sábado, 23 de diciembre de 2006

¿Saben ellos que es Navidad?




En 1985, Bob Geldof reunió a un grupo de artistas ingleses para interpretar esta canción, con letra suya y música de Midge Ure, de Ultravox, como parte de su proyecto Band Aid para contribuir a la lucha contra el hambre en África. Parte de este proyecto sería la grabación de otra canción, por artistas americanos (el famosísimo We are the world) y la celebración de dos macroconciertos, uno en Estados Unidos y otro en el Reino Unido. Entonces se proclamó el proyecto como un gesto maravilloso por parte de los cantantes pop para combatir desinteresadamente el hambre en África. Veinte años después (aparte de la curiosidad y el ejercicio de nostalgia de ver a Bono, Phil Collins, Paul Young, Sting, los Spandau Ballet, los Durán Durán, las Bananarama, los Status Quo, George Michael, Boy George, y pensar en los que siguen y en los que no), está claro que el hambre sigue aullando de vez en cuando en nuestras pantallas, perdida como un horror más entre las imágenes de la guerra, el fanatismo, los terrorismos, la violencia doméstica y espantos varios con los que convivimos muchas veces a la hora de comer, y que se siguen haciendo campañas de concienciación por parte de famosos y anónimos, e intentos de ayuda de distinto tipo, que sabemos que no van a ser un solución real y completa para todos estos problemas.

Yo suelo desconfíar, no sé si justificada o injustificadamente, de este tipo de iniciativas (galas benéficas, apadrinamiento de niños, colecta de ayudas en cuentas bancarias, campañas de actores, artistas o gentes de la realeza, etc.), entre otras cosas porque sé que lo de “desinteresadamente” es sospechosamente relativo, ya que todos ganan algo, mucho, quizás lo más valioso para ellos tal y como está montado el mundo: publicidad y marketing. No hay nada ya que no sea negocio, o que no pueda ser negocio. El negocio todo lo invade, todo lo mancha y todo lo asfixia: incluso las buenas intenciones.

Con este tipo de cosas se gana dinero, mucho dinero, y a saber a qué manos va a parar, a saber qué intermediarios se benefician, y a saber qué cantidad real llega a sus destinatarios oficiales, al margen de esas buenas intenciones que puedan tener los que las promueven, que quizás sean realmente unos quijotes modernos. Y aunque a mí así me gustaría creerlo, no puedo olvidar que las buenas intenciones de D. Quijote tenían muy poco efecto positivo sobre la realidad, y alguna vez, incluso, tenían un efecto contrario al que él pretendía, y del que él casi nunca se enteraba, porque el idealismo a menudo no hacía más que cegarle.

Me resulta cínico y sucio pensar que el hambre real y atroz, y todas sus miserias añadidas, y todo ese intenso sufrimiento perenne, puedan utilizarse como un anzuelo para hacer negocio.

Sé también que la caridad perpetúa la injusticia, el mal reparto, el mal sin más, y he comprendido que esa caridad se ha convertido en un lavado de conciencia, una excusa y una cohartada para que los ricos, los privilegiados (que lo somos, aunque se nos olvide casi todo el rato), sigamos navegando en la balsa que sostienen los lamentos de los que tuvieron la mala suerte de nacer al otro lado.

Y sé también, aunque muchas veces se me olvide, que yo formo parte, también cínicamente, de todo esto. Y quizás este post, incluso, no pueda ser más que un gesto formal, tópico, escéptico e inevitablemente cínico.

Pero a pesar de todo esto, no puedo evitar pensar que quizás sea más cínico no hacer nada, no intentarlo, desconfiar, y que quizás sí valga que la buena intención de algunos al promover todo esto sea real, y que, aunque no hayan acabado ni con el hambre en el mundo, ni con las desigualdades, ni con los problemas, quizás sí hayan ayudado o aliviado a alguien, a unos pocos, a los que sean, y que quizás con eso el esfuerzo ya haya valido la pena, y compense toda la otra mierda.

