lunes, 31 de diciembre de 2007

Que gane el quiero la guerra del puedo



Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

Todo eso y lo que se nos vaya ocurriendo, por favor, nos lo sirven en el 2008. Gracias.

Feliz año nuevo

domingo, 30 de diciembre de 2007

Basta ya


La España de cerrado y sacristía ruge enseñando los dientes en defensa de la "familia", con frases apocalípticas sobre el futuro de la sociedad y la democracia ante lo que ellos creen una amenaza para esa, según ellos, indispensable institución. Al margen de lo que esta idea pueda tener de discutible y discutida, yo solo puedo gritar: ya está bien. Basta ya. Por muchos, obvios e indignantes motivos, ante los que no podemos callar, ya que ellos no callan. Fundamentalmente:
  • Lo que está en crisis (y no amenazado) no es la familia como institución, sino "su" concepto de un modelo determinado de familia. La actual legislación, en todo caso, enriquece y amplía ese concepto abriendo nuevas posibilidades de concreción de lo que puede ser una "familia", que responden a la demanda de gente que así lo necesitaba y que puede, por fin, ser un poco más feliz y vivir más acorde con su forma de pensar y de sentir, y esas nuevas posibilidades no excluyen ni discriminan -en absoluto, vamos- al modelo de familia que ya existía, que sigue siendo mayoritario y reforzado por lo que más influye en la mentalidad actual, es decir, la televisión (y basta con ver cualquier programa del corazón, por ejemplo).

  • Si es su concepto de familia, el de familia cristiana, que hagan ellos examen de conciencia de por qué está en crisis, y apelen a los cristianos para que la preserven, la cuiden o la mantengan. Pero que no apelen a la legislación laica para que les saque las castañas del fuego o se configure según los intereses de ellos, que son un sector determinado de la sociedad. Ni más, ni menos. Y por favor, que lo asuman ya de una puñetera vez y nos dejen en paz.

  • La legislación sobre el aborto, el divocio expres o los matrimonios homosexuales no obligan a nadie a abortar, a divorciarse rápido o a casarse con alguien del mismo sexo. Si ellos no quieren hacer nada de esto, estas leyes no les afectan para nada. ¿Por qué les molesta tantísimo que otros hagan lo que ellos no quieren? Que nos dejen condenarnos en paz. por favor.

  • A ellos nadie les impone nada y a ellos nadie los limita. Son ellos los que nos quieren limitar e imponer unas normas y una moral determinadas y concretas, consecuencia de unas creencias religiosas determinadas y concretas, relativas y perdidas entre tantas posibles como hay en el mundo.

  • Que no erijan la bandera de la democracia cuando su actitud en este tema es claramente antidemocrática: intentan imponer las leyes de un grupo a otro grupo que las rechaza. Las leyes actuales permiten que los católicos tengan sus derechos a salvo y puedan vivir como ciudadanos acordes con sus ideas religiosas y morales, y además permiten esto mismo a los que no lo son. Las que ellas proponen impondrían las ideas católicas también a los que no lo son.

  • Los valores positivos (amistad, amor, solidaridad, compañerismo), para que sean sólidos, auténticos, duraderos y con sentido (y no tapadera, excusa o coartada hipócrita para otras cosas), por definición se pueden enseñar, pero nunca imponer por ley.

  • ¿Y luego se escandalizan del fundamentalismo islámico que mezcla política y religión? ¿Y luego quieren prohibir el velo en aras de la tolerancia? Pero qué cara más dura.

  • ¿¿¿¿Pero cómo se atreven avisar de los peligros de la laicización de la sociedad???? ¿¿A nadie más le parece increíble a estas alturas, tres siglos después de la Ilustración y cuando una ya parte de la libertad individual en cuestiones de ideología o creencia, y el respeto a los otros, y el reconocimiento del pluralismo y demás???

Y me asombra y me da miedo que hagan todas estas proclamas y reivindicaciones con tanta desfachaztez y creyéndose, además, en todo su derecho de decirle a la sociedad laica que debe legislar y regirse por sus principios religiosos, y que esto no suponga un escándalo general, y que no se les paren los pies pero ya, y que a las próximas elecciones vaya un partido que seguramente defenderá todo esto en su programa. Y resuenan todavía las increíbles palabras del obispo de Tenerife con su cínica visión del abuso a menores o la homosexualidad, y las de Fraga elogiando a Franco y el franquismo, y se me llena todo de miedo, de rabia y de indignación porque la España que ora suele también embestir y siempre avisa con rugidos. Así que por favor que alguien me diga que el que se considere todo esto como aceptable y no escandaloso no es para tener miedo, que me tranquilice y me convenza de que soy una exagerada alarmista.


Pero eso sí, yo seguré pidiendo respeto y sensatez. Qué menos.


Basta ya. Que se lo digan. Que son ellos, siempre y desde siempre, los que basan su poder y su influencia en la amenaza.


Basta ya. Ya basta.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Durmiendo con tu enemigo


Pink: Don't let me get me

Cada día entablo una lucha contra el espejo
No puedo soportar a la persona que me devuelve la mirada

Soy un peligro para mí misma
no dejes que me atrape
soy mi peor enemigo
es malo cuando te fastidias a ti mismo
muy irritante
ya no quiero ser más mi amiga
quiero ser otra persona
quiero ser otra persona

Doctor , doctor
podria recetarme algo porfavor
un dia en la vida de otra persona

Porque soy un peligro para mí misma
No dejes que me atrape.


Las personas con una personalidad o conducta autodestructiva se castigan y se ponen trabas continuamente. De forma inconsciente, claro está. Provocan situaciones que les hacen sentir mal sin darse cuenta y, por tanto, sin poder evitarlo. Las formas de "automaltrato" son muchas: desde el descuido fisico (fumar mucho, consumir sustancias o alimentos que le hacen daño o no les sientan bien, autolesiones inconscientes -como morderse las uñas, quizás-...) a comportamientos que complican la vida afectiva (exigirse demasiado en los estudios, en el trabajo o en la apariencia física, buscar excusas para rehuir situaciones o actividades placenteras, o incluso ocasiones de éxito, tendencia al aislamiento o a "dejarse querer", provocar que no les quieran o engancharse siempre con relaciones sentimentales nocivas con la persona reiteradamente equivocada...) He leído que en casos más extremos pueden llegar a autoprovocarse -repito, de forma inconsciente, que es la más poderosa, peligrosa e incontrolable- accidentes o incluso enfermedades (la somatización de conflictos emocionales es algo más que probado). Incluso algún psquiatra describe su vida, en los casos más extremos, como un suicidido sin prisa pero sin pausa.

Por supuesto, una persona no nace siendo autodestructiva. Este tipo de personalidad se forja a fuego lento, también sin prisa pero sin pausa. Su origen es el mismo que el de todos nuestros grandes males: la falta de autoestima, el no quererese a uno mismo, el autorrechazo, que es lo único que puede llevar al autocastigo y al automaltrato. Porque nadie maltrata a quien quiere. Sólo una persona autodestructiva, claro. A las personas así, además, les cuesta dejarse querer, y les suele sorprender, y les resulta difícil de comprender, asumir e incluso respetar, que se las quiera. Suelen autocondenarse al aislamiento y a la soledad.

Son personas que no se sintieron queridas o valoradas en la infancia y primera juventud, lo cual no quiere decir que no lo fueran: simplemente ellas no pudieron, por las razones que fuera, percibirlo. Porque no se trata de buscar culpables, aunque sea necesario comprender las causas. Se trata, sobre todo, de buscar su solución. Como decía Lou Marinoff, no es bueno para una planta estar hurgando y removiendo constantemente las raíces. No importa el problema, importa la solución. Nacemos con unas cartas dadas, pero está en nuestra mano el cómo jugarlas (esto se lo leí a Lucía Etxebarría, y comprendí inmediatamente que es una verdad de consecuencias mucho más importantes de lo que pueda parecer a primera vista).

Las personas autodestructivas están a merced de su peor enemigo: ellas mismas, y lo peor es que en la mayoría de los casos, ni siquiera lo saben. Y la lucha contra uno mismo es la más difícil de todas. Por eso Lao Tse decía que Quien vence a otro hombre es fuerte, pero quien se vence a sí mismo es poderoso (que otros traducen como "el que vence a los demás es fuerte, el que se vence a sí mismo es la fuerza"). Y lo primero es saber cuál es tu lucha, y tener ganas de luchar, y confianza en que la lucha merezca la pena.

Como en casi todo, en esto de la personalidad autodestructiva también hay grados, desde las personas más profundamente autodestructivas con comportamientos extremos (Antonio Vega o Michael Jackson serían ejemplos evidentes, triste y aterradoramente -respectivamente- evidentes) hasta personas más o menos "normales" (uso este término para entendernos, porque creo que no hay palabra más escurridiza ni peligrosa ni falaz que esta) con ciertos rasgos, o "toques", más o menos acentuados, más o menos importantes, más o menos peligrosos, de autodestrucción.

Y por ahí, por el medio, perdida en algún grado de esa escala, estoy yo. Luchando, eso sí.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Tú a mí y yo a ti



Dicen que somos jóvenes y no sabemos,
que no lo descubriremos realmente hasta que crezcamos
bueno, yo no creo que eso sea verdad
porque tú me tienes a mí y, cariño, yo te tengo a ti.

Te tengo a ti, cariño.

Dicen que nuestro amor no va a pagar el alquiler
que antes de que lo hayamos ganado, ya nos hemos gastado nuestro dinero.
Supongo que es así, que no tenemos mucho
pero al menos estoy segura de todo lo que tenemos

Te tengo a ti, cariño.

