martes, 19 de junio de 2007

Deseos y tiranías


"Leo libros que enseñan que la libertad y la independencia son lo más bonito de este mundo. Y me distraigo pensando que lo más bonito es Luis Alberto tumbado sobre mí a la luz de la luna, en el calor de aquel verano que parece tan antiguo y fue este mismo.

Leo libros que aseguran que buscar la seguridad en nada es una gran demencia. Y sin embargo, me atormenta que no me llame ni me busque un hombre que debe de ser tremendamente libre e independiente, y al que sin duda le gusta estar de cuando en cuando solo... Es lo que yo me digo. Yo soy celosa, y egoísta y tonta, y quisiera que me perteneciera en exclusiva todos los días del año. Aunque quízá eso fuera demasiado y resultaría hasta empalagoso. Porque hacer el amor sin parar tiene que dar por tierra con el diálogo, con el deseo, con la pasión, con el gusto de encontrarse de repente como por casualidad...

Dios mío, ¿qué pasa con nosotras las mujeres de hoy en día que aún le damos una importancia suprema a las cosas del corazón? ¿Es que habrá hombres así por este mundo? Soy moderna, pero en fin... Qué rabia me da que yo me vuelque del todo en cuatro días y ame a la otra persona como si fueste el verdadero e insustituible amor de mi vida (y es que lo es). Y me da rabia que me gusten tanto los besuqueos, los abrazos, las caricias y todas esas cosas que está feo decir. No quiero ser así. Pero, por más libros que leo de feministas y de feminismo -y de psicología también, ¿eh?- no logro hacerme una mujer de hoy en día. Mis compañeras, ya lo sé, pasan de estos romanticismos estúpidos y van directamente al grano: atenciones, obsequios, cenas, salidas, copas... Yo desgrano mis días añorando un roce de arrebato efervescente. Un roce o lo que sea.

No sé si cambiaré, ahora que me doy cuenta de mis errores. Yo me lo repito: hay que ser valerosa, levantarse y huir de la mesa camilla, y vivir el presente. ¿Y con quién voy a vivir el presente, si Luis Alberto no aparece y nadie lo ha sustituido? Lo que me ocurre es que a veces me pregunto si no andaré de lado como un cangrejo, o si no me sentaré demasiadas veces a descansar. A descansar, ¿de qué? No; no hay que mirar tanto a los demás. Amar no significa entregarse atada de pies y manos. Porque la otra persona también tendrá sus pies y sus manos y su camino. Y que tropezará como yo, vamos. Y que recorrerá los mismos andurriales queyo... En el fondo eso a mí qué me importa. Yo lo que quiero es que me amen y que me estrujen."

Antonio Gala: "El corazón tardío"

Vivimos tiempos confusos y difíciles, muy difíciles, para la lírica. Los peores tiempos para la lírica, diría yo. Los derechos por los que tanto luchamos alguna vez y que tanto costó conquistar parecen amenazar con convertirse en obligaciones tiránicas que nos pueden llegar a oprimir casi tanto como en otra época oprimió su falta. Por poner tres ejemplos de estas nuevas obligaciones tácitas: la libertad sexual, la independencia afectiva y el viajar cuanto más lejos y exótico mejor. De privilegio pasaron a derecho, y de ahí se están convirtiendo en una sutil imposición en ocasiones tan trivial y absurda como una moda.

Ya sé que nuestra sociedad en su conjunto es en realidad bastante reaccionaria e hipócrita (y al discurso de los mass media me remito), pero entre los sectores más in y bien pensantes se ha huido hacia el otro extremo, y lo que una vez se reivindicó como derecho, parece haberse convertido ahora en obligación, en un molde impuesto en el que parece vergonzoso no encajar.

Hoy parece una obligación el estar sexualmente liberado, el llevar (o el haber llevado alguna vez) una vida sexual bastante activa y a ser posible promiscua, haber aprendido a desligar el sexo del amor y a desmitificar la fidelidad. Y creer o practicar lo contrario de alguna de estas cosas puede llegar a ser visto como raro, retrógrado o casi vergonzoso. Por otra parte, el feminismo, cuyos principios últimos me parecen obviedades indiscutibles, ha generado mixtificaciones peligrosas si se toman en serio y a rajatabla. Yo, como el personaje de Gala, leo libros -por ejemplo, el cacareado y polémico (por la sombra del plagio) Ya no sufro por amor, de Lucía Etxebarría, que describen el amor (ese sentimiento milenario que parece ser un universal humano, aunque sus concreciones posibles sean tantas y tan variadas) como "dependencia emocional", como una anomalía o una enfermedad contra la que conviene inmunizarse y/o curarse cuanto antes, y que llega a censurar como dañinas canciones de amor, novelas y películas en las que se expresa ese sentimiento ¿inevitable?.