Tal vez lavándome también la mala conciencia (porque yo también compraré regalos, y quizás también reciba alguno, y mañana estaré cenando en una mesa llena de comida que nos sobra, calentita, en casa con los míos), sólo quería recordar que el mensaje de la canción, aunque tópico, gastado e instrumentalizado por el cinismo occidental, el mensaje en sí mismo, al margen de toda la mierda que pueda habérsele echado encima, no deja de ser verdad. Aunque sea inútil, y si lo recordamos sea sólo un momento, y seguramente no sirva para nada, ni siquiera para que tomemos conciencia de nuestra buena fortuna ni de lo absurdo de muchas de nuestras quejas y desdichas, es verdad: hay mucha gente que no sabe que es Navidad, y mucha gente a la que el saberlo le duele, sea por los motivos que sea.

Abraza al mundo en Navidad
pero di una oración
reza por los otros.
En Navidad, es duro
pero cuando tú te diviertes
hay todo un mundo fuera de tu ventana
y es un mundo de terror y miedo
donde la única agua que fluye
es el amargo aguijón de las lágrimas
y las campanas de navidad que suenan alli
son los sonoros repiques de la fatalidad
Así que esta noche da gracias a Dios porque son ellos
y no tú.

No va a haber nieve en África estas navidades
y el mayor regalo que tendrán este año es la vida
Donde nada nunca crece,
no hay lluvia ni fluyen ríos
¿Saben ellos que es Navidad?

Como todo, esto también depende del cristal con que se mire. Desear “Feliz Navidad” puede ser un gesto maquinal, vacío, tópico y convencional, puede ser un gesto cínico o puede ser un gesto sincero de desear lo mejor y no sólo por unos días. Y puede ser un gesto también muy elocuente y lleno de sentido no desearla.

Pero que por lo menos no nos roben ni nos manchen las buenas intenciones, cuando lo son de verdad. Que nos dejen algo limpio, puro y noble en el mundo. Y que esto no sea otro tópico y vacío deseo de Navidad.

Feliz Navidad.

jueves, 21 de diciembre de 2006

¿?

Él la miro y le preguntó : -¿Eres feliz?-

Ella le miró y le respondió: –Sí-.

Era una pregunta sencilla y obtuvo una respuesta sencilla. Apenas llevaban juntos unos meses y él solía hacérsela a menudo, pero a ella le seguía sorprendiendo puesto que esa pregunta no le era habitual en sus anteriores relaciones. Lo curioso es que esa pregunta encerraba valor. ¿Y si ella le hubiese contestado que no? ¿Qué hubiese ocurrido? Parece obvio que si él la veía feliz, la respuesta no podía ser otra; era jugar a una carta segura.

No obstante, siempre hay un riesgo evidente ante una cuestión directa. La sorpresa habita en la seguridad. Pero había más. Las palabras no son inocentes, éstas varían su inocuidad con el tiempo y con las situaciones. Las palabras están desnudas y se visten con las circunstancias que las rodean. ¿Dentro de 20 años se atrevería a realizar la misma pregunta? ¿Ella se atrevería a contestarle?

Ese debía ser el reto, pensó él. ¿Cuándo empezarían a no preguntarse cosas? Esa debía ser la señal, pensó él.

Una vez conocida la señal se sintió más aliviado. Sonrió.

Guerra de sexos



Chicos vs chicas.
Hombres vs mujeres.
Masculino vs femenino.
Macho vs hembra.
Yan vs yin.
Adán vs Eva.
Él vs ella.

Diferentes, siempre, inevitablemente,
pero cada vez más igualados.
Opuestos y complementarios
enfrentados y enamorados
hartos y necesitados
contendientes y aliados
enemigos y amantes
separados y juntos
desconcertados y fascinados
enfadados y reconciliados
contrarios y convergentes
alejados y buscándonos
desconociéndonos y adivinándonos
batalla y juego
daño y amor
dolor y placer
peleando y bailando
luchando y amando
dos y uno
contra y con.

domingo, 17 de diciembre de 2006

"Yo te quiero, soy yo".


Extreme: More than words

"Decir te quiero
no son las palabras que quiero oírte.
No es que no quiera que las digas,
pero si sólo supieras qué fácil sería
demostrarme lo que sientes.
Más que palabras es todo lo que necesitas
para hacerlo real
y entonces no tendrías que decirme que me quieres
porque yo ya lo sabría"


Pero yo también necesito las palabras.

