miércoles, 31 de octubre de 2007

Que van a dar a la mar



Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena


FRANCISCO DE QUEVEDO

Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales que la carne hereda, sería una conclusión seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno ya libres del agobio terrenal, es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

WILLIAM SHAKESPEARE (Hamlet)


31 de octubre. Las profes de inglés reparten unas figuritas de chocolate envueltas en papel de plata pintado con formas de brujas, de calabazas, de calavera, de fantasmas. Es el preludio del día de Difuntos. La noche de Difuntos. La fiesta de la muerte. Más que de la muerte, de los muertos.


Porque agazapados en la tremenda palabra oscura que evito mirar, están los que fueron y se fueron. Los que ya no están, pero están, como soñó Manrique, en el recuerdo. Mañana se vestirán de gala los cementerios, y de recuerdos, algunos doloridos, los pensamientos y el sentir de muchos.Pero el signo de nuestros tiempos ha alcanzado también a este día, y la fiesta de difuntos de ha convertido para muchos en fiesta simplemente. En puente, en Halloween (la invasión anglosajona, aceptada por la mayoría con entusiasmo, viene en el lote del signo de nuestros tiempos), en fiesta de disfraces, cachondeo y trivialización de lo lúgubre, de lo tenebroso, de los alrededores de la muerte. En fiesta, al final, de lo que creemos antítesis de la muerte: la vida y su alegría, esta vida y esta alegría nuestras, que no elegimos aunque creamos que sí, y que puede que no sean más que un sucedáneo de lo que deberían ser.

Yo le tengo terror a la muerte. Durante muchos años la pensé con serenidad, sabiendo que forma parte consustancial de la vida humana, pero siempre como una idea abstracta que da mucho juego a las paradojas, al pensamiento, a la elucubración e incluso a la fantasía. Me pasé años leyendo y estudiando en literatura, y en filosofía, de qué maneras el hombre la ha abordado, imaginado, sufrido y pensado. La muerte consciente, anticipada, paladeada, temida y esperada mientras se nos pasa la vida, y ella viene, tan callando, que dijo serenamente Manrique, pero con movimiento que a ella nos lleva despeñados, como gritó con angustia Quevedo.


Sin embargo, al cumplir los 30 tomé conciencia de verdad de la obviedad terrible e inexorable que la muerte es algo real y seguro. De las pocas cosas seguras que hay en la vida. De que yo, y tú, y todos, nos vamos a morir, un día que llegará como llegó el día en que cumplí los 30. Que el tiempo se desliza llevando en su germen y en su esencia la muerte. Que la vida pasa, como un río, sólo para llevarnos a la mar que es el morir. Que ese es su única dirección, su fin (en el doble sentido del término), y por tanto su sentido. Y recuerdo que sentí un atisbo de lo que para mì era hasta entonces sólo una palabra, un concepto abstracto, lejano y ajeno, algo así la “angustia existencial” y su náusea insoportable, la pesadumbre dolorosa de la “vida consciente”, que se piensa, se contempla, se asume, y que también piensa, contempla y asume la muerte. Y para los que no somos sabios, y apreciamos el estoicismo como una teoría impracticable aunque tenga toda la razón, sí, da dolor.

Como mucha gente, yo quisiera morirme sin enterarme y sin despedirme. Quizás más que la muerte, me aterra la espera delimitada, la enfermedad, el deterioro irreversible y el dolor sin esperanza. Y no puedo creer en nada más allá de la muerte. Los que yo quise y se fueron ya no están y ya no son, aunque vivan y estén y sean queridos en el recuerdo. Y como dudaba Hamlet, no sé si esta idea de la muerte como punto y final, y no como puerta hacia nada, le quita sentido a la vida o se lo da. ¿Para qué hacer nada, si nada importa, porque todo desaparecerá, seguro, con la muerte? ¿Qué valor tiene nada, si el sufrimiento es inútil, y no es redentor ni elevará el alma, y el placer tampoco tiene sentido, porque pasará, lo perderemos, y después de acordado dará dolor? ¿Para qué luchar, o preocuparse, o aferrarse a nada, si todo lo vamos a perder? ¿Tienen sentido incluso la bondad o la maldad, sin esa salvación, o ese juicio absoluto y supremo que utilizaban como excusa los curas para demonizar el placer? ¿O en realidad la muerte supone que hay que agarrar, paladear, dilatar cada momento, cada detalle, evitar lo que nos duele y buscar lo que nos gusta para que este discurrir imparable de tiempo que es la vida sea lo más agradable y feliz y bonito posible… mientras dure, que es cuando importa? Porque nos queda el horror y el consuelo de que después no habrá nada. Tampoco dolor. Ni añoranza.

Lo de mi crisis existencial a los 30 fue eso: una crisis. Hace ya años que la mayor parte del tiempo no me planteo la muerte concreta ni mía ni la de los que yo quiero, y no escucho el terror que sí, yo sé que ruge en el fondo del alma, pero que yo tengo encerrado e insonorizado. Pienso la muerte sin angustia, porque, como las avestruces, he vuelto a meter la cabeza en el hoyo de sentirla como palabra casi abstracta y lejana, excusa para filósofos, inventores de historias y poetas, e incluso motivo para que sea fiesta mañana.

Y Dei y yo nos vamos a Asturias. Por fin, que siempre la he tenido cerca, y voy a conocerla justo ahora, cuando más lejos estoy de ella. Que el río que nos lleva tiene estos recovecos.

lunes, 29 de octubre de 2007

Días como este



Recuerda que siempre, hasta en los tiempos más oscuros, o complicados. o confusos, o difíciles, habrá días como este.

Por los días como éste, y las canciones como ésta. Por lo que merece la pena y por lo que hace que merezca la pena.


Cuando no esté siempre lloviendo, habrá días como éste.
Cuando no haya nadie quejándose, habrá días como éste.
Cuando todo se ponga en su sitio con un golpe al interruptor.
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

Cuando no tengas que preocuparte, habrá días como éste.
Cuando nadie tenga prisa, habrá días como éste.
Cuando no seas traicionado por el viejo beso de Judas.
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

Cuando no necesites una respuesta, habrá días como éste.
Cuando noconozcas a ningún oportunista, habrá días como éste.
Cuando empiece a parecer que todas las partes del puzzle que encajan.
Entonces debo recordar que habrá días como éste.

