viernes, 29 de septiembre de 2006

Caminante, no hay camino



Mi corazón ha soñado
con la ribera y el valle,
y ha llegado hasta la orilla
serena, para embarcarse;
pero, al pasar por la senda,
lloró de amor, con un aire
viejo, que estaba cantando

no sé quién, por otro valle.

Juan Ramón Jiménez





Quizás no sea verdad eso de que para ser feliz
no hay que tener lo que se quiere, sino querer lo que se tiene.

Quizás querer lo que se tiene
y conformarse,
sea en realidad un error,
un grave error
una pérdida de tiempo que algún día habremos de lamentar.

Quizás no sea más que renunciar, claudicar y engañarse.

Pero cómo saberlo, si
-como dijo Kundera-
atravesamos la vida con los ojos vendados
escogiendo el camino sin saber adónde nos lleva,
pudiendo ver su dirección y su sentido
sólo cuando ya lo hemos recorrido,
para comprobar
quizás demasiado tarde
que era acertado o equivocado,
que nos ha llevado donde queremos estar
o que no queremos estar donde nos ha llevado.


Camino sólo visible al mirar atrás,
cuando se haya convertido en la senda
que nunca podremos volver a pisar,
visible y claro y evidente sólo entonces,
cuando quizás deseemos no haberla pisado jamás,
cuando quizás añoremos todavía
aquella otra senda que no llegamos
–y quizás no llegaremos-
a recorrer,
creada a imagen y semejanza de nuestros sueños
y que no nos atrevimos a buscar
o esperar.

Pero cómo saber
si elegimos a ciegas
si sólo podemos elegir a ciegas
para vivir.


Tú que puedes, vuélvete,
me dijo el río llorando.
Los cerros que tanto quieres, me dijo,
allá te están esperando...

1 comentario:

Lui do Ruá dijo...

Buff, buff... muchos tenemos vendas, otros vamos por la vida como caballos, y otros van con los ojos tan abiertos que sus pupilas se resecan tanto que al final dejan de ver claramente...


Camino dificil el que hemos de recorrer.

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