Tengo flores en primavera
te tengo a ti para que lleves mi anillo,
y cuando estoy triste, tú haces el payaso
y cuando estoy asustada tú siempre estás cerca

Así que dejalos que digan que llevas el pelo demasiado largo
No me importa, contigo no puedo equivocarme
y pon tu mano en la mía
que no hay ni colina ni montaña que no podamos subir.

Te tengo a ti...

Te tengo a ti para coger mi mano
Te tengo a ti para comprender
Te tengo a ti para caminar conmigo
te tengo a ti para hablar conmigo
te tengo a ti para darme un beso de buenas noches
te tengo a ti para abrazarme fuerte
te tengo a ti y no te dejaré ir
te tengo a ti para quererme así.

Te tengo a ti.

Esta es mi versión preferida de este clásico sencillo, precioso y optimista hasta la ingenuidad. La original aparecía interpretada por la entonces jovencísima y hoy superrequeteoperadísima Cher, una survivor que supo reinventarse (física y artísticamente hablando) a sí misma, al menos hasta los 90, y de la que hace muuuucho que no sé nada (mi Cher preferida, la de la película "Hechizo de luna", cuando Nicolas Cage no era todavía garantía de que una película era mala). A su lado, su exmarido, con el que formaba el dúo "Sonny & Cher", muy exitoso musical y televisivamente durante los últimos años 60, pero que terminaría en divorcio profesional y personal, parece ser que por el choque entre el paternalismo de él y el mayor éxito de ella. El tal Sonny Bono terminaría metido en política y gobernador de algún estado yanki, y parece que siempre mantuvo con Cher una buenísima relación, hasta que él murió (creo recordar que en un accidente de ski, pero tampoco me hagáis mucho caso), y a él estaba dedicado el disco más esplendoroso de la reaparición de ella en los 90, Believe (¿os acordáis?). Pues así cantaban esta canción los dos (ojo al look de Sonny, tan a lo príncipe de bekelar que resulta imperdonable hasta para un hippy, y la curiosa actitud de ambos, más propia de estar en casa aburridos mirando las molduras del techo y calibrando la necesidad de una manicura, que de estar cantando en un escenario):



De la canción hay muchas más versiones. La más curiosa, sin duda, la de la propia Cher, pero la de los noventa, acompañada de Beavis y Butthead, la pareja de gamberros de la MTV que parodiaban exitosamente a su propia audiencia. Algo así como el Neng de Buenafuente, pero en americano y en pegados a la tele...



Qué bonita la canción.

Y qué bonito cuando es verdad. Que a veces lo es.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Feliz...



No me gustan el amor y la paz maquinales, huecos y tópicos que se han inventado para los anuncios.
No me gustan los adornos dorados, ni el espumillón, ni las bolas de Navidad.
No me gusta la alegría obligatoria que se inventa el calendario.
No me gusta que me impongan el como, el donde y el cuando de la felicidad.
No me gustan las compras apresuradas y absurdas.
No me gustan los regalos difíciles y para salir del paso.
No me gustan las cenas y las comidas y las citas cuando son sólo comprometidas y obligadas.
No me gustan los villancicos norteamericanos ni la música de campanillas.
No me gustan los gorros de papa noel ni los papa noel en general y en particular.
No me gusta decir a todos lo mismo ni que me digan lo mismo que a todos los demás.
No me gustan los estrenos de pelìculas navidéñas ni los telefilmes navideños de después de comer.
No me gusta la hipocresía de hablar de paz en el mundo y de caridad desde nuestras mesas repletas y la miseria allá al fondo, en la tele.
No me gusta tanta falsa bondad a la que han dejado en harapos y sin sentido.
No me gusta el amor a un prójimo tan abstracto como un dios que no existe.
No me gusta el espíritu de las navidades pasadas y sus comparaciones odiosas.
No me gustan los especiales televisivos con actuaciones pregrabadas y presentadores de sonrisa tan perenne y estirada que no tiene ni sentido.
No me gustan los árboles de Navidad.
No me gustan, no.

Pero me gusta reunirme con mi gente. Y me gustan los reencuentros. Y me gustan las vacaciones. Y me gustan el turrón de chocolate, y los polvorones, y el pollo y las vieiras que hace mamá, y probar los chorizos de este año, y el buen cava, y me gusta el fuego en la chimenea, y el calor dentro cuando afuera hace frío, y volver de viaje, y comprar poca lotería e imaginar que me toca, y las excusas para volver a saber de algunos que sí recuerdo aunque el resto del año no se note, y me gusta el rey Melchor, y me gustan los regalos sencillos a los niños, y me gusta la alegría espontánea, inevitable y aunténtica y no sólo porque sea Navidad, y me gusta darle un beso entre tantos besos a Dei cuando comienza el año, y me gusta la noche de reyes, y los belenes naif, con musgo, río de papel albal y harina a modo de nieve, y me gustan el maria maria ven acá corriendo que el chocolatillo se lo están comiendo, y el vinde ve-lo neno, falade a modiño, pra que non esperte o noso meniño, y las sobremesas agradables y largas.

Te gusten o no te gusten, felices días (estos también, pero no sólo estos) llenos de mucho, mucho, mucho amor. Porque como decía García Marquez, "con amor hasta morirse es bueno", como decía la Cabra Mecánica, "cuando llega el amor todo el mundo parece más guapo y mejor", y como decía Hesse, el amor se puede conseguir de muchas maneras, pero no se puede robar. Por eso es especialmente necesario desearlo, y cuando se desea amor, se está deseando ya todo lo demás.

Así que yo os deseo mucho amor, el amor que queráis o el amor que podáis, que hay muchos amores posibles y hasta probables. Os deseo amor, ese amor, algún amor, todo el amor, cualquier amor, el que sea, menos el de los anuncios.

Y que os olvidéis de lo que dicen la tele y la costumbre tiránica y los demás, y viváis estos días como realmente queráis. Y que queráis. Y que os dejéis querer. Y que os quieran.

sábado, 22 de diciembre de 2007

"Si contemplan la pampa y sus rincones...


...comprenderán las sequedades del silencio"


Esas palabras todavía resuenan en mi mente y hace ya más de 20 años que las escuché por primera vez. Corresponden a la "Cantata de Santa María de Iquique", compuesta por Quilapayum en los '70.

Esa cantata llegó para mí por casualidad cuando yo contaba 14-15 años y me sobrecogió de una manera intensa. La descubrí por casualidad y es así como debe ser para que las cosas impresionen y marquen. La cantata, que narra la crudeza de la vida en las minas del salitre del Norte Grande chileno, y la matanza que allí aconteció.

Hoy hace 100 años de aquello. En 1907, los mineros del salitre iniciaron una protesta que significaba los primeros movimientos obreros, más aún, los primeros movimientos organizados de reinvindicación de la más elemental dignidad humana. Los mineros pedían ser tratados simplemente como seres humanos, no como bestias de carga. Carentes de todo derecho elemental, vivían en condiciones infrahumanas y sus salarios se pagaban en fichas que solamente podían canjearse en las oficinas de los dueños.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

Los trabajadores bajaron con sus familias a Iquique, sólo allí podrían ser oídos. El gobierno ya había mandado reforzar la guarnición de la zona. Ante la llegada de obreros fue declarado el Estado de Sitio. Se conminó a los trabajores a abandonar la Escuela de Iquique antes de las 2.30 del 21 de diciembre de 1907, pero muy pocos lo hicieron. A las 3.30 se abrió fuego. Los soldados después de ametrallar desde afuera entraron por las clases matando a mujeres y niños ante los gritos desesperados de estos. El resto fue llevado a sablazos y golpes al Club Hípico y desde allí a la Pampa. Se cree que más de 2000 cadáveres quedaron allí, amontonados. Hijos abrazados a sus madres. Harapos sobre harapos.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

Hoy se cumplen 100 años de la matanza. Durante este tiempo hemos tenido oportunidad de recordar otras muchas en cualquier parte del mundo. Los protagonistas casi siempre los mismos: los desheredados de la tierra. Hoy, recordamos ésta, como preludio de la siguiente...que vendrá.


Feliz Navidad.

martes, 18 de diciembre de 2007

Nieve en el telediario


Hoy no he podido ir a trabajar. Lo intenté de veras, pero nada más recoger a mi compañero de Departamento y viaje me avisó preocupado de que la radio decía que la A-II estaba cortada. Y aunque cogimos el coche, y avanzamos unos kilómetros, pronto llegaron noticias de que el bus daba la vuelta, la carretera estaba cortada por tres puntos, en el instituto, rodeado por tres palmos de nieve, apenas había nadie y seguramente se sustpenderían las clases (yupi, para qué negarlo... ni disimularlo). Hoy ha sido un día de nieve. Y desde que yo recuerdo, los días de nieve son días extraordinarios.


Si eres de un sitio donde nieva poco y donde los escasos días blancos son todo un acontecimiento, es casi seguro que te va a gustar la nieve, porque al encanto intrínseco de este helado elemento (ese blanco deslumbrante bajo esa atmósfera gris, ese aire hiriente de lo frío y de lo limpio, ese crujir de las huellas que nacen bajo tus pies, esos pasos que se vuelven importantes sin querer, esas bolas tiradas con manopla, esa sensación de frío por fuera contra el calor y la respiración agitada de correr, y saltar, y correr), se une el atractivo todopoderoso e incontestable de que nos libre de las obligaciones cotidianas y su simple presencia convierta un día, cualquier día, en extraordinario, en el sentido más amplio y completo de la palabra. Fuera de orden y fuera el orden. Y hoy ha sido un día de nieve.