Del mismo modo, la igualdad entre hombres y mujeres (que yo reinvindico, y me parece obvio, en el plano jurídico, laboral y social) ha llevado a que se considere la aceptación de diferencias físicas, intelectuales y emotivas entre hombres y mujeres (que no tienen por qué implicar inferioridad o superioridad) como algo "escandaloso", sexista, políticamente incorrecto o reaccionario. Sin ir más lejos, hace poco un amigo -que es bastante más conservador que yo- se sorprendía e incluso se escandalizaba al oírme decir que yo prefería un adolescente difícil a una adolescente difícil, porque a esa edad las chicas complicadas lo suelen ser de una forma bastante más intrinciada y compleja, y por tanto difícil de solucionar, que los chicos. Y se escandalizaba porque le parecía un comentario sexista, cuando es algo que yo he aprendido con la práctica de mis años como docente.

Y aunque yo defiendo, repito, con plena convicción, los principios del feminismo, y creo un derecho imprescindible la igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a derechos, deberes, oportunidades y dignidad, lo hago desde mi condición de mujer y sin poder dejar de percibir lo que nos diferencia de los hombres, pero sin sentirme por ello ni mejor ni peor. Y comprendo muy bien a Ally Mcbeal o a Bridget Jones, que representan ese tipo de mujer exitosa e independiente laboralmente pero que, en una actitud considerada reaccionaria, suspiran por un "marido". Y las comprendo no porque suspiren por un marido, sino porque en el fondo suspiran por el amor, y eso no puede ser nunca ni vergonzoso, ni reprobable, ni implicar que renuncies a tus derechos como mujer, es decir, como ser humano. Yo reivindico que se suspire y se añore y se desespere por amor, aunque sea una dependencia emocional y un desequlibrio psicológico. Y que luego cada uno lo viva como pueda o como quiera (si es afortunado): con matrimonio, sin él, con hijos, a tres bandas, a lo moderno o a lo antiguo. Y que el que quiera ser reaccionario, y dependiente, y sufrir por amor o por su cuerpo, que lo haga. Que la libertad y todas sus formas sean un derecho, no una obligación, que cada uno puede encontrar la felicidad o su espejismo donde otro encontaría el infierno.

En Un mundo feliz, Aldous Huxley dejaba claro mucho mejor que yo que la felicidad prefabricada con axiomas generalistas y prejuicios se consigue a base de anular lo más grande que uno puede ser, que es uno mismo. Así que quiero negarme a que no nos impongan los deseos, los sueños y las apetencias, y reivindico el derecho a desear lo que nos dé la gana sin tener que avergonzarnos de ello. Aunque sea un típico matrimonio con hijos o poder veranear todos los años en Benidorm.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Un matrimonio con hijos o veranear en Benidorm, no deja de ser otra "moda" u otro cliché del pasado, contra los que otros se rebelaron; como tú ahora. ¿Por qué, qué es lo que escapa a las modas y clichés y qué es lo innato?. Quizás lo innato sea viajar cuanto más lejos y exótico mejor o ser un promiscuo sexual.

Quizás.

kamala dijo...

De acuerdo con que todo son "modas". Imposible escapar a ellas, supongo. Así que la única "libertad" posible sea elegir entre ellas.

Innato no tengo yo claro que sea nada de esto, y hay quien dice que lo innato no siempre es lo "mejor"´.

En todo caso, se puede ser feminista sin renunciar a otras cosas, como el amor, el deseo de encontrarlo o la "feminidad" (sea eso lo que sea). Eso era lo que quería destacar, pero está claro que, como siempre, me fui por las ramas.

cansei de ser Cesar dijo...

Yo creo que la idea contemporánea de "amor" (que en mucha gente se convierte en la única idea de trascendencia en sus vidas, al haber muerto Dios)tiene los días contados porque es poco práctica. de todos modos, eso del amor tal y como lo vemos ahora en una invención burguesa del siglo XVIII, antes era otra historia. Lo del sexismo es verdad, en arquitectura es muy descarado, yod efiendo a tope a las feministas más radicales y extremas.Por ejemplo Beth Ditto:
http://news.sawf.org/Gossip/37903.aspx

kamala dijo...

¿y los que crecimos con esa invención burguesa y nos la creímos? ¿Cómo hacemos? Porque sustituirla no es tan fácil, eh...

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