sábado, 5 de agosto de 2017

Tres años robando rosas: el donoso escrutinio



El pasado 12 de Julio este sitio cumplió tres añitos (¡ya!), y para celebrarlo, o recordarlo, o para satisfacer mi arraigadísimo instinto fetichista con las fechas y mi tendencia a la nostalgia, los balances y el vagabundeo por la senda que nunca he de volver a pisar, hemos decidido hacer una selección personalísima e intransferible de nuestras entradas favoritas, o sea, de las entradas que correríamos a salvar en una hipotética quema.

Y así, hemos dado un paseo por los pasos recorridos a través de algo menos de 500 entradas (no son muchas para tres años... pero es que algunas son larguísimas, que yo tengo más rollo que el papel higiénico), y hemos visto con pena la cantidad de entradas que blogger dejó sin imagen cuando decidió -sin consultarme- eliminar mi antigua cuenta, y yo me he tenido que morder las ganas de corregir, pulir y modificar alguno de mis textos (si supiérais la cantidad de veces que lo hago con cada uno antes de publicarlo... ays, la inseguridad... ays, la indecisión), y nos hemos mirado con sonrisa y algún sonrojo, como se miran las fotos de la infancia, en las que puede que no estemos demasiado favorecidos, pero que despiertan un cariño dulce e indulgente por aquellos que fuimos y por el tiempo que vivimos.

Porque nos han pasado muchas cosas en estos tres años, y casi todas han tenido su reflejo, más directo o más indirecto, más nítido o más críptico, en nuestro robar rosas.

Así que de Dei, que escribe muuuuuuucho menos que yo, nos quedamos con:
A todos mis extraños
A terra dos mil verdes
En lo más profundo
La temida libertad
¿1º de qué?
 Demasiado corazón
Los últimos extraterrestres
He visto a la muerte como un ave extraña
Lobo
 El artista del alambre
Mi meme

Y de lo que yo he escrito, de forma progresivamente más farragosa, divagante y extensa, por motivos personales, sentimentales, impulsivos y no siempre argumentables,me quedo con:
 Donde habite el recuerdo
Y encontré la verdad en la mentira
Recuerdo enmarcado
Amantes o amados
Amar la imperfección
Estar mal
Creer o no creer
Y no estás tú
De caras, monedas y tragedias
Y nosotros nos iremos, y no volveremos más
 Libertad (II)
 Entroido
Máikel
Apuesta
Paso por Parla
Destino
No
¿Futuro perfecto de amar?
Certeza
Mi vida sin mí
Jajajaja
No era yo
Equipaje
Poetas muertos y versos del capitán
Yamirah y el velo
Ahora que ya no estoy yo
Durmiendo con tu enemigo
Miss you
Vida vivida y vida pensada
Frikis
Dieciocho cosas que me encantan de Zaragoza
Abriles robados
Amor, tiempo, coincidencias y finales
Para olvidar
Unidad y/o variedad
Habemus gato
Silbar mi melodía
Escribir
¿Belleza o utilidad?
Hermosísimo invierno de mi vida
Ángeles castrados
"Es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre"
El cielo, la tierra y la cruz
Una cobarde con suerte
Mi primer meme
Buenos entendedores
Herederos del viento
Credo
Problema y solución

Y por último, y a modo de curiosidad (porque a mí me resulta muy curioso, la verdad), las dos entradas por las que más gente ha llegado a este blog poniendo palabras en google u otro buscador, que les llevan de bruces con:
-Lo dionisíaco y lo apolíneo
-Reivindicación

En todo caso, lo que yo quería celebrar en realidad es que aquí seguimos, todavía. Robando rosas.
Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,
¡amor!, la única rosa.

Rosa, la rosa... Pero aquella rosa...
La primavera vuelve
con la rosa
grana, rosa amarilla, blanca, grana;
y todos se embriagan con la rosa,
la rosa igual a la otra rosa.
¿Igual es una rosa que otra rosa?
¿Todas las rosas son la misma rosa?
Sí. Pero aquella rosa...

La rosa que se aísla en una mano,
que se huele hasta el fondo de ella y uno,
la rosa para el seno del amor,
para la boca del amor y el alma,
...Y para el alma era aquella rosa
que se escondía, dulce entre las rosas,
y que una tarde ya no se vio más.
¿De qué amarillo aquella fresca rosa?

Todo, de rosa en rosa, loco vive,
la luz, el ala, el aire,
la honda y la mujer,
y el hombre, y la mujer y el hombre.
La rosa pende, bella
y delicada, para todos,
su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
a un tiempo lleno y suave,
íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa...
Sí. Pero aquella rosa...
Juan Ramón Jiménez


Ay, aquellas rosas...

