jueves, 30 de noviembre de 2006

Heridas de muerte las palabras.

Una mujer y sus dos hijas. Muertas. Se acabó. Terrible foto de familia. Otro día, otra historia.

El ataque contra Beit Hanún causó 18 muertos. Casi todos ellos mujeres y niños. "En mis cinco años de enfermero no había visto nunca nada tan horrible. Por las escaleras había manos, cabezas, piernas, por los suelos gente postrada o gritando desesperadamente", dijo Ahmed Abu Alesh, de 29 años, que llegó al lugar de lo hechos en la segunda ambulancia que acudió a recoger a los heridos.

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre se escucha que transita solamente la rabia, que en los tuétanos tiembla despabilado el odio y en las médulas arde continua la venganza, las palabras entonces no sirven, son palabras.

Balas, balas.....

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos, humaredas perdidas, neblinas estampadas, ¡Qué dolor de papeles que ha de barrer el viento, qué tristeza de tinta que de ha de borrar el agua! . Balas, Balas... Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste, lo desgraciado y muerto que tiene una garganta cuando desde el abismo de su idioma quisiera gritar lo que no puede por imposible, y calla. .

Balas, Balas...

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Rafael Alberti, en su Nocturno más negro.

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Sigo pensando: qué pronto olvidamos el vaho del infierno.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Ideas


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"¿Qué es la testarudez más que la escasez de ideas? Un hombre rico en ideas, acostumbrado al tráfago de las ideas, a la bajamar y la plenamar de las ideas, raramente será testarudo, sino que siempre estará dispuesto a admitir las ideas que se brinden y, por lo tanto, a dejarse convencer.

Por el contrario, cuantas menos ideas albergue un hombre en el interior de su cráneo, más sostendrá y defenderá las pocas que posea. La testarudez es el puente gracias al cual los idiotas pasan a la historia transformados en héroes, en símbolos o en genios"


Enrique Jardiel Poncela

martes, 28 de noviembre de 2006

Libertad


Oasis: Whatever


Soy libre para ser lo que elija.
Soy libre para decir lo que quiera.

Eres libre para ser lo que elijas.
Eres libre para decir lo que quieras.

Libre para elegir.

No hay libertad tan difícil
ni que pese tanto.
Somos libres, y por tanto,
responsables..

La libertad está sutil y terriblemente cerca de la culpabilidad.

Tú, y yo, estamos condenados a ser libres.
Para elegir, para hacer, para pensar, para vivir.

Libre.
Libertad.

Premio.
Precio.
Conquista.

Condena.


viernes, 24 de noviembre de 2006

Y no estás tú

Rescatado de "Hoy es siempre todavía", antes de que cambie.




Teníamos quince años y algunos sueños, creo. O quizás no, porque no nos hacían demasiada falta. El mundo era ancho y ajeno; el futuro, una nebulosa lejana; cada día, un folio en blanco que emborronar, jugando a ser rebeldes y libres.

Nos reuníamos a primera hora en el instituto, entre niebla, risas, palmeras de chocolate y aquellos primeros cigarrillos que sabían a vida nueva, a tardes de cafetería, a como se entere mi madre, a independencia, a apertura, a libertad. Llevábamos hombreras y el pelo siempre y de algún modo de punta. Escuchábamos música a solas en nuestra habitación, que cerrábamos con llave siempre que podíamos. Quedábamos para todo: estudiar, escuchar música, salir, irnos a clase, compartir confidencias, y risas, y cabreos. Mucha bisutería, mucha cazadora vaquera, muchas tardes de sol tirados sobre la hierba, hablando de nada, soñando con todo. "Cuando tengamos treinta años, nos reuniremos todos en el castillo de Monterrey, y veremos en qué han cambiado nuestras vidas", recuerdo que dijo un día Gabi, tumbada con los ojos cerrados tras sus gafas de pasta. Y hasta habíamos fijado una fecha concreta. Quedaba todo taaaan lejos. El tiempo era tan largo, tan lleno de posibilidades, tan azul... En el fondo, creíamos que los treinta años nunca iban a llegar. Pero llegaron antes de lo previsto, y nos pillaron a cada uno en una esquina de la vida, que a lo mejor no era la que hubiéramos soñado o imaginado entonces, y sin acordarnos siquiera de aquella cita pendiente en Monterrey.

Gabi, por ejemplo, una chica simpática, risueña y rebelde, se quedó embarazada de Márquez, un chico raro con fama de pirado, que se negó a reconocer la paternidad. "Que no se pusiera debajo", alguien contó que había dicho con sorna...

O Marisa, que era muy guapa, y le empezaron a gustar los chicos casi tan pronto como ella a ellos. Siempre tenía que esconderse de sus padres para poder verse con su novio. Ellos no querían que anduviera con chicos, porque su madre se había tenido que casar con 15 años y se negaban obstinadamente a que a ella le pasara lo mismo. Un día me contó que su padre llegó medio borracho y que, al enterarse de que ella había suspendido tres asignaturas y había faltado a clase para poder verse con Moncho (era la única forma de verle, faltando a clase, porque nunca la dejaban salir), su madre tuvo que sujetarle porque él empezó a abrir la persiana gritando que iba a tirar a Marisa por la ventana. Ella escapó de su casa en bata y zapatillas. Al año se casó con su Moncho. Hoy es cajera de supermercado, lleva casi veinte años casada y tiene dos niños muy monos, tras un primer aborto que le produjo una tremenda depresión, agudizada porque vio al niño muerto en una ecografía. Yo la veo a veces desde lejos, y me saluda con la mano forzando la sonrisa.

Sonia, mi mejor amiga desde que la organización escolar nos cruzó en su azar con doce años, es hoy mi peluquera. Se le daba muy mal estudiar, y lloraba cada vez que le daban las notas por el disgusto que se llevarían sus padres, hasta que por fin, accedieron a que se dedicara a la peluquería, para la que tenía ya entonces unas manos extraordinarias. Lleva también algunos años casada, y suspira siempre por poder cogerse algún año, por fin, vacaciones, e irse una semanita a la playa. Pero es que si cierras, la clientela se enfada. Y ella solo puede tener una chica que la ayuda, pero que no puede encargarse del negocio ella sola...