Las palabras son creadoras, evocadoras y mágicas.
Lo que no tiene nombre no existe
y lo que no se nombra
es peligrosamente fácil
fingir que no está
dejar que se diluya
se deforme
se olvide.
Hay silencios que sólo encubren
olvidos, malentendidos o dolor.

Al fantasma se le mata y se le crea
con su nombre.
Y también al amor.

Al amor, al sentimiento,
no basta con sentirlo.
No basta con demostrarlo.
También es necesario nombrarlo.
Aunque eso sea algo que mi padre no me enseñó
y que he aprendido, tropezando por la vida
y con bastante reticencia y resistencia, yo.

Sí, hay mil formas de decir te quiero
y una, la primera,es ésa:
decirlo, pronunciarlo,
sonido a sonido,
poniendo, queriendo o sin querer,
el corazón en los labios

Un te quiero, el te quiero.

A veces es tan fácil, sencillo y espontáneo,
tan fácil que lo decimos incluso cuando no debemos
o no queremos o no podemos,
y se escapa, inevitable,
como por la válvula de una olla a presión.

Otras veces es fácil porque no se siente,
porque va vacío, leve, ligero, hueco
sin peso.
Porque no cuesta nada ni lleva nada nuestro:
cuando se dice como moneda de cambio
como inversión
como cumplimiento de un contrato
como respuesta a una expectativa
como pago de una deuda
como caridad
como remiendo
o como parche para la decepción

Pero el te quiero también puede ser
tembloroso, difícil, doloroso o imposible.

A veces por la duda o la confusión
que se mezclan, inoportunas, con el amor
o su juego.
A veces por incapacidad para sentir,
o para reconocer lo que se siente
o lo que no.
Confusión, incapacidad, duda
que envenenan y ahogan con falsedad y culpas
la garganta, el aliento, las palabras, la voz.

Y a veces lo que hace difícil un te quiero
puede ser incluso el propio amor:
lo grande, lo mucho, lo denso,
la intensidad, el peso, el miedo.
Agoniza entonces el te quiero en los labios
aunque palpite fuerte, muy fuerte, dentro
por vulnerabilidad
o por pudor
o por temor.

Porque esas veces un te quiero
es dejar a la intemperie
la parte más débil
más frágil
más preciosa
más profunda
del yo.

Decir, mirando a los ojos,
como decía Salinas
yo te quiero, soy yo...
¿puede haber un acto más intenso o más hermoso
de reconocimiento y aceptación?
De lo que uno siente, del propio mundo, de uno mismo
Recipiente imprescindible y premisa necesaria
para poder ofrecer al otro amor.

Por eso hay que decir te quiero
de vez en cuando
sin gastarlo
sin prisas ni temores.
Recordarlo, dejarlo
que salga, que tome forma,
que crezca, que se haga tangible
ofrenda y pacto...

Yo te quiero,
soy yo
.

Palabras de amor.
Palabras.
Amor.
Te quiero.

Yo.

viernes, 15 de diciembre de 2006

La mirada del otro



La mirada del otro nos da sentido, nos define y nos esclaviza. Intentamos ser, intentamos parecer, intentamos hacer, intentamos crear, para que otro nos mire, nos valore, quizás nos admire, nos quiera. Nos arreglamos y nos esforzamos, en realidad, para y por la mirada del otro. Y según lo que esa mirada nos devuelva creamos, en gran medida, nuestra propia imagen y valoración de nosotros mismos, que condicionará a su vez nuestro comportamiento y, con él, la imagen que sigamos proyectando hacia los demás.

Es decir, si los demás me califican y me etiquetan de "buena", "mala", "lista", "tonta"... tengo muchas papeletas de asumir ese papel consciente o inconscientemente, de creérmelo, y de comportarme de acuerdo a sus patrones, y como la conducta influye en la mente tanto como la mente en la conducta, cada vez seré más lo que los demás ven en mí.

Es un juego infinito de espejos que tantos interrogantes y tantos problemas plantea: la construcción de la personalidad, la autoestima, los roles impuestos o autoimpuestos (¿hay alguna diferencia?) que nos encorsetan, nos moldean, nos limitan o nos encaminan. El conflicto entre lo que soy, lo que quiero ser, lo que puedo ser y lo que los demás ven. Lo que exhibo, lo que muestro, lo que finjo y lo que oculto. Lo que refuerzo y lo que reprimo. Lo que me quieren y lo que me quiero. Mirada implacable y mirada tirana. Somos lo que la mirada del otro nos deja ser.