Cuando todo el mundo venga de frente, sin hacer ningún truco.
Cuando no tengas ningún aprovechado de quien recibir patadas.
Cuando no sea asunto de nadie la forma en que tú vives.
Sólo tengo que recordar que habrá días como éste.

Cuando nadie se cuele en mis sueños, habrá días como éste.
Cuando la gente entienda lo que le digo, habrá días como éste.
Cuando saques a la luz los cambios de las cosas
Bien, mi madre me dijo que habrá días como éste.

sábado, 27 de octubre de 2007

¿Felicidad? Extraña palabra.


Este es el mundo de los mil mundos. Los mil mundos de las millones de vidas. Felicidad, ¿dónde te metes, que muchas de ellas no te conocen?.

"Felicidad, yo no te conozco, más que por el ruído que haces al marcharte"


Algún escritor lo diría


Despertar, y ver que aún estás


"...ya no sé qué contarte que no te haya contado ya
ya no sé qué besarte que no te haya besado ya...
"



Yo también estaba tratando de escribir un post y no me sale.

Así que si quieres, bailamos. Hasta que encontremos algo de qué hablar. O algo nos encuentre a nosotros, si sabemos dejarnos encontrar.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Cuando el amor llega así de esta manera..


Existen muchas formas por las que puede llegar el amor, o los amores, porque no creo que sea un sentimiento único ni monolítico ni monocorde ni diáfano. (Quien lo probó, lo sabe, como dijo Lope). Existen muchas formas, pero yo creo que son básicamente dos, que reflejó magistralmente García Márquez en esa biblia y compendio del alma humana (y las almas humanas, porque tampoco el alma es única, ni monolítica, ni monocorde, ni diáfana) que es Cien Años de Soledad. Maestro que coloca como nadie, una detrás de otras, las palabras, e, igual que un dios juguetón y genial hace con el barro, de un soplo les infunde alma, corazón y vida, con la misma destreza innata y descuido con que los niños soplan al aire las pelusas etéreas del diente de león.

Una forma de llegar el amor: el flechazo que sufre Aureliano Buendía cuando conoce a Remedios, la bella:

"Todo el mundo quedó en paz, menos Aureliano. La imagen de Remedios, la hija menor del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo. Era una sensación física que casi le molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato. (...)
La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre. "

Y otra forma de llegar al amor: despacito, tras mucho tiempo de roce y convivencia, y sin que uno se dé cuenta, porque uno no buscaba el amor, sino otra cosa -o al menos, eso creía- o lo buscaba en otra parte. Es lo que les sucede al otro Aureliano (el segundo), con Petra Cotes, por "culpa" de una mala racha económica:

"...Por más que se mataban trabajando, por mucho dinero que escamotearan y muchas triquiñuelas que concibieran, los ángeles de la guarda se les dormían de cansancio mientras ellos ponían y quitaban monedas tratando de que siquiera les alcanzaran para vivir. En el insomnio que les dejaban las malas cuentas, se preguntaban qué había pasado en el mundo para que los animales no parieran con el mismo desconcierto de antes, por qué el dinero se desbarataba en las manos, y por qué la gente que hacía poco tiempo quemaba mazos de billetes en la cumbiamba, consideraba que era un asalto en despoblado cobrar doce centavos por la rifa de seis gallinas. Aureliano Segundo pensaba sin decirlo que el mal no estaba en el mundo, sino en algún lugar recóndito del misterioso corazón de Petra Cotes, donde algo había ocurrido durante el diluvio que volvió estériles a los animales y escurridizo el dinero. Intrigado con ese enigma, escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla. Petra Cotes, por su parte, lo iba queriendo más a medida que sentía aumentar su cariño, y fue así como en la plenitud del otoño volvió a creer en la superstición juvenil de que la pobreza era una servidumbre del amor. Ambos evocaban entonces como un estorbo las parrandas desatinadas, la riqueza aparatosa y la fornicación sin frenos, y se lamentaban de cuánta vida les había costado encontrar el paraíso de la soledad compartida. Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros. "

Existen, tal vez, dos grandes maneras de enamorarse: que llegue el amor a uno, o que uno llegue al amor. Pero yo conozco sólo una. Porque para mí la otra no trae en realidad amor, sino sólo su espejismo.

O puede que sea todo espejismo. Aunque, ¿qué es espejismo y qué realidad? Porque la realidad tampoco es una, ni monolítica, ni monocorde, ni diáfana. Y quien lo crea así, que sepa que está percibiendo un espejismo. (Pero es que toda percepción es, por definición, espejismo, y por definición, todo espejismo es una percepción... y paro ya, que me lío, que me lío...)


En todo caso, y a pesar de realidades, espejismos y desbarres, es bueno que llegue el amor. O, como decían los de la Cabra Mecánica, que vuelva...


CUANDO VUELVE EL AMOR


Y cuando vuelve el amor
que tantas veces se ha ido
y regresa cada vez más delgado
y con cara de vicio tocao
me tiene algo preocupado
se me mete en líos
me huele a postal
pero aun así bienvenido
lo quiero como a un hijo

Y cuando vuelve el amor
vuelvo a afeitarme a diario
no guardo ropa sucia en el armario
cocino para dos
hago limpieza general en la cocina
me sale mejor el arroz
y hasta yo huelo mejor
y aprendo un par de trucos nuevos
para hacer el amor

Cuando vuelve el amor
como por encanto
todo el mundo parece
más guapo y mejor
y es más difícil distinguir al enemigo

Y que no venga
y que no vuelva
y que no venga a comerte el corazón
toma, toma
lo tuyo es mío...
Para mi frió eres incendio
pa'mi sequía gota fría
maremoto pa'mi calma chicha
pa'mi locura lobotomía
cuando cada día se hace noche vieja
cada noche es la ultima
cada mañana la primera
bajo cero en plena primavera

Cuando vuelve el amor
como por encanto
todo el mundo parece
más guapo y mejor
y es más difícil distinguir al enemigo

Y que no venga
y que no vuelva
y que no venga a comerte el corazón
toma, toma
lo tuyo es mío...

