viernes, 30 de noviembre de 2007

Sexo, mentiras, cintas de vídeo, críticos y críticas.



A mí me gusta ver, y "rever", las películas que me han gustado mucho, o que me han "impactado", o con las que he conectado especialmente. Y con esta película,cuando la vi, hará más (quizás bastante más) de diez años, conecté de forma inmediata y definitiva, pero intuitiva. Quiero decir con esto que me gustó muchísimo, pero sé (como supe ya entonces) que está llena de cosas que no acierto a descifrar del todo, y que me encantaría que alguien me explicara.
No es una película fácil de volver a ver: no está en los vídeo-clubs, no la ponen en televisión (que yo sepa, vaya, aunque, como a la mayoría, a mí no me gusta ver películas en televisión, entre anuncio, y anuncio, y anuncio), y no es fácil de encontrar ni en fnacs, carrefurs, cortes ingleses y demás. Por suerte, ha llegado internet a nuestras vidas, y su mula me está trayendo más regalos que los camellos de los Reyes Magos durante toda la vida, y he podido volver a verla -por fin- y refrescar el "impacto" que entonces me causó. Y es que hay películas (y series, y libros) que ves una vez, y te encantan, pero al volver a verlas bastante tiempo después te decepcionan, por que la memoria a veces crea falsas expectativas. Desde luego, ese no es el caso de ésta. El argumento, los personajes, las interpretaciones, los diálogos, las situaciones, los detalles, todo, volvió a ser tan sugerente y cautivador como lo recordaba.

El título se ha convertido en casi una frase hecha que a todo el mundo le suena, quizás porque también vivimos tiempos en que el sexo y las mentiras tienen mucho que ver con las "cintas de vídeo", representantes metonímicas de lo audiovisual, de la posibilidad de captar y retener nuestra imagen y nuestra voz, que puede ser una forma de "robar" nuestra alma -como creen algunas religiones-, de exhibirla, de comerciar con ella, pero también de ocultarla o disfrazarla. Como toda comunicación y como todo arte, puede servir para revelar la verdad o para ocultarla. Y algo de eso hay en esta película. Pero repito que soy consciente de que no soy capaz de desentrañar todo lo que quizás pueda o quiera expresar el film revelación del hoy consagradísimo, premiado y un poco màs comercial (que no tiene por qué ser algo malo, ojo) Steven Soderberg.

Sé que la historia habla de la verdadera intimidad sexual, de los convencionalismos, las represiones, falsedades y presiones que rodean a la sexualidad que el mundo, o la educación, o el "infierno" de los otros nos obligan a vivir. Y que lo hace desde ese juego de mentiras irónicas, la principal, que sean el impotente Graham y la frígida Ann quienes lleguen a esa auténtica intimidad sexual tras romper con las barreras y las trabas que una situación "convencional" y prototípica de estos nuestros tiempos imponía: el matrimonio insatisfactorio, la infidelidad, el sexo teóricamente pleno con otro pero que en realidad se vive a solas (la imagen de Laura San Giacomo, tras hablar con Graham, utilizando a John como utilizaría un consolador, para obtener placer en realidad con lo que pasa por su cabeza, ya sea fantasía o recuerdo), y el sexo en teoría no pleno, raro, extraño, onanista de las confesiones a una cámara que Graham graba, pero que es el que lleva a la verdadera intimidad, o comunicación, o "relación" (en el sentido más profundo de la palabra) sexual.

En la película hay cuatro personajes principales claramente contrapuestos. John es un triunfador, convencional y cínico, que engaña a su mujer con su cuñada, pero que parece incapaz ya no sólo de albergar verdaderos sentimientos por ninguna de las dos, sino incluso de comprenderlas o siquiera comunicarse realmente con ellas. John folla, pero no se relaciona. En el otro extremo tenemos a Graham, extraño, "anormal", impotente, paradójicamente encerrado en sí mismo (no es capaz en principio de mantener una relación por un "trauma" adolescente en el que John tuvo algo que ver), pero fascinado por escuchar a mujeres hablar abiertamente y sin tapujos sobre su sexualidad. John se relaciona, pero no folla. Se contrapone así también el sexo "oral" (en el sentido de hablado, y por tanto, pensado e imaginado) frente al sexo genital o físico, y se plantea en qué consiste la verdadera comunicación y relación sexual.

