miércoles, 12 de diciembre de 2007

Y volver, volver, volver



Qué abandonado tenemos todo esto (sí, Dei, tenemos, eh, que esto también es tuyo ;-). A lo mejor hubiera sido este el momento de convencerse de que ya no tenemos tiempo para robar rosas, y poner un post de despedida, definitiva o temporal, y cerrar.

Pero no. No voy a cerrar, ni abandonar. Aunque tenga poco tiempo y aunque solo pueda escribir de vez en cuando, y aunque la vida urbana, el viajar todos los días, las celebraciones, exámenes y puentes apenas me dejae unos minutos al día para sentarme al ordenador, y aunque entonces siempre prefiera leer, y nunca me dé tiempo ni siquiera a leer todo lo que quiero. Como soy algo ingenua, sigo confiando en que todo esto se estabilice, y vuelva a poder dedicarme buenos, largos e inútiles ratos a divagar entre las rosas esperando que aparezca alguna que se deje robar. Porque tengo varias por ahí. Y como hay que elegir, hoy me quedo con una. Con volver.

Hay muchas maneras de volver. Se puede volver ilusionado. Se puede volver por obligación, o a regañadientes, o por azar, o ironía, o tal vez destino. Se puede volver con la vista y el corazón puestos en aquello que se deja, en aquello adonde se había ido. Se puede volver con nostalgia y se puede volver para confirmar por qué nos habíamos ido. Volver puede ser alegre o triste, definitivo o temporal, grandioso o amargo. Volver puede ser una derrota, o todo un heroísmo, o un acto de cobardía. Se puede volver a un lugar, a un momento, a una persona, a un comportamiento, a una costumbre. Volver puede ser recaer o puede ser recuperarse. Se puede volver a casa y se puede volver al infierno. Se puede volver con motivos o sin ellos. Se puede uno pasar la vida muriéndose por volver. Y se puede no volver.

John Le Carré decía algo así como que siempre es triste contemplar con nuevos ojos aquello a lo que hemos extendido nuestra capacidad de adaptación. Y algo de eso pasa al volver. Por que la mirada al volver siempre es distinta. Y porque para poder volver, antes hay que irse.

Hay muchas maneras de volver, y creo que yo las conozco casi todas. Porque a mí me gusta volver.


Y ésta es una época de vueltas: vuelvo a robar rosas, vuelven los exámenes, vuelven las notas, y vuelven las navidades (ay, las navidades, y sus obligaciones, y sus problemas, y sus ventajas, y sus inconvenientes, y sus tonos agridulces, y su contradicción).

Y en el puente volvimos a Galicia. A la Galicia otoñal casi somnolienta antes de entrar en el invierno, húmeda, neblinosa y colorida, de la que recorrimos un trocito por el interior ourensano. A destacar:

-Recordar y confirmar lo pésima que es la señalización de nuestras también bastante pésimas carreteras. Lo que uno busca no está señalizado, los pueblos que están en el mapa no aparecen en el camino y los que aparecen en el camino no están en el mapa. Gracias que existe la intuición, la suerte y que la gente es muy amable.

-La locura de los museos en Galicia. A pesar de tener la sincera y casi entusiasta intención de recorrer todos los que pudiéramos, no pudimos ver ni uno: en Allariz, porque sólo abren en fin de semana; en Rivadabia porque no abren en fin de semana. Claro, es que Galicia es la tierra del depende. Y que sea sensato, razonable y conveniente que un museo abra en fin de semana, parece depender de donde esté.

-Qué bonitos son algunos de los pocos pueblos gallegos que han conservado las tradicionales construcciones de piedra y no han sucumbido (como pasa en Verín) a sustituir lo antiguo por esas "modernas" y horrorosas construcciones de cemento, ladrillo y aluminio, a veces pintadas en los colores más imposibles. Y que bonitas son las que además aprovechan el entorno natural y todas sus posibilidades (otra vez, no como en Verín, donde todo lo que tenemos es pura y enorme potencia que llora porque nunca va a poder llegar a ser acto. Qué rabia). El que quiera comprobarlo, que pase por Allariz, por el barrio judío de Ribadavia o que se recorra la Ribeira Sacra. Que son bonitos en sí mismos y porque significan esperanza y demuestran que, contra todo pronóstico por el ser y el estar típicamente gallego, que sí, que es posible, que puede ser.

-Nos encontramos en una Iglesia (si es que esta tierra nunca deja de sorprendernos) con la polémica que hay en Ribadavia con la próxima construcción de un parque medioambiental donde se reciclará prácticamente toda la basura industrial de Galicia. Tema muy complejo y lleno de tantos grises, contrastes y contradicciones como nuestra tierra. ¿Es bueno o es malo? ¿Es ecológico o antiecológico? ¿Traerá limpieza o suciedad? La experiencia dice que hay muchos que no son lo que prometen y que funcionan mal, incluso catastróficamente mal. Pero alguno habrá que funcione bien, y en todo caso, será cuestión de vigilar esta cuestión y denunciar en su momento...


