jueves, 8 de marzo de 2007

La mujer y las mujeres




Nunca he sido demasiado partidaria de commemoraciones, fechas señaladas y “Días de”. Siempre me han parecido o una excusa para recibir regalos y felicitaciones, o una forma de lavarse la mala conciencia dedicando un día a una causa que olvidamos hipócritamente el resto de los días del año, que al fin y al cabo son muchos más, y por tanto son los que importan.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, cada vez veo más su razón de ser, su sentido e incluso su importancia. Quizás porque me hago mayor, y quizás mas convencional. Quizás porque me estoy volviendo un poco kitsch. Quizás porque voy llegando a una edad en que ya me doy cuenta de que no he hecho cosas demasiado importantes, ni mi vida ha contribuido a nada, y necesite sumarme al lavado de mala conciencia reconociendo en estas fechas señaladas las causas que comparto, pero por las que yo no he hecho, en realidad, nada. Quizás, simplemente, porque trabajar en un instituto te hace participar, quieras o no, en toda clase de conmemoraciones, y algo se pega.

O quizás porque con el tiempo, yo, que siempre fui reivindicadora de que lo verdaderamente importante es la autenticidad del contenido y el fondo, y de la superficialidad y posible falsedad de las formas y los gestos, he ido aprendiendo y comprendiendo la importancia y hasta la necesidad de estos. Porque la forma canaliza, expresa, moldea y muchas veces incluso genera el contenido, y los gestos canalizan, expresan, moldean y muchas veces incluso generan el pensamiento y el sentimiento (y eso lo saben muy bien, por ejemplo, los militares, los curas y los psicólogos). De ahi que las formas y los gestos tengan su sentido y su importancia, tal vez fundamental.

Hoy es el día de la mujer trabajadora. Etiqueta equívoca, por obvia, redundante y poco clara. Así que lógicamente, como la mujer siempre ha sido, es y será trabajadora, y no siempre porque quiera serlo o porque serlo sea necesariamente bueno en sí mismo, ha terminado por convertirse en el “Día de la mujer”, a secas. Y ahí llegamos al quid de la cuestión... Hay un día de la mujer, pero no hay un día del hombre. Simplemente, porque el día del hombre daría pudor y vergüenza, y generaría mucho cachondeo (lógicamente). Porque el día del hombre no es necesario. Porque día del hombre son, en realidad y a la hora de la verdad, todos. Y así, tampoco hay un día de los ricos, ni un día de los nobles, ni un día de los políticos...

También este día genera sus bromas y su cachondeo. Tengo un compañero que todos los años hace la misma broma de buscar a esa “mujer trabajadora” (un año pusieron un letrero conmemorativo que decía “Aquí traballa unha muller”, y entonces se le ocurrió lo de preguntar “a ver quién era esa única mujer que trabajaba”, y desde entonces repite la broma, que a él, y sólo a él, le parece graciosísima), y este año había otro cartel conmemorativo que decía “Xa temos traballo, agora queremos un emprego”. Pero es un día necesario.

Hoy en el instituto hicimos una exposición sobre mujeres destacadas en distintos ámbitos, correspondientes, más o menos, a las distintas asignaturas. Y ahí estaban, brevemente reflejadas y para ser recorridas en un soplo, como si nada, mujeres que durante los largos años de la Historia, lucharon contra viento y marea, en primer lugar porque se encontraban con el obstáculo de que se les negaba su capacidad para pensar, para hablar, para escribir, para luchar, para sentir, para ser por y para ellas mismas. Además, hicimos un recital de poemas y textos de mujeres, recitados por niñas. Y me emocioné al verlos, a las recitadoras y a su público, tan jóvenes, tan pequeños, tan frescos, tan poco llenos de nada de lo que luego les echarán encima, recitando versos emotivos y reivindicativos, y oyéndolos entre risas ahogadas, bromas y algo de atención. Quizás muchos no escucharan ni comprendieran demasiado. Quizás, como yo a sus años, no entiendan muy bien el sentido de esto de dedicar un dia a la mujer, ni lo fundamental de que se la reconozca como trabajadora (quizás esa sea su suerte, pero también el peligro que corren). Sin embargo, estoy segura, segura, segura, de que algo queda. Algo que sin la gota que es este día, y esa exposición, y ese recital, tardaría mucho más en brotar.

