martes, 13 de febrero de 2007

A la mierda


Pequeña Miss Sunshine

Película disparatada, tierna y sorprendente, que parte de la conocida fórmula de la familia peculiar y extravagante que rompe los moldes de la familia convencional: el abuelo moderno y gamberro, el tío homosexual depresivo y suicida, el adolescente "autista" obsesionado con ser piloto, el padre fracasado que da cursos sobre el éxito, la madre cariñosa y comprensiva que pone un poco de cordura a todo esto y la niña pequeña, gafotas y gordinflona (que además me recordaba mucho a mí a sus años) y que quiere ganar un concurso de belleza infantil, empresa que embargará a toda la familia en una odisea tragicómica en busca del "éxito".

Por encima de tópicos o ideas repetidas, esta película nos recuerda (porque sí ,es verdad, no cuenta nada que no supiéramos) que el éxito y el fracaso son conceptos relativos y casi siempre absurdos, y que tomárselos en serio también lo es. Porque sólo tenemos una vida, ésta, que nos intentan vender como un implacable y cruel concurso de belleza, como la búsqueda de una felicidad prefabricada sacada de un anuncio, como un proyecto para encajar en una serie de modelos y roles impuestos (de familia, de mujer, de hombre, de niño, de triunfador), modelos con los que medirnos, compararnos, encorsetarnos y autorrechazarnos, cuando lo mejor que puedes ser es tú mismo, cuando la única valoración importante es la de los que te miran de cerca y te quieren por ser tú (los que te ven de lejos nunca entienden nada y pueden no ser más que borregos estúpidos midiéndote con un rasero prefabricado y siempre ajeno), y cuando lo único que merece la pena en realidad es hacer lo que te gusta. Así que lo demás... ¡a la mierda!

A destacar la pequeña Olive, que te reconcilia con la infancia entre tanto niño repelente que pulula por nuestras pantallas (y a veces por nuestras vidas), y su número final, que me resultó hilarante, sorprendente y tierno a la vez.

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