Ángel de la guarda
dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día...


lunes, 22 de octubre de 2007

Cajitas de recuerdos



Esta es la música que me acompaña cada mañana, en mi cutreemetrés malcomprado en Ebay, mientras corro todavia de noche y ya con frío a por el urbano, y luego corro por el bus de profes, y luego dormito una hora larga hasta desperezarme malamente en el instituto. Esta es la banda sonora de estos días de principio y ajetreo. Esta es la cajita en la que guardo esto que serán recuerdos, estos días que serán, quiera o no y ya lo sé, inolvidables. Y esta seguirá siendo mi banda sonora hasta que la pereza y el ajetreo (que esto de montar un piso es como mudarse: una sabe cuándo empieza, pero nunca cuando acaba, y siempre parece no acabar nunca) me permitan cambiar las canciones que tengo metidas en mi cutremepetrés. Tenía que elegir: o cambiaba las canciones, o ponía un post. Y preferí poner el post. Así que mañana, y pasado, y al otro seguramente también, volveré a madrugar con Jack Johnson.

Descubrí a este chico por casualidad, por un flechazo con una canción de los Black Eyed Peas, el Gone going (canción sobre lo efímero de lo material y de lo destructivo y absurdo de poner todos nuestros huevos y nuestra alma en su cesta- aviso que el vídeo del enlace no tiene imagen, sólo música ), que me hizo "investigar" en ese nombre desconocido para mí. Y descubrí la versión original de esa canción redonda, y detrás de ella, a este guapísimo exsurfista -que es guapo, pero guapo, guapo, guapo-, creo que hawaiano, que tiene ya unos cuantos discos de música sencilla, quizás convencional y sin pretensiones, y canciones que hablan directamente de cosas o cuentan pequeñas historias (que parece tonto, pero eso hoy por hoy se está convirtiendo hasta en raro). El tipo de música con la que, al cabo de años de vaivenes melómanos, me voy quedando.

Tiene muchas canciones que me gustan, y yo llevo en mi cutrempetrés más de cien. Pero por elegir una para guardarle y hacerle un guiño a la que seré dentro de un tiempo, cuando quiera evocar y recordar todo esto, elijo una. Elijo esta. "Mejor juntos". Porque sin darme cuenta, hace tiempo que he dejado de elegir la soledad. Mejor juntos.

Y porque hay canciones que se convierten en cajitas de recuerdos, y en el perfume y la esencia del tiempo vivido y tal vez perdido, que algún día podremos, gracias a ellas, evocar.

O como dice Jack Jonson, como una caja de zapatos llena de fotos sentimentales en tono sepia...



No hay combinación de palabras
Que pueda poner en el reverso de una postal.
Y no hay canción que pueda cantar,
pero puedo probar, para tu corazón,
nuestros sueños, y están hechos de cosas verdaderas,
como una caja de zapatos llena de fotos sentimentales en tono sepia.

El amor es la respuesta,
al menos para la mayoría de las preguntas en mi corazón.
¿Por qué estamos aquí y adónde vamos?
¿Y como es que ha llegado a ser tan difícil?
No es siempre fácil y a veces la vida puede ser engañosa.
Te diré una cosa,
Siempre es mejor cuando estamos juntos.

Mmm, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, miraremos las estrellas cuando estemos juntos.
Bueno, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.

Y todos estos momentos podrían simplemente encontrar
un lugar en mis sueños esta noche,
Pero sé que se irán cuando la luz de la mañana cante
o traiga nuevas cosas para la noche de mañana, ya ves,
que se irán también.
Tengo demasiadas cosas que hacer.
Pero si todos estos sueños encontraran su lugar en mi día a día,
tendría la impresión de estar en el medio de algún lugar
sólo los dos, solo tú y yo, sin tantas coss que hacer
o lugares adonde ir, así que nos sentaríamos bajo el árbol de mango ahora.

Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Mmm, estamos en algún lugar juntos.
Bueno, siempre es mejor cuando estamos juntos.
Sí, siempre es mejor cuando estamos juntos.

Creo en los recuerdos, parecen tan, tan lindos cuando duermo
Y cuando me despierto, pareces tan bella durmiendo a mi lado.
Pero no hay suficiente tiempo
Y no hay ninguna, ninguna canción que pueda cantar,
Y no hay ninguna combinación de palabras que pueda decir
Pero aún te diré una cosa:
Estamos mejor juntos.

viernes, 19 de octubre de 2007

Sensibilidad e imaginación



Sí, el último libro que he leído ha sido "La joven de la perla", de Tracy Chevalier. No soy demasiada aficionada a los best-sellers, ni a los libros que encabezan las listas de ventas, no sé si por un prejuicio que me ha quedado como poso de mi lejana carrera de Filología, o por pura tontería, pero basta que un libro esté entre los más vendidos y más leídos para que yo me resista. De hecho, empecé "Los pilares de la tierra" por empeño de una de mis mejores amigas, que me conoce muy bien y creyó que me encantaría, pero se equivocó, y lo que quiere decir este hecho aún no lo tengo claro. Seguramente, no quiere decir nada en realidad (absurda manía humana que yo tengo en grado superlativo, esta de buscarle significado a todo). De hecho, no sólo no me encantó, sino que ni siquiera lo terminé. Y he ido por el mundo siempre como un bicho raro, por que no: no me gustó "Los pilares de la tierra. Y no me he leído ni "El código Da Vinci", ni "La sombra del viento", ni muchos de los otros títulos que en los últimos años han despertado un entusiasmo casi unánime. Ni se me hubiera ocurrido leer "La joven de la perla". Peeeeero...