Isa es abogado. Lleva muchos años en Coruña, y le va muy bien. Siempre fue independiente, feminista, vitalista, alegre y charlatana: la típica "gordita simpática y dicharachera". Aunque estuvo con el mismo novio desde los 17 hasta los 25, luego lo dejó, adelgazó con una dieta draconiana que le pasó una amiga, y mantuvo el tipo durante años a base de repetirla intermitentemente, lo quee hacía que de vez en cuando y sobre todo cuando bebía tuviera unos repentinos ataques de hambre y furtivos atracones. Tuvo unos años de locura, alcohol y muchos rollos. Una noche se enrolló con Alberto, un chico tímido de la pandilla ya desde el instituto con el que se reencontró un fin de semana que coincidieron en el pueblo. "No pegan nada", comentamos todos. Volvió a engordar, pero como a él le parecía que así "estaba muy cachonda", nunca más volvió a hacer dieta. Y contra las impresión general, que los declaraba polos opuestos e incompatibles, se casaron, por la iglesia, aunque ella siempre había dicho que como mucho se casaría por lo civil, y con más de doscientos invitados, aunque ella siempre había dicho que como mucho los padres y hermanos. Está embarazada y redondísima, y cuando te encuentras con ella, empiece como empiece la conversación, terminará llevándote a niños, manuales, padres, nombres, traumas, cuidados, biberones, métodos...

De algunos de los demás hace tiempo que no sé nada. Dejaron el pueblo hace tiempo, y sé que quizás vuelvan de vez en cuando, y quizás nos crucemos y nos demos dos besos, o quizás simplemente nos saludemos a lo lejos. Otros siguen más o menos conmigo, con pasos o caminos semejantes, paralelos o cercanos.

Pero cuando con cualquier excusa vuelve el aroma de aquellos tiempos, es inevitable pensar en Vaamonde. Era un chico un par de años mayor, repetidor cuasiprofesional o, al menos, experimentado, eterno delegado de clase por su simpatía y por su disposición para organizar y hacer cosas, cualquier cosa que no tuviera nada que ver con estudiar. Nos sentó juntos el profe de Latín y Griego en COU, con el que a veces teníamos dos soporíferas horas de clase seguidas.... Al principio apenas hablábamos, pero esto duró poco. Pronto las dos soporíferas horas de latín y Griego se convirtieron en minutos de charlas trascendentes e intrascendentes, frasecitas en papelitos y risas ahogadas y congestionadas que el profesor a veces rechistaba, y, a veces, supongo que cansado, fingía no percibir. "¿Tú crees en Dios? me dijo un día. "Yo no", contesté segura y rotunda. "Yo tampoco", dijo él, "pero si luego existe, qué putada". Siempre que se habla de la existencia o no de Dios, no puedo evitar recordar, con una sonrisa, aquella frase.

Yo sé que yo le gustaba, y él sabía que yo lo sabía, pero nunca nos dijimos nada. Aguantamos bromas, silencios y miradas en el grupo (al que nunca se le escapa nada), y él compartió conmigo agobios, alegrías, esperas, tardes de cafetería, faltas a clase y muchos de mis cuelgues y sufrimientos amorosos, que entonces me dolieron tanto y que hoy, algunos, me cuesta recordar.

Yo me fui a estudiar a Santiago y él terminó en el ejército, y empezó a salir con una chica muy muy jovencita, con la que se casaría algunos años después. Volví a coincidir con él alguna noche de vuelta en el pueblo, y nos pusimos nostálgicos, y nos preguntamos por la gente, y me habló con orgullo de su niño, y de su trabajo en la vigilancia forestal, y lamentamos las distancias y el tiempo, y prometimos sinceramente intentar salvarlas, intuyendo en el fondo que no sería verdad.

Los treinta nos pasaron de largo a todos sin previo aviso. Poco después de cumplirlos vi su esquela, negándome a creerla y buscando desesperadamente el error milagroso y salvador. Mi madre me ratificó la noticia por teléfono con la voz temblorosa por la impresión. Un cáncer de riñón imposible, canalla y traidor se lo llevó en un mes. Él tenía sólo treinta y dos años y, seguro, mucha ilusión.

Aún hoy me cuesta creerlo. Aunque temblé y lloré, en el fondo sigo sin concebirlo, sin poder meter en mi cabeza que eso, de verdad, es lo que pasó.Y sigo estando convencida de que no existe ese dios que descubrir para que nos haga la putada. Y no estoy segura de si eso es mejor o peor...

Sé que a todos se nos quedó algo en nuestro Cadillac solitario, en nuestros sueños de ir a L.A, en el asiento de atrás, en el yo aquí borracho, en el dice la gente que ahora eres formal... Y de vez en cuando, por una canción, un encuentro, un cotilleo, un lugar, una frase, recuerdo aquellos tiempos, a los que podría volver con el alma si cerrara fuerte los ojos escuchando a Loquillo... pero no estás tú... No estás tú... Y volver deja de ser nostálgico por lo que fue, por lo que pudo ser, por lo que no pudo ser, por lo que no fue, por lo que nunca será, para convertirse en doloroso, siempre y todavía.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Yo no quiero



Rutina, obligación.
no preguntarse si sí o si no.
Gris, costumbre, necesidad,

pereza, cobardía, temor.
Ni frío ni calor
ni euforia ni dolor
ni espera ni ilusión.

Confundir costumbre, amor, deseo, posesión.

Tumbarse a intuir el pasar de la vida
allá lejos,
en otra parte,
oyendo apenas su rumor,
soñando y recordando aquello
que en realidad nunca pasó,
sin atreverse siquiera a preguntarse
dónde y cuándo fue que se acabó
lo que nunca terminó,
fingiendo esconder,
con tristes rutinas y gestos acostumbrados
la sombría, la terrible, la callada decepción.

Yo no quiero.

No.

Hace mucho tiempo que descubrí que Sabina dice mucho mejor cosas que yo ni sabía que pensaba. Pero las pensaba. Y las sentía. Y las siento. Desde entonces hasta hoy.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Intransigencia




De la película "El lado oscuro del corazón" (1992), del argentino Eliseo Subiela. Este pasaje está basado en un poema de Oliverio Girondo.

Siempre hay un aspecto en el que uno es irreductible.

Siempre hay cosas por las que uno no puede pasar, al menos para enamorarse o creerse enamorado o dejarse enamorar.

Siempre hay cosas con las que el corazón no puede evitar ser intransigente.

