martes, 6 de marzo de 2007

Realismo y magia


"A pesar de los viajes a la luna, a pesar de las seis suites para chelo solo, a pesar de tantas glorias del alma, los seres humanos seguimos siendo iguales a los perros. Soy consciente de cómo me miran los hombres (y algunas mujeres, por supuesto), de cómo me eligen a distancia y se abren paso en la muchedumbre y vienen a mí, y me saludan con un beso que a todo el mundo le parece convencional, pero que no siempre lo es. ¡Qué va! La mayoría lo hacen sólo para olfatearme, como los perros de la calle, y las mujeres tenemos un instinto para soltarles a unos un olor que les dice que no, y para soltarles a otros un olor que les dice que sí. Entre la gente que conocemos, aun entre los amigos más íntimos, cada mujer sabe quiénes son los hombres que sí, y ellos también lo saben. Es una comunidad unida por un pacto confidencial del cual nunca se habla, y quizás ni se hablará nunca, pero que está ahí, siempre alerta, siempre disponible, por si acaso"

"De manera que llegado el día, no ha de faltar un hombre que me ame de sobra para despertarme de amor cuando me haga la dormida, para que me tumbe la puerta del baño cuando lo esté haciendo esperar demasiado, para que no le asuste ser un vampiro en una que otra luna, y que sea capaz de serlo donde sea y como sea y no siempre en la cama como los muertos. Un hombre que no deje de hacerlo conmigo porque se imagina que no quiero, sino que me obligue a querer hacerlo aunque yo no quiera, a todas horas y en cualquier parte, como sea y donde sea, y que aun en las tinieblas exteriores o en los finales más aciagos sepa siempre que soy yo la que está con él, y que soy yo y ninguna otra la que fue mandada a hacer sobre medidas para hacerlo feliz y ser feliz con él hasta la puta muerte."

"Y si no lo encuentro, no importa. Prefiero la libertad de estarlo buscando hasta siempre que el horror de saber que no existe otro a quien pueda querer como sólo he querido a uno en esta vida."

"¿Sabes a quién?"

"A ti, cabrón. A ti, el pobre diablo con quien me fui desnuda desde antes de nacer, al que vigilaba el aliento mientras dormía para estar segura de que estaba vivo y era mío, y le revisaba cada pulgada de su piel de recién nacido para cuidar que no le faltara nada: ni un surco de más, ni un poro de menos, ni nada que pudiera perturbar el reposo de lo que era mío."

"Porque yo lo inventé para mí, tal como lo soñé a su propia imagen y semejanza desde mucho antes de conocerlo, para tenerlo mío hasta siempre, purificado y redimido en las llamas del amor más grande y desdichado que existió jamás en este infierno"

Gabriel García Márquez: Diatriba de amor contra un hombre sentado.





Esta es una de las más bonitas, rotundas y auténticas declaraciones de amor que he leído jamás, y que sólo podía salir de la misma entraña de la que salieron los "Cien años de soledad" o "El amor en los tiempos del cólera", para meterse en mí, y en tantos otros lectores (qué poco original soy, qué acompañada y comprendida me siento) a lo largo de estos sesenta años de realismo, magia, sabiduría y poesía desbordando cada una de las palabras que junta, con la armonía de la danza y la intensidad del instinto, la mano que hoy, este 6 de marzo, cumple ochenta años.

Felicidades, maestro. Y que cumplamos muchos más.



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