Por eso hay que tener tanto cuidado al "mirar" a los niños, que aún están conformando su personalidad, al valorarlos y etiquetarlos, al quererles o no quererles, culparles y perdonarles, y que ellos lo perciban y lo asuman. Puede ser condicionarles. Y en cierto modo, y según dicen la mayoría de los que saben de esto, todos estamos condicionados por las miradas tempranas de nuestros padres, referentes de nuestro "universo" cuando se siembra lo que seremos (hay quien dice que nunca dejamos de ser el niño que fuimos), y germen de nuestras pautas de comportamiento, nuestras trampas, nuestros conflictos.

Si no existiera esa mirada del otro todo sería muy distinto. O tal vez, nada sería.



Milan Kundera, en "La insoportable levedad del ser", decía que "vivir en la verdad, no mentirse a sí mismo, ni mentir a los demás, sólo es posible en el supuesto de que vivamos sin público. En cuanto hay alguien que observe nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad. Tener público, pensar en el público, eso es vivir en la mentira". Sólo sería posible vivir en la verdad, por tanto, en la intimidad más estricta y absoluta. En cuanto hubiera alguna mirada, estaríamos ya condicionados y todo sería ya impostura, máscara (significado etimológico de "persona"...), mentira... Pero incluso en esto "verdad" y "mentira" son relativas: nuestra verdad actual puede ser resultado de una mentira anterior que creamos para las miradas bajo las que crecimos yque nos han moldeado, y la mirada para la que ahora actuamos puede terminar moldeándonos y lo que ahora es "mentira" ("máscara"), puede llegar a ser verdad ("rostro").

Y añadía Kundera:

"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas, son más felices que las personas de la primera categoría, quienes, cuando pierden a su público tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores."

Me parece que yo pertenezco a la tercera categoría, aunque supongo que, como en todo lo que tiene que ver con uno mismo, la falta de perspectiva hace que corramos mucho riesgo de equivocarnos... Quizás incluso para decir esto también necesitaría el referente de la mirada del otro....

Conozco gente incluible en todas estas categorías. Incluso en la última, "la más preciada", según Kundera, en la que yo situaría a mi hermana, soñadora, independiente, aventurera.

Y ahora mismo estoy aquí, buscando y esperando tu mirada silenciosa y anónima, más soñada que real, indefinida, etérea, abstracta; y así, colándome un poco en esa cuarta categoría tan preciada y viviendo, por un ratito y en un rincón, bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Quizás la magia de los blog sea permitir que todos busquemos nuevas miradas y podamos, por tanto, ser en cierto modo "otros": ser lo que no nos permiten ser las miradas cotidianas que nos rodean, o lo que esas miradas no pueden o no quieren mirar.

Y tú, tú que me miras, ¿qué mirada buscas?

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Por fin la luna podrá salir sin ti

Por fin se le acabó la mirada constante, la palabra precisa y la sonrisa perfecta. Por fin desapareció el mismo rostro de la muerte. Como alguien dijo: Hoy el demonio está de luto, hay alguien que piensa disputarle la presidencia del infierno. Esperemos que la aurora, por fin, deje de dar gritos que caigan en nuestras espaldas. Ojalá que tu nombre se le olvide a todas las voces.

Preludio:

Dirán que esto no es poesía, pero yo les diré que la poesía es un martillo.

G. Aresti.

Vamos a festejarlo,vengan todos los inocentes, los damnificados, los que gritan de noche, los que sueñan de día, los que sufren el cuerpo, los que alojan fantasmas, los que pisan descalzos, los que blasfeman y arden, los pobres congelados, los que quieren a alguien, los que nunca se olvidan. vamos a festejarlo, vengan todos. El crápula se ha muerto, se acabó el alma negra, el ladrón, el cochino, se acabó para siempre.

Hurra. Que vengan todos, vamos a festejarlo, a no decir "la muerte siempre lo borra todo, todo lo purifica"; cualquier día la muerte no borra nada, quedan siempre las cicatrices.