No ha habido demasiados días de nieve en mi vida. Creo que podría recordarlos casi casi todos. De niña, allá en el interior orensano, la nieve era un fenómeno raro que mamá anunciaba con alborozo al despertarnos y levantar la persiana, haciéndonos saltar inmediatamente de la cama y pegar la nariz contra el cristal paladeando lo que la insólita imagen de los techos nevados significaba automáticamente: que no habría clase y que tendríamos carta blanca -nunca mejor dicho- para jugar, y correr, y jugar, y caernos, y jugar, y jugar. Recuerdo también ir a buscar la nieve al monte, con papá, a veces al mismo tiempo que buscábamos musgo para montar el Belén en días iguales a estos en que ya no lo montamos. Recuerdo la nieve desde el autobús que me llevaba a Santiago, aquella nieve tras el cristal que nos obligaba a detenernos, y que yo veía resignada al entreabrir los ojos, sin despertarme apenas del sueño viajero de la vuelta a clase y a la obligación de lunes desganado por la mañana, y que alargaba el viaje casi hasta el límite de lo sensato o sencillamente soportable. Recuerdo la nieve como amenaza en la carretera cuando empezaba a coger el coche, y recuerdo la nieve incomparable en el castillo de Loarre, que nos impidió llegar hasta San Juan de la Peña, el día de Reyes de hace un par de años, las primeras navidades que pasé por aquí.


Y hoy los ecos de nieve no me han dejado ir a trabajar, y en el telediario el temporal era noticia, al ladito mismo de Gadafi, que hace una década era un dictador y por ello había sido concienzudamente demonizado por estos mismos medios, y bombardeado por Estados Unidos -¿no?-, y que ahora es recibido con todos los asquerosos y cínicos honores de los que unos mandatarios, que en días como hoy da repelús llamar "nuestros", son capaces. Y tenemos que tragar a la hora de comer cómo pelotean, sin pudor ni titubeo, al "ex-dictador" (¿?) y "estadista" africano los mismos que están empeñados en convencernos de que Chávez o Evo Morales son "dictadores", y son "malos", y opresores y tiránicos con sus pueblos respectivos, y que además se atreven a "atacar" a España, a la que Hispanoamérica debe tanto (hasta el nombre, ya me dirás... si es que sin España y sus cuatro siglos de invasión, dominación y barbarie, Hispanoamérica no sería lo que es.... serán desagradecidos), y mira si son malos que fíjate que hasta nuestro rey, que es tan majo y tan campechano siempre, tuvo que llegar al extremo de decirle a Chávez "por qué no te callas", porque insultaba descarada e injustamente (no como nuestros medios de comunicación o algunos de nuestros políticos cuando los insultan a ellos, que lo hacen muy justamente y porque ellos dan motivos) a un benefactor de Essspaña y de Irak (y no del resto de la humanidad sólo porque no le ha dado mucho tiempo, que si no...) como es Aznar.

Cuando se intentaba, por ejemplo, el bloqueo a Cuba -cuyas consecuencias sufren los cubanos- o la invasión de Irak -que también sufrieron y sufrén los irakíes- deberían habernos dejado claro, para evitarnos ahora estupor y confusiones, que no era porque Castro o Sadam fuesen dictadores que opriman tiránica e injustamente a cubanos e irakíes,como hacía antes Gadafi con los libios (quizás ahora ya no), sino que simplemente eran dictadores que no interesaban a las empresas occidentales. Porque hoy insisten todos (de hecho, lo dicen como quien no quiere la cosa cada vez que dan la noticia) en que se recibe así a Gadafí porque "hay muchas empresas españolas interesadas en el mercado libio" (!!!!!!!!). ¿Y que pretenden, que entendamos, y "disculpemos"? ¿Que asumamos que el rey, y zapatero, y todos, hacen ese "sacrificio" por el bien de nuestra economía? ¿Que todo esto nos salvará de la inflación y de las amenazas de crisis y de comer conejo? ¿Que asumamos por fin con cinismo y sin tapujos que el dinero todo lo justifica, todo lo compra y todo lo vende? ¿Que palabras como coherencia, principios, dignidad, honestidad, autenticidad, bien, mal no son más que una broma, un juguete que usar para entretenernos , pero completamente inútiles a la hora de la verdad; es decir, una farsa, una excusa, una tapadera, un timo, una estafa? ¿Que este mundo de mierda es definitiva y completamente una mierda, y que ya no se van a molestar ni en disimular?


Hoy ha sido un día de nieve, y un día, por tanto, extraordinario. No he tenido que viajar, he podido dedicarme a marujear y perder el tiempo relajadamente, dar un paseo para comer con Dei, ir al gimnasio a primera hora de la tarde y volver para sentarme a blogear.


Y aunque hoy ha sido un día de nieve, y aunque no me ha dejado ir al cole, y aunque por ello le estoy tan sincera y profundamente agradecida como cuando era niña y Gadafi un dictador malo, en realidad no la he llegado a ver más que en el telediario, un segundo antes de que apareciera Zapatero preocupado por que Gadafi se situara bien para la foto en la que se dan la mano.

Y cosas así son las que hacen que nuestros días extraordinarios se conviertan, por un instante, en raros.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Equilibrio



Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa
fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.
Y ¿cómo puede ser de otro modo?



Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón,
más alegría podréis contener.
¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma
copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?
¿Y no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la
misma madera que fue tallada con cuchillos?

Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón

y encontraréis que es solamente
lo que os produjo dolor, lo que os da alegría.
Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro
corazón y veréis que estáis llorando, en verdad,

por lo que fue vuestro deleite.

Algunos de vosotros decís: «La alegría es superior al dolor»

y otros: «No, el dolor es más grande.»
Pero yo os digo que son inseparables.
Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con vosotros a vuestra mesa,

recordad que el otro está durmiendo
en vuestro lecho.

En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza,
entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata,
es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor
suban o bajen.

Khalil Gibrán

Y así nos pasamos la vida,
algunos
oscilando sin equilibrio de la alegría a la tristeza
de la ilusión a la decepción,
de la euforia a la angustia,
huyendo sin fin del horror al vacío,
ese vacío que nos vigila,
ese vacío que solo ellas llenan
y que quizás esconda tras su máscara horrible
y misteriosa
la promesa del equilibrio y la calma,
y que por ello algunos sabios dicen que buscan.

Yo, no.

De momento.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Y volver, volver, volver



Qué abandonado tenemos todo esto (sí, Dei, tenemos, eh, que esto también es tuyo ;-). A lo mejor hubiera sido este el momento de convencerse de que ya no tenemos tiempo para robar rosas, y poner un post de despedida, definitiva o temporal, y cerrar.

Pero no. No voy a cerrar, ni abandonar. Aunque tenga poco tiempo y aunque solo pueda escribir de vez en cuando, y aunque la vida urbana, el viajar todos los días, las celebraciones, exámenes y puentes apenas me dejae unos minutos al día para sentarme al ordenador, y aunque entonces siempre prefiera leer, y nunca me dé tiempo ni siquiera a leer todo lo que quiero. Como soy algo ingenua, sigo confiando en que todo esto se estabilice, y vuelva a poder dedicarme buenos, largos e inútiles ratos a divagar entre las rosas esperando que aparezca alguna que se deje robar. Porque tengo varias por ahí. Y como hay que elegir, hoy me quedo con una. Con volver.

Hay muchas maneras de volver. Se puede volver ilusionado. Se puede volver por obligación, o a regañadientes, o por azar, o ironía, o tal vez destino. Se puede volver con la vista y el corazón puestos en aquello que se deja, en aquello adonde se había ido. Se puede volver con nostalgia y se puede volver para confirmar por qué nos habíamos ido. Volver puede ser alegre o triste, definitivo o temporal, grandioso o amargo. Volver puede ser una derrota, o todo un heroísmo, o un acto de cobardía. Se puede volver a un lugar, a un momento, a una persona, a un comportamiento, a una costumbre. Volver puede ser recaer o puede ser recuperarse. Se puede volver a casa y se puede volver al infierno. Se puede volver con motivos o sin ellos. Se puede uno pasar la vida muriéndose por volver. Y se puede no volver.

John Le Carré decía algo así como que siempre es triste contemplar con nuevos ojos aquello a lo que hemos extendido nuestra capacidad de adaptación. Y algo de eso pasa al volver. Por que la mirada al volver siempre es distinta. Y porque para poder volver, antes hay que irse.

Hay muchas maneras de volver, y creo que yo las conozco casi todas. Porque a mí me gusta volver.


Y ésta es una época de vueltas: vuelvo a robar rosas, vuelven los exámenes, vuelven las notas, y vuelven las navidades (ay, las navidades, y sus obligaciones, y sus problemas, y sus ventajas, y sus inconvenientes, y sus tonos agridulces, y su contradicción).

Y en el puente volvimos a Galicia. A la Galicia otoñal casi somnolienta antes de entrar en el invierno, húmeda, neblinosa y colorida, de la que recorrimos un trocito por el interior ourensano. A destacar:

-Recordar y confirmar lo pésima que es la señalización de nuestras también bastante pésimas carreteras. Lo que uno busca no está señalizado, los pueblos que están en el mapa no aparecen en el camino y los que aparecen en el camino no están en el mapa. Gracias que existe la intuición, la suerte y que la gente es muy amable.

-La locura de los museos en Galicia. A pesar de tener la sincera y casi entusiasta intención de recorrer todos los que pudiéramos, no pudimos ver ni uno: en Allariz, porque sólo abren en fin de semana; en Rivadabia porque no abren en fin de semana. Claro, es que Galicia es la tierra del depende. Y que sea sensato, razonable y conveniente que un museo abra en fin de semana, parece depender de donde esté.

