viernes, 19 de enero de 2007

Silencio





Palabras no dichas.
Cosas que no sabemos.
Cosas que nos guardamos.
Cosas que no nos dicen
y no decimos
Cosas que nos callan
y nos callamos
y por qué motivos tan personales, tan confusos,
tan pesados, tan absurdos, tan vanos.


Se calla por piedad, por no hacer daño, por no cambiar las cosas, por evitar las consecuencias de la verdad amordazada.

Se calla por pudor, temor, por instinto de protección, por permanecer a salvo, por ocultar la herida y la vulnerabilidad, porque hablar a veces es como desnudarse.

Se calla por egoísmo, por conservar algo propio y paladearlo a escondidas, para que opiniones ajenas no manchen con sus juicios fáciles, implacables o errados los recuerdos nuestros, más nuestros, y las verdades nuestras, más nuestras.

Se calla por desconfianza, por sospechar y evitar la incomprensión y la distorsión del otro y su mirada.

Se calla para olvidar, con la esperanza de que de verdad lo que no se nombra no exista y de que si no se nombra con insistencia termine por desaparecer.

Se calla por nada, por no hacer el esfuerzo, por dejarlo para otro día, por pensar que no merece la pena, por darlo todo por sabido, por apostar por la complicidad arriesgada y quizás ausente de los sobreentendidos.

Se calla por azar, un azar siempre fingido que nos sirve de coartada y excusa, porque no apareció ni la ocasión, ni el momento, ni las alas que abrieran la puerta a las palabras.

Cosas que habremos callado
y cosas que no nos habrán dicho.
Cosas que habremos ignorado
que tal vez
nos hubieran cambiado
nos hubieran importado
nos hubieran aliviado
nos hubieran iluminado
nos hubieran agobiado
nos hubieran aplastado.

Cosas que no han existido
sólo porque alguien ha callado.

A dónde van y dónde quedan
todos los fantasmas
las palabras que no decimos
los besos que no damos
las lágrimas que no lloramos
los recuerdos que no vivimos...

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