viernes, 22 de septiembre de 2006

Poetas.



Así nace la poesía, que así duerme en el fondo del alma, esperando la mano de nieve que sabe arrancarla... que dijo Bécquer.

Así nacen y se hacen los poetas.

Pero pocos poetas se hacen en la escuela. Y pocas veces los profesores logramos ser la mano de nieve que sabe arrancar esa poesía que duerme en el fondo del alma. Porque para arrancarla no hay recetas, ni clases, ni fórmulas. Sólo momentos , y personas, y una magia que a veces, sólo a veces, muy pocas, sucede. Y nuestro deber al intentar enseñar literatura es tener el valor y la paciencia de seguir, sin atrevernos quizás a soñar con que suceda, sin caer en la tentación de decepcionarnos y claudicar, guiados siempre por un "por si acaso"...

Comienza el curso. Otro curso ya. Son tantos, que he perdido la cuenta. Y con la cuenta, es fácil , muy fácil, perder la ilusión y las ganas, año tras año. Es fácil, pero ese es un lujo que no debemos permitirnos.

Ya sé que la vida no es "El club de los poetas muertos", y los institutos de Secundaria, cada vez menos. Pero como nos dijo Gandhi, tenemos que ser lógicos, y seguir intentado caminar hacia las estrellas -y no en dirección contraria-, aunque nunca podamos alcanzarlas.

Que a pesar de que a veces no las vemos, a pesar de las nubes, a pesar de las oscuridades, a pesar de las nieblas, a pesar del deslumbramiento de las luces artificiales, todavía hay estrellas. Y poetas. Y poesía que duerme en el fondo del alma, esperando la mano de nieve que sabe arrancarla.



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