Yo no tengo ni idea de pintura. No soy demasiado aficionada, y las tres nociones que puedo tener se basan en la aplicación de tres o cuatro conceptos muy generales sobre la historia del arte (de la que forma parte la literatura) a los cuatro cuadros que cualquier persona con un mínimo de cultura general conoce. Conocía vagamente la existencia de este cuadro de Veermer a fuerza de ver el libro de Tracy Chevalier recurrentemente en los estantes de grandes almacenes y librerías. El año pasado me acerqué un poquito más a la obra de Veermer porque aparecía mencionado en La Fundación, obra de teatro de Buero Vallejo que mis alumnos de 2ª de Bachillerato debían analizar el año pasado. Es un pintor holandes del siglo XVII, que maneja muy bien el claroscuro y la perspectiva, lo que ha hecho suponer que podría manejar la "cámara oscura", curioso invento basado en un juego de espejos cuyo funcionamiento yo comprobé en Jerez de la Frontera hace un par de años, donde lo han convertido en atractivo turístico... (y aprovecho, como en la tele, para mandar un cariñoso saludo a Jerez, por si alguien de allí nos leyera ;-) ). Veermer suele pintar escenas de la vida cotidiana, y tiene un cuadro, "El taller del pintor" o "Alegoría de la pintura", donde recrea su propio acto de pintar, dentro de ese gusto barroco por jugar también con los espejos, y reflejar en la propia obra de arte al artista creando su obra (lo harán también contemporáneos suyos como Velázquez en Las meninas o Cervantes en el Quijote. Curioso que surja esta misma característica al mismo tiempo en obras distintas, en lugares alejados, de forma diferente y siendo difícil hablar de contacto o influencia... ¿El signo de los tiempos, o su semilla, o algo así?). El libro recoge además algún otro detalle real de la biografía de Vermeer, como la escasez de cuadros debido a la lentitud con que pintaba y que parece ser que le trajo algunos problemas económicos.

El cuadro que sirvió de base a la novela es muy sencillo, ya lo véis. Una joven de espaldas y con la cabeza girada mirando al pintor y al espectador, con la boca entreabierta y unos enormes ojos expresivos. Va ataviada con un curioso tocado en la cabeza (de hecho, el nombre original del cuadro parece ser "Muchacha con turbante"), pero llama la atención sobre todo la perla que pende de su oreja, punto de luz que equilibra la luminosidad del rostro en contraste con el fondo oscuro. Y a partir de estos elementos, Tracy Chevalier ha reconstruido una historia maravillosa, dando explicación, sentido e importancia a todos esos elementos y recreando con sutileza la historia inventada a partir del cuadro real, jugando con los silencios y las miradas (como hace la pintura) para sugerir todos los sentimientos no dichos que laten en los simples acontecimientos cotidianos. Una delicia de novelita, que me ha hecho mirar y remirar el cuadro y emocionarme de un modo que me ha sorprendido a mí misma con la historia de Griet. La muchacha con turbante. La joven de la perla.

Parece ser que la novela dio lugar a una película en el 2003 protagonizada por Scarlett Johanson, la chica de moda. En todo caso, y aunque por el físico la elección de esa actriz me parece de lo más acertada, no sé si darle una oportunidad también. Creo que tiene demasiado difícil acercarse a la sencilla emotividad del libro.

Y la idea de recrear con tanto mimo una historia a partir de un cuadro, ese ejercicio de sensibilidad e imaginación, me parece preciosa. Quizás me anime a hacer algo parecido en clase, aunque miedo me da, que la sensibilidad, y las ganas de escribir y ejercitar la imaginación que me han demostrado hasta ahora mis alumnos es... ¿cómo diría yo?... ¿especial? Bueno, algo así.

En todo caso, os lo recomiendo.

miércoles, 17 de octubre de 2007

La temida libertad.


Para ser libre hay que desear serlo. Para ser libre, hay que atreverse a serlo. Hoy en día, aquí, donde la palabra “libertad” ya no se encuentra secuestrada, siento que somos menos libres que nunca. Y lo que es peor, no me genera apenas rebeldía.

Casi dudo de que haya alguien libre hoy en día (si los hay, benditos ellos). Creo que la libertad quedó en el camino en estas “sociedades del bienestar” como un tributo inexcusable que pagar.

Pesan tanto los convencionalismos, la seguridad, la tradición, las normas, las costumbres...¿Queda algún sitio para la libertad? ¿Qué queda de nosotros después de este tránsito? ¿Tiene algún sentido hablar ya de libertad? Definir la libertad, ya es acotarla.

Michel de Montaigne escribió en el siglo XVI, en pleno Renacimiento: “nos han sujetado con tales ataduras, que ya no tenemos impulsos espontáneos, se ha apagado nuestro vigor y nuestra libertad. No están sujetos a nuestra propia tutela”.

A todos se nos admira o se nos aprecia, básicamente, por seguir patrones preestablecidos. Erasmo decía que cuantos menos dogmas, mejor. Esa expresión hoy casi produce risa. ¿Alguien vive fuera del dogma, de los dogmas?.

No somos más que una caricatura de lo que quizás fuimos un día. Somos como el ave que nació encerrada y ya no sabe ni sabría nunca volar, principalmente, porque se siente más segura no haciéndolo. El ave que ya no añora lo que nunca tuvo.

Quizás la evolución fuera eso: el paso de seres embrutecidos y libres, a seres con su hipócrita conciencia de animales acomodados y serviles bien construida sobre la tradición, la costumbre, la religión y el miedo.

martes, 16 de octubre de 2007

Yamirah y el velo



Yamirah me mira desde su pupitre en la primera fila con ojos oscuros, ávidos y siempre interrogantes. Tiene el rostro moreno y luminoso, rodeado siempre por su pañuelo, que le cubre preceptivamente el pelo y que lleva siempre sujetado por broches vistosos. Y con toda la naturalidad del mundo. En mi centro no hubo ninguna polémica con esto, y a mí, la verdad, me pareció en su momento un poco ridícula. El velo no es un burka, y desde luego, aunque yo no pueda estar más en desacuerdo con lo que puede representar (que tampoco lo tengo claro, disculpen mi ignorancia), tampoco creo que esté tan alejado de lo que representó (y quizás representa todavía) la falda o los tacones. Y opresiones machistas las sufrimos también en Occidente, a ver qué se creen, algunas mucho más devastadoras por sus efectos físicos y psicológicos inmediatos, y algunas mucho más peligrosas por ser más sutiles y, por tanto, menos susceptibles de ser detectadas, asumidas como tales, rechazadas y combatidas. Y hablo, por ejemplo y sin ir más lejo, de las imposiciones estéticas como la delgadez (o la depilación, poniéndonos quisquillosos). "Eso es una cuestión estética", dirán algunos (víctimas inocentes de la eficacia de lo sutil). Y yo diré que la estética es relativa y cultural, y muchas veces consecuencia de valores subyacentes como el machismo. O el negocio feroz y cruel, que es de lo más inmoral que existe, y nadie lo prohibe. Más bien se fomenta.