-Qué bonitos son algunos de los pocos pueblos gallegos que han conservado las tradicionales construcciones de piedra y no han sucumbido (como pasa en Verín) a sustituir lo antiguo por esas "modernas" y horrorosas construcciones de cemento, ladrillo y aluminio, a veces pintadas en los colores más imposibles. Y que bonitas son las que además aprovechan el entorno natural y todas sus posibilidades (otra vez, no como en Verín, donde todo lo que tenemos es pura y enorme potencia que llora porque nunca va a poder llegar a ser acto. Qué rabia). El que quiera comprobarlo, que pase por Allariz, por el barrio judío de Ribadavia o que se recorra la Ribeira Sacra. Que son bonitos en sí mismos y porque significan esperanza y demuestran que, contra todo pronóstico por el ser y el estar típicamente gallego, que sí, que es posible, que puede ser.

-Nos encontramos en una Iglesia (si es que esta tierra nunca deja de sorprendernos) con la polémica que hay en Ribadavia con la próxima construcción de un parque medioambiental donde se reciclará prácticamente toda la basura industrial de Galicia. Tema muy complejo y lleno de tantos grises, contrastes y contradicciones como nuestra tierra. ¿Es bueno o es malo? ¿Es ecológico o antiecológico? ¿Traerá limpieza o suciedad? La experiencia dice que hay muchos que no son lo que prometen y que funcionan mal, incluso catastróficamente mal. Pero alguno habrá que funcione bien, y en todo caso, será cuestión de vigilar esta cuestión y denunciar en su momento...


Por otra parte, este tipo de parques son necesarios, está claro, pero nadie los quiere cerca y todos esperamos que se sitúen en la casa de otros. ¿Y es justo que sea una zona rural, eminentemente agrícola y núcleo del cultivo de uva y la elaboración del Ribeiro quien pague el pato de otras zonas prósperas por su actividad industrial? El parque trae un riesgo, y sí, es traer basura, pero también creará puestos de trabajo, que de los campos bonitos y puros no se vive. Algo así se plantea también por aquí, por Aragón, con la inminente construcción en pleno desierto de los Monegros de un descomunal parque de juego y ocio, lleno de más de treinta casinos -!!!!!!-, no sé cuantos parques temáticos y cosas así... ¿A favor o en contra? Nosotros en Ribadavia firmamos en contra, porque dimos con los vecinos movilizados -pero muy muy movilizados- en contra, que tenían una exposición montada sobre el tema y hasta te daban vino y algún pinchito, y te vendían lotería, y tenían sonando todo el rato una versión femenina del "Unicornio azul" de Silvio, para ponernos sentimentales, supongo. Pero claro del todo, tengo que reconocer que no lo tengo.

-Comimos y bebimos como sólo se come y se bebe en Galicia. Mucha cantidad y mucha calidad. Aunque comer pulpo en Carballiño es bastante "accidentado" si no conoces bien los rituales y costumbres de una pulpería tradicional, donde uno tiene la sensación de que todos se comportan como si estuvieran en su casa, en la que tú te has colado sin haber invitado ni ser incluso demasiado bien recibido, porque debido a la indolencia e indiferencia del señor que cocía y cortaba el pulpo, y de las atareadas mujeres que servían las mesas, fue imposible saber si llegaríamos a tener mesa o no, si podíamos sentarnos fuera y allí nos atenderían o si nos daría tiempo de comer antes de la hora de cierre que era inminente y estaba ostentosamente señalada. Y con la duda nos fuimos a un mesón más convencional donde sí, por fin, pudimos saber a qué atenernos, como comportarnos y comer pulpo.

-Recorrimos montes otoñales, contoda su explosión de vegetación húmeda emitiendo su canto de cisne de colores y matices antes de sumergirse en el gris invernal, e hicimos parada en algunos puntos turísticos muy conocidos: el monasterio de San Esteban Ribas de Sil (reconvertido en Parador turístico, y más turístico que nunca en estas fechas), las mámoas (tumbas neolíticas que eran poco más que una piedra que, la verdad, porque me avisan de que es una mámoa, que si no igual me da por moverlas), en lo que más bonito fue ver a un corzo que se paró desconcertado a mirarnos antes de echarse a saltar fugaz y perderse en el monte, y San Pedro de Rocas.

San Pedro de Rocas. Maravilloso y sorprendente lugar distinto a cualquier otro que hayas visto. Puede ser el monasterio más antiguo de Galicia (siglo V... ahí ahí debe de estar, en reñida competición con el de Samos), y de hecho, es un monasterio con iglesia rupestre, es decir, excavada en la roca. A pesar de ello, el letrero explicativo decía "iglesia troglodita". Y aunque no me atrevo a afirmar que sea incorrecto, a mí me sonó a chiste y a chapuza turística, de verdad.


Entramos por detrás, y de pronto me encontré caminando por lo que se ve en la foto: un suelo lleno de agujeros, que enseguida reconocimos como tumbas. El corazón me dio algo así como un vuelco por una impresión fugaz e irracional, y volcado se me quedó también al entrar en las capillas rupestres, con una iluminación oscilante y claramente insuficiente (había que meter monedas, pero la verdad, se distinguía muy poco cuando la moneda había hecho su supuesto efecto), que seguramente era simplemente cutre, pero que resultaba realmente efectista. El suelo de las capillas estaba igualmente lleno de tumbas, algunas más pequeñas que al parecer correspondían a niños (Dei y Fer, que son mucho más observadores y menos impresionables que yo fueron los que se fijaron en esto). Sobre el suelo irregular estaban puestos unos cuantos bancos de iglesia, que resultaban desconcertantes, y en la capilla central habían reconstruido el Cristo medieval original: una imagen entre naif y tétrica, no sé si por ella misma o por el entorno en que se encontraba:



Desproporcionado, pálido, expresionista, con unos ojos enormes y, curiosamente, dos clavos en los pies en vez de uno, como tienen los Cristos tradicionales y como dicen los Evangelios que se les crucificó. Mamá dijo que el Cristo de la catedral de Orense también es así, pero yo nunca me he fijado. Quízás el detalle tenga algún significado o algún sentido artístico. Yo no lo sé.

El bosque que rodea al monasterio, por el que anduvimos un buen rato, es simplemente una maravilla de esas que te dejan ganas de volver. Pero lamentablemente volví también a olvidarme la cámara de fotos (cagüentó). Como me pasó en Asturias. Supongo que será la falta de costumbre, porque a mí me ha dado por las fotos desde hace bastante poco. Así que tanto en Asturias como en Galicia hemos desperdiciado algunas fotos maravillosas que seguramente podríamos haber ampliado para poner en el salón encima del sofà. Y como no sé cuando volveremos a tener la oportunidad de hacer una foto maravillosa, quizás volvamos definitivamente a la idea de poner el malecón de la Habana. Ya veremos.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Ahora que ya no estoy yo





Internet tiene estas cosas. Es la última y gran oportunidad del ingenio popular, de lo personal e intransferible, de la libre creatividad auténtica. El medio de comunicación, de verdadera comunicación, de la comunicación más completa y libre que pudiéramos imaginar, con todas sus ventajas y todos sus peligros. Alguien anónimo versiona una canción de un grupo consagrado, y le sale bien, muy bien, hay quien piensa que incluso mejor que al grupo consagrado, y nosotros podemos verlo, escucharlo y comentarlo. Y a él pueden llegar nuestros comentarios, y también al grupo consagrado. Qué grande, ¿no?


¿Quién no ha pensado alguna vez dónde estarán ahora, en este mismo instante efímero, como todos, de nostalgias y evocaciones, aquellos que estuvieron y compartieron y ya no están? ¿Quién no ha echado de menos a lo que éramos cuando ellos nos acompañaban? ¿Quién no ha sentido lo extraña que es esta vida que nos une y nos separa, que convierte en extraños y ajenos a los que una vez fueron propios? ¿Quién no ha sentido un nudo en la garganta al mirar la senda que nunca se ha de volver a pisar y que ha llevado a aquellos que eran tan nuestros a un paraje extraño, allá lejos, que sucede en otra parte mientras nosotros sucedemos en esta?


La Margot de esta canción es como la princesa de Sabina: la mujer perdida en malos pasos que no se deja querer,aunque lo necesite más que nadie. Que se castiga a no ser querida, por una herida antigua que la ha c0nvencido incontestablemente de que no lo merece y no lo tendrá. Y ella dedica su vida a confirmar esa condena en una espiral sin frenos de autodestrucción. Las Margaritas Gautier deshojadas por la vida, autorias ficticias de su propia tragedia, a las que alguien que las quiso querer tiene que echar de menos aspirando el perfume amargo de lo que pudo ser y no fue por las razones más inexplicables e incontestables que existen: las que un@ mism@ se impone sin darse cuenta. El lado oscuro. Los malos pasos. La mala senda, que ella no elige pero elige seguir, y cuyo final es siempre el mismo: empezar a montar la fiesta sola, en su habitación.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Sexo, mentiras, cintas de vídeo, críticos y críticas.



A mí me gusta ver, y "rever", las películas que me han gustado mucho, o que me han "impactado", o con las que he conectado especialmente. Y con esta película,cuando la vi, hará más (quizás bastante más) de diez años, conecté de forma inmediata y definitiva, pero intuitiva. Quiero decir con esto que me gustó muchísimo, pero sé (como supe ya entonces) que está llena de cosas que no acierto a descifrar del todo, y que me encantaría que alguien me explicara.
No es una película fácil de volver a ver: no está en los vídeo-clubs, no la ponen en televisión (que yo sepa, vaya, aunque, como a la mayoría, a mí no me gusta ver películas en televisión, entre anuncio, y anuncio, y anuncio), y no es fácil de encontrar ni en fnacs, carrefurs, cortes ingleses y demás. Por suerte, ha llegado internet a nuestras vidas, y su mula me está trayendo más regalos que los camellos de los Reyes Magos durante toda la vida, y he podido volver a verla -por fin- y refrescar el "impacto" que entonces me causó. Y es que hay películas (y series, y libros) que ves una vez, y te encantan, pero al volver a verlas bastante tiempo después te decepcionan, por que la memoria a veces crea falsas expectativas. Desde luego, ese no es el caso de ésta. El argumento, los personajes, las interpretaciones, los diálogos, las situaciones, los detalles, todo, volvió a ser tan sugerente y cautivador como lo recordaba.