El 2010 robando rosas


Hace ya un par de años, en uno de los aniversarios del blog, hicimos un donoso escrutinio en el que seleccionamos las entradas que salvaríamos presurosos de una quema de este blog, y fue divertido, y más para alguien como yo, nostálgica profesional , hábil catadora de recuerdos y ficciones cuya posición natural es la cabeza vuelta atrás. Asi que como con los años las manías no hacen sino acentuarse, y reprimirse no es nada, pero nada bueno, he decidido hacer algo similar con este año que apura sus últimos días con los cielos grises.

Es tarea fácil, además, porque cada año escribimos menos, hasta el punto de que este  hemos batido nuestro propio récord de escasez posteril, y en junio escribimos la friolera de.... una (sola) entrada...  En general, la principal novedad que hubo por aquí es que inicié, de forma consciente y oficial, algo que me salía de vez en cuando y que he ido descubriendo que es casi mi forma natural de escribir y de pensar, las concatenaciones, y que es parte lo que hace que escriba tan poco, porque llevan mucho tiempo y si de algo me noto yo falta es sobre todo de tiempo. 

Eso sí, en este 2010 escribimos algunas de las entradas que son de las más vistas, y nos visitó el Club de Lectura "A árbore vermella", el acontecimiento más insólito, alucinante y emocionante que me ha pasado desde que estoy por aquí....

Pero por lo demás, todo siguió teniendo un acento parecido a los años anteriores, que fueron cuatro (ya... cómo pasa el tiempo... sin ni siquiera darnos un momento para parar y ser conscientes de cómo pasa en realidad).

En definitiva, esto es que yo guardaría (con la perspectiva y el criterio radicalmente subjetivo de, además, la que se pone a hacer de juez siendo parte) de todo que ha pasado en este sitio durante los últimos 12 meses:
No sé si se nota, pero me cuesta mucho desechar (me pasa siempre, con todo, y sé que puede llegar a ser un problema, peeeero... vencerse a uno mismo no es tan fácil como a otros les parece...)

Y con este post, inauguro una nueva etiqueta que se llama "Ombliguismo" y a la que puedo añadir ya unos cuantos más... ¿por qué será?

miércoles, 13 de julio de 2016

Lo que decía Facundo Cabral

 
Facundo Cabral nació en la Plata argentina un día después de que su padre abandonara a Sara, su madre, y a toda su prole, y todo lo que sabemos de él nos lo contó él mismo.

Él mismo cuenta que apenas habló hasta los 9 años, la edad en la que malvivia con los suyos en la durísima Patagonia argentina,  la edad a la que ya había visto morir a cuatro de sus hermanos de hambre y de frío (otro se salvaría porque su madre lo metió en un tren hacia Buenos Aires con un cartel que decía "encuentren a su familia"), y la edad a la que había oído a un amigo de su madre decir, con la "maravillosa ingenuidad del pueblo",  que por fin tenían un presidente que se preocupaba por los pobres y que iba a darles trabajo.

El presidente era Juan Perón, y el pequeño Facundo emprendió solo y a pie el largo viaje desde la Patagonia a la capital en su busca. Lo encontró en un desfile e intentó acercarse a él. El presidente detuvo al policía que intentaba detener al pequeño con un contundente "déjelo hablar", y Facundo dijo quizás más palabras de las que había dicho en todo lo que hasta entonces había sido su vida para pedir trabajo para su madre. Él mismo cuenta que Evita lo oyó y dijo "por fin alguien pide trabajo y no limosna", y le prometió que lo tendría. Y así fue. Consiguió trabajo para su madre como limpiadora de una escuela en Tandil, adonde se trasladó ahora la familia menguada por el hambre, el frio y la miseria.

Él mismo cuenta también que a su  silencio se unió  la rebeldía, el caracter violento y el alcoholismo que le enseñó a robar sin escrúpulos, y que le llevaría a un reformatorio con 14 años, donde se produjo el primer esquinazo mágico al destino implacable que persigue a los niños como Facundo desde que el mundo es mundo. El padre Simón, un jesuita, le enseñó a leer y a escribir, y para apartarlo de peleas lo confinó en el lugar más solitario del centro: la bibilioteca. Y allí Facundo leyó, y leyó, y leyó, y se enamoró para toda la vida de la palabra que iba a salvarle solo con encontrarla, tras haber estado tan lejos. Estudió en tres años lo que otros estudian en doce, y cambió el alcohol por las palabras y por lo que viene siempre en y con ellas: las ideas, y así, cambió el sino trágico implacable que tenía adjudicado por una felicidad sustancial e incondicional de factura propia, que también él contaba haber descubierto cuando un vagabundo de nombre Simeón le llamó Príncipe por ser hijo de Dios y le recitó el Sermón de la montaña. Decia Cabral que ese fue su momento de revelación y de cambio, parecido tal vez al que yo sentí al leer "La vida es el arte del encuentro", aunque yo no haya sido tan valiente como para vivir, sentir y pensar solo y siempre según lo revelado, y es que a pesar de esto,  ese texto es uno de mis mantras y mis refugios, un bálsamo sorprendentemente efectivo para los golpes de los malos momentos, vengan de dentro o vengan de fuera, y una de las cosas que más me gusta compartir. Así que ahí lo tenéis.

