sábado, 25 de agosto de 2007

El final del verano



(Visto aquí)

Apuren sus días que esto se acaba. El verano y sus tópicos, imposibles el resto del año, se van. Habrá quien sienta alivio, habrá quien sienta pena, y habrá quien tenga el famoso "síndrome de la depresión postvacacional" (y que volverá a ser noticia de Telediario en nada, ya veréis, que los telediarios ya no son lo que eran, ni en verano ni en invierno).

Apuren sus días que vuelve el tiempo de volver. Pero yo este año no vuelvo. Yo este año me voy. Así que por lo menos, me libro del síndrome de la depresión postvacacional seguro. Y del terror a la subida del euríbor y de la hipoteca y todo eso, que me tocaba revisión de mi hipoteca con interés variable en Septiembre.

Una puede sentirse muy especial (y afortunada) cuando puede escapar a las estadísticas sociológicas que los telediarios convierten en noticia.


jueves, 23 de agosto de 2007

Equipaje


"...Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar..."

Antonio Machado.



¿Cuánto ocupa todo lo que tienes en la vida?

Si yo soy yo y mis circunstancias, y parte de mis circunstancias son mis cosas, en mi caso el yo ha perdido terreno y proporción frente a las circunstancias. Supongo que eso no es bueno, y que aún me queda mucho tiempo para llegar a ser sabia y aprender eso que dicen algunos pocos sabios que en el mundo han sido: que la vida es un viaje que es mejor, mucho mejor, hacer ligero de equipaje. Que importa más lo invisible que lo visible. Que lo visible es un lastre, una carga, un fraude.

Porque estoy descubriendo que todo eso, en realidad, yo aún no lo he aprendido. Tengo muchas cosas, ocupan mucho sitio, pesan, y son engorrosas de empaquetar, organizar y trasladar. Pero no puedo (o no quiero, que es lo mismo) deshacerme de ellas.

Quizás fuera porque nunca tuve vocación de viajera. Quizás porque necesitaba encontrar un lastre, una excusa, para quedarme en algún lugar. Quizás porque intente llenar con el peso de las cosas algún que otro vacío. Quizás porque lleno a las cosas de significados y nostalgias, y a ellas me aferro para no perder lo vivido, a modo de pataleta inútil contra lo inexorablemente efímero. O quizás, simplemente, porque soy hija, quizás predilecta, de mi tiempo y de mis circunstancias: este mundo material y materialista que nos educa para acumular.


El caso es que tengo muchas cosas, ocupan mucho sitio, pesan, y son engorrosas de empaquetar, organizar y trasladar. Y en esas estamos. Espero llegar a hacerme sabia y aprender a viajar ligera de equipaje. Al menos, antes de la próxima mudanza.

Porque aunque una crea que ya ha llegado, la vida es un viaje en el que es difícil dejar de mudarse. Por eso es mucho mejor viajar ligera de equipaje, aunque yo no sepa. Aunque sólo sea por si acaso.

lunes, 20 de agosto de 2007

Mal genio


Balada del Mal Genio


Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.

Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo indócil personal a mis órdenes.

Hay días que ni siquiera son oscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.

Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.

Bueno, esta balada sólo es para avisarte
que en esos pocos días no me tomes en cuenta.

Mario Benedetti




Soy víctima constante e irremisible -a mi pesar, lo juro, con también constante e irremisible contrición y hasta propósito de enmienda, sincero e inútil- de mi inexplicable e inoportuno mal genio.

De una desgana sin encargo, sin aviso ni causa razonable o razonada, de una incomodidad profunda, con el mundo, conmigo misma, con todo y con nada.

De un deseo de no estar, de borrarme del mundo, de borrar el mundo, de parar por un rato el tiempo, y bajarme sola a ver si se me pasa.

Qué mal.

Se admiten sugerencias, remedios caseros, lo que sea. Porque es horrible, e incómodo, y me hace sentir mal. Durante, pero sobre todo, sobre todo, después.

Porque casi siempre lo paga el que tengo más cerca, que es el que más quiero, y el que menos culpa tiene de nada.

Cagüenlamarsalada.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Realismo azul oscuro



¿Qué tienen en común El Cid, La Celestina, el Lazarillo de Tormes, el Quijote, la Regenta, La Colmena, Tiempo de Silencio y El Jarama, por poner solo algunos títulos?