El título se ha convertido en casi una frase hecha que a todo el mundo le suena, quizás porque también vivimos tiempos en que el sexo y las mentiras tienen mucho que ver con las "cintas de vídeo", representantes metonímicas de lo audiovisual, de la posibilidad de captar y retener nuestra imagen y nuestra voz, que puede ser una forma de "robar" nuestra alma -como creen algunas religiones-, de exhibirla, de comerciar con ella, pero también de ocultarla o disfrazarla. Como toda comunicación y como todo arte, puede servir para revelar la verdad o para ocultarla. Y algo de eso hay en esta película. Pero repito que soy consciente de que no soy capaz de desentrañar todo lo que quizás pueda o quiera expresar el film revelación del hoy consagradísimo, premiado y un poco màs comercial (que no tiene por qué ser algo malo, ojo) Steven Soderberg.

Sé que la historia habla de la verdadera intimidad sexual, de los convencionalismos, las represiones, falsedades y presiones que rodean a la sexualidad que el mundo, o la educación, o el "infierno" de los otros nos obligan a vivir. Y que lo hace desde ese juego de mentiras irónicas, la principal, que sean el impotente Graham y la frígida Ann quienes lleguen a esa auténtica intimidad sexual tras romper con las barreras y las trabas que una situación "convencional" y prototípica de estos nuestros tiempos imponía: el matrimonio insatisfactorio, la infidelidad, el sexo teóricamente pleno con otro pero que en realidad se vive a solas (la imagen de Laura San Giacomo, tras hablar con Graham, utilizando a John como utilizaría un consolador, para obtener placer en realidad con lo que pasa por su cabeza, ya sea fantasía o recuerdo), y el sexo en teoría no pleno, raro, extraño, onanista de las confesiones a una cámara que Graham graba, pero que es el que lleva a la verdadera intimidad, o comunicación, o "relación" (en el sentido más profundo de la palabra) sexual.

En la película hay cuatro personajes principales claramente contrapuestos. John es un triunfador, convencional y cínico, que engaña a su mujer con su cuñada, pero que parece incapaz ya no sólo de albergar verdaderos sentimientos por ninguna de las dos, sino incluso de comprenderlas o siquiera comunicarse realmente con ellas. John folla, pero no se relaciona. En el otro extremo tenemos a Graham, extraño, "anormal", impotente, paradójicamente encerrado en sí mismo (no es capaz en principio de mantener una relación por un "trauma" adolescente en el que John tuvo algo que ver), pero fascinado por escuchar a mujeres hablar abiertamente y sin tapujos sobre su sexualidad. John se relaciona, pero no folla. Se contrapone así también el sexo "oral" (en el sentido de hablado, y por tanto, pensado e imaginado) frente al sexo genital o físico, y se plantea en qué consiste la verdadera comunicación y relación sexual.

La dulce y bella Ann (Andie Mcdowel, la dulzura personificada, la más adecuada para este tipo de personajes buenas "convencionales", como demostraría no sé si antes o después en "Matrimonio de conveniencia"), pura, casta, frígida, llena de represiones y neurosis, se contrapone abiertamente con su hermana Cynthia, sincera, directa y díscola, que vive su sexualidad de forma abierta y provocadora, quizás porque esa era la única forma de afirmarse y definirse frente a su "buenísima", correcta y convencional hermana, a la que "envidia" (nada le gustaría tanto como follarse a su marido en su cama), pero a la vez necesita de forma muy íntima, auténtica y casi desesperada (como queda claro al final, cuando todas las mentiras salen a la luz gracias a las cintas de vídeo). Y quizás esa sexualidad descarnada no sea más que un síntoma de esa fragilidad y la necesidad de demostrarse algo. Sexualidad tan inauténtica y solitaria como la frigidez de su hermana, sin duda. De hecho, este personaje me inspira muchga más ternura que el de Ann, aunque quizás en ello tenga mucho que ver el físico de Laura San Giacomo, tan menuda y adolescente, y que además me recuerda mucho a una de mis mejores amigas de la infancia.

Las interpretaciones son uno de los aciertos de la película. Sobre todo James Spader, que resulta cautivador e inolvidable como el extraño Graham. Pero insisto en que soy consciente de que hay muchas cosas que pueden ser importantes y que se me escapan. Por ejemplo, la evolución de las reacciones de Ann frente a los clientes del bar donde trabaja su hermana que en distintos momentos intentan ligar con ella, o el hecho de que la primera vez que le visita alguien, Graham le ofrezca te helado, en la siguiente ocasión sólo té y en la tercera sólo agua. O el plano (bastante largo, por eso sé que no es inocente) de Ann caminando hacia el bar de su hermana con una pared llena de grafittis de fondo. O el vestido que le van a regalar a la madre, que alguien comenta que "parece un mantel", y al final se vuelve a insistir en ello.

Aunque en esto de las interpretaciones se corre el riesgo de ir mucho más allá de la intencionalidad del creador y terminar revelando no al interpretado, sino al que interpreta (como ya advirtió García Márquez a los exégetas de su obra, o Wilde cuando dijo que toda crítica de una obra de arte revela al crítico y no al artista), a mí es un ejercicio que me gusta realizar, a pesar de que, como en este caso, no siempre lo consiga. Tal vez porque en el fondo, en la literatura, en el cine, en la música y en todo lo que me gusta estoy buscándo algo de mì misma. Así que me encantaría si alguien quiere o puede aclararme, o comentarme, o explicarme algo sobre esta película, que a lo mejor me explica algo sobre mí ;-)

Volveré a verla, y quizás entonces se me ocurra algo más. Sobre la película o sobre mí.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Después


Ya me gustaría a mí llegar a merecer un velatorio siquiera similar al que tuvo el gran Fernán-Gómez, figura de la que yo, en estos días de semblanzas, balances, recuerdos, condolencias e incluso premios póstumos (qué morro, qué absurdo, qué vergüenza, este oportunismo y este no saber o no querer llegar a tiempo en el reconocimiento, de este mundo nuestro, que es cruel incluso al decir adiós), destacaría especialmente su voz, profunda, personal e insustituible como pocas. Ya, ya sé que fue e hizo mucho más. Pero su voz es él, y él no sería él sin su voz. No me digáis que no.


Tienes que haber sido muy grande para que te erijan semejante monumento de palabras, sentimientos y memorias, por parte de propios y extraños que se sienten propios sin que el homenajeado quizás lo supiera. Qué grande ser querido, de cerca y de lejos. Al final somos polvo, y afortunados aquellos que son polvo enamorado. Y afortunados aquellos que son polvo amado. Y recordado.


Porque tras la muerte, a muchos les queda el consuelo (que Manrique consideró harto) de la memoria. Quizás porque la memoria sólo puede ser reflejo de un sentimiento intenso, y existimos porque pensamos, pero también porque somos pensados, y cuando dejamos de pensar, ser pensados sigue siendo una forma de existir, y la memoria de los que se quedan es así un cuenco que atrapa algo de esa arena que es la vida escurriéndosenos de entre los dedos.

Porque pasa la vida, llega la muerte tan callando, y después... Sobre todo si, como yo, no crees en ningún alma inmortal ni en ninguna posibilidad de trascendencia, después... ¿Qué? ¿Un velatorio? ¿Un epitafio? ¿Una tumba, con flores o sin flores? ¿Unas cenizas al viento? ¿Algo que evite que seamos simplemente pasto de los gusanos? ¿Un volver a fundirnos en la tierra que nos acogió?


Cada vez me convenzo más de que las formas tienen su porqué, su sentido, y su importancia, y que son tan necesarias casi como el fondo (y creo que si sigo en esta evolución, dentro de poco quítaré el casi). Y si, los rituales de la muerte pueden tener su sentido -aunque eso no impide que pocas cosas me parezcan tan tétricas y me pongan tanto los pelos de punta como un funeral o un entierro católico tradicional-. Ese sentido de los rituales, las formas y los fetiches de la muerte es indudable para los creyentes, pero también para los no creyentes, como yo. Y tiene su sentido para el que se va, que sigue así siendo aunque ya no pueda verlo, pero sobre todo para los que se quedan en este valle de lágrimas, a solas con el dolor, que se puede ver aliviado, atontado, disimulado o confundido por la compañía, la multitud, los abrazos, las manos, las palabras de consuelo y el compartir.

Mi padre siempre ha dicho que cuando muriera le gustaría que hiciésemos una fiesta, para despedirle como él quiso vivir, que fue sobre todo con alegría. Sabe que eso sería quizás pedirnos demasiado, pero alguna vez me ha contado incluso los detalles. Yo nunca me he planteado algo así, y espero tener muchos años para poder pensarlo. Tampoco he pensado cuál podría ser mi epitafio, ni como despedida ni como definición ni como "legado", que es para lo que suelen servir. Pero la verdad, es que reales o legendarios, hay por ahí unos cuantos curiosos, desde lo macabro a lo póético, pasando por lo incontestablemente sincero o evidente, como por ejemplo:


En una tumba del cementerio de Salamanca: «Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada».

En la tumba de Miguel de Unamuno: «Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».

Lo puso un marido en la tumba de su suegra: «Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas».

En un cementerio de Minnesota: «Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbécil».

«Ya os decía que ese médico no era de fiar».

Lo escribió en la tumba que le tenían preparada en el cementerio, unos días antes de morir: «Veis como sí que estaba enfermo».

«Dejazme en paz».

«Aquí se está fenomenal».



