miércoles, 31 de enero de 2007

Mamá


The Cranberries: Ode to my family.

Hoy mamá cumplió 61 años, y me esperaba contenta, con ojos y actitud de niña serena que busca vestirse de ilusión, con una comida especial en la mesa, los ojos verdes brillantes y tranquilos, y su sonrisa, la de siempre, iluminando su cara.

Una cara se le va llenando de arrugas, a ella, que siempre fue una mujer guapa y coqueta. A ella, que era joven frente a los viejos, que siempre trabajó tanto, y pudo con todo, y se rebeló sin rebelarse, e invirtió su vida en tratar de que la quisieran. Perdón: de que la quisiéramos.

Yo sé que muchas veces la hemos defraudado. Y se me encoge el corazón al pensarlo. Y lamento profunda y dolorosamente las veces en que he pensado más en mí que en ella, las veces en que no me ha importado su dolor, o su soledad, o su desilusión, o su desamparo. Las veces en que se perdió y yo me asusté y no fui capaz de ir corriendo a buscarla. Porque ella ha vuelto, ella sola, sacando de repente y no sé de dónde, unas fuerzas y un ánimo y unas sonrisas que no sabíamos que tenía... Ella sola, como cuando era más joven, y maestra, en un pueblo perdido en el monte más perdido entre los montes, que cruzaba a pie desde la parada del autobús, con el lobo que la seguía a una prudente distancia y se paraba cuando ella se paraba, o en el viejo 127, embarazada, entre pistas y peñascos, capaz de sacarlo si se quedaba atascado o de cambiar ella sola una rueda si se pinchaba.

Como cuando era una madre con tres hijos revoltosos, un trabajo fuera y otro más inmenso dentro de casa, y podía con todo y a todos nos llenaba, sin que nos diéramos cuenta, sin que tuviéramos que echarla de menos porque nunca nunca nunca nos faltaba.

Como cuando algo iba mal, realmente mal, y cogía las riendas con un ánimo por sorpresa y una insólita energía, con la que no contábamos, que había mantenido escondida y guardada, ella, que parecía siempre tan débil y tan quejica y tan agobiada...

Ella ha vuelto sola, con ese ánimo agazapado y otra vez, la sonrisa en su cara, más llena de arrugas pero de nuevo luminosa, de nuevo guapa. De nuevo ojos verdes y coqueta, de nuevo comida especial en la mesa, y música y sol en la casa, y así va pasando el día... De vuelta de todo, esperando ya nada, y toreando a la decepción para no dejarse aplastar. Que yo lo sé. Lo sé.

Yo de pequeña estaba terriblemente enmadrada. Me sentía muy afortunada cuando me comparaba con los otros niños y pensaba que ellos no tenían una mamá como la mía. Y ahora que mamá ha vuelto, y quizás yo me vaya, siento a veces de repente, muy fuerte, que la quiero, que la quiero mucho, que la llevo conmigo porque nunca podré irme del todo de ella y de aquella infancia.

En algún rincón del universo, ella será siempre una mujer guapa, coqueta y fuerte bajo la coraza de la fragilidad malaprendida y acostumbrada. Y en ese rincón del universo, yo siempre seré una niña enmadrada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

diez caracteres. césar

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