Creo en algunos,
sólo en algunos
pero cada vez son más
y cada vez son menos.



Y empiezo a creer, despacito,
en mí
aunque de vez en cuando me defraude.

Porque ya he dicho que creo en las etapas oscuras
como camino hacia la luz
y en el error como parte necesaria del acierto.

Por eso, en mí,
poco a poco,
despacito
creo.





¿Y tú?
¿Cuál es tu credo?

viernes, junio 26, 2009

Fantasmas y monstruos


Michael Jackson entró en nuestras vidas (las de mi generación, me refiero) una noche de fin de año. La familia tenía cita obligada entonces frente al televisor, la bandeja de turrones y dulces navideños, y el Freixenet, para tragarse, con un entusiasmo incomprensible, el superespecial que solía reunir lo más hortera del año, en un país y una época ya de por sí bastante horteras.

Aquel año ( no recuerdo cuál) pusieron un vídeo-clip. Apenas sabíamos bien qué era esto de los vídeo-clips musicales, y los presentadores (tampoco recuerdo quiénes eran) anunciaban éste en un alarde de ingenio irónico, como un vídeo "desternillante". Contaba el vídeo-clp la historia de una parejita de jóvenes negros, guapitos y delgaditos, que salían del cine, y, de pronto, se veían rodeados por un grupo de zombies bailones de lo más horroroso a los que pronto se uniría, como un zombie más y ante el espanto de la pobre chica, el chico, que llevaba una cazadora plasticosa color naranja de lo más ochentera que terminaría siendo mítica...








Nosotros no lo sabíamos, pero estábamos asistiendo al nacimiento del mito Michael Jackson, precisamente con una historia de fantasmas o de monstruos, premonición quizás irónica de aquello en lo que iba a convertirse: un destartalado fantasma de sí mismo, el prototipo de los freakies, un monstruo condenado a la soledad y a la compasión por sus excentricidades lastimosas.

Del proceso de odio hacia uno mismo que puede llevar a esa autonegación y autodestrucción de la que todo el mundo ha sido atento espectador, creo que queda poco que decir. Pero hubo un día en que este monstruito era un ídolo de masas, un rey Midas del pop que convertía en ventas millonarias todo lo que tocaba. Y que sobre todo, bailaba con un estilo personal, único, claramente reconocible y universalmente imitado. Por encima de gustos y disgustos, por encima del odio hacia la música comercial y sus iconos consciente y concienzudamente fabricados y prefabricados, Michael Jackson, este Peter Pan autodestructivo, bailaba como un verdadero genio.

Y este otro vídeo, casi veinte años posterior al de aquella noche de fin de año, es para mí una pequeña maravilla, a pesar de ser un compendio de efectos especiales, tanto visuales como musicales, y todo lo que denostan los que odian la música comercial y su parafernalia.



Michael Jackson vuelve en él a convertirse en fantasma, en monstruo, cuasiparodiando y homenajeando al que una vez fue y siempre será: el chiquillo delgadito de movimientos inconfundibles que jugaba a hacer vídeos donde se llevaban al paroxismo todos los tópicos del género de terror. Aunque su propia historia sólo provoque lástima por el niño que no quiso, o no pudo, o no supo crecer, y otro tipo de terror: el terror al daño que podemos hacernos a nosotros mismos...

La escena donde el esqueleto baila a lo Michael Jackson me encanta.

Y sí, a mí me gustan algunas cosas horteras. Pero qué queréis: pertenezco a la generación que creció con Michael Jackson, las hombreras, los pendientes de clip de colores, los moldeados, las series de los ochenta y Madonna. Y por mucho que intenten arrancárnoslo las nuevas modas y los nuevos gustos, supongo que algo queda. Sobre todo cuando una llega a la edad de la nostalgia y sus fantasmas.

Y allí, en ese limbo de nostalgia y fantasmas donde quiso quedarse Peter Pan, nos espera y nos acompaña ya definitivamente Michael Jackson, que creció con nosotros, pero creció tan mal, vete tú a saber por qué tremendos dolores del alma o qué herida infantil sin cauterizar, que no pudo aprender a abandonar esa infancia, llena de monstruos y fantasmas, de la que surgieron algunas cosas como estas, que hicieron de él un hito y un mito, al que no le falta ya ni siquiera una muerte temprana:



Watch Michael Jackson - Beat it in Music View More Free Videos Online at Veoh.com



Michael Jackson - Billie Jean




Michael Jackson - Dirty Diana






Michael Jackson - Stranger In Moscow


Michael Jackson - They Don't Care About Us (Official Music Video) - Click here for this week’s top video clips

Michael Jackson - Man In the mirror @ Yahoo! Video

jueves, junio 25, 2009

Pájaros en el corazón


Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?


