jueves, 19 de abril de 2007

Relámpagos, sujetadores, casualidades y suerte


Cuenta La voz de Galicia:

"Al parecer, sólo hay una posibilidad entre 79.746 de que de una persona muera fulminada por un rayo. Pues bien, una vecina de Vilagarcía podría haber engrosado la lista de esa remota estadística de no ser por la varilla del sujetador que llevaba, que hizo de hilo conductor y la salvó de morir quemada.

El suceso tuvo lugar el pasado miércoles, cuando sobre la provincia de Pontevedra cayó una fuerte tormenta. Una vecina de Vilagarcía se encontraba entonces en una finca de su propiedad plantando patatas acompañada de su marido. La tormenta los sorprendió en plena faena, y antes de que les diera tiempo a retirarse, un rayo cayó encima de la mujer.

La víctima, más asustada que otra cosa, se fue para su casa, pero como sufría fuertes dolores en las piernas, su familia la llevó al Hospital do Salnés. Fueron los médicos de urgencias que la atendieron quienes le confirmaron que la varilla metálica del sujetador que llevaba le había salvado la vida al hacer de hilo conductor e impedir que el rayo le quemase el cuerpo.

Según indicaron fuentes sanitarias, la víctima llegó al hospital con una pequeña contusión miocárdica, ya que el rayo le entró por el costado derecho, siguió la trayectoria del aro del sujetador y salió por el lado izquierdo, y fue ahí, en la salida, donde le produjo una pequeña quemadura cerca del corazón. En cuanto al dolor de piernas que todavía sufre la víctima una semana después del suceso, se debe a que la pierna izquierda hizo las veces de toma de tierra, por lo que se le quemaron algunos nervios y sufrió un leve trastorno de la sensibilidad.

La mujer no estuvo ingresada más de veinticuatro horas, aunque sigue bajo control médico por si aparece alguna inflamación de miocardio u otra secuela provocada por la fuerte radiación a la que estuvo expuesta."



Este es uno de esos sucesos, relativamente frecuentes en Galicia, que García Márquez sabría contar con toda su naturalidad y poesía no premeditada, convirtiendo en mágico el realismo.

Existe una posibilidad entre 79.746 de morir fulminada por un rayo... Y dentro de ella, no sé cuál será la posibilidad de que te salve la varilla del aro de tu sujetador. Lo excepcional, la casualidad imposible de prever, existe. Algunos hablarán de suerte, de azar puro y duro; otros de destino; otros, de providencia.

En todo caso, puede resultar simplemente curioso o terrorífico de qué cosas y azares depende a veces la vida o la muerte, y qué poco importan entonces el estudio y concienzudo recuento de la estadística, posibilidades y probabilidades con que nos afanamos los diminutos e insignificantes mortales, vapuleados por un cosmos inmenso y caótico, que nosotros intentamos ordenar y racionalizar creyéndonos grandes, pero que nos desborda, nos lleva, nos trae, nos zarandea, nos despista, nos engaña, nos burla, nos sorprende y juega con nosotros como le da la gana.

Qué pequeños somos,de qué cosas tan pequeñas depende lo más grande que tenemos y de qué minucias absurdas depende lo que somos.

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