martes, 9 de octubre de 2007

Perros callejeros

Viendo el post anterior, me han venido a la mente canciones y recuerdos de mi infancia. Por cierto, empiezo a pensar que mi infancia empieza a quedar demasiado lejos y se empieza a perder en la nebulosa del tiempo. Empiezo a verla ya muy difulminada, como un dibujo que ha sido borrado en parte sobre el lienzo original. De pequeño, sobre los 12 o 13 años tuve una época en la que me hice fan de "Los Chichos".



Iba mucho con mi amigo Santi y nos gustaba ir con los hermanos mayores de éste (si mi madre se entera). Era gente que estaba metida en el mundo de la droga -la heroina hacía estragos por aquel entonces en España- incluso un hermano de Santi murió a causa de aquellas sustancias, de aquella vida; murió como tantos miles de jóvenes en España. Nos íbamos a veces con su hermano y su amigo "solis" (nunca supe si era apellido, nombre o ninguna de las dos cosas). Un chico de aspecto agitadao y macarril que vestía pantalones pitillo, cazadora de napa negra y unos zapatos de punta rojos e iba lleno de cadenas de oro. Asustaba el verlo venir...pero nosotros nos íbamos a veces con ellos en un Seat-132 a dar alguna vuelta, al compás de "los chichos".

El otro día, hace ya meses no puede resistir la tentación de comprarme un disco de ellos y recordar viejas canciones. El grupo nacido en los '70 era el máximo exponente de una juventud marginal y desencantada, pobladora de las chabolas y suburbios de grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Alcanzó un notable éxito, sobre todo gracias a las canciones del gran "Jero", auténtico alma del grupo y estupendo letrista. Después, con la marcha de éste (por causa de las drogas, entre otras cuestiones) y su posterior suicidio, el grupo perdió fuelle hasta casi desaparecer.

Así mismo, surgieron otros grupos imitadores, que trataban de llenar el espacio rumbero dejado por estos, sin conseguirlo. Simplemente, me acordé de ellos y de esa parte de la juventud que ellos representaban (incluso con un tipo de cine al efecto). Muchos de esos jóvenes (auténticos perros callejeros) quedaron en el camino, otros se reciclaron y otros alumbraron hijos para que los sutituyeran en el mundo marginal en el que se mueven. La pobreza y la marginalidad tiende a heredarse y a retroalimentarse.

Hoy esa música, Los Chichos, ha quedado relegada a las vitrinas de las gasolineras y mercadillos, alejada del gran público y de la nueva clase media. Esa música ya no aparece en la televisión ni en los programas de radio, esa música (para algunos símbolo de la horterada nacional) sólo es posible escucharla ya en barrios como el de las 3000 viviendas en Sevilla, o zonas de Barcelona o algunas zonas de Vallecas en Madrid, etc... En este blog, versicolor, abigarrado donde los haya, no podía faltar un espacio para "El Jero" y compañía...

video

1 comentario:

kamala dijo...

Yo creo que los Estopa intentaban -no sé si con demasiada consciencia- coger el testigo de los Chichos, los Chunguitos y grupos así, de rumba auténtica, visceral y popular, pero terminaron absorbidos por la industria que les obligó a no salirse de tres clichés admisibles y correctos.

De hecho, en pleno boom del dúo catalán, muchos tuvimos acceso a la maqueta original de su primer disco, en la que la canción del medio de los Chichos hablaba del enganche del personaje y de que en el más allá tenía mono y solo quería volver para chutarse algo. Y mira en qué la convirtieron.

Creo que ya lo he dicho alguna vez, que hoy por hoy no dejarían que grupos como los Chichos llegaran hasta nosotros. Son malos tiempos para la música, pero yo cada vez me convenzo más que no por el pirateo y eso de que tanto se quejan, sino por la maquinaria implacable, ciega, pacata y paleta de la industria musical.

Ojalá pueda volver a haber música sin industria. Que ya sé que la hay, pero es difícil llegar a ella.

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