Hurra. Murió el cretino, vamos a festejarlo, a no llorar de vicio, que lloren sus iguales y se traguen sus lágrimas. Se acabó el monstruo prócer, se acabó para siempre, vamos a festejarlo, a no ponernos tibios, a no creer que éste es un muerto cualquiera, vamos a festejarlo, a no volvernos flojos, a no olvidar que éste es un muerto de mierda.

Benedetti.

Que lloren sus iguales, no nosotros.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Abecedario

Haciendo gala del nombre de nuestro blog (que como tod@s, "no es sino su nombre"), he robado una rosa sin pudor a Destroyer : se trata de, tras cada letra del abecedario, escribir la primera palabra que se te venga a la cabeza.


A de amor (de qué otra cosa puede ser).
B de bonito, de bonita (que así me suelen gustar las cosas).
C de casa (la de la infancia, la que tengo, la que dejo, la que puedo encontrar, la soñada, la provisional, la definitiva)
D de dolor (no se puede ser feliz sin él: hay que conocerlo para valorar su ausencia. Y para comprender)
E de estupend@ (sí)
F de frágil (en busca de protección, siempre)
G de grande (ya lo dice el refrán...)
H de historia (la vivida y la soñada; la futura y la pasada; la posible y la imposible)
I de invisible (lo esencial, dicen, siempre lo es)
J de joven (lo que todos fuimos alguna vez)
K de kilos (los que gano, los que pierdo, los que me quito, los que me pongo, los de los nervios, los de la felicidad, los de la tristeza)
L de lápiz (tan pequeño, tan modesto, tan simple, y tan lleno de cosas)
LL de llave (la que abre, la que cierra, la que pierdes, la que encuentras, la que no encaja, la que te olvidas en el momento más inoportuno)
M de mano (la que se tiende, la que se cierra, la que agarras al caminar, la que te coge, la que te espera,la que acaricia)
N de nuevo (lo esperado, lo todavía a estrenar, lleno de posibilidades)
Ñ de ñoquis (que se me ocurrió esta... es que con la ñ hay tan pocas)
O de oscuro (quizás misterio, quizás confusión)
P de palabra (creadora, evocadora y mágica)
Q de quién (siempre quién, lo demás son circunstancias)
R de rápido (es lo que tiene ser impaciente)
S de sábado (mi día favorito, el día que sigo esperando)
T de teresa (claro)
U de último (pero no por ello menos importante. Al fin y al cabo, lo último es lo que mejor se suele recordar. Y las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos...)
V de viaje (yo es que últimamente sólo viajo por placer)
W de whisky (lo que bebía cuando era joven. Ahora me he pasado al ron)
X de xente (bonita palabra galega)
Y de yo (palabra importante, impertinente, difícil y complicada)
Z de zurda (por definición).


Es divertido, la verdad.

Te recuerdo Amanda.





Ha muerto Pinochet.
Y suena en el corazón Víctor Jara.

Lo que pasó no puede cambiarse.
La vida y las vidas perdidas son irrecuperables;
el sufrimiento, la angustia, el dolor, la atrocidad
imborrables,
incompensables (con perdón de la palabra)
inadmisibles
Y quizás sea imposible que haya justicia.
Y quizás lo único remotamente parecido a la justicia
y posible
sea no olvidar.
Nunca, jamás olvidar
porque, quizás, perdón sea otra palabra
demasiado difícil
que, quizás, nadie tenga siquiera
el derecho de pedir
a quien lo podría, pero quizás no pueda, dar.

Hoy ha muerto Pinochet.
Y yo sólo puedo pensar
en no olvidar
a aquellos que también murieron
de otra forma
por otras causas
en el mismo lugar
y en otros lugares
que fueron terriblemente el mismo.

Hoy ha muerto Pinochet.
Muerte, memoria, justicia, rabia.

Te recuerdo Amanda...

lunes, 4 de diciembre de 2006

Colores



Aerosmith - Pink



Los colores evocan significados simbólicos conscientes e inconscientes, algunos aprendidos y otros personales, y, como ocurre con casi todo, nuestras preferencias en este sentido pueden ser reveladoras de algunos rasgos de nuestra personalidad, aunque uno mismo no suela ser la persona más adecuada para interpretar y dar sentido a las propias preferencias.

