domingo, 17 de junio de 2007

Sentido

Macbeth

Nuestros actos prosiguen su camino,
que no conoce término.
Maté a mi rey para que Shakespeare
urdiera su tragedia





DE QUE NADA SE SABE

La luna ignora que es tranquila y clara
y ni siquiera sabe que es la luna;
la arena, que es la arena. No habrá una
cosa que sepa que su forma es rara.

Las piezas de marfil son tan ajenas
al abstracto ajedrez como la mano
que las rige. Quizá el destino humano
de breves dichas y de largas penas

es instrumento de otro. Lo ignoramos;
darle nombre de Dios no nos ayuda.
Vanos también son el temor, la duda

y la trunca plegaria que iniciamos.
¿Qué arco habrá arrojado esta saeta
que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta?



Del gran Jorge Luis Borges, ciego clarividente, mago de la paradoja, malabarista de los enigmas y poeta.

Quizás nuestros actos, nuestros accidentes y nuestras vidas sí tengan un sentido - una finalidad, tal vez una importancia- oculto, insospechado, que sólo podríamos percibir y entender viéndolo todo, absolutamente todo, fuera del laberinto, en perspectiva, desde arriba.

Pero qué más da, si nunca podremos saberlo desde nuestra triste posición de peones ciegos, ignorantes y torpes, siempre a ras de tablero, traídos y llevados por quizás causas, quizás azares.

Sólo podemos aferrarnos al misterio, al enigma, a la poesía, a la ficción, a la posibilidad. A la esperanza de una oculta grandeza.



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