Fundamentalmente, dos cosas:

1.- Son obras, si no cumbres (al menos de alguna esto podría discutirse), sí muy representativas y/o importantes de la literatura española. ¿A que esta la sabíais?

2.- Son esencialmente realistas y, la mayoría de ellas (podríamos exceptuar la primera), de un realismo pesimista, que pinta la realidad en sus tonos más oscuros.

Si hay un rasgo característico, una marca de la casa, una seña de identidad que se mantiene más o menos constante a lo largo de toda la historia de la literatura española (o castellana, si nos ponemos tiquismiquis) es su carácter esencial y casi fatalmente realista, que se evidencia mucho más cuando la contemplamos en perspectiva y comparándola con otras literaturas (y otras cinematografías). Y para muestra, toda una sarta de botones:

Por ejemplo, en la Edad Media, cuando las incipientes naciones europeas recurren a la épica para forjar unas mitologías propias que levanten su ego y justifiquen el patriotismo imprescindible en tiempos de guerra, todas incluyen en las historias y hazañas de sus héroes elementos mágicos, maravillosos, sorprendentes y fantásticos: Excalibur, el mago Merlín o los nibelungos serían solo algunos ejemplos elocuentes de lo que se cuece en la épica europea. Sin embargo, en la historia del Cid, el héroe castellano, no hay nada de esto: lo más cercano a lo sobrenatural que hay en ella es su fervor religioso, que en la época no tenía nada de fantástico. Más bien todo lo contrario: era un elemento esencial de la realidad.

Cuando en la Edad Media triunfa entre los nobles la concepción idealista y espiritualista del amor cortés, aquí se desmitifica esa teoría con la cruda y descarnada carnalidad y el egoísmo salvaje de los personajes de la Celestina, de todos: nobles y no nobles, rompiendo con el clasismo que implicaba aquella concepción amorosa.

Cuando en el XVI triunfan las narraciones idealizantes situadas siempre en lugares y tiempos exóticos y lejanos(novelas pastoriles o bizantinas, que eran como el culebrón de la época) en toda Europa, en España triunfa una obrita anónima, el Lazarillo, situada en la España más miserable del propio XVI, que cuenta la historia de un antihéroe que no puede ser otra cosa aplastado por la realidad, y su éxito es tal que dará lugar a todo un género dedicado a recrear los aspectos más bajos de la realidad: la picaresca, que hay quien considera también, como yo el realismo, un rasgo peculiar y fatal del carácter español.

Y frente a las historias de nobles y heroicos caballeros andantes que contaban los libros de caballerías, aquí surge pronto su contraposición premeditada con la realidad: el Quijote, resultado genial de situar un caballero andante en la España más real y cotidiana del siglo XVI.

Y estos son sólo algunos ejemplos que demuestran que la literatura española, reflejo sin duda de una forma de comprender y expresar el mundo, tiene un carácter marcadamente realista, reacio no sólo a los elementos fantásticos, sino también a la idealización estilizante que consiste en reflejar la realidad pero eliminando o limando sus aspectos más desagradables, negativos o que al artista no le resultan interesantes, atractivos o significativos, tal y como defendían los que afirmaban que el arte debía reflejar las cosas no como son, sino como deberían ser (Aristóteles, por ejemplo: ahí es nada). O como dirá el subjetivismo radical del arte sobre todo a partir del siglo XX: el artista debe refejar la realidad no como es, sino como él la ve o la siente, o ya directamente, el artista no debe reflejar la realidad (o al menos, no tiene por qué hacerlo), sino expresarse.

Los que conozcáis el cine español, bien porque os gusta, bien porque huis de él (actitud mucho más generalizada de lo que los que se empeñan en cuotas, proteccionismo y culpas quisieran reconocer: yo conozco a varias personas que dicen que "para ver realidad -sobre todo desagradab.e- no van al cine", y por eso se niegan en redondo a ver cine español, al menos en pantalla grande), creo que estaréis de acuerdo en que comparte ese carácter esencialmente realista de nuestra literatura.

Los españoles tienden a hacer cine sobre la realidad, y preferiblemente la cotidian, bien en tono de comedia costumbrista, bien en tono de drama, ya sea intimista o social. Con nuestras series pasa lo mismo, si os fijáis. Y tengo la impresión de que los actores españoles, cuando quieren ser buenos, se preocupan más por la naturalidad que por la expresividad.