El mío lo es con la falsedad. Con la impostura. Con los fraudes.

Lo que me decepciona, lo que me aleja, lo que no puedo perdonar bajo ningún pretexto, el punto en el que mi corazón se vuelve intransigente, es que alguien pretenda ir de lo que no es. De culto sin serlo. De gracioso sin serlo. De moderno sin serlo. De tonto sin serlo. De tolerante sin serlo. De profundo sin serlo.

El que vaya de algo sin serlo pierde el tiempo conmigo. Ahí soy completamente irreductible.

A partir de ahí, podemos empezar a pensar en volar.

domingo, 19 de noviembre de 2006

Vajilla de diario

Es muy difícil dejar de querer a alguien a quien apenas has conocido.

"Cosas que nunca te dije", de Isabel Coixet.





Los amores imposibles quizás sean los que más duran
porque la realidad no va a alterarlos,
ni contradecirlos, ni mancharlos, ni gastarlos.
En los amores imposibles no se ve
lo que hay debajo de la cáscara
y son inmunes a la decepción.
No vienen nunca a nuestra gris realidad
a empaparse de las sombras de lo cotidiano
y permanecen para siempre formando parte
de los sueños acariciados a solas y a escondidas.
Para siempre en el limbo de lo extraordinario,
del acontecimiento dibujado con el corazón
de lo esperado, de lo deseado,
para siempre deseado

precisamente porque nunca se cumplió.

Quizás solo los amores imposibles sean eternos.
Precisamente porque su tiempo
es el mismo que el de los sueños o la imaginación.
Porque son, en esencia, siempre nuevos.
Porque su reino no es de este mundo.
Porque su reino es el de la pura ilusión,
el de la víspera luminosa,
el de la emoción nueva y renovada
por no usada ni gastada
como la vajilla de las grandes ocasiones
mimada y protegida en espera de esa gran ocasión.
Porque los construimos nosotros
sin límites ni concesiones
a imagen y semejanza

de lo que la realidad nos niega
o alguna vez nos negó.

Ay de aquel cuyos sueños se hagan realidad.

¿Ay de los amores que no tengan algo de imposibles?
¿Existe una fecha de caducidad para el amor?

Para ese otro amor que no es imposible
y que vive, como la vajilla de diario
sometido a golpes, vaivenes, prisas,
al pan nuestro de cada día
al desgaste de mil y un lavados
al no tener que ser deseado, ni esperado, ni anhelado,
al paso del tiempo, saturno implacable
a dejar que los días pasen llevándosele el color.

¿Existe una fecha de caducidad para ese amor?

Daría algo porque alguien me diera una prueba
o una certeza
o quizás solo una posibilidad
o una duda
de que no.




sábado, 18 de noviembre de 2006

Ellos, los únicos, los imprescindibles, los inimitables, los inigualables...


El viernes tenemos una cita con ellos. con les Luthiers, en Zaragoza. Consguimos las entradas en Agosto, en un cajero, y cuando quedaban muy pocas más que estas dos. Sin necesidad de demasiada publicidad, sin salir apenas en la tele, sólo por el entusiasmo del boca a boca que surge de su genuina genialidad, arrasan y llenan.

Será un rato inolvidable, divertido e hilarante, lo sé. Y para ir haciendo boca, frotarme las manos con ilusión y dar un poco de envidia, ahí va alguna cosita suya...
Es difícil elegir un sketch para seguir frotándose las manos... pero va, como alguno hay que elegir, aquí os dejo el bolero "Perdónala" con su correspondiente introducción, en la que Marcos diserta sobre el supuesto plagio de Mastroppiero...





Y aunque son todos muy buenos, mi preferido es Daniel (que, por cierto, precisamente hoy está de cumpleaños). Aquí está, en todo su esplendor, intentando imitar a Marcos.


Y a modo de curiosidad (y porque algunas me parecen muy buenas), algunas frases atribuidas a ellos, aunque parece ser que falsamente...

-El amor eterno dura aproximadamente 3 meses.
-No te metas en el mundo de las drogas... Ya somos muchos y hay muy poca.
-Todo tiempo pasado... fue anterior.
-Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.
-El que nace pobre y feo, tiene grandes posibilidades de que al crecer... se le desarrollen ambas condiciones.
-Los honestos son inadaptados sociales.
-El que quiera celeste, que mezcle azul y blanco.
-Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.
-La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 horas diarias.
-Si la montaña viene hacia tí... ¡Corre! Es un derrumbe.
-Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.
-No soy un completo inútil... Por lo menos sirvo de mal ejemplo.
-La droga te buelbe vruto.
-Si no eres parte de la solución... eres parte del problema.
-Errar es humano... pero echarle la culpa a otro, es mas humano todavía.
-Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe.
-Yo no sufro de locura... la disfruto a cada minuto.
-Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse donde.
-El dinero no hace la felicidad... ¡la compra hecha!
-Una mujer me arrastró a la bebida... Y nunca tuve la cortesía de darle las gracias.
-Si tu novia perjudica tu estudio, deja el estudio y perjudica a tu novia.
-La inteligencia me persigue, pero yo soy mas rápido.
-Huye de las tentaciones... despacio, para que puedan alcanzarte.
-La verdad absoluta no existe... y esto es absolutamente cierto.
-Hay un mundo mejor, pero es carísimo.
-Ningún tonto se queja de serlo. No les debe ir tan mal.
-Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado.
-La mujer que no tiene suerte con los hombres... no sabe la suerte que tiene.
-No hay mujer fea, solo belleza rara.
-La pereza es la madre de todos los vicios y como madre... hay que respetarla.
-Si un pajarito te dice algo... debes estar loco pues los pájaros no hablan.
-En cada madre hay una suegra en potencia.
-Lo importante es el dinero, la salud va y viene.
-Trabajar nunca mato a nadie... pero ¿para que arriesgarse?
-No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.
-Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados.
-El alcohol mata lentamente... No importa, no tengo prisa.
-La confusión esta clarísima.
-Mátate estudiando y serás un cadáver culto.
-Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.
-Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: "Tire y Empuje".
-¿Para que beber y conducir si puedes fumar y volar?
-Dios mío, dame paciencia... Pero dámela ¡YA!
-De cada diez personas que miran televisión, cinco son la mitad.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Creer o no creer

"Gracias a una corazonada puedo creer en Dios y acertar, o no creer en Dios y también acertar. ¿Entonces? Acaso Dios tenga un rostro de croupier y yo sólo sea un pobre diablo que juega a rojo cuando sale negro, y viceversa"

Mario Benedetti: La tregua





Existen un 62% de probabilidades de que Dios exista, según el último estudio que ha intentado buscar una certeza o una pista racional en todo ese asunto.