En todo caso, no creo que la civilización árabe vaya a cambiar, ni sus mujeres e hijas a liberarse y alcanzar la igualdad, porque en los colegios del país extranjero al que han tenido que irse a vivir -sin que éste termine de aceptarlas del todo (por favor, que no me lo nieguen)- prohíba que lleven ese velo, que ellas no sienten como opresor, a la escuela.


¿Qué se logrará en realidad? Hacerlas sentir más extrañas, convertir en choque y en violento el encuentro de dos culturas, dejarles claro el plano de desigualdad, de estar siempre bajo sospecha, y la exigencia de cambiar, y adaptarse, y suplicar por favor aceptación.

Cuando se quiere cambiar algo, hay que cambiarlo de raíz, no limitarse a intentar cortar los síntomas y las consecuencias. Y si no puedes cambiarlo, sólo limitarte a cortar los síntomas y las consecuencias, mira bien el efecto que esto tendrá, y procura calibrar cuidadosamente si eso hará más bien que mal, o más mal que bien. Aunque me temo que lo que se pretende en realidad con la prohición del velo y su polémica -que proporciona además material para rellenar discusiones y columnas y de todo en los medios de comunicación, y así entretenernos mientras la vida sucede, ajena y por su cuenta- no es cambiar nada, sino simplemente sentirnos buenos, y progresistas, y modernos, y nuestra sociedad qué buena y qué avanzada y qué igualitaria, que nuestras niñas no llevan velo ni permitimos que lo lleve nadie. Y a ver si tanto afán por sentirnos modernos y buenos y progresistas se debe a que en realidad no lo somos tanto... En fin. Que yo no venía a hablar de esto.

Yamirah habla con el tono y el color de voz más típico de las mujeres marroquíes: agudo, contundente, y cerrando mucho las vocales. Y con ese tono se presenta siempre voluntaria a leer lo que ha escrito, y a contestar lo que yo pregunto, aunque a menudo no acierte. Ella pregunta tímidamente todo lo que no entiende, y siempre acoge mi respuesta con una sonrisa, incluso cuando esa respuesta no logra ser del todo útil. Yamirah se sienta siempre con Alexia, una chica rumana mucho más alta, pálida y seria que ella, pero que parece compartir sus mismas dificultades de comprensión y su desconcierto. Yo las tengo a las dos en un grupito de diversificación de sólo 10 alumnos. Los programas de Diversificación son una modalidad especial de enseñanza que prentende ayudar a alummos con interés y trabajadores, pero con dificultades para el estudio, a conseguir el título de la ESO. Suelen ser grupos muy agradables, aunque académicamente limitados, y el que sean pocos ayuda a que todos nos sintamos en familia.

A principios de curso les pedí a mis alumnos, para conocerlos un poco, que me escribieran un texto hablándome de ellos mismos. En un balbuceante castellano y con una letra picuda, Yamirah me contaba que sólo lleva siete meses en España, que el año pasado le había costado mucho y que le dolía que los otros alumnos se rieran de ella cuando no entendía algo o cuando se equivocaba. Que a ella le gustaría ver cómo estarían ellos en Marruecos.


Yamirah y Alexia parecen aparte del resto, desde el sitio que han elegido para sentarse (y diez en una clase pensada para 30 permite un amplio margen de elección) hasta sus paseos solitarios por el patio en el recreo. En el grupo hay alguno que parece propenso a reírse especialmente de sus fallos, con el revanchismo desesperado del que siempre ha sido blanco de burlas y que de pronto se siente en la posición de reírse de otro aún más débil o aún más torpe, sea por lo que sea, y hemos tenido que pararle los pies varios profesores. Pero aún así, el clima del grupo es cada vez mejor, hemos llegado ya al punto del respeto comprendido, y Yamirah y Alexia se ríen como las primeras con las gracietas y las tonterías del par de payasetes que, por suerte, tenemos en clase. Y en el primer examen que hemos tenido no lo han hecho del todo mal. Yo creo que es un buen comienzo, porque quedan todavía muchos meses de trabajo.

Hoy tenía clase con ellos a 1ª hora, y justo antes, el director me ha dicho que en 3º de Diversificación nos quedamos sólo con 8 alumnos, porque Yadirah y Alexia no pueden estar ahí, que ha habido un error, que no tienen la edad que exige la ley y que deben volver cada una a su grupo normal. Que el inspector ha sido inflexible en este punto. Que la ley es la ley. Es decir, que deben perderse en un grupo de 30 alumnos donde aún se podrá atender menos a sus peculiaridades, sus carencias, sus dificultades y donde tendrán muchísimas menos opciones de preguntar, de participar, de que se sepa de ellas y de que ahí están. Y donde aunque no se las ayude, porque será aún más imposible, se las exigirá lo mismo que a los demás, que la ley es la ley, y un grupo normal no es Diversificación. Y seguramente ellas se sentirán como un cojo al que exigen que en un año aprenda ballet, y seguramente, arrojarán la toalla. Pero es que les han quitado cruelmente la toalla.

Cuando se lo he dicho, ellas no entendían. Les pregunté la edad. “14 años” “Para estar en Diversificación tienes que tener 15”. Los ojos de Yamirah me miraron con angustia. “Tienes que estar todas las horas con el grupo grande”. “Pero no voy a enterarme de nada”. Ahí no supe qué decir. “Aquí por lo menos aprendía cosas”. Llegó a decirme que prefería perder el año y seguir viniendo a las clases de Diversificación. Pero me temo que va a perder el año sin seguir viniendo a clases de Diversificación y sin aprender apenas cosas, o aprendiéndolas con una dificultad enorme, corriendo contrarreloj, cuestarriba, con un gran peso, en una inhumana carrera de obstáculos. Le han dado un caramelo, le han tendido una mano, le han abierto una puerta y ahora, de repente, se la han quitado. La única facilidad que tenían, se ha desvanecido. ¿Por qué?