Y parte esencial de este realismo que predomina en las expresiones artísticas que utilizan la lengua de Cervantes (y ya sabemos que una lengua implica en sí misma una visión del mundo... a ver si va a ser eso), son un tipo de obras que no es que no idealicen la realidad, sino que precisamente se centran en sus aspectos más tristes, más miserables, más duros, más sórdidos, más descarnados, más desesperanzados. Suelen contar la historia de un personaje que termina condicionado, aplastado, condenado por la realidad en la que vive y que no puede superar, por mucho que quiera y por mucho empeño que ponga en ello (y que es rasgo común a casi todas las obras realistas). Esto es lo que hacen La Celestina, el Lazarillo, la Regenta o Tiempo de silencio, y ese es uno de los temas esenciales de la obra universal que es el Quijote.

Y en esta línea hay que situar la película Azul oscuro casi negro, que nos acerca con los mismos colores que indica ya en su título, a la triste realidad de una serie de personajes cuyo nexo común es Jorge, el protagonista por el que es imposible no sentir ternura. Muy buenas interpretaciones, muy bien rodada y mucha realidad triste, sórdida, extrema, que resultaría inverosímil si no fuera porque todos sabemos que la vida real y cotidiana suele estar llena de sucesos y situaciones a veces más inverosímiles que la ficción.


Ah: y muy buena banda sonora, tanto en el acompañamiento instrumental, como en la cancioncita que aparece en esta escena, y luego se repetirá en algún otro momento:

martes, 14 de agosto de 2007

En lo más profundo



"Si juegas con el diablo, el diablo no cambia, el diablo te cambia a ti. "

Asesinato en 8 mm

Nuestros escasos y breves momentos de cólera, no dejan sino entrever el fondo oscuro que habita en nuestra alma.




De perros y lunas




...Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió...

...Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción...

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjurar....


No hay letras como las de Silvio. No, no, no, no las hay.

Ni imagen tan elocuente como la del perro ladrando a la luna.



domingo, 12 de agosto de 2007

No era yo


La Unión: Fueron los celos

Fueron los celos... y no yo... No era yo... o sí era yo... Pero el yo que no me gusta. El yo que me da miedo. El yo que no se acepta. El yo que evito, disfrazo, amordazo, escondo, intento ignorar.


¿Somos "yo"cuando, por el motivo que sea, perdemos el control? ¿No es el control una forma de represión del yo, o lo que es lo mismo y por tanto, una forma de enajenación? ¿No será que precisamente cuando perdemos el control es cuando somos más y realmente "yo"? ¿No será que el resto del tiempo somos en realidad "control"?

¿Qué yo es el más auténtico, el consciente o el inconsciente? ¿La vigilia o el sueño? ¿El pensamiento o el sentimiento? ¿La moral o el instinto? ¿La razón o el corazón?

¿Es el control una máscara, aunque pueda ser necesaria? ¿Puede ser positiva una máscara? ¿No es una forma de falsedad? ¿Qué es mejor, la falsedad o la autenticidad?

El sueño de la razón produce monstruos. ¿Y si eso es lo que somos: monstruos, tras la máscara de la razón? ¿Somos el monstruo o somos la máscara?.

De celos, celosos y no celosos, quizás hablemos otro día. Esta noche habrá lluvia de estrellas. Fugaces. Los que podáis, id preparando vuestros deseos. Porque haberlas haylas.


viernes, 10 de agosto de 2007

Relatividad, tiempo, probabilidad y descubrimientos


Creo que nunca hemos tenido el blog tan y tanto tiempo descuidado. Y creo que acabo de descubrir dos cosas importantes:

1.- Cuánto tiempo libre tenía yo antes,
2.- Era verdad eso de que en las ciudades el tiempo cunde mucho menos (verdad impepinable cuyo corolario también impepinable es la propensión a eso del estres de los pobres urbanitas).

Ah, la relatividad y sus bofetadas. Si es cierto que no es igual de larga una hora de espera que una hora de diversión, también es verdad que no es igual de larga una hora en un pueblo que una hora en una ciudad. Aunque también puede que toda la culpa de mi apremiante falta de tiempo sea de las vacaciones y el traslado. Porque han pasado muchas cosas, tantas que no sé como ordenarlas, así que, como -insisto- tampoco tengo ahora mismo demasiado tiempo, recurro al comodín de la enumeración de algunas:

-Hemos estado de viaje por el norte de Galicia, y he recordado de golpe el motivo del tópico de que esta es una tierra muy bonita. Y lo es gracias al agua: la del mar, la que cae del cielo (nos llovió como en un otoño de los húmedos, con temporal incluido) y la que riega el verde furioso y salvaje que se come todo, haciendo difícil, muy difícil, el triunfo de eso que llaman "la civilización", que aquí solo triunfa plenamente cuando llega en forma de inciendio.