Y es que ya lo decía Facundo: la felicidad no es para cualquiera; es para valientes. Que es mucho más fácil deprimirse que ser feliz, y que por eso hay tanto tango y un solo Walt Withman. Y tiene tanta razón.

Todo esto, y mucho más,  Facundo Cabral  nos lo escribió y nos lo cantó, porque su tercer encuentro mágico (tras el de Simón en el reformatorio y el de Simeón en la calle) fue sin duda su encuentro con la música, que llevaría sus palabras, y con ellas lo que con ellas va siempre, las ideas, por toda América Latina y hasta por España, donde unos cuantos tuvimos la suerte de adorarle, por sus textos y por canciones como esta:


Desde entonces ya no tuvo casa, porque para él la felicidad inexcusable requería libertad. Vivía en los hoteles a los que le llevaba a veces la excusa de su música (otras veces, seguro, le llevaban otras cosas), y los reconocimientos que iba recibendo se los daba a un amigo taxista que los coleccionaba. Decía también que su madre murió contenta porque cada vez se parecía más a lo que cantaba, y que lo más sensato sobre él como artista se lo dijo su ahijado: que cantaba para comprarle a él chocolates.

Se declaraba "admirador nato" y conoció en persona a Borges, a Ray Bradbury, a Rubinstein, a Sábato, a la madre Teresa de Calculta. De todos contaba anécdotas maravillosas, porque él contaba como nadie, y en sus conciertos, cantaba y contaba, contaba y cantaba, contaba cantando y cantaba contando.

Decía también que la persona a la que más admiraba (pero sólo si le hacían elegir sólo una) era Lao-Tsé, y de Lao-Tsé están impregnadas sin duda la palabras de Facundo.. Y decía estar felizmente loco, porque no le gustaban los cuerdos que se metían en uniformes, los cuerdos que dirigen bancos pensando ciegamente en avanzar, los cuerdos que dirigen la bolsa decidiendo lo que se come en la Habana o cuanto cuestan las cosas aquí, los cuerdos que no quieren soltar al poder, ni los cuerdos que dicen amar a una única mujer o para siempre porque e imposible. Y además era tan sabio como para dejar que esos cuerdos ni le ocuparan ni le preocuparan, porque estaba demasiado ocupado atendiendo a todo lo que él sabía que nos ofrecela vida para ser feliz.

Decia Cabral que la depresión nacía de la distracción, de vivir pensando en ayer o en mañana olvidando que el hoy es siempre lo único que tenemos y a lo que tenemos que dedicarnos. Porque venimos al mundo para ser felices. Porque fuera de la felicidad todo son pretextos. Porque él, que no conocería y perdonaría al padre que lo abandonó hasta los 46 años, y que aprendió mucho sobre la felicidad de su madre, a la que enseñó a su vez a leer, decía que tenemos que ser felices por nosotros y por nuestros hijos, porque no hay nada mejor que recordar padres felices.

Y decía también Cabral  que moriría en el escenario, que jamás se retiraría. Y efectivamente, murió en Guatemala, camino del aeropuerto, inmerso en su última gira, víctima de las balas tal vez destinadas a él -con las cosas del destino y del azar nunca se sabe-, pero  dirigidas a otro : el empreseario guatematelco Henry Fariñas,  que se había ofrecido a última hora a llevarlo al aeropuerto en su coche, el coche que acribibillaron unas balas claramente organizadas.

Cabral murió por la bala disparada sobre la diana de un hombre que llevaba seguramente una vida opuesta a la que él llevó y predicó cuando se lo pedian. Quizás, como pensó Dei, el destino aciago al que burló doblando la esquina de las letras de la mano del cura jesuita a los 14 años, le esperó camino del aeropuerto para demostrarle que él siempre cierra sus círculos. Que la violencia. y el materialismo absurdo e injusto, y la miseria en cualquiera de sus facetas, que eran el lugar por el que Cabral entró a la vida, debían ser el lugar por el que tenía que salir, aunque hubiera estado tan valiente y sabiamente alejado de ellos por decisión y voluntad propia el resto de su existencia luminosa, en que tuvo además la generosidad de compartir con nosotros su luz.

