domingo, 21 de enero de 2007

Memoria histórica




Federico García Lorca nación en Fuentevaqueros (Granada) en un año importantísimo para la historia y la literatura españolas, 1898, y habría de morir, trágicamente, víctima de un sino trágico parecido al que late en todas sus obras -pero más barriobajero-, en otro año tristemente crucial, 1936.

Desde muy pequeño destacó por su sensibilidad artística, fundamentalmente musical (tocaba el piano desde muy niño), poética (su gusto por la poesía popular, la recitación y la creación poética es muy temprana) y teatral (sabemos que desde pequeñito le gustaba montar pequeñas representaciones cseras). Fue un mal estudiante de Derecho, y en la Residencia de Estudiantes de Madrid coincidió con otros brillantes intelectuales y artistas con los que le unieron pronto lazos de amistad, entre ellos Alberti, Dalí o Buñuel. De hecho, intervino en la película surrealista "El perro andaluz" -llena de imágenes impactactes, como la famosa navaja cortando un ojo que servía de emblema al programa "Versión española"- junto a Dalí y Buñuel
.

Lorca es una figura fundamental tanto por su obra literaria como por su actividad pública, y además numerosos testimonios nos hablar de una personalidad deslumbrande y un carisma magnético como conversador, orador o recitador.

Por una parte, es el autor de libros de poemas trascendentales en la historia de nuestra literatura y maravillosos (el "Romancero Gitano", por ejemplo, es una verdadera maravilla), en los que conjuga magistralmente las formas, el estilo y el ambiente de la poesía popular con los procedimientos expresivos más rompedores o vanguardistas, y en los que eleva el mundo andaluz y gitano (pueblo marginal y oprimido) a la categoría de mito representativo de los grandes traumas y misterios del ser humano: la búsqueda de la felicidad y los límites y frustraciones a que nos condena la realidad, social o cósmica (el eterno choque entre la realidad y el deseo), el ansia de libertad, el amor, el sexo, el poder destructivo de las pasiones, el destino trágico esencial de nuestra vida, que termina inexorablemente en la muerte...

Tras sufrir una depresión viajó a Nueva York, y el choque con la vida deshumanizada de la gran ciudad emblema del capitalismo le hizo escribir uno de sus libros más difíciles e impactantes, el completamente surrealista "Poeta en Nueva York", en donde con imágenes de pesadilla, aparte de sus impresiones personales, denuncia la opresión que sufren los negros (de nuevo, su atención se centra en el débil, el oprimido, el marginado). Hay quien ha querido ver en todo esto (ese interés por los marginados, esa especial atención al ansia de una realización personal que choca con las normas sociales o morales establecidas) una proyección de su condición homosexual, que la crítica actual sitúa en primer plano al analizar su obra pero que él nunca reconoció. De hecho, Buñuel, en su libro de memorias, cuenta como Dalí, que era tremendamente homófobo, acorraló a Lorca intentando hacerle confesar si era cierto o no el rumor de que era homsexual, lo que provocó un gran enfado en el poeta granadino y que rompieran lo que hasta entonces había sido una profunda amistad.

Por otra parte, fue un verdadero hombre de teatro. Aparte de escribir obras universalmente conocidas como "Bodas de sangre", "Yerma", "La casa de Bernarda Alba" o "Dª Rosita la soltera", durante la II República consiguió una subvención para un proyecto teatral, la compañía "La Barraca", que se dedicó a llevar por los pueblos de España grandes obras de teatro clásico y algunas vanguardistas, con gran éxito (para que luego digan que el pueblo no entiende el arte "de calidad"... quizás sólo sea necesaria verdadera voluntad de acercar el arte al pueblo). Su actividad teatral se extendió también a Hispanoamérica, donde se estrenaron con muchísimo éxito muchas de sus obras.

Cuando estalló la guerra civil, Lorca rechazó el exilio. Entre otras cosas, él jamás había sido un activista político y en alguna ocasión, cuando se le preguntó por su tendencia política, manifestó que "se sentía a su vez católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico". De hecho nunca se afilió a ninguna de las facciones políticas y jamás discriminó o se distanció de ninguno de sus amigos, por ninguna cuestión política.

Sin embargo, el 16 de agosto fue detenido, y su cuerpo encontrado días más tarde entre otros, al borde de un camino. Ni siquiera se sabe exactamente los motivos concretos de esta muerte, uno de los "paseos" frecuentes en la guerra civil, firmado por el gobernador civil de Granada, que estaba vinculado a la CEDA (Confederación española de Derechas Autónomas) y era jefe provincial de la falange española.

Se tiene constancia de una declaración que el poeta Luis Rosales hiciera al jefe provincial de Falange, intercediendo por Lorca en los días que precedieron a la detención, y de la posibilidad de que la ejecución se hubiera producido en la madrugada del 17 de agosto y no en la del 19. En ese texto se alude a un piquete de guardias con orden de fusilar a cuatro. Uno de ellos era Federico, que iba en pijama, y a quien mataron “en el campo de instrucción de las tropas, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha de la carretera, según se va hacia Alfacar...”.

Curiosa y cínicamente, en el certificado de defunción extendido en 1940 por el Registro Civil de Granada, consta que Lorca murió como consecuencia de “heridas producidas por hecho de guerra”. Los investigadores señalan que Francisco Franco prefería decir que Lorca murió en una riña de gitanos. Así abonado el desprestigio de Lorca, algunos devotos del Generalísimo optaron por hacerse eco de lo publicado por un periodista francés en diciembre de 1956. Su artículo sustentaba que el poeta había muerto durante una riña de homosexuales. Se ve que el afán de la derecha por tapar y evitar la memoria histórica empezó cuando los recuerdos estaban aún muy calientes, y no es lo bueninentencionado que a veces intentan torpe y ridículamente hacernos creer.

Buñuel en su libro de memorias "Mi último suspiro", cuenta que Lorca era una persona con un gran temor al dolor físico, y que cada vez que se acordaba de él, no podía evitar pensar qué habría sentido aquella noche, entre desconocidos, en aquel furgón en que lo llevaban para fusilarle.

Para no olvidar.

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