Yo aún no tengo el mío, ni claro ni confuso. ¿Y tú? ¿Cuál te gustaría que fuera el tuyo?

martes, 20 de noviembre de 2007

De espaldas


























Creo que ya he comentado en alguna ocasión que nunca he sido demasiado aficionada a la pintura ni tengo apenas conocimientos sobre la materia y su historia. Pero sí me siento intuitivamente atraida y fascinada por determinados cuadros, que suelen coincidir con los que luego gustan a todos los que en realidad no tienen demasiada idea ni de arte ni de pintura, y que por tanto podemos encontrar más fácilmente en tiendas de decoración, páginas divulgativas y similares.

Durante años, allá en mi lejana adolescencia y primerísima juventud, tuve una reproducción bastante mala de la "Muchacha en la ventana" de Dalí en la blanca pared de mi habitación en la casa de mis padres. Llegó a mí por casualidad, y me decidí a ponerlo en la pared porque siempre me han gustado los tonos azules que predominan, y fue a fuerza de mirarlo sin querer, tras abrir los ojos cada mañana y antes de cerrarlos cada noche, que me fui dejando arrastrar por un algo más, un significado simbólico (o algo así) que seguramente estaba más en mí que en el cuadro. La muchacha de espaldas, de rostro desconocido, de espaldas al espectador que la contempla, que se asoma a la ventana y contempla el exterior sin adentrarse en él, con esa postura de la pierna que evoca (al menos para mí) una actitud soñadora, una ilusión, una serenidad, una posibilidad. Un paisaje marítimo, con su barco y su viaje, que está en la ventana pero que parece lejano. El gris interior y el azul exterior, y la ventana que los comunica. El descuido, la familiaridad, la informalidad de la prenda blanca en el alféizar. Nuestro contemplar su contemplar, quizás para hacerlo nuestro y hacernos consciente del nuestro propio. La muchacha de espaldas. El rostro desconocido por adivinar, intuir, imaginar.


Años después sentí un flechazo inmediato con el otro cuadro, "La mujer de espaldas",que parece ser que corresponde a la misma época de este pintor, Salvador Dalí, cuya figura nunca me resultó especialmente atrayente, por estética y por ética, aunque reconozco que mi idea sobre él está construida sobre los cuatro tópicos que compartimos los incultos de los mass media y la divulgación, y sobre un par de oscuros incidentes vinculados a la historia de la literatura, a Buñuel y a Lorca. Esta otra muchacha, que a mí me parece mayor que la del cuadro de la ventana (no sé bien por qué), está ya sentada, más integrada en el paisaje que contempla, mucho más cercano, humano, artificial y terreno (el azul deja paso a los marrones). Y ella, serenamente sentada, parece mucho más mujer, mucho más sensual con eso hombro que deja al descubierto la ropa que cae, también con cierto descuido y también contemplativa.


Creo que lo que más me atrae, aunque yo no me haya dado demasiado cuenta hasta ahora, es la figura de la mujer de espaldas. La mujer opaca para el hombre, que decía Saramago, quizás deseada, quizás admirada, quizás amada, pero pocas veces conocida y muchas menos comprendida. La mujer vista y soñada por el hombre, cuyo rostro prefiere imaginar. ¿Miedo? ¿Incapacidad? ¿Respeto? ¿Sueño? ¿Amor?


La mujer desconocida cuya figura incompleta el hombre puede completar con sus deseos y sus sueños. El rostro oculto que uno puede idealizar. El misterio que atrae e invita a soñar. Porque la imaginación no tiene las trabas, ni los límites incontestables y grises de la realidad. Porque lo desconocido nunca puede decepcionar.

"Ocúltame tu alma para que pueda creerla siempre bella", dijo George Sand, y en una película de Isabel Coixet decían algo así como que "es muy difícil dejar de amar a alguien a quien apenas se ha conocido". Quizás ese sea el secreto del amor. Quizás el hombre sólo pueda amar a una mujer de espaldas.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Lealtad y confianza



Marcia intenta dormir. Lo intenta de verdad, concentrada y desesperadamente, pero no puede. Entreabre los ojos y distingue con nitidez los contornos de los muebles de su habitación, con la vista adaptada ya a la penumbra de la luz que dejan los puntitos de la persiana. Nota las respiraciones profundas, pausadas y rítmicas de Luis, que se ha dejado, como siempre, una mano en su cintura al quedarse dormido. Otra vuelta. Marcia quiere dormir, quiere dejar de dar y darle vueltas, de intentar hacer malabarismos con el cruce de pensamientos irresolubles que se le clavan en la mente azuzando el sueño para que nunca se asiente. Otra noche sin apenas dormir. Y van seis. Seis.

Porque han pasado seis días, con sus seis noches insomnes, seis, desde que ella se sentó al ordenador que él había dejado libre, por fin, para acudir raudo a la pantalla de televisor donde retransimitían no sé qué partido decisivo. Y allí lo vio, por casualidad, porque estaba minimizado. Su correo. . Ella pensó al principio que era el suyo propio, pero al tocarlo se dio cuenta de que era el de Luis, abierto, por un descuido inaudito. Una leve sonrisa se le congeló en la cara al tiempo que su mano vacilaba para mover el ratón.

En los albores de su relación, allá cuando pusieron las bases para su confianza, él, que tenía tanto miedo a la intimidad, a la convivencia, y tanto recelo de “sus” cosas, le había dejado claro, premeditada, contundente y concienzudamente, que si algo no soportaría es que ella fisgara en Sus Cosas. Que rebuscase en sus bolsillos, que escarbara en sus cajones, que hurgara en sus papeles, que mirase y remirase aunque fuera sin desconfianza. Si habría algo que quizás nunca pudiera perdonar, sería eso. Marcia siempre había respetado sin esfuerzo y casi sin darse cuenta el pacto, incluso cuando hubiera sido fácil dar rienda suelta a su curiosidad y muy difícil que él se hubiera percatado. En esas ocasiones en que renunciaba, por respeto, por lealtad y confianza, a fisgar alguna de sus cosas, se sentía cómplice y serena.

Por eso en aquel momento vaciló. Por respeto, por complicidad, por lealtad, por confianza. Miro hacia el salón, y vio a Luis, sentado en el sofá, inclinado hacia delante con los codos sobre las rodillas, completamente enfrascado en el partido. El corazón le latía con fuerza mientras notaba que le arrastraba de forma irresistible el “solo una vez”, “solo un poco”, el “nunca se dará cuenta”, el “no tendrá tanta importancia”. Y se dejó arrastrar. Y lo hizo.

Lo abrió. Abrió su correo. El correo de Luis.

Deslizó los ojos rápidamente y con avidez por la lista de remitentes. Los amigos de siempre. Direcciones comerciales. Nombres desconocidos, quizás del trabajo. Hasta que vio varias veces el nombre de Nuria. Su Nuria. La Nuria que ella sabía que seguía siendo amiga de Luis. La Nuria con la que sabía que quedaba de vez en cuando para tomar algo, pero con la que Luis le había asegurado que no quedaba más que un cariño por un pasado largo y común, que era eso y nada más que eso: simple y completamente pasado. La Nuria cuya presencia en el presente de Luis Marcia había terminado por aceptar con serenidad. Pero también la Nuria del pasado de Luis cuya sombra alargada se había proyectado inevitablemente sobre las inseguridades de Marcia, sobre todo al principio y aún de vez en cuando.

Marcia notaba el corazón latirle en la garganta, y un nerviosismo incómodo y casi doloroso que se le agarró en el estómago. Abrió sólo un mensaje. Uno de tantos. Era corto, muy corto, y ahora, desde la semipenumbra de la habitación y con el aquel mismo nerviosismo doloroso que no la había dejado desde entonces, Marcia recordó la sensación de que el mundo se abría y se resquebrajaba al leerlo. Pero era incapaz de recordar exactamente las palabras que encontró. Aunque lo intentaba. Nuria decía a Luis algo así como que ya no quería quedar, que estaba cansada de todo, de discutir por lo mismo, de la situación insostenible, que ella quería otra cosa. Algo así. Pero no logra recordarlo con nitidez, porque lo leyó demasiado rápido, cegada por la ansiedad, la incredulidad y la avidez, y lo cerró precipitadamente todo, nerviosa, muy nerviosa: por leerlo, por la posibilidad de ser descubierta, por si significaba lo que ella temía y no quería pensar que podía significar.

Casi le temblaban las manos, y sentía una tensión de angustia rodearle el garganta, la nuca, las sienes. Oía vagamente el rumor dominical del fútbol mientras se quedaba paralizada en la silla frente a la pantalla del ordenador. Y ya no pudo pensar en nada más. Seis días con sus seis noches llevaba dándole vueltas a pensamientos y elucubraciones que bullían, e iban, y venían. Y si era, y si no era… No tenía por qué ser… Pero y si había sido... y si podía ser… No era seguro… Pero era probable… O quizás solo posible… Y dolía lo que podía significar, y lo que podría suponer, y si ya no puede confiar… y lo que debería hacer Marcia… y lo que podía hacer… pero sobre todo, sobre todo, lo que no podía hacer. Lo que no podría hacer nunca.

Preguntar. Saber.

Marcia escucha la respiración rítimica y tranquila de Luis, y siente el calor de su brazo en la cintura. Pero sabe que está lejos, atrapada y sola, completamente sola, en la angustiosa desconfianza inconfensable que no puede compartir.