Así que existen un 62% de probabilidades de que Dios exista. Y yo me pregunto ¿y qué? Sigue siendo una apuesta ciega e involuntaria que no se puede hacer con la razón, porque creer es como sentir, y tiene poco que ver con la voluntad. Es más, yo creo que que muchas veces guarda una irónica proporción inversa con ella: cuanto más se quiere creer y sentir, menos se cree y se siente; cuando menos se quiere creer y sentir, más se cree y se siente.

Cuando a la gente se la educaba en una concepción del mundo en la que la idea de Dios y sus consecuencias formaba parte del marco, del terreno, de las reglas del juego, del punto de partida para entender todo esto en lo que estamos, la evolución de muchos era de la fe heredada al escepticismo -o el descreímiento total- adquirido. Mi evolución, hija como yo de mi tiempo, ha sido hasta cierto punto, inversa.

Mi madre era, cuando yo era pequeña, tremendamente creyente, cristiana, católica apostólica y romana(ahora creo que ha evolucionado como poco al escepticismo, aunque no lo manifiesta y supongo que si se le preguntara no lo reconocería, me huele que más por cabezonería que por otra cosa) , e intentaba conciliar esa fe heredada de sus padres con una ideología de izquierda progresista adquirida por otros medios, y trató de transimitirnos esa misma fe y convicción con bastante empeño. Tengo fogonazos en forma de recuerdos de cómo, mientras nos vestía por la mañana y nos metía en la cama por la noche, rezábamos con ella esas sonrientes oraciones infantiles (jesusito de mi vida, eres niño como yo... cuatro esquinitas tiene mi cama...), en la cabecera de las camas de nuestra habitación azul había una virgen de cerámica muy naif y muy bonita, y desde muy chiquitos nos hizo ir a misa los domingos (con el aliciente de después ir a tomar el vermut con mi tía Pili e ir a comprar pasteles para la sobremesa).

Pero, por suerte o por desgracia –vete tú a saber-, yo tenía el eficaz y contundente contrapeso de mi padre, ateo convencido y protestón, que nos preguntaba cada domingo con tono burlón “si ya habíamos ido a ver al hechicero”. Muy pequeños también, mi padre nos metió la duda de la existencia de Dios, duda que arraigó pronto y se hizo más fuerte en cuanto tuvimos la edad suficiente para escaquearnos a escondidas (lo de a escondidas era un aliciente mucho mayor que aquél antiguo del vermut y los pasteles) de la misa dominical y hacer cosas más interesantes. En la adolescencia yo ya era una atea convencida y fuerte, que no necesitaba de Dios, que lo negaba con energía y cabreo, como a cualquier superstición, patraña o monserga de viejas, y que protestaba, con mi recién adquirida y aún en gestación conciencia histórica, contra los males que la religión y sobre todo la Iglesia habían hecho al hombre y al mundo. Descubrir a Marx terminó por poner las cosas “divinas” y sus alrededores en su sitio, y así se mantuvieron, claras, diáfanas y unívocas hasta hace no demasiado.

Sin embargo, de esa claridad y rotundidad he ido deslizándome, sin querer y resistiéndome, según he ido viendo, viviendo, comprendiendo -o quizás dejando de comprender-, y atisbando los absurdos, los cimientos oscilantes, las caras ocultas por debajo de la apariencia, las fisuras de todas las explicaciones, los coladeros y los poros de la razón, hacia un quizás... Un no atreverme a negar con rotundidad. Un desconfiar de mi propia convicción, convertida en ídolo con sus pies de barro.

Es absurdo pensar que Dios existe, pero es absurdo también pensar que no existe. Es absurdo pensar que la vida tiene un sentido (sea religioso o sea otro), pero es también absurdo pensar que no. Puede ser y puede no ser, porque no sabemos ni podemos saber.

Y en todo caso, Dios no es una cuestión de saber o no saber, sino de creer. O, lo que es lo mismo, de apostar a ciegas. Dios, en sí mismo lleva implícita la regla de que te la juegas en una apuesta involuntaria, que podría en realidad venirte impuesta por las circunstancias, en la que sientes que existe o sientes que no existe, sin ningún fundamento, prueba o razonamiento que te pueda guiar. Y esta apuesta puede estar en la base de muchas cosas. Para empezar, de cómo mires el mundo y de cómo te mires; de cómo valores el mundo y de cómo te valores a ti mismo. ¡Casi nada!

Y si finalmente existiera Dios, de esa apuesta absurda y ciega dependería la salvación de tu alma y la eternidad . Sería una especie de broma macabra y terrible de un Dios que, vale, no jugaria a los dados con el universo, pero sí se entretendría jugando a la ruleta rusa con los hijos que creó. Un dios más cruel incluso que Saturno devorándose a sus hijos, porque éste se limita a engullirlos, pero aquél además los sometería a la agonía de creer o no creer, de querer creer y no poder, de dudar, de equivocarse, de ser conscientes de la posibilidad de apostar al color equivocado sin poderlo evitar.

Es absurdo. Pero como el mundo y la vida están llenos de absurdos, sin sentidos y crueldades, yo ya no sé que pensar. Ahora bien, sigo sin poder creer. A pesar del cálculo de probabilidades, y paradójicamente por tanto, contra la razón, mi apuesta involuntaria y ciega sigue siendo clara.

jueves, 16 de noviembre de 2006

El blog es el tablón de anuncios del alma.


Quizás algunos las recordéis del colegio. Las Greguerías son un género inventado a principios de siglo (del pasado, claro) por Ramón Gómez de la Serna. Son breves sentencias en las que se hace una asociación, ingeniosa a ser posible, de ideas (él las definió como "Metáfora +humor").

Cada greguería implica una visión particular de las cosas y una asociación a veces insólita entre ellas. Surgen de ver parecidos o de evocaciones personales que pueden ser simplemente ocurrentes o pueden encerrar algo más.

Yo os animo a que inventéis greguerías. Cuando se lo propongo a los alumnos, siempre salen cosas geniales.

