martes, 14 de noviembre de 2006

Soy

"A veces me imagino con una mujer y un niño corriendo por la casa. Un niño al que abrazar y dar besos, tan pequeño que todavía no está lleno de nada. ¿Quién voy a ser entonces? ¿Qué cosas podré coger con las manos y cuáles no? ¿Mediré lo mismo? ¿Tendré una casa parecida a la que tengo ahora? ¿Qué pensará mi mujer de lo que era antes? ¿Mi mujer será la chica rubia o tendré que ocultarle a ella que no lo es? ¿Qué pinta tendré follando? Cuando pase todo ese tiempo, ¿dónde estará éste de ahora y dónde estará el de después y dónde estaré yo en medio de todo esto? ¿A qué me pareceré cuando sueñe? ¿Qué pasa con lo que has hecho? La responsabilidad sobre todas las cosas que hacías debería caducar, como las latas. ¿Cuánto tiempo voy a durar tal y cómo soy ahora?

Me siento como un negocio que va cambiando de dueño. "
Ray Loriga: Héroes




Como dijo Dei, a veces es difícil reconocernos en el extraño (o los extraños) que una vez fuimos. Y a veces es difícil dejar que esos extraños nos reconozcan. Ver si nos hemos fallado, sorprendido, obedecido o traicionado, ver si somos (o comprobar con tristeza o alivio que no somos) lo que una vez quisimos o soñamos o imaginamos o temimos ser.

Mirando atrás, me parece recordar (quizás olvidando o contradiciendo a la que fui un día) que en realidad nunca me soñaba ni ime imaginaba de una forma concreta en el "futuro". Ese futuro parecía siempre tan lejos que tenía la intuición de que nunca iba a llegar, o de que tardaría tanto en hacerlo que era inútil imaginarlo, y me daba no sé si miedo o simple pereza. Pero ya ves: el futuro ha llegado y ha pasado, y aquí estoy, mucho más lejos ya de lo que entonces me atrevía a divisar.

Aunque en realidad aquel futuro nunca llegó, porque en este futuro de ahora vive alguien distinto a aquella del pasado. Porque esta que soy ahora vive, soporta e incluso disfruta cosas que entonces no conocía, me aburrían, me desagradaban o incluso temía. Porque esta que soy ahora rechaza, evita o incluso desprecia cosas primordiales para la que una vez fui. Porque la que soy ahora mira con indulgencia, con cariño, con nostalgia, con complacencia y a veces con algo de reprobación, a aquella que yo era.

En mi forma de mirar al futuro, entonces y ahora, siempre ha habido más temores que sueños, la verdad. Nunca he sabido lo que quiero, pero siempre supe, y he temido con angustia, lo que no quiero. Sin embargo, pocos de aquellos tempores pasados se cumplieron en este futuro que también pasó, y los que lo hicieron, adquirieron un aspecto bastante menos terrible al conventirse en realidad. Se ve que los miedos siempre son peores a lo lejos. Cuanta preocupación inútil. Cuanto tiempo desperdiciado. Cuánta importancia derrochada en tanto vano fantasma.

Y ahora mismo, aquí estoy yo, siendo y dejando de ser mientras llega un futuro al que sigo sin atreverme a mirar demasiado. Que inexorablemente vendrá, pero cuando yo ya no esté. Porque es verdad que como dijo Manrique, “no se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, porque todo ha de pasar por tal manera”. Porque sí, es verdad, terrible verdad, que "si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado". Así que hoy es siempre todavía, y el futuro no existe, porque no llegará a mí, a esta que yo soy ahora, ni yo llegaré a él.

Yo soy, pero, quizás pronto y sin darme cuenta, dejaré de ser. Aguarda ya en el futuro alguien a quien no puedo imaginar ni reconocer, aunque llevará mi nombre, y mi número de DNI, y mi mismo color de ojos miopes y astigmáticos, y mi número de registro personal, y mi tendencia al ardor de estómago, y tendrá una cicatriz en el vientre quizás más borrosa, y habrá convertido en recuerdos esto que ahora yo vivo, y me mirará también con cariño, nostalgia o quizás reprobación.

Y mientras tanto, voy aprendiendo, con dificultades -para qué negarlo- a no temer a ese futuro, porque afortunada o desafortunadamente, es algo que le pasará a otra.

Brindemos que hoy es siempre todavía. Y nosotros somos todavía. Sólo todavía.


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