viernes, 15 de diciembre de 2006

La mirada del otro



La mirada del otro nos da sentido, nos define y nos esclaviza. Intentamos ser, intentamos parecer, intentamos hacer, intentamos crear, para que otro nos mire, nos valore, quizás nos admire, nos quiera. Nos arreglamos y nos esforzamos, en realidad, para y por la mirada del otro. Y según lo que esa mirada nos devuelva creamos, en gran medida, nuestra propia imagen y valoración de nosotros mismos, que condicionará a su vez nuestro comportamiento y, con él, la imagen que sigamos proyectando hacia los demás.

Es decir, si los demás me califican y me etiquetan de "buena", "mala", "lista", "tonta"... tengo muchas papeletas de asumir ese papel consciente o inconscientemente, de creérmelo, y de comportarme de acuerdo a sus patrones, y como la conducta influye en la mente tanto como la mente en la conducta, cada vez seré más lo que los demás ven en mí.

Es un juego infinito de espejos que tantos interrogantes y tantos problemas plantea: la construcción de la personalidad, la autoestima, los roles impuestos o autoimpuestos (¿hay alguna diferencia?) que nos encorsetan, nos moldean, nos limitan o nos encaminan. El conflicto entre lo que soy, lo que quiero ser, lo que puedo ser y lo que los demás ven. Lo que exhibo, lo que muestro, lo que finjo y lo que oculto. Lo que refuerzo y lo que reprimo. Lo que me quieren y lo que me quiero. Mirada implacable y mirada tirana. Somos lo que la mirada del otro nos deja ser.

Por eso hay que tener tanto cuidado al "mirar" a los niños, que aún están conformando su personalidad, al valorarlos y etiquetarlos, al quererles o no quererles, culparles y perdonarles, y que ellos lo perciban y lo asuman. Puede ser condicionarles. Y en cierto modo, y según dicen la mayoría de los que saben de esto, todos estamos condicionados por las miradas tempranas de nuestros padres, referentes de nuestro "universo" cuando se siembra lo que seremos (hay quien dice que nunca dejamos de ser el niño que fuimos), y germen de nuestras pautas de comportamiento, nuestras trampas, nuestros conflictos.

Si no existiera esa mirada del otro todo sería muy distinto. O tal vez, nada sería.



Milan Kundera, en "La insoportable levedad del ser", decía que "vivir en la verdad, no mentirse a sí mismo, ni mentir a los demás, sólo es posible en el supuesto de que vivamos sin público. En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad. Tener público, pensar en el público, eso es vivir en la mentira". Sólo sería posible vivir en la verdad, por tanto, en la intimidad más estricta y absoluta. En cuanto hubiera alguna mirada, estaríamos ya condicionados y todo sería ya impostura, máscara (significado etimológico de "persona"...), mentira... Pero incluso en esto "verdad" y "mentira" son relativas: nuestra verdad actual puede ser resultado de una mentira anterior que creamos para las miradas bajo las que crecimos yque nos han moldeado, y la mirada para la que ahora actuamos puede terminar moldeándonos y lo que ahora es "mentira" ("máscara"), puede llegar a ser verdad ("rostro").

Y añadía Kundera:

"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas, son más felices que las personas de la primera categoría, quienes, cuando pierden a su público tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores."

Me parece que yo pertenezco a la tercera categoría, aunque supongo que, como en todo lo que tiene que ver con uno mismo, la falta de perspectiva hace que corramos mucho riesgo de equivocarnos... Quizás incluso para decir esto también necesitaría el referente de la mirada del otro....

Conozco gente incluible en todas estas categorías. Incluso en la última, "la más preciada", según Kundera, en la que yo situaría a mi hermana, soñadora, independiente, aventurera.

Y ahora mismo estoy aquí, buscando y esperando tu mirada silenciosa y anónima, más soñada que real, indefinida, etérea, abstracta; y así, colándome un poco en esa cuarta categoría tan preciada y viviendo, por un ratito y en un rincón, bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Quizás la magia de los blog sea permitir que todos busquemos nuevas miradas y podamos, por tanto, ser en cierto modo "otros": ser lo que no nos permiten ser las miradas cotidianas que nos rodean, o lo que esas miradas no pueden o no quieren mirar.

Y tú, tú que me miras, ¿qué mirada buscas?

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