CHARLES BUKOWSKI


Yo también tenía en el corazón un pájaro
pequeño, vulgar y molesto
que quise ignorar mucho tiempo.
O cambiarlo por otro.
O que se fuera bien lejos.

Le echaba la culpa de todo
a mi oscuro pájaro terco.
Hasta que me di cuenta
de que sin él yo no era:
sin mi triste pájaro insomne
no era yo más que
una triste jaula vacía.

Empecé entonces a mirarlo con insistencia
a escucharlo con dedicación
y a intentar comprenderlo con paciencia.

Fue inútil:
él nunca me hablaba.

Y aún así
a golpe y fuerza de intuición
me fui reconciliando
con mi pequeño pájaro oscuro
que estaba siempre tan triste.

Así que ahora lo mimo
y lo saco de paseo
para que vea el mundo y sus colores
para que no piense que todo es tan triste
como lo que él ha visto ahí adentro.

Una vez soñé que cantaba
mi pobre pájaro silvestre
pero al despertar me di cuenta
de que es torpe,
perezoso y desatento.
Así que le enseñé a leer poemas
y a escuchar canciones
y a paladear historias
y a mirar colores
que sabían decir lo que él nunca cantaba.

Y un día nos tropezamos con Bukowski
y me di cuenta de que mi pájaro también era azul
y de yo que quería intentar robar alguna rosa
de las avenidas de la muerte,
mientras mi pájaro oscuro
aprendía a no callarse.

Pero eso sí: yo siempre supe llorar.

Quizás por eso mi pájaro azul no canta
quizás todavía.

martes, junio 23, 2009

Problema y solución


Citas:

"Si es problema, tiene solución; si no, no es problema."

"Si tu problema no tiene solución, ¿por qué te afliges?. Si tú problema no tiene solución, ¿por qué te afliges?, "

"Si no eres parte de la solución, eres parte del problema."

"El optimista encuentra una solución para cada problema. El pesimista encuentra un problema en cada solución"

"No importa el problema: importa la solución."

Está claro que problema y solución son dos caras de la misma moneda, y que la última cita dice una verdad que si se toma en serio, tiene consecuencias mucho más amplias y profundas de lo que pudiera parecer a primera vista. Y sí, pensándolo bien, parece evidente y simple. Hay que dedicarse a las soluciones y no a los problemas.

Pues yo, no sé si por manía o por costumbre, me quedo siempre enredada siendo parte del problema y dándole vueltas al problema, a sus causas, a su origen, a su porqué, a sus consecuencias, y a la aflicción, claro... y nunca me llegan el tiempo y las fuerzas para llegar a la solución.

Claro que Einstein decía algo así como que "La formulación de un problema es más importante que su solución". Pero puede que se refiriera sólo a la ciencia, y los problemas de los que yo hablo son más bien "de letras"... o tal vez no.

Dedicarnos a los problemas nos hará pesimistas; dedicarnos a las soluciones nos hará optimistas.

Dedicarse a los problemas es propio de los teóricos; dedicarse a las soluciones, de los prácticos.

Dedicarnos a los problemas tal vez nos haga más sabios... Dedicarnos a las soluciones tal vez nos haga más felices.

Las relaciones que pueda haber entre sabiduría y felicidad son controvertidas y difíciles de establecer (¿es más feliz el sabio o el tonto? ¿es necesaria la sabiduría para la felicidad o puede ser incluso un obstáculo?), pero si hay que priorizar entre ambas... creo que cada vez me tira más la segunda.

Bueno, por probar, no pierdo nada. Tras años y años enredada siempre con los problemas, prometo intentar enredarme con las soluciones. A ver qué tal.




¿Y tú a qué te dedicas? ¿Al problema o a la solución?

domingo, junio 21, 2009

"El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada..."



Hoy ha sido la Fiesta de la Música o Día Internacional de la Música (aunque otros dicen que tal día es Santa Cecilia, el 4 de Octubre). Y quería escribir algo sobre la música. Pero es difícil. Podría hablar de la música que me gusta y la música que no me gusta (pero sería un rollo larguísimo, y me da pereza, que es domingo, y además sería algo perecedero y contingente, porque mis gustos cambian). Podría hacer una selección personal de canciones imprescindibles (pero serían tantas...). Podría hablar de los músicos y su peculiar situación socieconómica (pero es un tema complejísimjo y yo no tengo demasiada idea)...