¡Oh género femenino, encogido y frágil!, lamentaba Melibea en la Edad Media, cansada de ser siempre objeto y nunca sujeto, pidiendo, como Cernuda tantos siglos después, el derecho fundamental a decir y escoger lo que se ama, durante siglos y siglos y siglos negado a la mujer... Siglos de infelicidad. Siglos de oscuridad. Siglos de no ser. Siglos de morir desde la cuna hasta la tumba. Siglos de trabajo silenciado. Siglos de violencia. De la peor de las violencias: la continua, muchas veces sigilosa y camuflada, la heredada, la asumida, la no identificada, la no cuestionada, la que no te deja ser, la que no permite respuesta, la que a veces estalla. Siglos de lucha hasta hoy, en que la mujer empieza, por fin, a ser reconocida como trabajadora.

Porque sí, la etiqueta no está cogida al azar; esa es la clave: el trabajo, la llave para la independencia económica, la clave, el centro, la matriz, el ojo del huracán alrededor del cual giran y se confunden, como causas y consecuencias, la libertad, la dignidad, la independencia, la elección, la autonomía en todos los ámbitos de la vida, la afectividad y la personalidad. Y sí, la mujer sigue pagando un alto precio por todo ello, y sigue sufriendo, y sigue trabajando, y sigue luchando, porque no todo está hecho y logrado, ni mucho menos, y sigue el silencio, y siguen los obstáculos, y sigue la violencia. Y además, los cambios son terribles y no siempre bien asumidos, sobre todo por los que se sienten perjudicados y atacados, porque la educación de siglos que nos ha moldeado la mente y el corazón no les ha preparado para esto. Y en esas seguimos, y en esas estamos, y por eso, entre otras cosas, es el de hoy un día necesario.

Somos herederas de una lucha consciente, difícil, ahogada por obstáculos y trampas, las peores, las de la educación que las propias mujeres asumían y que las imposibilitaba para luchar. Por eso esa lucha en sí misma fue, y es, una conquista y un logro. Una lucha que ha conseguido sus triunfos, pero que no debe darse por terminada ni debe cesar. No sería justo. Por nosotras y por ellas: las que abrieron camino, las que sufrieron, las que pelearon, pero sobre todo, las que no pudieron. No pudieron tener lo que nosotras tenemos, y lo que nuestras hijas, y nuestras nietas, y sus hijas, y sus nietas, tendrán.

Yo no quiero reivindicar más la igualdad, porque no me gustan las comparaciones y porque yo no quiero ser igual que nadie, ni creo que la lucha de la mujer sea reivindicar esa igualdad que la obliga a medirse por el rasero del hombre. La mujer no tiene por qué intentar ser como el hombre, ni intentar demostrar continuamente que lo es o puede serlo. La mujer debe poder ser distinta, si quiere. Ni mejor ni peor: distinta. La lucha por la igualdad fue un trámite, un medio, una “forma de entendernos”, pero el horizonte es otro.Es, simplemente, la dignidad, la libertad, la justicia y el respeto. Con sus causas y sus consecuencias. Es la nuestra sobre todo una lucha contra la dependencia, que es terrible, y peligrosa, y dañina ,sobre todo cuando es impuesta.

Porque la mujer quiere ser trabajadora (aunque a muchas no nos guste especialmente trabajar), y como tal ser reconocida y considerada a todos los efectos, para luego poder querer (o no) ser madre, amiga, hermana, novia, esposa, amante, hija, ex, compañera.

Hay quien dice que ojalá llegue el día en que este día no sea necesario. Yo creo que siempre lo será. Para recordar, para la memoria, para valorar. Para no olvidar. Porque, por mucho que se consiga o muy lejos que se llegue, el olvido será siempre peligroso, ignorante e injusto con el camino que nos llevó hasta allí.

Podría elegir una canción cantada y escrita por una mujer, o una claramente reivindicativa como el "Eva" de Silvio (Eva sale y remonta vuelo, Eva deja de ser costilla, Eva no intenta vestir de tul, Eva no cree en un príncipe azul, Eva no inventa falso papel...) Pero hoy prefiero el Woman de Lennon: el himno a la mujer compañera que puede elegir serlo.

Felicidades.


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