Además, se pueden hacer greguerías sobre prácticamente cualquier cosa. Y para comprobarlo, nada mejor que unos ejemplos del maestro. Ahí van unas cuantas gregerías sobre...

...los animales:

-El cocodrilo es un zapato desclavado.
-La pulga hace guitarrista al perro.
-El gato hace vida de jubilado desde que nace.
-Los mejilllones son las almejas de luto.
-El pez está siempre de perfil.
-El camello tiene cara de cordero jorobado.
-Parece que las vachas chupan y rechupan constantemente un gran caramelo.
-Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el doctor.
-El perro asomado a la ventanilla del coche parece que va saludando a los amigos.
-Al rinoceronte le han salido colmillos por donde no debían de haberle salido.
-La cebra es el animal que luce por fuera su radiografía interior.
-La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.
-Hay tanta gente alrededor de la jaula de los monos, que parece que dan conferencias.
-El águila lleva unos pantalones que le van cortos.
-Los pingúinos son unos niños que se han escapado de la mesa con el babero puesto y manchados de huevo.
-La leona es un león que hubiese ido a la peluquería.
-Las vacas escriben con el tintero de sus ojos el poema de la resignación.

....las plantas y la naturaleza:

-Las hojas del álamo tienen taquicardia.
-Las espigas hacen cosquillas al viento.
-El arco iris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.
-El agua se suelta el pelo en las cascadas.
-El mar se está poniendo a hacer tirabuzones y nunca lo consigue.
-Cuando en el árbol no queda más que una hoja, parece que le cuelga la etiqueta de su precio.


...objetos:

-El café con leche es una bebida mulata.
-La sandalia es el bozal de los pies.
-El melocotón es un rubio con raya al medio.
-El péndulo del reloj acuna las horas .
-Cuando el armario está abierto parece que toda la casa bosteza.
-La pandereta es la hija alegre que le salió al tambor.
-El pez más difícil de pescar es el jabón dentro del baño.
-Los tornillos son clavos peinados con raya al medio.


...las personas y sus (o nuestras) peculiaridades:

-Después de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gesto de fieras.
-Los chinos escriben las letras de arriba a abajo como si después fuesen a sumar lo escrito.
-Los bebés con chupete miran al fumador en pipa como a un compañero de cochecito.
-Hay maridos que llevan a su mujer del brazo como si la condujesen a la comisaría.
-Los negros son negros porque sólo así logran estar a la sombra bajo el sol de África.
-El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.
-Todos tenemos caras de payasos al enjabonarnos el rostro.
-Hay unas beatas que rezan como los conejos comen hierba.
-Celos: picor del amor.
-Los besos, como el champán, son también secos, semisecos y dulces.
-En los negros es en los que más sonríe la blancura.
-Los niños intentan extraerse las ideas por la nariz .

...las letras del alfabeto, los números y otros signos gráficos:

-La Y mayúscula es la copa de champaña del alfabeto.
-El 6 es el número que va a tener familia.
-Los paréntesis salen de las cejas del escritor.
-El 8 es el reloj de arena de los números.
-La ñ es la n con bigote.


Pero también las hay llenas de poesía:

-Cuando en las alambradas de púas salgan rosas se habrán acabado las guerras.
-Hay unas rosas color sangre que parecen haberse herido con sus propias espinas.
-El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
-El reloj no existe en las horas felices.
-El libro es el salvavidas de la soledad.
-En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
-El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
-El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.
-Escribir es que le dejen a uno llorar y reír a solas.
-Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo.

...e incluso un poco macabras (o simplemente existencialistas):

-Todas tus sortijas resultarán grandes para tu mano esquelética.
-Después de nudista se es huesista.
-Lee y piensa, que para no pensar tienes siglos.
-La muerte es hereditaria.


Tú también puedes, ¿verdad?.

Cuando las piedras hablan

"Yo que he explorado cien mil tierras, yo que he descendido a mil cavernas, yo que he escalado cien montañas, recorrido la piel de Nuestra Tierra, te digo, amigo, nada más bello, que el susurro incesante de las piedras"

C. H.

Nunca me planteé por qué soy lo que soy. Con el tiempo, voy averiguándolo.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Contienda


"En cierta ocasión en que el padre Nicanor llevó al castaño un tablero y una caja de fichas para invitarlo a jugar a las damas, José Arcadio Buendía no aceptó, según dijo, porque nunca pudo entender el sentido de una contienda entre dos adversarios que estaban de acuerdo en los principios. El padre Nicanor,que jamás había visto de ese modo el juego de damas, no puedo volverlo a jugar."



Gabriel García Márquez: Cien años de soledad.

martes, 14 de noviembre de 2006

Soy

"A veces me imagino con una mujer y un niño corriendo por la casa. Un niño al que abrazar y dar besos, tan pequeño que todavía no está lleno de nada. ¿Quién voy a ser entonces? ¿Qué cosas podré coger con las manos y cuáles no? ¿Mediré lo mismo? ¿Tendré una casa parecida a la que tengo ahora? ¿Qué pensará mi mujer de lo que era antes? ¿Mi mujer será la chica rubia o tendré que ocultarle a ella que no lo es? ¿Qué pinta tendré follando? Cuando pase todo ese tiempo, ¿dónde estará éste de ahora y dónde estará el de después y dónde estaré yo en medio de todo esto? ¿A qué me pareceré cuando sueñe? ¿Qué pasa con lo que has hecho? La responsabilidad sobre todas las cosas que hacías debería caducar, como las latas. ¿Cuánto tiempo voy a durar tal y cómo soy ahora?

Me siento como un negocio que va cambiando de dueño. "
Ray Loriga: Héroes




Como dijo Dei, a veces es difícil reconocernos en el extraño (o los extraños) que una vez fuimos. Y a veces es difícil dejar que esos extraños nos reconozcan. Ver si nos hemos fallado, sorprendido, obedecido o traicionado, ver si somos (o comprobar con tristeza o alivio que no somos) lo que una vez quisimos o soñamos o imaginamos o temimos ser.

Mirando atrás, me parece recordar (quizás olvidando o contradiciendo a la que fui un día) que en realidad nunca me soñaba ni ime imaginaba de una forma concreta en el "futuro". Ese futuro parecía siempre tan lejos que tenía la intuición de que nunca iba a llegar, o de que tardaría tanto en hacerlo que era inútil imaginarlo, y me daba no sé si miedo o simple pereza. Pero ya ves: el futuro ha llegado y ha pasado, y aquí estoy, mucho más lejos ya de lo que entonces me atrevía a divisar.