Podría, pero no. Al final, me he decidido por buscar en la memoria música sobre la música, es decir, canciones que hablen sobre canciones, igual que hay obras literarias que tratan sobre la literatura (la más importante, claro, el Quijote) o películas de cine que hablan sobre el cine. En el youtube tenemos unas cuantas. Pero a lo mejor a ti se te ocurre alguna más...




Rasgando mi dolor con sus dedos
cantando mi vida con sus palabras
matándome suavemente con su canción
contando toda mi vida con sus palabras
matándome suavemente con su canción.





Mi regalo es mi canción
y esta es para ti.
Y puedes decirle a todo el mundo
que esta es tu canción
Puede que sea muy simple,
pero ahora que ya está hecha
espero que no te importe
que haya puesto en palabras
qué maravillosa es la vida
ahora que tú estás en el mundo.



Podrías pensar que la gente está harta de tontas canciones de amor
pero yo miro a mi alrededor y no es así.
Algunos quieren llenar el mundo con tontas canciones de amor
¿Y qué tiene de malo?
Me gustaría saberlo
porque allá voy yo otra vez.
Te quiero, te quiero...



Hay un buen público para un sábado
y el gerente me sonríe
porque sabe que es a mí a quien han venido a ver
para olvidarse de sus vidas por un momento

y el piano suena como un carnaval
y el micrófono huele a cerveza
y ellos se sientan en la barra
y ponen monedas en mi bote
y me dicen:"Eh ,tío, ¿qué haces aquí?"

Cántanos una canción, eres el pianista
cántanos una canción esta noche
pues todos tenemos ganas de música
y tú nos haces sentir bien





No pienses en el ayer y no mires el reloj
me gusta el "booggie woogie"
Es como cabalgar en el viento y nunca desaparece
Toca todo en lo que estoy
tengo que tenerla todos los días.
La música hace que la gente se una...



Cualquier noche los gatos
de tu callejón
maullarán a gritos esta canción
porque yo tengo una banda de rock and roll ...




No toques esa canción para mí
porque me trae recuerdos
de los viejos días que una vez conocí
los días que pasé contigo.

Oh, no dejes que la toquen
porque llena de pena mi corazón
Por favor, páralos enseguida
porque recuerdo lo que me dijo...





Por favor, antes de cruzar la puerta
¿escucharías mi canción?
Si sólo me dieras una oportunidad
no volvería a bailar con el diablo...





Somos una generación que avanza
por el triunfo

Liberaos de la esclavitud mental;
nadie más que nosotros puede liberar nuestras mentes.
No tengáis miedo de la energía atómica,
porque nadie puede parar el tiempo.
¿Hasta cuándo matarán a nuestros profetas
mientras nos echamos a un lado para mirar? Ooh!
Alguno dicen que es así:
tenemos que completar el libro
¿Me ayudas a cantar
estas canciones de libertad?
Es todo lo que siempre he tenido
Canciones que nos salvarán
Canciones que nos salvarán



La música es expresión y es comunicación. Es un arte y es una ciencia. Es industria y es negocio. Es ocio y es oficio. Es inspiración y es técnica. Se puede escuchar, sentir, estudiar, clasificar, criticar, analizar y discutir. Puede ser protagonista, personaje secundario o figurante. Da para mucho, la música.

Hay música para bailar, música para llorar, música para olvidar, música para evadirse, música para protestar, música para reivindicar, música para provocar, música mnemotécnica (ay, aquellas lecciones cantadas... cómo hubiéramos aprendido sin música la tabla de multiplicar), música para convencer (y cómo lo saben los políticos y sus asesosores), música para congregar (y si no, no habría himnos), música para vender (cuántas canciones han popularizado de paso los anuncios), música para controlar (los militares y sus marchas,... pero también otras que lo hacen más sutilmente) o música para definirse, distinguirse y resistir (los negros, los gitanos, los "otros", han configurado su identidad distinta y su unidad a través del jazz, el soul, el hip hop o el flamenco).

Hay historias de amor que empiezan con una canción e historias de amor que sin sus canciones nunca serían como han sido. Hay canciones protesta y canciones para la revolución, que cantan lo que nadie dice pero había que gritar. Con una canción surgió la revolución de los claveles en Portugal, y hasta la revolución francesa tuvo la suya. Cada época tiene su signo y su música, y sin música muchos no sabemos ser.

