viernes, 23 de noviembre de 2007

Después


Ya me gustaría a mí llegar a merecer un velatorio siquiera similar al que tuvo el gran Fernán-Gómez, figura de la que yo, en estos días de semblanzas, balances, recuerdos, condolencias e incluso premios póstumos (qué morro, qué absurdo, qué vergüenza, este oportunismo y este no saber o no querer llegar a tiempo en el reconocimiento, de este mundo nuestro, que es cruel incluso al decir adiós), destacaría especialmente su voz, profunda, personal e insustituible como pocas. Ya, ya sé que fue e hizo mucho más. Pero su voz es él, y él no sería él sin su voz. No me digáis que no.


Tienes que haber sido muy grande para que te erijan semejante monumento de palabras, sentimientos y memorias, por parte de propios y extraños que se sienten propios sin que el homenajeado quizás lo supiera. Qué grande ser querido, de cerca y de lejos. Al final somos polvo, y afortunados aquellos que son polvo enamorado. Y afortunados aquellos que son polvo amado. Y recordado.


Porque tras la muerte, a muchos les queda el consuelo (que Manrique consideró harto) de la memoria. Quizás porque la memoria sólo puede ser reflejo de un sentimiento intenso, y existimos porque pensamos, pero también porque somos pensados, y cuando dejamos de pensar, ser pensados sigue siendo una forma de existir, y la memoria de los que se quedan es así un cuenco que atrapa algo de esa arena que es la vida escurriéndosenos de entre los dedos.

Porque pasa la vida, llega la muerte tan callando, y después... Sobre todo si, como yo, no crees en ningún alma inmortal ni en ninguna posibilidad de trascendencia, después... ¿Qué? ¿Un velatorio? ¿Un epitafio? ¿Una tumba, con flores o sin flores? ¿Unas cenizas al viento? ¿Algo que evite que seamos simplemente pasto de los gusanos? ¿Un volver a fundirnos en la tierra que nos acogió?


Cada vez me convenzo más de que las formas tienen su porqué, su sentido, y su importancia, y que son tan necesarias casi como el fondo (y creo que si sigo en esta evolución, dentro de poco quítaré el casi). Y si, los rituales de la muerte pueden tener su sentido -aunque eso no impide que pocas cosas me parezcan tan tétricas y me pongan tanto los pelos de punta como un funeral o un entierro católico tradicional-. Ese sentido de los rituales, las formas y los fetiches de la muerte es indudable para los creyentes, pero también para los no creyentes, como yo. Y tiene su sentido para el que se va, que sigue así siendo aunque ya no pueda verlo, pero sobre todo para los que se quedan en este valle de lágrimas, a solas con el dolor, que se puede ver aliviado, atontado, disimulado o confundido por la compañía, la multitud, los abrazos, las manos, las palabras de consuelo y el compartir.

Mi padre siempre ha dicho que cuando muriera le gustaría que hiciésemos una fiesta, para despedirle como él quiso vivir, que fue sobre todo con alegría. Sabe que eso sería quizás pedirnos demasiado, pero alguna vez me ha contado incluso los detalles. Yo nunca me he planteado algo así, y espero tener muchos años para poder pensarlo. Tampoco he pensado cuál podría ser mi epitafio, ni como despedida ni como definición ni como "legado", que es para lo que suelen servir. Pero la verdad, es que reales o legendarios, hay por ahí unos cuantos curiosos, desde lo macabro a lo póético, pasando por lo incontestablemente sincero o evidente, como por ejemplo:


En una tumba del cementerio de Salamanca: «Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada».

En la tumba de Miguel de Unamuno: «Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».

Lo puso un marido en la tumba de su suegra: «Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas».

En un cementerio de Minnesota: «Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbécil».

«Ya os decía que ese médico no era de fiar».

Lo escribió en la tumba que le tenían preparada en el cementerio, unos días antes de morir: «Veis como sí que estaba enfermo».

«Dejazme en paz».

«Aquí se está fenomenal».



Yo aún no tengo el mío, ni claro ni confuso. ¿Y tú? ¿Cuál te gustaría que fuera el tuyo?

2 comentarios:

Khersan dijo...

Qué cosas tiene este ciber-mundo! Dando un paseo por el blog de Lucía Etxebarría he visto un comentario De Kamala y he pensado que sólo podías ser tú...y lo eres, además con adosado incluido :P

Me alegra que las cosas os vayan bien y que tí, Kamaliña, te vayas sintiendo en esta tierra como en la tuya.

Un beso y espero veros pronto!

kamala dijo...

¡Gracias por la visita, el saludo, los besos! Pero ni por tu nick ni por tu blog logro estar segura de quién eres (aunque lo sospecho ;-)).

¡Confírmamelo, plis! Besitos

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