Aunque en realidad aquel futuro nunca llegó, porque en este futuro de ahora vive alguien distinto a aquella del pasado. Porque esta que soy ahora vive, soporta e incluso disfruta cosas que entonces no conocía, me aburrían, me desagradaban o incluso temía. Porque esta que soy ahora rechaza, evita o incluso desprecia cosas primordiales para la que una vez fui. Porque la que soy ahora mira con indulgencia, con cariño, con nostalgia, con complacencia y a veces con algo de reprobación, a aquella que yo era.

En mi forma de mirar al futuro, entonces y ahora, siempre ha habido más temores que sueños, la verdad. Nunca he sabido lo que quiero, pero siempre supe, y he temido con angustia, lo que no quiero. Sin embargo, pocos de aquellos tempores pasados se cumplieron en este futuro que también pasó, y los que lo hicieron, adquirieron un aspecto bastante menos terrible al conventirse en realidad. Se ve que los miedos siempre son peores a lo lejos. Cuanta preocupación inútil. Cuanto tiempo desperdiciado. Cuánta importancia derrochada en tanto vano fantasma.

Y ahora mismo, aquí estoy yo, siendo y dejando de ser mientras llega un futuro al que sigo sin atreverme a mirar demasiado. Que inexorablemente vendrá, pero cuando yo ya no esté. Porque es verdad que como dijo Manrique, “no se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, porque todo ha de pasar por tal manera”. Porque sí, es verdad, terrible verdad, que "si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado". Así que hoy es siempre todavía, y el futuro no existe, porque no llegará a mí, a esta que yo soy ahora, ni yo llegaré a él.

Yo soy, pero, quizás pronto y sin darme cuenta, dejaré de ser. Aguarda ya en el futuro alguien a quien no puedo imaginar ni reconocer, aunque llevará mi nombre, y mi número de DNI, y mi mismo color de ojos miopes y astigmáticos, y mi número de registro personal, y mi tendencia al ardor de estómago, y tendrá una cicatriz en el vientre quizás más borrosa, y habrá convertido en recuerdos esto que ahora yo vivo, y me mirará también con cariño, nostalgia o quizás reprobación.

Y mientras tanto, voy aprendiendo, con dificultades -para qué negarlo- a no temer a ese futuro, porque afortunada o desafortunadamente, es algo que le pasará a otra.

Brindemos que hoy es siempre todavía. Y nosotros somos todavía. Sólo todavía.


lunes, 13 de noviembre de 2006

Todo el mundo




Todo el mundo sufre alguna vez
y tu sufrimiento no es
seguramente
ni mayor
ni menor
ni distinto
de tantos otros sufrimientos.
Todo el mundo sufre alguna vez
todo el mundo llora alguna vez
o sufre sin poder siquiera llorar.

Así que aunque te duela
aunque te duela tanto que no ves el final
o lo que es peor, que deseas verlo
ya, ahora
un final, cualquier final,
el final
sólo para acabar con el dolor
y aunque sientas que te ahoga la soledad
piensa que no estás solo
sino que precisamente en el dolor
estás terriblemente acompañado
y que aunque no lo creas
pasará
porque todo el mundo sufre alguna vez
todo el mundo ha sufrido alguna vez
incluso tú, seguro
y ya ves
aquella vez
pasó.

Y esta vez
aunque te cueste creerlo
pasará
también pasará.

Sólo tienes que recordarlo
y esperar
y quizás intentar, mientras esperas,
entretenerte en algo
lo que sea.

Porque todo pasa
menos el final.

sábado, 11 de noviembre de 2006

El principio del final.

Te perdí por creer que no podía perderte. Fue esa seguridad –paradójicamente- la que me hizo perderte. Yo, que siempre fui la parte fuerte y guía de la relación, hoy soy la parte herida y rota. Y creo que soy tan imbécil que pienso que te perdí el último día, cuando me dijiste adiós. Ni siquiera soy capaz de entender que comencé a perderte cuando te conocí.

Hoy me toca valorar entre tristeza y soledad lo que no fui capaz de valorar en compañía y felicidad. Así son las cosas y así soy yo. Hoy me toca envidiar la mano que te coge, hoy me toca envidiar la boca que te besa. Hoy me toca maldecir mis manos y mi boca. Quién dijo que la experiencia tiene la misma validez que un billete de lotería después del sorteo....tenía razón el hijo de puta.

En cuanto a mí, vuelvo a ser el cuervo que vuela solo y se posa en los tendidos eléctricos. Vuelvo a volar, pero esta vez mis alas están algo más cansadas, esta vez mi espíritu conoció tiempos mejores y por ello, hoy sabe lo que no tiene y tuvo. Una sutil diferencia con los vuelos anteriores. Sutil y mortal diferencia. Hoy sé más que ayer, lástima que ya no sirva.

Hoy sé más que ayer, lástima que esté bebiendo para no recordar. Espero que todavía estén abiertos los bares....

A tu salud.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Buenos días, buena suerte



Soy feliz y a veces se me olvida.

Cuántas veces tengo la suerte, la buena suerte, ahí delante, rodeándome, arropándome, y no la veo. Y sin embargo, bastaría que pasara algo triste, realmente triste o desgraciado, para que la felicidad consistiera precisamente en volver a la situación en la que estaba, en la que era feliz y no me daba cuenta. Cuántas veces me dedico a hacer listas mentales de quejas, lamentos y deseos varios, recordando lo que no está, lo que deseo, lo que me falta, lo que no tengo, en vez de hacer inventario luminoso de lo que sí tengo. Cuántas veces dejo que la carencia, la ausencia, lo que no está, defina mi vida.

Para dejar de desear algo, no hay como tenerlo. Y no hay como dejar de desearlo para pasar a ignorarlo. Y no hay como ignorar algo para pasar a mirar otra cosa. Y no hay como mirar una cosa para empezar a desearla. Y no hay como desear una cosa para darse cuenta de que te falta. Y no hay como darse cuenta de que lo que te falta para no ser feliz. Por tanto, no hay como tener cosas para no ser feliz. Los más afortunados, los que más tienen, serían, por este razonamiento absurdo, los menos felices. Ya decía un proverbio, creo que era celta, que "pobre de aquel al que se le cumplan todos los deseos".