Por un error administrativo, por una exigencia de una cifra en un sobre de un matrícula, por una mierda de sistema educativo que se siente mejor y progresista por exigir que las niñas musulmanas se quiten el velo, que parece ser que es lo que las discrimina, lo que es injusto, lo que les resta oportunidades y derechos. Por una administración que todo lo arregla con decretos-parche, documentos, (que si PEC, que si PCC, que si Programaciones y Planes y Proyectos para todo), y palabras, palabras, palabras. Palabras por todas partes, flotando en el aire, saliendo de los despachos y perdiéndose en las alturas. Todo inundado de grandes palabras huecas: integración, diversidad, valores, tolerancia, convivencia, resolución de conflictos, habilidades sociales.... ¡¡Mierda, mierda y mierda!! Por un país que se escandaliza por las pajas en los ojos ajenos, y a veces parece enorgullecerse de las vigas en los propios. Por este Occidente que juzga desde arriba, aunque esté casi ahogado por el fango, y que empieza las casas por el tejado para terminar por echar a todos fuera. O por aplastarlos.

Y porque lo que sabe la gente de la calle, y sobre lo que discute, y sobre lo que polemiza, es sobre si las niñas musulmanas van a clase con o sin el velo. Como si ese fuera el problema. Como si fuera el velo lo que oprime a Yamirah.



lunes, 15 de octubre de 2007

domingo, 14 de octubre de 2007

Realidad y ficción



Este es uno de esos vídeos que si te los pusieran como ficción dirías que es inverosímil. Y eso demuestra que los límites entre realidad y ficción, y las cualidades que les atribuimos, son convencionales, y la verosimilitud, como ya señaló Cervantes en el XVI, consiste en acomodar la ficción no a la realidad, sino a lo que la mente del espectador espera de ella. Y desde luego, la mente de uno no espera cosas como esta de la realidad. Pero ahí están. Porque la realidad pasa mucho de lo que nosotros esperemos de ella.

Realidad inverosímil por grotesca y esperpéntica (el peinado de la señora, los angelitos y las luces, el momento en que la vecina ve a la otra vestida con las bolsas, "me lo llama sin ser yo nada de eso", "yo no escribí la palabra, sólo la retoqué"...), que mueve a una risa entreverada de espanto. Porque da un poco de miedo, ¿no?

sábado, 13 de octubre de 2007

¿Te acuerdas?



Recién pasado en día de la Hispanidad (que es otra cosa que el día de España, diga lo que diga Rajoy con su tufillo franquista apelando al corazoncito de los nostálgicos del "una grande y libre"... qué vergüenza, iba a decir ajena, pero no me atrevo a ser tan optimista), aquí dejo un clásico que compartimos una vez los hispanohablantes, sobre todo los que allá por el 89-90 éramos adolescentes, o niños, o jóvenes. Ventajas de compartir una lengua, y una de las pocas (pero importantes) ventajas de una "unidad" polémica e innegablemente construida a base de injusticia, sufrimiento y barbarie.

No me digas que no te acuerdas. Si te reíste entonces, te volverás a reír ahora. Pero seguro, seguro, se te colará una punzada de nostalgia.

El rap, al menos en el mundo hispano, era todavía una gran novedad en pañales y creo que no se usaba el término hip-hop. La música disco iba desapareciendo, nuestras cosas las cantaban los grandes grupos de la movida española de los 80 (El Último de la Fila, Radio Futura, Nacha Pop, Loquillo) y se estaban poniendo de moda las bachatas de Juan Luis Guerra, la lambada y los revival de los sesenta. Y en medio de ese panorama, apareció esta canción.

Yo por aquel entonces empezaba a salir con las amigas, que eran lo más para mí, tonteaba con el que luego sería mi primer "novio" -aunque siempre me ha dado repelús esa palabra... ya entonces...-, fumaba a escondidas, o al menos lo intentaba (lo de a escondidas, quiero decir, pero en un pueblo y en un minipiso era bastante complicado), y me peleaba casi a diario con mis padres por la hora de vuelta, por ir a la discoteca, por las pintas que llevaba, por si me subía en el coche de alguien y clásicos adolescentes por el estilo.

Y tú, ¿dónde estabas?

viernes, 12 de octubre de 2007

12 de Octubre


Hoy se celebra en España el anteriormente conocido como "Día de la Raza" y hoy día de la Hispanidad, es decir: la fiesta nacional.

Conmemora el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón, para más gloria de la Corona y el pueblo español.


Ahora me viene a la memoría la argumentación por analogía usada por Adam Nordwell, un jefe indio de los chippewa, en Roma (creo que fue en los '70), cuando al descender de su avión proveniente de California completamente vestido con los trajes e insignias de la tribu, anunció que en el nombre del pueblo indio estadounidense, tomaba posesión de Italia “...en virtud del derecho de descubrimiento”, de la misma manera que lo hizo Cristóbal Colón en América. “Yo proclamo este día el día del descubrimiento de Italia”, dijo Nordwell. “¿Qué derecho tenía Colón a descubrir América cuando ya estaba siendo habitada desde hacía miles de años? El mismo derecho que ahora tengo para llegar a Italia y proclamar el descubrimiento de su país.”


Hay que reconocerle la originalidad. Seguramente, tal "broma" no gustó nada a los italianos. Ellos, como el resto de los europeos, pertenecen a esa clase superior de pobladores del mundo que han sido dotados para establecer el orden moral del idem y contribuir con el Gran Hermano Americano (los USA) a que los oscuros rincones del mundo -como llamó el ínclito Bush a los países surgidos producto de la descolonización y sumidos en la pobreza- vayan entrando en vereda.


Rescato hoy, en este día, parte de un texto de Magdalena Gómez (rebelión).


"Gracias al decidido actuar de los pueblos indios se ha dejado atrás la nada loable “celebración” del llamado Día de la Raza, y en su lugar proponen que se denomine “día del genocidio”. Al respecto, Guillermo Bonfil (1935-1995) señaló: “los que tal vez no la gocen ni encuentren motivo de satisfacción son los indios. Para empezar, no entenderán que se hable del descubrimiento cuando sus antepasados llevaban milenios en estas tierras. Si hubo descubrimiento aquel 12 de octubre, fue el indio el que descubrió algo. Por ejemplo: que sus tierras originales no eran suyas, sino de un señor que se llamaba la Corona; que sus dioses no eran ciertos; que su piel cobriza era signo de inferioridad y motivo de discriminación; que él y todos sus ancestros habían vivido en el pecado; que de entonces en adelante debía llevar otro nombre, un nombre cristiano, de gente pues; que era indio. Experimentó, más que supo, que entraba en otra historia, sujeta a leyes económicas, políticas y sociales diferentes, sobre las cuales no tenía el menor control. Algo más: que entraba por la media puerta de abajo, como los perros. Y aquello duraría... lleva casi cinco siglos”


En 1992 los estados de Iberoamérica (dominados por descendientes de europeos y criollos, puesto que la población indígena ha sido relegada siempre) sin ningún pudor, se dispusieron a celebrar “el encuentro de dos mundos”, mientras la parte indígena se plantó con su rechazo absoluto al festejo oficial del Quinto Centenario.