Pero Facundo Cabral afirmaba también ser un tipo de suerte, y él casi siempre tenía razón. Y contaba que cuando un periodista le dijo que no creía que Dios fuera justo porque si lo fuera, él tendría tanto éxito como Julio Iglesias, él le respondió que Dios sí era justo también en esto, porque Julio Iglesias necesitaba dinero, pero él necesitaba libertad. Y Dios le daba a cada uno lo que necesitaba. Así que quizás esta muerte, de alguna forma qu nuestra corta visión de mortales escépticos y doloridos por la pérdida trágica de uno de sus lúcidos no alcanza a comprender, fue también cuestión de suerte. Y si Facundo Cabral tenía razón, Dios está haciendo algo bueno para él con esta muerte fatal e incomprensible... Cabral sabrá, quizás.

También creía Cabral, con su madre, que la lucha entre el Bien y el Mal en el mundo es cosa de promedio, y que generalmente gana el Bien, porque hay más, aunque se note menos. "El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida"., decía.  Pero no sé yo si será posible todo el bien que nos hace falta en el mundo solo para compensar la muerte y la pérdida de Facundo Cabral. Tal vez, quizás, lo que él nos dejó.Es decir, lo que él decía, con y sin música.

Así que os dejo (y me dejo) en el harto consuelo de su memoria a través de sus palabras:


viernes, 1 de abril de 2016

Abriles robados

 Era una mañana y abril sonreía.
ANTONIO MACHADO 


En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando por la calle pasa
la vida como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo
y grita
"¿quién me ha robado el mes de abril?..."


(Yo no sé que etiqueta ponerle a esto... si canción o poema, porque no sé si es más lo uno o o otro, siendo entre ambas cosas de las mejores. Y por mucho que chirríe a veces el personaje, en Sabina están un músico y un poeta, y ambos son, también, de los mejores. Aunque yo creo que es, en el fondo, mucho mejor poeta que músico, y no sé si a su pesar.)

 La vida, las vidas, los años, están llenos de abriles robados, abriles fugitivos, posadas del fracaso, desamparos húmedos, trajes grises y gritos ahogados.

Aunque abril a veces no parece ni primavera, y se esconde como si no quisiera ser descubierto, no vaya a ser que le hagan ejercer un rato.

En este abril que empieza grisoscurocasinegro, en que el horror ruge sordo por debajo de lo cotidiano, abril tímido tras un invierno tan extraño  que quizás no le deje ser y que nadie puede cantar mejor que Sabina, yo sigo apostando por los abriles robados. Pero no los que nos roban, sino los que nosotros robamos. Los abriles robados a todos los pronósticos y a los destinos aciagos. Que se puede, aunque el traje gris y la falta de ascensores bajo el cartel luminoso de posada del fracaso no te dejen verlo.

Se puede robar un mes de abril, ese mes de abril que algo -vete tú a saber qué- parece empeñado en negarte.

De verdad, se puede.

Que por algo somos ladrones de rosas pululando por las avenidas de la muerte.

(Y al final, aunque crea que Sabina es mejor poeta, le voy a poner a la entrada la etiqueta de "Canciones". Pero sólo para entendernos, que conste.)

martes, 8 de marzo de 2016

Mujeres y letras


¡Oh género femíneo, encogido y frágil! ¿Por qué no fue también a las hembras concedido poder descubrir su congojoso y ardiente amor, como a los varones? Que ni Calisto viviera quejoso ni yo penada.


Agonizaba ya la Edad Media cuando la enérgica voz de Melibea se alzaba, por primera vez en lengua castellana -al menos, hasta donde yo sé- contra el papel de mero objeto de deseo pasivo y dependiente, y nunca de sujeto deseante, que la vida en sociedad parecía haber asignado implacable e inexorablemente a las mujeres.