Por otra parte, este tipo de parques son necesarios, está claro, pero nadie los quiere cerca y todos esperamos que se sitúen en la casa de otros. ¿Y es justo que sea una zona rural, eminentemente agrícola y núcleo del cultivo de uva y la elaboración del Ribeiro quien pague el pato de otras zonas prósperas por su actividad industrial? El parque trae un riesgo, y sí, es traer basura, pero también creará puestos de trabajo, que de los campos bonitos y puros no se vive. Algo así se plantea también por aquí, por Aragón, con la inminente construcción en pleno desierto de los Monegros de un descomunal parque de juego y ocio, lleno de más de treinta casinos -!!!!!!-, no sé cuantos parques temáticos y cosas así... ¿A favor o en contra? Nosotros en Ribadavia firmamos en contra, porque dimos con los vecinos movilizados -pero muy muy movilizados- en contra, que tenían una exposición montada sobre el tema y hasta te daban vino y algún pinchito, y te vendían lotería, y tenían sonando todo el rato una versión femenina del "Unicornio azul" de Silvio, para ponernos sentimentales, supongo. Pero claro del todo, tengo que reconocer que no lo tengo.

-Comimos y bebimos como sólo se come y se bebe en Galicia. Mucha cantidad y mucha calidad. Aunque comer pulpo en Carballiño es bastante "accidentado" si no conoces bien los rituales y costumbres de una pulpería tradicional, donde uno tiene la sensación de que todos se comportan como si estuvieran en su casa, en la que tú te has colado sin haber invitado ni ser incluso demasiado bien recibido, porque debido a la indolencia e indiferencia del señor que cocía y cortaba el pulpo, y de las atareadas mujeres que servían las mesas, fue imposible saber si llegaríamos a tener mesa o no, si podíamos sentarnos fuera y allí nos atenderían o si nos daría tiempo de comer antes de la hora de cierre que era inminente y estaba ostentosamente señalada. Y con la duda nos fuimos a un mesón más convencional donde sí, por fin, pudimos saber a qué atenernos, como comportarnos y comer pulpo.

-Recorrimos montes otoñales, contoda su explosión de vegetación húmeda emitiendo su canto de cisne de colores y matices antes de sumergirse en el gris invernal, e hicimos parada en algunos puntos turísticos muy conocidos: el monasterio de San Esteban Ribas de Sil (reconvertido en Parador turístico, y más turístico que nunca en estas fechas), las mámoas (tumbas neolíticas que eran poco más que una piedra que, la verdad, porque me avisan de que es una mámoa, que si no igual me da por moverlas), en lo que más bonito fue ver a un corzo que se paró desconcertado a mirarnos antes de echarse a saltar fugaz y perderse en el monte, y San Pedro de Rocas.

San Pedro de Rocas. Maravilloso y sorprendente lugar distinto a cualquier otro que hayas visto. Puede ser el monasterio más antiguo de Galicia (siglo V... ahí ahí debe de estar, en reñida competición con el de Samos), y de hecho, es un monasterio con iglesia rupestre, es decir, excavada en la roca. A pesar de ello, el letrero explicativo decía "iglesia troglodita". Y aunque no me atrevo a afirmar que sea incorrecto, a mí me sonó a chiste y a chapuza turística, de verdad.


Entramos por detrás, y de pronto me encontré caminando por lo que se ve en la foto: un suelo lleno de agujeros, que enseguida reconocimos como tumbas. El corazón me dio algo así como un vuelco por una impresión fugaz e irracional, y volcado se me quedó también al entrar en las capillas rupestres, con una iluminación oscilante y claramente insuficiente (había que meter monedas, pero la verdad, se distinguía muy poco cuando la moneda había hecho su supuesto efecto), que seguramente era simplemente cutre, pero que resultaba realmente efectista. El suelo de las capillas estaba igualmente lleno de tumbas, algunas más pequeñas que al parecer correspondían a niños (Dei y Fer, que son mucho más observadores y menos impresionables que yo fueron los que se fijaron en esto). Sobre el suelo irregular estaban puestos unos cuantos bancos de iglesia, que resultaban desconcertantes, y en la capilla central habían reconstruido el Cristo medieval original: una imagen entre naif y tétrica, no sé si por ella misma o por el entorno en que se encontraba:



Desproporcionado, pálido, expresionista, con unos ojos enormes y, curiosamente, dos clavos en los pies en vez de uno, como tienen los Cristos tradicionales y como dicen los Evangelios que se les crucificó. Mamá dijo que el Cristo de la catedral de Orense también es así, pero yo nunca me he fijado. Quízás el detalle tenga algún significado o algún sentido artístico. Yo no lo sé.

El bosque que rodea al monasterio, por el que anduvimos un buen rato, es simplemente una maravilla de esas que te dejan ganas de volver. Pero lamentablemente volví también a olvidarme la cámara de fotos (cagüentó). Como me pasó en Asturias. Supongo que será la falta de costumbre, porque a mí me ha dado por las fotos desde hace bastante poco. Así que tanto en Asturias como en Galicia hemos desperdiciado algunas fotos maravillosas que seguramente podríamos haber ampliado para poner en el salón encima del sofà. Y como no sé cuando volveremos a tener la oportunidad de hacer una foto maravillosa, quizás volvamos definitivamente a la idea de poner el malecón de la Habana. Ya veremos.

4 comentarios:

Sheba dijo...

Mientras vas y vuelves, te leeré. E incluso, a veces, comentaré.
Salud

kamala dijo...

Gracias por leer, por comentar y por pasarte por aquí.

Un saludo ;-D

Anónimo dijo...

Espero que no cerreis nunca. Es agradable pasear de vez en cuando y oler a rosas.
Y Dei, no te escaquees.
Un abrazo muy fuerte.
Jose Antonio.

kamala dijo...

Y es muy agradable también encontrarte por aquí.

Un abrazo

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