miércoles, 11 de abril de 2007

Manzanas de Tántalo



La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas distilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

Amantes, no toquéis, si queréis vida;
Porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
Cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;

Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.

Luis de Góngora



Tántalo, en la mitología griega, era rey de Lidia e hijo de Zeus. Los dioses honraron a Tántalo más que a ningún otro mortal. Se conoce a Tántalo por haber sido invitado por Zeus a la mesa de los dioses en el Olimpo, pero para "presumir" de ello, a Tántalo no se le ocurrió otra cosa que ir revelando los secretos que había oído en la mesa y, por si eso fuera poco, robó algo de néctar y ambrosía (precisamente el "licor sacrado que a Jupiter ministra el garzón de Ida" del que habla Góngora) y lo repartió entre sus amigos.

Tántalo quiso corresponder a los dioses y les invitó a un banquete que organizó en el monte Sípilo. Cuando la comida empezó a escasear, decidió ofrecer a su hijo Pélope: descuartizó al muchacho, coció sus miembros y los sirvió a los invitados. Los dioses, que habían sido advertidos, evitaron tocar la ofrenda. Devolvieron la vida a Pélope y decidieron un castigo terrible para Tántalo: lo colgaron para siempre de un árbol en el Tártaro y fue condenado a sufrir sed y hambre angustiosas y eternas. Bajo él había un estanque de agua pero, cuando se detenía a beber, el estanque quedaba fuera de su alcance. El árbol estaba cargado de peras, manzanas, higos, aceitunas maduras y granadas, pero cuando estaba cerca de las frutas el viento apartaba a las ramas.

Tradicionalmente, Tántalo simboliza la tortura del ansia eterna imposible de calmar, la tentación sin satsfacción, el deseo eternamente insatisfecho. Pero quizás simbolice simplemente el deseo, que es así, sólo así, y siempre así, ya que por definición, desaparece cuando es colmado. Y por tanto, sólo puede perdurar cuando es insatisfecho y no logra aquello que persigue.



El deseo es el ansia de encontrar su propio final, y lo que le da sentido, como a casi todo, es precisamente su contrario.

Y del deseo al amor, a veces, sólo hay un paso.

Por lo demás, Tántalo debería ser proclamado, sin duda, el patrón de los publicistas.

2 comentarios:

don diego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Gracias! Estoy leyendo "El novio del mundo" de Felipe Benítez Reyes y aparece un par de veces la expresión "mi manzana de Tántalo" cuyo significado desconocía hasta que he leído este artículo =)
Les recomiendo encarecidamente ese libro.

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