sábado, 22 de diciembre de 2007

"Si contemplan la pampa y sus rincones...


...comprenderán las sequedades del silencio"


Esas palabras todavía resuenan en mi mente y hace ya más de 20 años que las escuché por primera vez. Corresponden a la "Cantata de Santa María de Iquique", compuesta por Quilapayum en los '70.

Esa cantata llegó para mí por casualidad cuando yo contaba 14-15 años y me sobrecogió de una manera intensa. La descubrí por casualidad y es así como debe ser para que las cosas impresionen y marquen. La cantata, que narra la crudeza de la vida en las minas del salitre del Norte Grande chileno, y la matanza que allí aconteció.

Hoy hace 100 años de aquello. En 1907, los mineros del salitre iniciaron una protesta que significaba los primeros movimientos obreros, más aún, los primeros movimientos organizados de reinvindicación de la más elemental dignidad humana. Los mineros pedían ser tratados simplemente como seres humanos, no como bestias de carga. Carentes de todo derecho elemental, vivían en condiciones infrahumanas y sus salarios se pagaban en fichas que solamente podían canjearse en las oficinas de los dueños.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

Los trabajadores bajaron con sus familias a Iquique, sólo allí podrían ser oídos. El gobierno ya había mandado reforzar la guarnición de la zona. Ante la llegada de obreros fue declarado el Estado de Sitio. Se conminó a los trabajores a abandonar la Escuela de Iquique antes de las 2.30 del 21 de diciembre de 1907, pero muy pocos lo hicieron. A las 3.30 se abrió fuego. Los soldados después de ametrallar desde afuera entraron por las clases matando a mujeres y niños ante los gritos desesperados de estos. El resto fue llevado a sablazos y golpes al Club Hípico y desde allí a la Pampa. Se cree que más de 2000 cadáveres quedaron allí, amontonados. Hijos abrazados a sus madres. Harapos sobre harapos.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

Hoy se cumplen 100 años de la matanza. Durante este tiempo hemos tenido oportunidad de recordar otras muchas en cualquier parte del mundo. Los protagonistas casi siempre los mismos: los desheredados de la tierra. Hoy, recordamos ésta, como preludio de la siguiente...que vendrá.


Feliz Navidad.

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