Pero todo esto no es más que una falacia, un razonamiento tramposo que, curiosamente, a veces funciona inexorablemente en la práctica. Por suerte, todos tenemos la formula mágica para romper la maldición. Solo tenemos que saber mirar y saber mirarnos. Sólo tenemos que no olvidarnos nunca de apreciar más lo que está que lo que no está. Olvidar la mentira de que lo más bello es lo que nunca he tenido, y tener la lucidez suficiente para saber que no es más que la zanahoria delante del burro, que nos mantiene afanados corriendo y esperando lo que no tenemos, y que dejaremos de apreciar en cuanto lo tengamos, sustituido por una nueva ausencia. Promesa tramposa de que lo bueno está por llegar.

De hecho, hay quien dice que el deseo, la carencia, lo que nos falta, lo que no tenemos, lo que no está, lo que no es, es el motor de avance de nuestra vida. Pero avance ¿hacia dónde? ¿Avance hacia nuevas carencias y hacia nuevos deseos? ¿Nuestra vida no es más que un continuo desear sin fin? Si es así, algún dios macabro y sádico puso ese chip en el hombre como eterna condena a la infelicidad, y el hombre debería rebelarse contra ese dios, contra ese chip, contra la trampa de querer avanzar, siempre avanzar, y desear, siempre desear..

Ayer alguien me recordó que soy feliz y a veces, muchas veces, demasiadas, se me olvida.Por eso yo hoy no quiero recordar lo que me falta y lo que deseo, y no quiero avanzar. Quiero quedarme aquí, aunque sea un minuto, pararme, recordar y contemplar este instante en que soy feliz y apenas me doy cuenta. Quiero empaparme de mi buena fortuna. Quiero mirar mi buena suerte y abrazarla. Porque yo soy afortunada, muy afortunada, y a veces se me olvida.

Y sin embargo hay otras veces, algunas, en que lo recuerdo de golpe y de verdad. Y me emociono y me aferro a eso que tengo y que a veces creo que no merezco, que no entiendo bien como llegó a mi vida, que comprendo que pudo no llegar. Me aferro fuerte, muy fuerte, porque con la emoción de tenerlo se mezcla el temor de perderlo. Y temo siempre perderlo porque no me perdono, y el runrún de que no lo merezco no consigo acallarlo...

Soy feliz, a pesar de que, si el hombre tiene un chip para no ser feliz a modo de condena por no sé bien qué pecado, el mío es de calidad extra. Soy feliz y mi vida está marcada por una buena estrella, aunque a veces se me olvida, aunque a veces la temo, aunque a veces me temo. Soy feliz a pesar de mí.

Buenos días, buena suerte. Hoy no voy a darte, como siempre, la espalda.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

Paracaídas




"He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.

Mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.

Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.

Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.

La vida es un viaje en paracaídas y tù no lo quieres creer.

Vamos cayendo, cayendo de nuestro zénit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.

Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del zénit al nadir porque ese es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.

Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.

Ah, mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.

Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.

Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.

¿Qué esperas?

Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable."

Vicente Huidobro: Altazor o el viaje en paracaídas
.


La vida es un viaje en paracaídas y tú no lo quieres creer.
Busca, elige, agarra, encuentra tu paracaídas
y disfruta del viaje
olvidando el vértigo
el abismo
la caída.

La vida es un viaje en paracaídas y tú no lo quieres creer.
¿Tienes ya tu paracaídas?

Yo he encontrado el mío, creo.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Palabras y palabros




Vale, sí, la lengua dice “los hombres”, “los niños” o “los jóvenes” englobando a hombres y a mujeres, varones y hembras, y por eso algunos dicen que la lengua es machista... Pero la lengua también dice “las personas” o “la gente” para englobar a hombres y mujeres. De forma análoga, utilizamos “los gorriones” para referirnos al macho y a la hembra, pero también “las avestruces”, “las golondrinas” o “las hormigas” para lo mismo . Es decir, una cosa es el género gramatical y otra el sexo.

Generalmente, el género gramatical (masculino y femenino) se corresponde, en seres sexuados, correlativamente con los dos sexos (macho y hembra), y la lengua tiene que elegir un término “no marcado” que englobe a ambos cuando nos referimos “a la especie”, a lo que tienen en común obviando lo que les diferencia. Y sí, generalmente la lengua ha elegido el género masculino. ¿Por sexismo y por machismo? Puede ser. Negar que durante siglos el mundo ha sido dominado, concebido y conceptualizado por y casi para los hombres (usado, aquí sí, en el sentido exclusivamente de sexo masculino y no en sentido genérico) sería ridículo y yo no voy a hacerlo. Negar que el lenguaje, que es espejo y molde de nuestra concepción del mundo, refleja esos siglos de sexismo, también sería ridículo y tampoco voy a hacerlo. ¿Cambiando el lenguaje sexista cambiaríamos el sexismo en el mundo? Tengo mis dudas. ¿Contribuiríamos aunque fuera un poquito a cambiarlo? También aquí sigo dudando.

El inglés suele tener (por sí mismo, sin imposiciones, por una evolución natural o un carácter espontáeno de la lengua) términos distintos para los sexos (man, woman, brother, sister, aon, daughter...) ¿Las sociedades anglosajonas son histórica o actualmente menos sexistas que las latinas? De nuevo, la duda, razonable (creo) .

Me parece que el sexismo se cambia y se combate atendiendo antes a otros aspectos mucho más acuciantes y bastante más sangrantes, y que una vez que el mundo dejara de ser sexista en esos otros aspectos, o lo fuera bastante menos, el lenguaje, de forma natural, o bien dejaría de serlo, o bien conservaría esos vestigios fósiles como recuerdo de un pasado histórico difícil de borrar de un plumazo (como quedan vestigios de los casos latinos, o de los plurales neutros, por ejemplo).

