sábado, 15 de diciembre de 2007

Equilibrio



Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa
fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.
Y ¿cómo puede ser de otro modo?



Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón,
más alegría podréis contener.
¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma
copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?
¿Y no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la
misma madera que fue tallada con cuchillos?

Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón

y encontraréis que es solamente
lo que os produjo dolor, lo que os da alegría.
Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro
corazón y veréis que estáis llorando, en verdad,

por lo que fue vuestro deleite.

Algunos de vosotros decís: «La alegría es superior al dolor»

y otros: «No, el dolor es más grande.»
Pero yo os digo que son inseparables.
Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con vosotros a vuestra mesa,

recordad que el otro está durmiendo
en vuestro lecho.

En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza,
entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata,
es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor
suban o bajen.

Khalil Gibrán

Y así nos pasamos la vida,
algunos
oscilando sin equilibrio de la alegría a la tristeza
de la ilusión a la decepción,
de la euforia a la angustia,
huyendo sin fin del horror al vacío,
ese vacío que nos vigila,
ese vacío que solo ellas llenan
y que quizás esconda tras su máscara horrible
y misteriosa
la promesa del equilibrio y la calma,
y que por ello algunos sabios dicen que buscan.

Yo, no.

De momento.

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