martes, 5 de junio de 2007

Du yu espik inglis?


Hoy tengo el examen oral de inglés, y estoy nerviosa, más que por el hecho de aprobar o suspender (que también, para qué negarlo, aunque si me aprobaron el churro que me salió la parte de gramática -por causas ajenas a mi voluntad, conste- no creo que me suspendan por el oral), sino por el mal rato de tener que estar un cuarto de hora intentando balbucear algunas palabras mínimamente coherentes en esta la lengua de seres tam dispares como Shakespeare o Bush, que llevo años estudiando, y que se me da bien (profesora mía dixit). Pero ojo: se me da bien entenderla, no hablarla. Y me interesa aprenderla para entender, no para hablar (si viajara un poco más al extranjero, la cuestión sería otra, pero para el tipo de viajes que suelo hacer más me valdría aprender, por ejemplo, portugués).

Mi interés por la lengua anglosajona surgió hace muchos, muchos años, allá por los últimos ochenta, cuando yo engrosaba las listas de la última generación que estudió francés en el cole y en el instituto, pero que creció bombardeada por el inglés (las canciones, la cultura pop, nuestros ídolos y sus nombres, las películas...) y por una creciente y obsesiva demanda: hay que aprender inglés, sin inglés no vas a conseguir trabajo, sin saber inglés vas a ser una especie de paria de clase B que no podrá hacer nada frente a las nuevas generaciones espikingleantes. Pronto, pues, quise estudiar inglés por mi cuenta, y mi mayor motivación fue siempre que las letras de las canciones anglosajonas (que constituían el 80 % de la música que escuchaba por aquel entonces) dejaban de ser una enigmática sucesión de sonidos para ir adquiriendo poco a poco significados: primero significados sueltos (qué alegría ir reconociendo los I need you, los the same, los I will, los I do, los forget, los run, el do you love me, etc. etc.), luego ya algunas secuencias largas que iban cobrando sentido mágicamente. En hablar, nunca mostré un interés que superara el afán de poder tararear algún estribillo, eso sí, por lo bajito. Así que lo tengo asumido: nunca hablaré inglés, ni con fluidez ni sin ella, porque no quiero (y es más, me siento muy ridícula; sé que es ridículo -valga la aparente paradoja-, pero no puedo evitarlo).

Todos sabemos por qué nos invade el afán de entender y hablar inglés, de aprenderlo, y todos sabemos por qué entran en aluvión palabras y expresiones que, aunque nombren lo mismo que nuestras grises y provincianas palabras españolas, parecen tener mucha más prestancia y glamour, y nos hacen sentir modernos y elegantes, como decía aquel irónico artículo de Julio Llamazares, "Modernos y elegantes", que os enlazo y recomiendo que leáis, porque es muy divertido.

Los lingüistas debaten y discuten sobre las consecuencias y los riesgos de la la uniformización lingüística, que tiene sus defensores y sus detractores, ya que tiene sus pros y sus contras:



  • Su principal pro: facilita enormemente la comunicación y amplía sus posibilidades, y las lenguas son, en primera instancia y sobre todo, un medio de comunicación, y cuanto más la faciliten, mejor.


  • Su principal contra: cada lengua conlleva no sólo una cultura, sino toda una forma de conceptualizar el mundo, de verlo, de entenderlo; si sustituimos la lengua, sustituimos la cultura, el pensamiento, casi la personalidad. Aparte del evidente empobrecimiento cultural, la tendencia a la lengua única es la tendencia al pensamiento único y una forma aparentemente sutil pero que puede ser muy efectiva (quizas por esa misma sutileza) de control y dominio.


En todo caso, lo que me importa ahora mismo es que en apenas una hora, tendré que estar conversando en inglés (cosa que evito concentradamente y con bastante éxito en las clases, y mira que tiene mérito, porque los habituales somos cinco), con otro examinando, que con muchísima y terrorífica probabilidad será uno de mis alumnos de 2º de Bachillerato, a los que, por cierto, hablar inglés se les da muchísimo mejor que a mí. Qué ganas tengo de que pase.

Y para consolarme y entretener los nervios, dejo aquí unos vídeos ilustrativos (como siempre, me he documentado a fondo ;-)) de tan compleja e interesante cuestión:

Un ejemplo de la acuciante necesidad de aprender inglés, aunque no estemos ni en el show bussines ni en los bussines a secas:






(La canción, por si alguien sabe aún menos inglés que yo, dice "quiero follarte por el culo". Veis cuanto he aprendido...)


Un divertido curso de inglés de los Gomaespuma:








Y un par de ejemplos de hasta donde podemos llegar si nos aplicamos en esto de aprender inglés. Por si a alguien le falta motivación:












¿Y vosotros cómo andáis de inglés? ¿Algún rebelde en la sala o todos habéis cedido, como yo, a la invasión?

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