La música amansa a las fieras, el que canta su mal espanta y a los niños, que aún no entienden, se les cantan nanas. Por algo será. La música cambia la escena, el ambiente y el alma de las cosas. Si quieres acabar de golpe una fiesta, apaga la música; si quieres llorar tus penas, sumérgete en música triste; si quieres viajar en el tiempo, escucha la música que escuchabas; si quieres ponerte de buen humor, seguro que hay música para ello.

Psicosis, Lo que el viento se llevó, El doctor Zivago, 2001 una odisea espacial, El piano, La lista de Schlinder, Supermán, La guerra de las galaxias, Grease, West Side Story.... Casablanca, claro, Casablanca: ninguna de ellas podría haber sido lo que son sin su música.

Muchos tenemos una banda sonora personal que ha marcado el recorrido que vamos haciendo, atrapando algunas de las canciones que flotan en el aire para guardar en ellas momentos, recuerdos y el alma de los hechos. El protagonista de Alta fidelidad decidía ordenar sus discos por la época en la que los había comprado, y así reflejarían su historia personal. Yo podría, sin duda, hacer lo mismo, con canciones que tengo por casa y otras que tengo en la memoria. O en el corazón.

Porque somos afortunados, muy afortunados, por vivir en un tiempo en que tenemos la música ahí, siempre a mano, tanto que ya ni somos conscientes de valorar y agradecer este privilegio. Porque hubo un tiempo, largo, muchísimo más largo, en que los hombres solo escuchaban música cuando alguien la tocaba, y solo unos pocos privilegiados podían escuchar, por ejemplo, un piano o un violín.

La música y sus alrededores parecen consustanciales al ser humano: todos las culturas tocan, bailan y cantan. como desahogo, como celebración, como cortejo o como ritual de los momentos importantes de la vida. Hay canciones de cuna, de boda, de pena, de funeral, de despedida, de fiesta, de trabajo, de viaje.

Está claro que la música no es solo bella. También es necesaria. ¿Y por qué?

Desde Pitágoras, muchos filósofos han dado un sentido trascendental a la música, que es ritmo, y número, y matemática, y proporción, y nace de esos mismos principios que rigen nuestro universo. Incluso decían que el alma entregada a la música se pone en contacto con un conocimiento superior de ese orden del mundo, de los principios abstractos y eternos que rigen el funcionamiento de la materia. Algo así como el "alma" del mundo, el software del hardware que es la realidad. Porque lo que hace que el sonido se convierta en música es lo mismo que convierte a la materia inerte en parte de un universo, y al barro mortal que somos en un ser que se mueve y piensa y recuerda y añora y se emociona y crea y siente.

Y esa magia, por fortuna cotidiana, que sucede cuando suena la música, la expresó de forma bellísima un poeta de una época que confundía sabiamente belleza y bien, estética y ética, goce y conocimiento, música y sabiduría... Era fray Luis de León y cantaba a un amigo músico, Salinas, y ya de paso, a la música...

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida...

jueves, junio 18, 2009

Planes, pereza y naturaleza


Para mí el comienzo del verano, por el cambio de vida que supone para mí (sí, soy muy afortunada, tengo más vacaciones que la mayoría de los trabajadores, pero no voy a explicarme, excusarme ni pedir que me perdonéis la vida y el sueldo por ello, que ya lo he hecho demasiadas veces en 13 años de experiencia laboral), supone un momento de proyectos mucho más importante que el tradicional comienzo de año o incluso Septiembre (es que yo vuelvo al trabajo con mucho menos ánimo que a las vacaciones... tal vez por deformación profesional), y poco a poco se van dibujando en mi cabeza algunos proyectos para las semanas venideras, que aparecen, al menos en mi imaginación, calurosas y llenas de posibilidades.