Por lealtad y confianza.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Nubes negras


Hay días,
y momentos,
claro,
en los que el cielo parece lleno de nubes negras.
Días en que me escuece el madrugar,
y me pesa mucho el sueño que arrastro todo el rato,
días en que me canso de apresurarme
y de planear, y programar, y planear,
y en que el trabajo y su caos parecen completamente inútiles,
y en que ya no me encuentro las ganas,
y me tendería con los brazos caídos a dejar que todo me arrastre,
o que pase sobre mì y me aplaste.
Días en que me siento rara en un lugar extraño,
en que tropiezo constantemente con las nostalgias
y sus comparaciones
y sus mentiras
Días en que no me importa.
Días en que me da igual.
Días en que no sé dónde he puesto el buen humor y las sonrisas.
Días en que todo parece esfuerzo sin atisbo de recompensa.
Días en que no me llega el tiempo
y todo son nervios y hormigas
y no parar.
Días en que me rindo
pero ni siquiera para eso el mundo me deja en paz.

En esos días de nubes negras,
en algunos momentos
recuerdo ese otro momento
en que apagamos la luz
y su brazo rodea mi cintura
y su calor me abraza hasta dentro
y su olor me arropa en el sueño.

Y entonces recuerdo que sí.
Y entonces merece la pena.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Absurdo



Ojo a la letra, por favor, de esta canción en rumano que yo misma bailé con cierto entusiasmo hace unos añitos (para que negarlo, una era joven, inconsciente, y las luces y el alcohol están pensados para marear y despistar), titulada "Dragostea din tei", que quiere decir "el amor bajo el tilo"

Ma-ia-hii
Ma-ia-huu
Ma-ia-hoo
Ma-ia-haa


¿Hola!, ¿Buenas!, Soy yo, un haiduc*
Y por favor, amor mio, recibe la felicidad.
¿Hola!, ¿Hola!, soy yo Picasso,
Te he enviado un beep, y soy valeroso
Pero sabe que no te pido nada.


Quieres irte más no me, no me llevas
No me, no me llevas, no me, no me llevas
Tu cara, y el amor del tilo,
Me recuerdan tus ojos.


Te llamo, para decirte, lo que siento ahora,
¿Hola!, amor mio, soy la felicidad.
¿Hola!, ¿Hola!, soy siempre yo, Picasso,
Te he enviado un beep, y soy valeroso
Pero sabe que no te pido nada.


Quieres irte más no me, no me llevas
No me, no me llevas, no me, no me llevas
Tu cara, y el amor del tilo,
Me recuerdan tus ojos.


Ma-ia-hii
Ma-ia-huu
Ma-ia-hoo
Ma-ia-haa


Quieres irte más no me, no me llevas
No me, no me llevas, no me, no me llevas
Tu cara, y el amor del tilo,
Me recuerdan tus ojos.


Ni entrenando por las tardes se puede escribir una letra más absurda y sin sentido. Es que ni la literatura del absurdo y el disparate, ni el mismísimo surrealismo, creo que admitieran que algo así les rozara.

Ya, ya sé que hay muchas más canciones absurdas (seguro que se te vienen a la cabeza algún par), en rumano, en inglés y en castellano (como no), pero de verdad, para mí esta se lleva el primer puesto en lo que a sonrojo se refiere... "Tu cara y el amor del tilo me recuerdan a tus ojos" :-S

Toma recursos estilísticos...

Porque hasta dentro del absurdo hay clases, ojo.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Que van a dar a la mar



Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena


FRANCISCO DE QUEVEDO

Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales que la carne hereda, sería una conclusión seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno ya libres del agobio terrenal, es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

WILLIAM SHAKESPEARE (Hamlet)


31 de octubre. Las profes de inglés reparten unas figuritas de chocolate envueltas en papel de plata pintado con formas de brujas, de calabazas, de calavera, de fantasmas. Es el preludio del día de Difuntos. La noche de Difuntos. La fiesta de la muerte. Más que de la muerte, de los muertos.


Porque agazapados en la tremenda palabra oscura que evito mirar, están los que fueron y se fueron. Los que ya no están, pero están, como soñó Manrique, en el recuerdo. Mañana se vestirán de gala los cementerios, y de recuerdos, algunos doloridos, los pensamientos y el sentir de muchos.Pero el signo de nuestros tiempos ha alcanzado también a este día, y la fiesta de difuntos de ha convertido para muchos en fiesta simplemente. En puente, en Halloween (la invasión anglosajona, aceptada por la mayoría con entusiasmo, viene en el lote del signo de nuestros tiempos), en fiesta de disfraces, cachondeo y trivialización de lo lúgubre, de lo tenebroso, de los alrededores de la muerte. En fiesta, al final, de lo que creemos antítesis de la muerte: la vida y su alegría, esta vida y esta alegría nuestras, que no elegimos aunque creamos que sí, y que puede que no sean más que un sucedáneo de lo que deberían ser.

Yo le tengo terror a la muerte. Durante muchos años la pensé con serenidad, sabiendo que forma parte consustancial de la vida humana, pero siempre como una idea abstracta que da mucho juego a las paradojas, al pensamiento, a la elucubración e incluso a la fantasía. Me pasé años leyendo y estudiando en literatura, y en filosofía, de qué maneras el hombre la ha abordado, imaginado, sufrido y pensado. La muerte consciente, anticipada, paladeada, temida y esperada mientras se nos pasa la vida, y ella viene, tan callando, que dijo serenamente Manrique, pero con movimiento que a ella nos lleva despeñados, como gritó con angustia Quevedo.


Sin embargo, al cumplir los 30 tomé conciencia de verdad de la obviedad terrible e inexorable que la muerte es algo real y seguro. De las pocas cosas seguras que hay en la vida. De que yo, y tú, y todos, nos vamos a morir, un día que llegará como llegó el día en que cumplí los 30. Que el tiempo se desliza llevando en su germen y en su esencia la muerte. Que la vida pasa, como un río, sólo para llevarnos a la mar que es el morir. Que ese es su única dirección, su fin (en el doble sentido del término), y por tanto su sentido. Y recuerdo que sentí un atisbo de lo que para mì era hasta entonces sólo una palabra, un concepto abstracto, lejano y ajeno, algo así la “angustia existencial” y su náusea insoportable, la pesadumbre dolorosa de la “vida consciente”, que se piensa, se contempla, se asume, y que también piensa, contempla y asume la muerte. Y para los que no somos sabios, y apreciamos el estoicismo como una teoría impracticable aunque tenga toda la razón, sí, da dolor.

Como mucha gente, yo quisiera morirme sin enterarme y sin despedirme. Quizás más que la muerte, me aterra la espera delimitada, la enfermedad, el deterioro irreversible y el dolor sin esperanza. Y no puedo creer en nada más allá de la muerte. Los que yo quise y se fueron ya no están y ya no son, aunque vivan y estén y sean queridos en el recuerdo. Y como dudaba Hamlet, no sé si esta idea de la muerte como punto y final, y no como puerta hacia nada, le quita sentido a la vida o se lo da. ¿Para qué hacer nada, si nada importa, porque todo desaparecerá, seguro, con la muerte? ¿Qué valor tiene nada, si el sufrimiento es inútil, y no es redentor ni elevará el alma, y el placer tampoco tiene sentido, porque pasará, lo perderemos, y después de acordado dará dolor? ¿Para qué luchar, o preocuparse, o aferrarse a nada, si todo lo vamos a perder? ¿Tienen sentido incluso la bondad o la maldad, sin esa salvación, o ese juicio absoluto y supremo que utilizaban como excusa los curas para demonizar el placer? ¿O en realidad la muerte supone que hay que agarrar, paladear, dilatar cada momento, cada detalle, evitar lo que nos duele y buscar lo que nos gusta para que este discurrir imparable de tiempo que es la vida sea lo más agradable y feliz y bonito posible… mientras dure, que es cuando importa? Porque nos queda el horror y el consuelo de que después no habrá nada. Tampoco dolor. Ni añoranza.

Lo de mi crisis existencial a los 30 fue eso: una crisis. Hace ya años que la mayor parte del tiempo no me planteo la muerte concreta ni mía ni la de los que yo quiero, y no escucho el terror que sí, yo sé que ruge en el fondo del alma, pero que yo tengo encerrado e insonorizado. Pienso la muerte sin angustia, porque, como las avestruces, he vuelto a meter la cabeza en el hoyo de sentirla como palabra casi abstracta y lejana, excusa para filósofos, inventores de historias y poetas, e incluso motivo para que sea fiesta mañana.

Y Dei y yo nos vamos a Asturias. Por fin, que siempre la he tenido cerca, y voy a conocerla justo ahora, cuando más lejos estoy de ella. Que el río que nos lleva tiene estos recovecos.

lunes, 29 de octubre de 2007

Días como este



Recuerda que siempre, hasta en los tiempos más oscuros, o complicados. o confusos, o difíciles, habrá días como este.

Por los días como éste, y las canciones como ésta. Por lo que merece la pena y por lo que hace que merezca la pena.


Cuando no esté siempre lloviendo, habrá días como éste.
Cuando no haya nadie quejándose, habrá días como éste.
Cuando todo se ponga en su sitio con un golpe al interruptor.
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

Cuando no tengas que preocuparte, habrá días como éste.
Cuando nadie tenga prisa, habrá días como éste.
Cuando no seas traicionado por el viejo beso de Judas.
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

Cuando no necesites una respuesta, habrá días como éste.
Cuando noconozcas a ningún oportunista, habrá días como éste.
Cuando empiece a parecer que todas las partes del puzzle que encajan.
Entonces debo recordar que habrá días como éste.

Cuando todo el mundo venga de frente, sin hacer ningún truco.
Cuando no tengas ningún aprovechado de quien recibir patadas.
Cuando no sea asunto de nadie la forma en que tú vives.
Sólo tengo que recordar que habrá días como éste.

Cuando nadie se cuele en mis sueños, habrá días como éste.
Cuando la gente entienda lo que le digo, habrá días como éste.
Cuando saques a la luz los cambios de las cosas
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

sábado, 27 de octubre de 2007

¿Felicidad? Extraña palabra.