Sería interesante poner aquí algunas de las actas de los Archivos de Indias, escritos de Bartolomé de las Casas...o textos como éste, de fuentes castellanas (fuera de toda sospecha, puesto que fueron los conquistadores):


Requerimiento de 1513, donde se dice textualmente:

“Y si no os sometierais, y en ello maliciosamente dilación pusierais, yo entrare poderosamente contra vosotros y os haré guerra y os sujetare al yugo y obediencia de la iglesia y la corona, y os tomare y a vuestras mujeres e hijos, los haré esclavos, los venderé , tomare vuestros bienes y os haré todos los daños y males que pudiere, siendo todo ello vuestra culpa”

(”Historia general y natural de las indias”, Gonzalo Fernández de Oviedo, 1535-1548)


Sería bueno recordar ciertas cosas, para saber al menos lo que celebramos. Eso sí, luego cada uno puede seguir celebrando lo que quiera...o lo que le dejen.

Estoy aquí



Quería decirte
como te he dicho otras veces,
que pase lo que pase estoy aquí.


Estoy aquí.
Pase lo que pase,
y esté donde esté,
incluso cuando parezca que me he ido muy lejos,
estoy aquí.

martes, 9 de octubre de 2007

Perros callejeros

Viendo el post anterior, me han venido a la mente canciones y recuerdos de mi infancia. Por cierto, empiezo a pensar que mi infancia empieza a quedar demasiado lejos y se empieza a perder en la nebulosa del tiempo. Empiezo a verla ya muy difulminada, como un dibujo que ha sido borrado en parte sobre el lienzo original. De pequeño, sobre los 12 o 13 años tuve una época en la que me hice fan de "Los Chichos".



Iba mucho con mi amigo Santi y nos gustaba ir con los hermanos mayores de éste (si mi madre se entera). Era gente que estaba metida en el mundo de la droga -la heroina hacía estragos por aquel entonces en España- incluso un hermano de Santi murió a causa de aquellas sustancias, de aquella vida; murió como tantos miles de jóvenes en España. Nos íbamos a veces con su hermano y su amigo "solis" (nunca supe si era apellido, nombre o ninguna de las dos cosas). Un chico de aspecto agitadao y macarril que vestía pantalones pitillo, cazadora de napa negra y unos zapatos de punta rojos e iba lleno de cadenas de oro. Asustaba el verlo venir...pero nosotros nos íbamos a veces con ellos en un Seat-132 a dar alguna vuelta, al compás de "los chichos".

El otro día, hace ya meses no puede resistir la tentación de comprarme un disco de ellos y recordar viejas canciones. El grupo nacido en los '70 era el máximo exponente de una juventud marginal y desencantada, pobladora de las chabolas y suburbios de grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Alcanzó un notable éxito, sobre todo gracias a las canciones del gran "Jero", auténtico alma del grupo y estupendo letrista. Después, con la marcha de éste (por causa de las drogas, entre otras cuestiones) y su posterior suicidio, el grupo perdió fuelle hasta casi desaparecer.

Así mismo, surgieron otros grupos imitadores, que trataban de llenar el espacio rumbero dejado por estos, sin conseguirlo. Simplemente, me acordé de ellos y de esa parte de la juventud que ellos representaban (incluso con un tipo de cine al efecto). Muchos de esos jóvenes (auténticos perros callejeros) quedaron en el camino, otros se reciclaron y otros alumbraron hijos para que los sutituyeran en el mundo marginal en el que se mueven. La pobreza y la marginalidad tiende a heredarse y a retroalimentarse.

Hoy esa música, Los Chichos, ha quedado relegada a las vitrinas de las gasolineras y mercadillos, alejada del gran público y de la nueva clase media. Esa música ya no aparece en la televisión ni en los programas de radio, esa música (para algunos símbolo de la horterada nacional) sólo es posible escucharla ya en barrios como el de las 3000 viviendas en Sevilla, o zonas de Barcelona o algunas zonas de Vallecas en Madrid, etc... En este blog, versicolor, abigarrado donde los haya, no podía faltar un espacio para "El Jero" y compañía...

video

lunes, 8 de octubre de 2007

Elegir











Esta canción es preciosa, pero si te doy a elegir ¿con qué versión te quedas?

A mí nunca se me ha dado bien elegir, porque soy una gran indecisa. Y las únicas elecciones que se me dan bien son aquellas que no se hacen con la cabeza. Bueno, que en realidad no se hacen, porque eliges sin poder elegir otra cosa. Cuando eliges inevitablemente y algo parece elegir por ti. Es decir, sin que haya una verdadera opción. Y eso no tengo claro que sea, en realidad, una elección.

Lo bueno de las elecciones inevitables: que no dudas. Lo malo: que no sé si son compatibles con la libertad.

Pero es que cada vez entiendo mejor lo del miedo a la libertad.




domingo, 7 de octubre de 2007

Entalto Aragón


Un valle verde, con una la hierba inverosímil a modo de alfombra mullida y acogedora, y unas montañas que se alzan altivas, protectoras e indiferentes, para dejarse abrazar indolentes por las nubes. Un pueblo gris de callejas adoquinadas e inclinadas, con sus casitas de grandes puertas y balcones bajos, con sus arcos, con sus plazas, con su bullicio de niños y de charlas. Una carretera imposible, rebelde, serpenteante como la vida misma, mientras se cuela juguetona por los recovecos que le dejan las montañas, los barrancos y los ríos. Un paisaje lleno de verdes, grises, azules, marrones y dorados otoñales, los mismos colores que se mezclan en Galicia, pero de forma tan inexplicablemente distinta. Eso es un trocito de Pirineo. Del Pirineo aragónés, que es el que yo más conozco. Y que más quiero. Sí, tan pronto.

