viernes, 11 de mayo de 2007


Marta Botía: Dices no


No, no, no, no, no, no, no, no, no y no.

Qué a gusto me he quedado.

Porque en realidad, a mí me cuesta un montón decir que no, lo cual en algunas ocasiones puede ser bastante engorroso e incluso un problema serio. En un curso sobre relaciones interpersonales que estoy haciendo explican que eso es falta de asertividad (que es la capacidad de relacionarse de forma adecuada, satisfactoria, sana y efectiva con los demás) y una señal inequívoca de la falta de autoestima suficiente para relacionarse de esa forma "adecuada y sana" (los psicólogos tienen muy claro qué es eso y qué no es; a mí me cuesta más, pero como soy poco asertiva, con poca confianza en mí misma, y con una autoestima pelín deficiente, les creo, porque no me atrevo a decirles que no).

Alguien dijo (Antonio Gala, creo) que "yo" y "no" eran las palabras más importantes del idioma, y que estaban estrechamente relacionadas entre sí (bueno, esto último no sé si lo dijo; pero lo concluyo yo por mi cuerta, en un ejercicio de fortalecimiento de mi debilitada autoestima que me vendrá muy bien). Saber decir "no" sería una forma importantísima o incluso fundamental de afirmar el "yo". Es decir, negar(se) a los demás es afirmar(se) a uno mismo. Es decir, ocupamos el espacio que nos atrevemos a "robarles" a los demás. Es decir, la conquista de la propia identidad y personalidad se hace necesariamente en abierta confrontación y oposición dialéctica con los demás. De hecho, creo que todos los niños pasan por una fase del "no", relacionada con esa afirmación del yo, aunque por lo visto luego algunos sufrimos una regresión y se nos olvida todo lo aprendido.

En consecuencia: para afirmarnos y construirnos necesitamos impepinablemente a esos "demás" a los que oponernos. "El infierno son los otros" decía Sartre, pero son un infierno necesario para que uno mismo exista y para conquistar nuestro paraíso personal, que yo supongo que es el de la autoaceptación y la paz con uno mismo. O, como dirían los psicólogos, el autoconcepto adecuado y la autoestima fuerte que nos permitirán además ser asertivos, es decir, poder relacionarnos adecuadamente con los demás, o sea, con los otros, para lo cual, está claro pues, es imprescindible saber decir NO... Y es que ya Dante situaba el infierno como el primer paso para llegar al Paraíso. Sin infierno no hay paraíso; sin los otros no hay yo; sin "no" no hay yo feliz ni felices relaciones con los otros.

Y ahora, que alguien me diga que no, si se atreve ;-).


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