El masculino genérico comprende a eso, al “género”, a la especie, o como queramos llamarlo, por encima de diferencias sexuales. El cartel de la “sala de profesores” delimita un espacio que me corresponde, sin que yo me sienta discriminada, igual que siento que se alude a mí cuando el director, o los alumnos (y las alumnas), o los padres (y las madres) hablan de “los profesores del instituto”, porque además, para algo somos mayoría las profesoras (aquí sí que es imprescindible el femenino plural). Cuando mis padres hablan con orgullo, o con cariño, o incluso con algún tono de reproche, de “sus hijos”, sé que nos consideran y nos quieren (con manías, afinidades y preferencias más personales que sexistas, y más inevitables que reconocidas), a los tres por igual, aunque dos seamos chicas y el pequeño, un chico. El “nosotros” con que aludo a mi pareja y a m., me comprende, me arropa y me envuelve sin que suponga que él prevalece sobre mí. Son otras las cosas, los detalles y los gestos por los que me puedo sentir ignorada, menospreciada, infravalorada o discriminada por el hecho de ser mujer, y no creo que sea necesario recordarlos aquí.

Claro que hay ocasiones en que es necesario insistir en que estamos hablando de chicos y chicas, de hombres y mujeres, de machos y hembras. Pero no siempre.Imponer fanáticamente el uso de “los chicos y las chicas”, “los ciudadanos y las ciudadanas”, “los alumnos y alumnas”, “los científicos y las científicas” me parece poco útil (de verdad que no creo que contribuya a terminar con estereotipos sexistas), forzado, un poco hipócrita incluso, y , por decirlo de alguna forma, “antilingüístico”; es decir, contrario a los propios mecanismos de funcionamiento de la lengua, y por tanto, condenado al fracaso, ya que vulnera el principio de economía, que es una de las bases del lenguaje como medio de comunicación: necesitamos una palabra genérica que nombre a hombres y mujeres cuando nos referimos a ellos conjuntamente porque sus diferencias no son pertinentes, y además, insisto, el uso constante de los dos géneros refleja esa confusión entre “sexo” y “género gramatical”, que son cosas distintas. Por otra parte, ese uso constante de masculino y femenino creo que lejos de transmitir una concepción igualitaria del mundo, refleja y consolida una mentalidad que sitúa en primer plano las diferencias entre los sexos en confrontación y enfrentamiento continuo e irresoluble. Para la verdadera igualdad, repito, es necesario un término que nos englobe como lo que somos: seres humanos (y me niego a decir “y humanas”) iguales en derechos y dignidad.


Ninguna sociedad dejará de ser sexista, ni educará a sus hijos en la igualdad, por imponer la utilización continua y farragosa de los dos géneros gramaticales. Claro que ésta es sólo mi opinión... El (o la) que no esté de acuerdo conmigo, que tire la primera piedra y, con ella, alguna explicación, por favor, por pequeña que sea.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Muriendo desde el primer día

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Día 1 de Noviembre y vuelve el culto a la muerte. Bajo la excusa de acompañar a los seres queridos, los humanos volvemos a acercarnos a ella en vida, es algo que nos apasiona y nos obsesiona. Se intuye en este día la necesidad de arrancarle algo de soledad a la misma muerte. La necesidad de no dejar caer en el olvido, de tratar de vencerla con el recuerdo. También se esconde el egoísmo de pedirles a los vivos lo mismo cuando nosotros nos hayamos muerto. Porque después de todo, uno muere cuando toca, aunque haya gente que piensa que uno no muere hasta que no es olvidado por todos. Bueno, no dejan de ser consuelos metafísicos para un mal físico.

Como decía, me sigue pareciendo curiosa la reverencia, el pánico, la obsesión humana con la muerte. Después de todo, según Schopenhauer, la muerte no hace más que “subsanar un error”. Quizás no haya tanta equivocación en esa afirmación. Yo sé que estoy escribiendo desde el corredor de la muerte, de hecho, todos lo sabemos. Los párrafos de John Donne cobran todo su significado y son fácilmente entendibles: "Ningún hombre es una isla, completa en sí misma; todo hombre forma parte del continente, parte de la tierra firme; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque me intereso en la humanidad; de modo que nunca trates de averiguar por quién doblan las campanas; las campanas doblan por ti".

Es así de sencillo. Cuando el otro día se llevaron a Julia, mi vecina, al hospital (76 años), para no volver, yo sabía que todos seremos los siguientes. Los espectadores de hoy, seremos los protagonistas de la función de mañana. Y nadie ni nada nos apartará de eso. Sentí en esos breves segundos, la fragilidad del hilo. Sentí la tremenda soledad y el desamparo ante la propia partida. El comienzo de las grandes preguntas sin respuesta.

A mis años, tengo claras ciertas cosas, como que Dios nace de la muerte. Nace de la necesidad del ser humano de sentirse acompañado ante la muerte. De la no comprensión del ser humano de la misma, debido a su conciencia, a su capacidad de razonar. El creador (como producto del hombre) nace de la muerte; no deja de ser paradójico. Por eso, cuando Marx, Feuerbach o Nietzsche anunciaron "la muerte de Dios", podían haberse esforzado un poco más y anunciar la muerte de la muerte. Después de todo, quizás la muerte sea lo único que nos ponga en nuestro sitio. Que apague nuestra arrogancia. Lo que nos ayude a entender nuestra condición de bestias pensantes.

Quizás, entendiendo la muerte, podamos comprender algo mejor la vida. Desapareciendo el tabú de la muerte, ya desde la niñez, quizás, sólo quizás, apareciese resuelto el misterio de la vida. Al final y después de mucho divagar, lo único que queda en estos días grises de claveles, ancianas y cementerios en pueblos y ciudades, es pensar que por mucha celebración, luto y lágrimas......”Dios mío, qué solos se quedan los muertos”.

“Muerte, no te envanezcas aunque te hayan llamado poderosa y terrible, pues no lo eres, ya que aquellos que crees por tu fuerza abatidos, no mueren, pobre muerte.


Ni a mí puedes matarme. Del descanso y el sueño, que son imagen tuya fluye mucho placer ha de venir, y muy pronto nuestros mejores hombres van contigo.


Descanso de sus huesos, libertad de sus almas. Esclava eres del destino, del azar, de reyes y desesperados. Moras con el veneno, con la guerra y los males. También puede la amapola y la magia dormirnos, y mejor que tu golpe; ¿y por qué te envaneces?


Pasado un breve sueño despertamos eternos, y ya no habrá más muerte.


Muerte, tú morirás”.

Donne, John

Juntos, mas no demasiado




" Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, mas no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro. "


Khalil Gibran
"Del matrimonio",
(aunque bien podría ser "De la pareja")
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