martes, 20 de noviembre de 2007

De espaldas


























Creo que ya he comentado en alguna ocasión que nunca he sido demasiado aficionada a la pintura ni tengo apenas conocimientos sobre la materia y su historia. Pero sí me siento intuitivamente atraida y fascinada por determinados cuadros, que suelen coincidir con los que luego gustan a todos los que en realidad no tienen demasiada idea ni de arte ni de pintura, y que por tanto podemos encontrar más fácilmente en tiendas de decoración, páginas divulgativas y similares.

Durante años, allá en mi lejana adolescencia y primerísima juventud, tuve una reproducción bastante mala de la "Muchacha en la ventana" de Dalí en la blanca pared de mi habitación en la casa de mis padres. Llegó a mí por casualidad, y me decidí a ponerlo en la pared porque siempre me han gustado los tonos azules que predominan, y fue a fuerza de mirarlo sin querer, tras abrir los ojos cada mañana y antes de cerrarlos cada noche, que me fui dejando arrastrar por un algo más, un significado simbólico (o algo así) que seguramente estaba más en mí que en el cuadro. La muchacha de espaldas, de rostro desconocido, de espaldas al espectador que la contempla, que se asoma a la ventana y contempla el exterior sin adentrarse en él, con esa postura de la pierna que evoca (al menos para mí) una actitud soñadora, una ilusión, una serenidad, una posibilidad. Un paisaje marítimo, con su barco y su viaje, que está en la ventana pero que parece lejano. El gris interior y el azul exterior, y la ventana que los comunica. El descuido, la familiaridad, la informalidad de la prenda blanca en el alféizar. Nuestro contemplar su contemplar, quizás para hacerlo nuestro y hacernos consciente del nuestro propio. La muchacha de espaldas. El rostro desconocido por adivinar, intuir, imaginar.


Años después sentí un flechazo inmediato con el otro cuadro, "La mujer de espaldas",que parece ser que corresponde a la misma época de este pintor, Salvador Dalí, cuya figura nunca me resultó especialmente atrayente, por estética y por ética, aunque reconozco que mi idea sobre él está construida sobre los cuatro tópicos que compartimos los incultos de los mass media y la divulgación, y sobre un par de oscuros incidentes vinculados a la historia de la literatura, a Buñuel y a Lorca. Esta otra muchacha, que a mí me parece mayor que la del cuadro de la ventana (no sé bien por qué), está ya sentada, más integrada en el paisaje que contempla, mucho más cercano, humano, artificial y terreno (el azul deja paso a los marrones). Y ella, serenamente sentada, parece mucho más mujer, mucho más sensual con eso hombro que deja al descubierto la ropa que cae, también con cierto descuido y también contemplativa.


Creo que lo que más me atrae, aunque yo no me haya dado demasiado cuenta hasta ahora, es la figura de la mujer de espaldas. La mujer opaca para el hombre, que decía Saramago, quizás deseada, quizás admirada, quizás amada, pero pocas veces conocida y muchas menos comprendida. La mujer vista y soñada por el hombre, cuyo rostro prefiere imaginar. ¿Miedo? ¿Incapacidad? ¿Respeto? ¿Sueño? ¿Amor?


La mujer desconocida cuya figura incompleta el hombre puede completar con sus deseos y sus sueños. El rostro oculto que uno puede idealizar. El misterio que atrae e invita a soñar. Porque la imaginación no tiene las trabas, ni los límites incontestables y grises de la realidad. Porque lo desconocido nunca puede decepcionar.

"Ocúltame tu alma para que pueda creerla siempre bella", dijo George Sand, y en una película de Isabel Coixet decían algo así como que "es muy difícil dejar de amar a alguien a quien apenas se ha conocido". Quizás ese sea el secreto del amor. Quizás el hombre sólo pueda amar a una mujer de espaldas.

2 comentarios:

elrayoverde dijo...

Quizás tengas razón...la resistencia que oponemos a conocernos a nosotros mismos es lo que nos sirve para idealizar las cosas, a la mujer, al concepto de mujer desconocida, que nunca nos decepcionan.
Pero me doy cuenta que ese desconocimiento separa la realización del deseo,en esa mujer de espaldas aparece la posibilidad de la construcción de un deseo común pero la dificultad reside en trascender nuestro ego y dominarlo,en superar esa postura soñadora.

kamala dijo...

Hum... La cuestión es ¿por qué o para qué abandonar esa postura soñadora?

Gracias por pasarte por aquí.

Un saludo.

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