martes, 31 de octubre de 2006

The moment I wake up...




Me encanta esta película. Del mismo director que La boda de Muriel (qué obsesión con las bodas), esta es mucho más suave, pero con el mismo punto de crítica entre cínica y sonriente del tinglado de las bodas, sus alrededores, sus equívocos y sus parafernalias. En ella, menos mal, la chica no es la "buena" y la rival no es la "mala", y está llena además de momentos memorables (por ejemplo, y asi de pronto, el karaoke, la persecución cuando la cándida Cameron descubre algo de la verdad, o el momento en que una de las dos gemelas ripiosas se queda con la lengua pegada a una estatua de hielo de un David en todo su esplendor....)

Lo mejor, el final feliz sin necesidad de casarse, ni siquiera quedarse con el chico. Porque pase lo que pase, siempre nos quedará bailar.


La canción es, además, una joyita del soul (y cantada por Aretha o por Martha Reeves está entre mis favoritas desde hace muchos años), género o movimiento musical (no lo tengo claro, lo siento: si alguien lo sabe, le agradecería que me lo aclarara) que sabe contar y cantar como ningún otro la emoción intensa y escondida del amor cotidiano.

Porque desde que me despierto, mientras desayuno, pienso qué ropa ponerme, corro al trabajo, hago una pausa para el café o salgo a comer, yo digo una pequeña oración por ti, que viene a ser lo mismo que pensar en ti cruzando los dedos para que todo nos salga bien. Para estar juntos para siempre. Porque para siempre estarás en mi corazón y para siempre te querré, porque vivir sin ti sólo me rompería el corazón...




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