Este es el mundo de los mil mundos. Los mil mundos de las millones de vidas. Felicidad, ¿dónde te metes, que muchas de ellas no te conocen?.

"Felicidad, yo no te conozco, más que por el ruído que haces al marcharte"


Algún escritor lo diría


Despertar, y ver que aún estás


"...ya no sé qué contarte que no te haya contado ya
ya no sé qué besarte que no te haya besado ya...
"



Yo también estaba tratando de escribir un post y no me sale.

Así que si quieres, bailamos. Hasta que encontremos algo de qué hablar. O algo nos encuentre a nosotros, si sabemos dejarnos encontrar.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Cuando el amor llega así de esta manera..


Existen muchas formas por las que puede llegar el amor, o los amores, porque no creo que sea un sentimiento único ni monolítico ni monocorde ni diáfano. (Quien lo probó, lo sabe, como dijo Lope). Existen muchas formas, pero yo creo que son básicamente dos, que reflejó magistralmente García Márquez en esa biblia y compendio del alma humana (y las almas humanas, porque tampoco el alma es única, ni monolítica, ni monocorde, ni diáfana) que es Cien Años de Soledad. Maestro que coloca como nadie, una detrás de otras, las palabras, e, igual que un dios juguetón y genial hace con el barro, de un soplo les infunde alma, corazón y vida, con la misma destreza innata y descuido con que los niños soplan al aire las pelusas etéreas del diente de león.

Una forma de llegar el amor: el flechazo que sufre Aureliano Buendía cuando conoce a Remedios, la bella:

"Todo el mundo quedó en paz, menos Aureliano. La imagen de Remedios, la hija menor del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo. Era una sensación física que casi le molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato. (...)
La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre. "

Y otra forma de llegar al amor: despacito, tras mucho tiempo de roce y convivencia, y sin que uno se dé cuenta, porque uno no buscaba el amor, sino otra cosa -o al menos, eso creía- o lo buscaba en otra parte. Es lo que les sucede al otro Aureliano (el segundo), con Petra Cotes, por "culpa" de una mala racha económica:

"...Por más que se mataban trabajando, por mucho dinero que escamotearan y muchas triquiñuelas que concibieran, los ángeles de la guarda se les dormían de cansancio mientras ellos ponían y quitaban monedas tratando de que siquiera les alcanzaran para vivir. En el insomnio que les dejaban las malas cuentas, se preguntaban qué había pasado en el mundo para que los animales no parieran con el mismo desconcierto de antes, por qué el dinero se desbarataba en las manos, y por qué la gente que hacía poco tiempo quemaba mazos de billetes en la cumbiamba, consideraba que era un asalto en despoblado cobrar doce centavos por la rifa de seis gallinas. Aureliano Segundo pensaba sin decirlo que el mal no estaba en el mundo, sino en algún lugar recóndito del misterioso corazón de Petra Cotes, donde algo había ocurrido durante el diluvio que volvió estériles a los animales y escurridizo el dinero. Intrigado con ese enigma, escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla. Petra Cotes, por su parte, lo iba queriendo más a medida que sentía aumentar su cariño, y fue así como en la plenitud del otoño volvió a creer en la superstición juvenil de que la pobreza era una servidumbre del amor. Ambos evocaban entonces como un estorbo las parrandas desatinadas, la riqueza aparatosa y la fornicación sin frenos, y se lamentaban de cuánta vida les había costado encontrar el paraíso de la soledad compartida. Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros. "

Existen, tal vez, dos grandes maneras de enamorarse: que llegue el amor a uno, o que uno llegue al amor. Pero yo conozco sólo una. Porque para mí la otra no trae en realidad amor, sino sólo su espejismo.

O puede que sea todo espejismo. Aunque, ¿qué es espejismo y qué realidad? Porque la realidad tampoco es una, ni monolítica, ni monocorde, ni diáfana. Y quien lo crea así, que sepa que está percibiendo un espejismo. (Pero es que toda percepción es, por definición, espejismo, y por definición, todo espejismo es una percepción... y paro ya, que me lío, que me lío...)


En todo caso, y a pesar de realidades, espejismos y desbarres, es bueno que llegue el amor. O, como decían los de la Cabra Mecánica, que vuelva...


CUANDO VUELVE EL AMOR


Y cuando vuelve el amor
que tantas veces se ha ido
y regresa cada vez más delgado
y con cara de vicio tocao
me tiene algo preocupado
se me mete en líos
me huele a postal
pero aun así bienvenido
lo quiero como a un hijo

Y cuando vuelve el amor
vuelvo a afeitarme a diario
no guardo ropa sucia en el armario
cocino para dos
hago limpieza general en la cocina
me sale mejor el arroz
y hasta yo huelo mejor
y aprendo un par de trucos nuevos
para hacer el amor

Cuando vuelve el amor
como por encanto
todo el mundo parece
más guapo y mejor
y es más difícil distinguir al enemigo

Y que no venga
y que no vuelva
y que no venga a comerte el corazón
toma, toma
lo tuyo es mío...
Para mi frió eres incendio
pa'mi sequía gota fría
maremoto pa'mi calma chicha
pa'mi locura lobotomía
cuando cada día se hace noche vieja
cada noche es la ultima
cada mañana la primera
bajo cero en plena primavera

Cuando vuelve el amor
como por encanto
todo el mundo parece
más guapo y mejor
y es más difícil distinguir al enemigo

Y que no venga
y que no vuelva
y que no venga a comerte el corazón
toma, toma
lo tuyo es mío...

Ángel de la guarda
dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día...


lunes, 22 de octubre de 2007

Cajitas de recuerdos



Esta es la música que me acompaña cada mañana, en mi cutreemetrés malcomprado en Ebay, mientras corro todavia de noche y ya con frío a por el urbano, y luego corro por el bus de profes, y luego dormito una hora larga hasta desperezarme malamente en el instituto. Esta es la banda sonora de estos días de principio y ajetreo. Esta es la cajita en la que guardo esto que serán recuerdos, estos días que serán, quiera o no y ya lo sé, inolvidables. Y esta seguirá siendo mi banda sonora hasta que la pereza y el ajetreo (que esto de montar un piso es como mudarse: una sabe cuándo empieza, pero nunca cuando acaba, y siempre parece no acabar nunca) me permitan cambiar las canciones que tengo metidas en mi cutremepetrés. Tenía que elegir: o cambiaba las canciones, o ponía un post. Y preferí poner el post. Así que mañana, y pasado, y al otro seguramente también, volveré a madrugar con Jack Johnson.

Descubrí a este chico por casualidad, por un flechazo con una canción de los Black Eyed Peas, el Gone going (canción sobre lo efímero de lo material y de lo destructivo y absurdo de poner todos nuestros huevos y nuestra alma en su cesta- aviso que el vídeo del enlace no tiene imagen, sólo música ), que me hizo "investigar" en ese nombre desconocido para mí. Y descubrí la versión original de esa canción redonda, y detrás de ella, a este guapísimo exsurfista -que es guapo, pero guapo, guapo, guapo-, creo que hawaiano, que tiene ya unos cuantos discos de música sencilla, quizás convencional y sin pretensiones, y canciones que hablan directamente de cosas o cuentan pequeñas historias (que parece tonto, pero eso hoy por hoy se está convirtiendo hasta en raro). El tipo de música con la que, al cabo de años de vaivenes melómanos, me voy quedando.

Tiene muchas canciones que me gustan, y yo llevo en mi cutrempetrés más de cien. Pero por elegir una para guardarle y hacerle un guiño a la que seré dentro de un tiempo, cuando quiera evocar y recordar todo esto, elijo una. Elijo esta. "Mejor juntos". Porque sin darme cuenta, hace tiempo que he dejado de elegir la soledad. Mejor juntos.

Y porque hay canciones que se convierten en cajitas de recuerdos, y en el perfume y la esencia del tiempo vivido y tal vez perdido, que algún día podremos, gracias a ellas, evocar.

O como dice Jack Jonson, como una caja de zapatos llena de fotos sentimentales en tono sepia...



No hay combinación de palabras
Que pueda poner en el reverso de una postal.
Y no hay canción que pueda cantar,
pero puedo probar, para tu corazón,
nuestros sueños, y están hechos de cosas verdaderas,
como una caja de zapatos llena de fotos sentimentales en tono sepia.

El amor es la respuesta,
al menos para la mayoría de las preguntas en mi corazón.
¿Por qué estamos aquí y adónde vamos?
¿Y como es que ha llegado a ser tan difícil?
No es siempre fácil y a veces la vida puede ser engañosa.
Te diré una cosa,
Siempre es mejor cuando estamos juntos.

Mmm, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, miraremos las estrellas cuando estemos juntos.
Bueno, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.

Y todos estos momentos podrían simplemente encontrar
un lugar en mis sueños esta noche,
Pero sé que se irán cuando la luz de la mañana cante
o traiga nuevas cosas para la noche de mañana, ya ves,
que se irán también.
Tengo demasiadas cosas que hacer.
Pero si todos estos sueños encontraran su lugar en mi día a día,
tendría la impresión de estar en el medio de algún lugar
sólo los dos, solo tú y yo, sin tantas coss que hacer
o lugares adonde ir, así que nos sentaríamos bajo el árbol de mango ahora.

Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Mmm, estamos en algún lugar juntos.
Bueno, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.

Creo en los recuerdos, parecen tan, tan lindos cuando duermo
Y cuando me despierto, pareces tan bella durmiendo a mi lado.
Pero no hay suficiente tiempo
Y no hay ninguna, ninguna canción que pueda cantar,
Y no hay ninguna combinación de palabras que pueda decir
Pero aún te diré una cosa:
Estamos mejor juntos.

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