Y no solo de palabra: también Melibea, personaje insólito de nuestra literatura durante siglos y siglos, romperá con convenciones, ataduras y sentimentalismos impuestos para disfrutar de la vida (concretamente, del sexo) sin tener en cuenta  nada más, y cuando su amante Calisto muere, ella sólo lamentará no haber gozado más del gozo. Claro que el judío converso Fernando de Rojas hacía que esta actitud fuera consecuencia de la intervención demoníaca de una bruja, y el argumento de su obra era  una durísima diatriba contra la sociedad hipócrita que había obligado a convertirse a los judíos por una cuestión religiosa y ahora seguía relegándoles a la posición de ciudadanos de segunda, mostrándonos un mundo en que los valores no son más que cáscaras vacías que esconden las pasiones de unos seres que conviven aislados entre sí por su profundo egoísmo.

jueves, 3 de marzo de 2016

Amantes y amados



Dice Antonio Gala en La pasión turca:

"Nacemos con el papel de amante o amado repartido, y ése es el que representaremos durante nuestra vida. (...) Claro que el amado es un poco amante, y el amante, algo correspondido; pero la actitud previa y esencial la tiene cada uno señalada. En cada relación amorosa hay, en último término, un devoto y un Dios, un amo y un esclavo; hay quien rompe a hablar y hay quien responde. Para opinar, habremos de tener en cuenta lo que sabemos y lo que intuimos: el primer golpe de vista es importante.

martes, 1 de marzo de 2016

Marzo marcea.


Ya el campo estará verde
debe ser primavera
cruza por mi mirada
un tren interminable
el barrio en el que habito
no es ninguna pradera
desolado paisaje
de antenas y de cables
JOAQUÍN SABINA

Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
(...)
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
ANTONIO MACHADO

A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
MIGUEL HERNÁNDEZ

Mientras la vida enseña los dientes,
marzo marcea
y sonríe
porque esconde,
yo lo sé,
otro milagro de la primavera.

Porque no importan los dientes
que nos enseñe la vida
ni el tiempo
ni la edad,
los poetas demostraron
(aunque hoy ya pocos les crean)
que la primavera
está llena de milagros.

Y mi corazón espera
hacia la luz y hacia la vida.

Y marzo marcea.
Bienvenido, pues,
(que dirían en esta tierra ;)

Marzo es, tal vez, mi mes preferido. En un foro en que participaba hace tiempo, había un test de esos tontos de personalidad que incluía la pregunta de qué mes serías si fueras un mes. Yo puse marzo, claro, y la mayoría ponía, curiosamente, el mismo mes en que había nacido.

jueves, 25 de febrero de 2016

Donde habite el recuerdo



"Todo pasa y todo queda", decía Machado. Todo pasa, y queda en el recuerdo, la única caja que nos permite atrapar y guardar lo vivido , aunque sea de modo inseguro, frágil y nebuloso, para que no se pierda para siempre en su esencia efímera. De nuestra vida pasada y presente sólo quedan y quedarán recuerdos, cuya consistencia no es muy diferente de lo imaginado o lo soñado, y que seguramente serán muy distintos de lo “realmente” vivido (pero a quién le importa, porque quién puede saberlo...), reflejados en ese espejo roto, trucado, mentiroso y fragmentado que es la memoria... Porque aunque las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos, no las recordamos como fueron, ni siquiera como las vimos.

Sinergia

La sinergia es la integración de elementos que da como resultado algo más grande que la simple suma de éstos, es decir, cuando dos o más elementos se unen sinérgicamente crean un resultado que aprovecha y maximiza las cualidades de cada uno de los elementos. (de la Wikipedia)





Tú y yo somos tres: tú, yo y lo que somos juntos.

Porque el amor, el buen amor, es sinergia.

lunes, 25 de marzo de 2013

Fondo gris


 Manu Chao: Minha galera.

Hoy cumplo 41 años. Una cifra más que fea, anodina. No son los -dicen- traumáticos 40. Una cifra gris y prescindible, camino de la nada , al principio de una década frontera sin retorno, cuya única belleza sería ese cuatro inicial, que es el número de mi hijo (nació un cuatro del cuatro, de una año que suma cuatro, y cuatro es su número cabalístico ). Ayer mismo salía en televisión una mujer de mi misma edad, a la que yo veía mayor, terriblemente mayor y ajena.. Pero sí, yo ya soy de esas, aunque el verme siempre desde dentro me ahorre tan tremenda perspectiva.

Hoy cumplo cuarenta y un años, y hace meses que no robo rosas, aunque cumplo los años con el firme y sincero propósito de volver. Hoy cumplo cuarenta y un años, y sigo igual, sufriendo mi adolescencia mal curada iluminada por la sonrisa de mi buena estrella, acompañada de los de los monstruos a los que ya sé que nunca derrotaré y de los que ya solo espero que se conviertan en mis amigos.

Hoy cumplo cuarenta y un años y sigo igual, en el camino, pero ya consciente de que no lleva a ninguna parte, de que esa parte es el camino. Y los cuarenta y uno, también.
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