Llegamos por los pelos a Aínsa, tarde para la reserva que teníamos en el restaurante, en parte porque en Jaca tuvimos que dar mil y dos vueltas para aparcar, y en parte porque en la carretera imposible de adelantamientos improbables (en la única recta en kilómetros tuvimos que renunciar porque de frente venían un par de extrañas bicicletas, para desesperación de Dei) nos tocó delante el típico coche prudente hasta la desesperación y que confunde prudencia con lentitud (y sí, mujer tenía que ser). Pero mereció la pena. El restaurante en cuestión ("Casa Callizo"), situado en Ainsa, un pueblecedito medieval precioso, es de esos a los que no le falta detalle, de ambiente tranquilo y camareros distantes, amables, respetuosos y profesionales. Hasta tenían somelier...


El menú, muy cuidado y original, combinaba los elementos tradicionales de la cocina aragonesa con una elaboración y una presentación muy muy moderna tipo "nouvelle couisine" (digo esto desde la más absoluta ignorancia, consciente de que igual estoy metiendo la pata y sólo para que me entendáis). Y para muestra elocuente, un par de botonoes:
  • Los aperitivos, consistentes en un "cócktail" que llevaba piña colada, una gamba rebozada y tortilla de patata que se comía en copa. Sí, si, en copa, porque era "deconstruida". Aquí la tenéis, en primer plano, en todo su esplendor antes de ser devorada procurando coger todo con la cuchara, de abajo a arriba, tal y como nos explicó el camarero. Aclaro que estaba buenísima.


  • El postre: una torrija con helado de queso fresco y no sé qué mas, que estaba para morirse allí mismo y resucitar, como mucho, para pedir unas brochetas de frutas que servían con un tazón de chocolate y a las que yo tuve que renunciar. Tendremos que volver, qué remedio.




Entre ambos, yo me comí una lasaña crujiente de boquerones, un huevo a 65 grados con longaniza y borraja, y cordero, y Dei se pidió también el cordero, pero antes tomó mil hojas con algo camarelizado y algo de foie, y arroz no recuerdo cómo (es que era todo complicado, y bastante tengo con recordar lo mío) pero que le hizo poner cara de éxtasis un par de veces. La verdad es que cuando pruebas este tipo de cocina te das cuenta de que tiene su sentido que sean cantidades tan pequeñas, porque son sabores muy intensos que parecen combinados al milímetro, y de los que es imprescindible paladear cuidadosamente cada bocado. Pero yo sé que a los entusiastas acostumbrados a la comida tradicional del Norte de España, les costaría habituarse a que calidad no vaya unida a cantidad en pantagruélica confusión.

Salimos rodando (que muchos pocos hacen un mucho) y felices, como siempre que se come bien, a pasear por Aínsa, que incluso sin Callizo ya merecería la pena. Luego nos fuimos hacia Ordesa y Monte Perdido, y nos paramos cuando nos pararon las montañas, frontera por narices con Francia, en un circo glaciar que ha dado lugar a un valle de cuento.

Al volver paramos en Bielsa, pueblecito superturístico, pero que en otoño disimula y solo se le nota por el ritmo de la construcción, que hasta en sábado estaban trabajando sin enterarse de que el sector amenaza con crisis (o quizás por eso, vete tú a saber), y nos quedamos con las ganas de entrar a ver un museo sobre la resistencia de este pueblecito en la Guerra Civil, porque estaba recién cerrado. Lo dicho: tendremos que volver.

Regresamos a Zaragoza ya de noche, escuchando el pregón de las fiestas que retransimitían con entusiamo por la radio. Y yo me emocioné un poquito (qué tonta, si a mí nunca me han emocionado estas cosas), por el entusiasmo de la gente, por el carácter aragonés, por la emoción de la Maña de ser pregonera y porque no me sentía, en absoluto, ni visitante ni forastera. Y entendí de pronto que sí, que existe el cariño de adopción y que una tierra puede convertirse en la tuya, sin que te des cuenta y sin que la otra deje de serlo. Sobre todo cuando es una tierra sonriente y acogedora como esta, aferrada al agua en medio de algo parecido al desierto y a la montaña pirenaica desde la llanura del Ebro.

Entalto Aragón.

viernes, 5 de octubre de 2007

Yo soy de todo el mundo y todo el mundo...



Feliz fin de semana a todos. En Zaragoza arranca el Pilar y nosotros nos vamos al Pirineo. Y la próxima semana solo tendrá tres días, y quizás vea llover en Galicia. O quizás no, quizás tengamos sol...

¿Quién da más?

miércoles, 3 de octubre de 2007

De piropos y señoras



Curioso fenómeno, el de los piropos.

Pueden ser halagadores, ingeniosos, poéticos, soprendentes, vacíos, galantes, machistas, ofensivos, inoportunos, interesados, reverenciales, acertados, irreverentes, hipócritas. Y hasta humillantes.

Pueden provocar sonrojo, halago, incomodidad, sonrisas, sorpresa, indignación, curiosidad. Y hasta vergüenza. A veces, de la ajena.

En Andalucía son especialmente propensos e ingeniosos en la práctica del noble arte del piropo, y una amiga mía decía que a ella unos días en Sevilla casi le subían la autoestima. Hasta los municipales cuando les pedías alguna indicación aprovechaban para soltarte alguno como si viniera a cuento.

Curioso fenómeno no sé si será tipical spanish, y que practican algunos a solas y algunos en grupo, no sabría decir ni discernir con qué intención o finalidad. Como siempre, admitimos (en realidad, rogaríamos, pero el temor a que sea en vano, como casi siempre, nos lo impide) cualquier sugerencia , hipótesis o teoría al respecto.

Creo que todas los hemos oìdo alguna vez. Pero llega una edad, que perciben siempre los demás antes que tú misma, en que dejas de oírlos y el mundo empieza a llamarte "señora". Y quizás sea ese el momento en el que el hecho de que haya piropos pueda ser más hiriente.

Y este corto, tan conocido, es buenísimo. Y no quería que faltara por aquí.

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