martes, 23 de enero de 2007

Autodestrucción


TLC: Waterfalls

"Por favor, no vayas persiguiendo cataratas.
Quédate clavado en los ríos y lagos
a los que estás acostumbrado.
Ya sé que quieres hacer las cosas a tu manera
o nada en absoluto,
pero creo que vas demasiado deprisa."


El chico que se busca problemas en la calle que su madre, por más que lo avise o lo intente, no puede evitar; el joven cuya promiscua vida sexual termina llevándole a la muerte por las cuatro letras terribles del fin de siglo; el adicto que no puede evitar ansiar y hacer cualquier cosa por la sustancia o el comportamiento que le está destruyendo; la anoréxica que se mata sin poder comer porque no puede querer comer. Distintos grados de lo mismo. Comportamientos arriesgados, coqueteos a la orilla del precipicio, retos peligrosos al vértigo y la caída... Es inútil el consejo, el aviso o el intentar sujetarlos al borde del abismo, porque les arrastra una corriente misteriosa, profunda, poderosísima, cuyo principio es difícil de determinar y cuyo final es más difícil aún de evitar. Y lo que resulta más incomprensible y paradójico: que nace y se alimenta de ellos mismos.

El inevitable comportamiento absurdo que lleva a la autodestrucción. La inconsciencia que se convertirá en conciencia inútil demasiado tarde. El hacerse daño cada día, poco a poco, como la gota modesta, infatigable y constante que horada la piedra, y crece, crece, crece, hasta hacer su de su destrucción algo indestructible.

¿Tan poco nos queremos? ¿Tan bien o tan mal nos conocemos que nos sentenciamos a tan terrible castigo? ¿Quién o qué nos lleva a eso? ¿Cuál es la corriente agazapada que en el río de la vida nos atrapa sigilosamente para arrastrarnos a la catarata? ¿A quién se le ocurrió esa maquiavélica trampa que hace inevitable que durmamos, y vivamos, y muramos con nuestro peor enemigo? El que menos nos quiere, el más implacable, poderoso e inmisericorde: uno mismo.

El nombre del grupo, TLC, corresponde a las iniciales de los apodos de las tres componentes: Tionne T-Boz Watkins, Rozonda Chilli Thomas y Lisa Left-eye Lopes. Esta última es la que parece más jovencita y añiñada de las tres, y "rapea" en el vídeo. Al parecer, ella conocía bien la autodestrucción de la que habla la canción, sus alrededores y consecuencias, pues según ella misma confesó, se había criado en un ambiente familiar que sufría el alcoholismo y los abusos, y ella misma había tenido problemas con la bebida.

Nació el mismo año que yo, y el año en que ella y yo debíamos cumplir los 30 (lo recuerdo porque para mí los 30 supusieron una pequeña crisis existencial que ahora me parece un poco absurda, pero que quizás en algún otro momento vuelva) murió en un accidente del coche que ella misma conducía, no sé si demasiado deprisa, en Honduras, donde estaba de vacaciones. Los otros siete ocupantes del vehículo salieron ilesos.

Porque a veces escapas de la autodestrucción, que suele ser una batalla épica, y un triunfo glorioso, quizás el mayor posible, y todo es renacer y volver a empezar y buscar el cielo porque conoces ya muy bien el infierno, y estás decidida a empaparte de esa segunda oportunidad, de vida consciente y recomenzada, y viene la vida, o el destino, o el azar más tonto, o lo que leches sea, y te golpea con su ironía, a veces trágica, a veces macabra.

Porque eso es la vida, y por eso quizás no merezca la pena malgastarla en crisis. Aunque a veces sean inevitables, como la autodestrucción.

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