La dulce y bella Ann (Andie Mcdowel, la dulzura personificada, la más adecuada para este tipo de personajes buenas "convencionales", como demostraría no sé si antes o después en "Matrimonio de conveniencia"), pura, casta, frígida, llena de represiones y neurosis, se contrapone abiertamente con su hermana Cynthia, sincera, directa y díscola, que vive su sexualidad de forma abierta y provocadora, quizás porque esa era la única forma de afirmarse y definirse frente a su "buenísima", correcta y convencional hermana, a la que "envidia" (nada le gustaría tanto como follarse a su marido en su cama), pero a la vez necesita de forma muy íntima, auténtica y casi desesperada (como queda claro al final, cuando todas las mentiras salen a la luz gracias a las cintas de vídeo). Y quizás esa sexualidad descarnada no sea más que un síntoma de esa fragilidad y la necesidad de demostrarse algo. Sexualidad tan inauténtica y solitaria como la frigidez de su hermana, sin duda. De hecho, este personaje me inspira muchga más ternura que el de Ann, aunque quizás en ello tenga mucho que ver el físico de Laura San Giacomo, tan menuda y adolescente, y que además me recuerda mucho a una de mis mejores amigas de la infancia.

Las interpretaciones son uno de los aciertos de la película. Sobre todo James Spader, que resulta cautivador e inolvidable como el extraño Graham. Pero insisto en que soy consciente de que hay muchas cosas que pueden ser importantes y que se me escapan. Por ejemplo, la evolución de las reacciones de Ann frente a los clientes del bar donde trabaja su hermana que en distintos momentos intentan ligar con ella, o el hecho de que la primera vez que le visita alguien, Graham le ofrezca te helado, en la siguiente ocasión sólo té y en la tercera sólo agua. O el plano (bastante largo, por eso sé que no es inocente) de Ann caminando hacia el bar de su hermana con una pared llena de grafittis de fondo. O el vestido que le van a regalar a la madre, que alguien comenta que "parece un mantel", y al final se vuelve a insistir en ello.

Aunque en esto de las interpretaciones se corre el riesgo de ir mucho más allá de la intencionalidad del creador y terminar revelando no al interpretado, sino al que interpreta (como ya advirtió García Márquez a los exégetas de su obra, o Wilde cuando dijo que toda crítica de una obra de arte revela al crítico y no al artista), a mí es un ejercicio que me gusta realizar, a pesar de que, como en este caso, no siempre lo consiga. Tal vez porque en el fondo, en la literatura, en el cine, en la música y en todo lo que me gusta estoy buscándo algo de mì misma. Así que me encantaría si alguien quiere o puede aclararme, o comentarme, o explicarme algo sobre esta película, que a lo mejor me explica algo sobre mí ;-)

Volveré a verla, y quizás entonces se me ocurra algo más. Sobre la película o sobre mí.

2 comentarios:

elrayoverde dijo...

he leido este comentario y haré un esfuerzo por hacerme con la pelicula y verla.Recuerdo que estuvo bastante tiempo en cartelera en los cine Alphaville o Renoir de Madrid pero es imposible abarcar todo, siquiera lo imprescindible. leyendote tengo curiosidad... Los humanos somos paradojas: hacemos caso omiso a los convencionalismos y nos convertimos en ocasiones en inconfundiblemente falsos.
saludos

kamala dijo...

Pues si la ves, ya me contarás qué te parece.

Un saludo, y gracias.

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