sábado, 7 de octubre de 2006

Amar la imperfección


La búsqueda de perfección supone intentar eliminar los defectos, pero la concepción de lo que es “perfección” o de lo que son “defectos” casi siempre nos viene impuesta desde fuera. Así, la búsqueda de la perfección termina suponiendo el rechazo y negación de uno mismo (aunque sea sólo de una parte, porque eso frecuentemente sólo es el principio del autorrechazo) , que puede derivar en una obsesión y llegar a convertirse en una forma de autodestrucción, sea en el aspecto que sea: los anoréxicos buscan la perfección en la delgadez, otros en el orden y la limpieza, otros en os estudios, otros en el trabajo, otros en las operaciones de estética...

Víctimas de esto mismo son los que creen fracasar en esa búsqueda de una perfección imposible, y se evaden, o se refugian, o se castigan, y de paso también, como los anteriores, se autodestruyen, con el alcohol, el juego, las drogas y cualquier otro tipo de enganche que tenga suficentes efectos nocivos (aunque ya sé que a todo esto se puede llegar también por otros caminos... la bajada a los infiernos es amplia y llena de posibilidades, pero nadie que se quiera va a querer bajar, del mismo modo que nadie enviaría al infierno a alguien a quien quiere) .

Detrás de todo esto está lo mismo: una gran inseguridad creada por un entorno que nos impone un molde en el que uno cree que no encaja, y en el que intenta desesperadamente encajar.

La búsqueda de la perfección, sobre todo en un mundo en el que la idea de “perfección” es la que nos venden, es peligrosa…

Por eso, hay que amar la imperfección. No aceptarla: amarla, y para eso hay que ser valiente y rebelde. Pero valiente y rebelde de verdad...

La imperfección es nuestro último, íntimo, personal e intransferible reducto de libertad.

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