domingo, 17 de diciembre de 2006

"Yo te quiero, soy yo".


Extreme: More than words

"Decir te quiero
no son las palabras que quiero oírte.
No es que no quiera que las digas,
pero si sólo supieras qué fácil sería
demostrarme lo que sientes.
Más que palabras es todo lo que necesitas
para hacerlo real
y entonces no tendrías que decirme que me quieres
porque yo ya lo sabría"


Pero yo también necesito las palabras.

Las palabras son creadoras, evocadoras y mágicas.
Lo que no tiene nombre no existe
y lo que no se nombra
es peligrosamente fácil
fingir que no está
dejar que se diluya
se deforme
se olvide.
Hay silencios que sólo encubren
olvidos, malentendidos o dolor.

Al fantasma se le mata y se le crea
con su nombre.
Y también al amor.

Al amor, al sentimiento,
no basta con sentirlo.
No basta con demostrarlo.
También es necesario nombrarlo.
Aunque eso sea algo que mi padre no me enseñó
y que he aprendido, tropezando por la vida
y con bastante reticencia y resistencia, yo.

Sí, hay mil formas de decir te quiero
y una, la primera,es ésa:
decirlo, pronunciarlo,
sonido a sonido,
poniendo, queriendo o sin querer,
el corazón en los labios

Un te quiero, el te quiero.

A veces es tan fácil, sencillo y espontáneo,
tan fácil que lo decimos incluso cuando no debemos
o no queremos o no podemos,
y se escapa, inevitable,
como por la válvula de una olla a presión.

Otras veces es fácil porque no se siente,
porque va vacío, leve, ligero, hueco
sin peso.
Porque no cuesta nada ni lleva nada nuestro:
cuando se dice como moneda de cambio
como inversión
como cumplimiento de un contrato
como respuesta a una expectativa
como pago de una deuda
como caridad
como remiendo
o como parche para la decepción

Pero el te quiero también puede ser
tembloroso, difícil, doloroso o imposible.

A veces por la duda o la confusión
que se mezclan, inoportunas, con el amor
o su juego.
A veces por incapacidad para sentir,
o para reconocer lo que se siente
o lo que no.
Confusión, incapacidad, duda
que envenenan y ahogan con falsedad y culpas
la garganta, el aliento, las palabras, la voz.

Y a veces lo que hace difícil un te quiero
puede ser incluso el propio amor:
lo grande, lo mucho, lo denso,
la intensidad, el peso, el miedo.
Agoniza entonces el te quiero en los labios
aunque palpite fuerte, muy fuerte, dentro
por vulnerabilidad
o por pudor
o por temor.

Porque esas veces un te quiero
es dejar a la intemperie
la parte más débil
más frágil
más preciosa
más profunda
del yo.

Decir, mirando a los ojos,
como decía Salinas
yo te quiero, soy yo...
¿puede haber un acto más intenso o más hermoso
de reconocimiento y aceptación?
De lo que uno siente, del propio mundo, de uno mismo
Recipiente imprescindible y premisa necesaria
para poder ofrecer al otro amor.

Por eso hay que decir te quiero
de vez en cuando
sin gastarlo
sin prisas ni temores.
Recordarlo, dejarlo
que salga, que tome forma,
que crezca, que se haga tangible
ofrenda y pacto...

Yo te quiero,
soy yo
.

Palabras de amor.
Palabras.
Amor.
Te quiero.

Yo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las palabras son lo único, casi todas las veces, las que hacen que algo inaprensible tenga alguna forma medianamente identificable

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