-Dei ha descubierto que, contra lo que me ha repetido incansable desde que lo conozco, sí que le gusta la playa. Fue aterrizar en la primera (cerca de Ortigueira, desértica, con cuatro bañistas contados y una vista desde la carretera que pasaria perfectamente por postal caribeña, con su arena clara y su agua jugando al verde, al azul y a la transparencia dle cristal), arremangarse los pantalones cortos y echarse al mar, eso sí, a pasear. Por la tarde hubo que ir a otra, que si no le da algo. Y al día siguiente, también. Y ahora insiste en volver a fin de mes, mientras repite con insistencia que son estas playas, y sólo estas, las que le gustan, y que su anterior aversión se debía a que sólo conocía las del Mediterráneo atestadas de turistas.

-Otro descubrimiento: las leyes de probabilidad no sirven absolutamente para nada. Porque a Dei, que debía de llevar como unos 10 años sin acercarse a una playa, le mordió el único escarapote que debía de pulular por estas costas. El pobre (Dei, no el escarapote) salió pálido y asustado tras sentir algo como un corte en un pie, y los dedos repentinamente paralizados, y sin quejarse mucho, fuimos en busca del puesto de socorro, que parecía estar en la acera, fuera de la playa. Así que yo me calcé mis sandalias de plataforma -no tenía otras- con mi bikini como única indumentaria, lo que me daba un aspecto lamentable de actriz porno venida a menos. La puerta de la caseta con la marca de la Cruz Roja estaba cerrada, así que di unos pasitos hacia atrás para ver si había otra entrada, y haciendo gala de mis habituales e innatas habilidad y gracilidad de movimientos, al no percibir un impertinente y proceloso bordillo de la acera, me caí sobre la misma, con mi bikini y mis plataformas, haciéndome una herida en la rodilla como no había tenido desde mi más tierna infancia, pero que creo que me dolió menos que la vergüenza de que hubiera tantos testigos de tan triste espectáculo, porque la dichosa caseta estaba situada justo enfrente de un puesto de helados atestado de gente a esas calurosas horas de la tarde -"mira, se ha caído", alcancé a oír desde el suelo-. Así que llegamos al puesto de socorro (la misma heladera testigo de mi desgracia nos informó de que estaba provisionalmente en la playa) Dei con su pie estremecido por el dolor y yo roja por el sol y la vergüenza, con la rodilla en carne viva y mis plataformas en la mano. Allí curaron su pìe y mi rodilla, y nos informaron de que la mordedura era de escarapote (también conocido como cabracho o faneca, aunque hay discusión sobre si son exactamente lo mismo o no), de que seguramente alguna vez hemos comido ese pez y confirmaron que es terriblemente dolorosa, y que para lo dolorosa que es, Dei se quejaba muy poco. Como buen chicarrón del norte que es.

-He descubierto que el tono exacto de azul que es mi color preferido está en el mar, en la confluencia entre el Atlántico y el Cantábrico en la Estaca de Bares, el punto más septentrional de esta nuestra península. Este es mi color preferido, este azul y solo este, ni más claro ni más oscuro, aunque no hay fotografía que pueda hacer justicia ni de lejos a aquel su esplendor natural:


-Ya tenemos las llaves del pisito, pero hay que pintar y limpiar. Y en esas estamos. En esas, y en volver al sur de Galicia, a recoger y elegir qué me llevo, qué dejo, qué reparto y qué tiro de todo lo que he acumulado en estos años de vida independiente. Porque creo que a determinadas edades, es imposible empezar de cero. Sobre todo, cuando una no quiere.

-Otro descubrimiento: tengo que tener cuidado, porque puedo acabar con el síndrome de Diógenes. Tiendo a acumular cosas inútiles que ni siquiera tengo claro que en realidad me gusten o las necesite. Pero lo que de verdad me está asustando es lo mucho que me cuesta deshacerme de ellas.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...