domingo, 19 de noviembre de 2006

Vajilla de diario

Es muy difícil dejar de querer a alguien a quien apenas has conocido.

"Cosas que nunca te dije", de Isabel Coixet.





Los amores imposibles quizás sean los que más duran
porque la realidad no va a alterarlos,
ni contradecirlos, ni mancharlos, ni gastarlos.
En los amores imposibles no se ve
lo que hay debajo de la cáscara
y son inmunes a la decepción.
No vienen nunca a nuestra gris realidad
a empaparse de las sombras de lo cotidiano
y permanecen para siempre formando parte
de los sueños acariciados a solas y a escondidas.
Para siempre en el limbo de lo extraordinario,
del acontecimiento dibujado con el corazón
de lo esperado, de lo deseado,
para siempre deseado

precisamente porque nunca se cumplió.

Quizás solo los amores imposibles sean eternos.
Precisamente porque su tiempo
es el mismo que el de los sueños o la imaginación.
Porque son, en esencia, siempre nuevos.
Porque su reino no es de este mundo.
Porque su reino es el de la pura ilusión,
el de la víspera luminosa,
el de la emoción nueva y renovada
por no usada ni gastada
como la vajilla de las grandes ocasiones
mimada y protegida en espera de esa gran ocasión.
Porque los construimos nosotros
sin límites ni concesiones
a imagen y semejanza

de lo que la realidad nos niega
o alguna vez nos negó.

Ay de aquel cuyos sueños se hagan realidad.

¿Ay de los amores que no tengan algo de imposibles?
¿Existe una fecha de caducidad para el amor?

Para ese otro amor que no es imposible
y que vive, como la vajilla de diario
sometido a golpes, vaivenes, prisas,
al pan nuestro de cada día
al desgaste de mil y un lavados
al no tener que ser deseado, ni esperado, ni anhelado,
al paso del tiempo, saturno implacable
a dejar que los días pasen llevándosele el color.

¿Existe una fecha de caducidad para ese amor?

Daría algo porque alguien me diera una prueba
o una certeza
o quizás solo una posibilidad
o una duda
de que no.




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