Mi color favorito es el
azul, que, según dicen, es el color de la tristeza, la nostalgia y los ideales imposibles. El azul del cielo y el azul del mar no son más que dos ilusiones, dos efectos ópticos que evidencian que el color es relativo y que no "existe" en la realidad: ambos azules sólo son perceptibles a lo lejos, y en cuanto uno se acerca, desaparecen. Pero también las montañas a lo lejos se ven azules, así que supongo que el azul es el color de la distancia, lo inalcanzable, la ensoñación... ¿la huida de la realidad?

Cuando era niña, creo recordar que me gustaban sobre todo el
rojo, los rosas y rosados. Hum. Colores asociados a la pasión, la energía, el dinamismo, el optimismo... Hum. Quizás la interpretación de todo esto sea demasiado evidente para ser verdad.

Me gustan más serenamente el blanco y el negro (los extremos, la luz y la oscuridad, el día y la noche, lo sereno y lo misterioso, lo puro y lo profundo. la mezcla de todos los colores -que los hace desaparecer- y la ausencia de color)
. Y prefiero la plata al oro, rotundamente.

Colores que no me gustan: amarillo, naranja, y tengo que reconocer que el verde (aunque tenga tan buena prensa), exceptuando los verdes oscuros y azulados (supongo que en esto tiene mucho que ver mi debilidad por el azul), que, curiosamente -o quizás no tanto- es el color de la esperanza. De hecho, tengo muy poca ropa verde, y tiendo a ponérmela bastante menos que el resto.

Pero aunque mi color favorito sea el azul, hoy quiero encargar
rosa, mucho rosa, rosa por todas partes, que dicen que es el color del optimismo, la juventud, las botellas medio llenas por favor, porque hoy es lunes, pero como si fuera jueves, ¿no? Así que hoy debería ser fácil verlo todo un poco más rosa que un lunes normal. El rosa también se asocia a la feminidad, y sería un color a reinvindicar por los hombres para llegar a la verdadera igualdad, incluso en un campo tan arraigado en nuestra mente consciente e inconsciente (que suele ser más influyente y peligrosa) como es el de las asociaciones simbólicas. Quizás por eso me guste tanto esta proclama en forma de canción de los Aerosmith (¿a que es genial el vídeo?).

Eso sí, nada de fucsias y rosa chicle. Yo me quedo con un rosa palo, asalmonado, tenue y nada estridente. Supongo que hasta para ver la vie en rose tiendo a la nostalgia.

viernes, 1 de diciembre de 2006

De caras, monedas y tragedias.

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1 de Diciembre. Día Mundial del Sida.


Parece ser que llevamos 25 años temiendo y muriendo de SIDA.

Parece ser que llevamos 25 años confiando en que eso sea algo que les pase a otros.

Parece ser que el origen de esta enfermedad sigue siendo una oscura incógnita que a más de uno le huele a chamusquina.

Parece ser que sigue afrontándose el tema mezclado con absurdos, ridículos e inútiles prejuicios "morales", ecos bíblicos y vergüenzas.

Parece ser que en el 2030 moriremos sobre todo por el tabaco (como Allen Carr, víctima de la ironía trágica que palpitaba en las grandes tragedias griegas) y por el maldito virus del SIDA.

Parece ser que aún no llega el maná de la vacuna.

Parece ser que algo hemos hecho para merecernos este castigo divino o cósmico tan maquiavélicamente urdido.

Parece ser que seguimos tocando madera para que no nos toque, mientras adoptamos la estrategia del avestruz.

Parece ser que incluso la enfermedad sabe de clases, y de Mundos Primeros y Terceros.

Parece ser que todos lo sabemos, pero preferimos mirar hacia otro lado, o quejarnos abstractamente, o preocuparnos por cuestiones cínicamente superficiales.

Parece ser que unos tenemos la oportunidad de prevenir e intentar curar, mientras a otros solo les dejamos (junto con el hambre, las armas y los rencores para sus guerras, las moscas, los pies descalzos, las miradas viejas y resignadas de sus hijos, los vientres hinchados, la suciedad, las chozas, la caridad de las sobras y los avisos de los misioneros contra el pecado del preservativo) el único recurso de rezar a dios, a un dios, al que sea.

Esta moneda, como todas, tiene dos caras: la terrible y la vergonzosa.

Hoy es el día mundial del SIDA. Mañana, seguiremos preparando la Navidad.




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