jueves, 28 de septiembre de 2006

Demasiados sordos. Demasiado ruído.

Cargada está mi alma con el peso de su propio fruto maduro;

Cargada mi alma está con su propio fruto.

¿Quién vendrá ahora a escanciar, beber y refrescarse del calo del desierto?

Ojalá fuera yo un árbol sin flores y sin frutos, porque el dolor de la abundancia es más amargo que la esterilidad.

Y la amargura del rico de quien nadie nada acepta es mayor que la pesadumbre del mendigo a quien nadie nada da.

Ojalá fuera yo un pozo seco y agotado y los hombres me llenaran de piedras; Porque esto fuere mejor y más fácil de soportar que ser fuente de agua viva, a cuyo lado pasan los hombres y no quieren beber.

Ojalá fuera yo una caña pisoteada, porque esto fuere mejor que ser una lira de plateadas cuerdas En una casa cuyo dueño no tiene dedos Y cuyos hijos son sordos.

K. Gibrán

Ójala tuviera alma. Ójala tuviera más sed y quisiera beber. Para los que jamás tuvieron sed, o lo más terrible, para los que teniéndola, jamás supieron ver en un río nada más que un obstáculo que vadear.

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