Mis planes para el verano son:´

  • Ponerme morena: yo soy rubia y muy blanca, y como nos pasa a la mayoría, me siento muy favorecida con aquello que no es propio de mi naturaleza, por ejemplo, el pelo liso, la ausencia de gafas, mucha delgadez o un tono doradito en la piel. Pero si me pongo con paciencia, insistencia y mucha protección solar, termino cogiendo colorcillo. Así que ya tengo mi pase de temporada para la piscina municipal del barrio, mi mp3, mi bikini, mis cremas... Y oyes, justo el día que me cogí el pase, empezaron las tormentas por la tarde. Y el día que no hace tormenta, a mí me surge algo que me impide ir a la piscina. De momento, ni un poco roja me he puesto. Pero bueno, sólo hace 15 dias que tengo el dichoso carnet... Quedan muchos días más... ¿no?
  • Leerme la famosa trilogía Millenium: a pesar de mis reparos ante los best-seller (de nuevo, tal vez, deformación profesional), hay tanta gente y tan variopinta en edad, condición e intereses realmente enganchada a los orondos libros de orondos títulos y extrañas portadas, que me mata la curiosidad de a ver qué coño tienen para ser tan adictivos. En cuanto termine de releer El lobo estepario, me compro el primero. Que además seguro que viene de perlas para mi proyecto anterior (dicen que te absorbe tanto que puedes pasar horas y horas sin darte cuenta... yo pienso pasar algunas bajo el sol).
  • Leer todos los libros que me he comprado sobre atención a la diversidad,es decir, cómo trabajar con niños con problemas de aprendizaje o de conducta, que son con los que trabajo, y sobre los que he ido aprendiendo sin orden ni concierto, improvisando y absorbiendo cosas de aquí y de allá,. y ya está bien.
  • Estudiar inglés. Bueno, esto lo digo muy bajito. Ya no pongo el proyecto que tenía en mayo de presentarme en Septiembre a los exámenes de 6º curso de la Escuela de Idiomas, en el que estoy matriculada (aunque ya me han comunicado que no soy persona grata, o sea, alumna oficial, debido a mis faltas de asistencia... es que he tenido un año muy ajetreado), porque los de junio, segùn me han contado, han sido de una dificultad no apta para mi innato sentido del ridículo. El año que viene, con un poco de suerte, seré repetidora, y ya tendré un propósito que hacerme en Septiembre.
  • Ver muchas pelis de Woody Allen (en versión original, y así también enlazo con mi proyecto anterior). Últimamente no hago más que pillar ofertas irresistibles de sus grandes clásicos, que de momento no he podido ver por falta de organización y tiempo, así que espero poder pegarme una panzada algunos días de estos que están a punto de empezar...
  • Limpiar cristales y ventanas de mi casa. Proyecto pospuesto desde que llegó la primavera y el buen tiempo, para el que siempre encontré excusa pero que no puedo posponer más. ¿O a alguien se le ocurre alguna excusa convincente? ¡Admito sugerencias con entusiasmo!
  • Pintar. Mira que me gusta, pero hay que sacar tanto armatoste, y una vez que empiezo no puedo parar, y sé que interferirá en los otros proyectos... pero quiero pintar, y pintar, y pintar.
  • Hacer mis álbumes de fotos de la boda y el viaje. Pero es que soy tan indecisa que me paso horas eligiendo, deselegiendo, ordenando y volviendo a ordenar, y claro, me canso antes de tener nada en claro.
  • Escribir las crónicas del casarse que me faltan. Sí, me faltan. en plural, a pesar de llevar ya cuatro. Es que tengo mucho rollo, no sé si os habéis dado cuenta.
  • Escribir más en este blog en general. Me da pena tenerlo siempre tan desangelado.
  • Escribir también un poquito más en La soledad sonora. Ese sí que da pena.
  • Recibir visitas de Galicia. Como este no depende totalmente de mí, seguro que se cumple. Eso espero, que tengo muchas ganas.
  • Viajar en coche por Europa y con amigos. Este tampoco depende solo de mí, y seguro que también se cumple (a no ser que pase algo gordo como el año pasado, que toco madera, cruyo dedos de manos y pies y lo que haga falta)
  • Escuchar a Bach. Porque creo que me estoy enamorando. Y eso que ya he explidado que no soy aficionada a la música clásica. Pero Bach me toca. Claro, es que soy barroca, y él también.

En septiempbre volveré a este mismo post, y veré punto por punto qué ha sido de mis planes. Avisada estás, Teresa: te pediré cuentas punto por punto. Que te conozco...


¿Y tú? ¿Ya tienes planes o no usas? ¿No se te había ocurrido hacerlos? Pues prueba, que todo es empezar. Yo, antes de escribir esto, tenía menos planes, lo juro.



A ver ahora cómo hago. Porque mi viejo proyecto desde siempre es empezar a organizarme, y por eso este post no es más que un deja vu.

Pero es que empiezo a pensar que esto de los planes y proyectos no es lo mío... Porque soy de naturaleza perezosa e impulsiva. Y ya he dicho que siempre me empeño en cosas contrarias a mi naturaleza.

Cagüentó.