lunes, 31 de diciembre de 2007

Que gane el quiero la guerra del puedo



Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

Todo eso y lo que se nos vaya ocurriendo, por favor, nos lo sirven en el 2008. Gracias.

Feliz año nuevo

domingo, 30 de diciembre de 2007

Basta ya


La España de cerrado y sacristía ruge enseñando los dientes en defensa de la "familia", con frases apocalípticas sobre el futuro de la sociedad y la democracia ante lo que ellos creen una amenaza para esa, según ellos, indispensable institución. Al margen de lo que esta idea pueda tener de discutible y discutida, yo solo puedo gritar: ya está bien. Basta ya. Por muchos, obvios e indignantes motivos, ante los que no podemos callar, ya que ellos no callan. Fundamentalmente:
  • Lo que está en crisis (y no amenazado) no es la familia como institución, sino "su" concepto de un modelo determinado de familia. La actual legislación, en todo caso, enriquece y amplía ese concepto abriendo nuevas posibilidades de concreción de lo que puede ser una "familia", que responden a la demanda de gente que así lo necesitaba y que puede, por fin, ser un poco más feliz y vivir más acorde con su forma de pensar y de sentir, y esas nuevas posibilidades no excluyen ni discriminan -en absoluto, vamos- al modelo de familia que ya existía, que sigue siendo mayoritario y reforzado por lo que más influye en la mentalidad actual, es decir, la televisión (y basta con ver cualquier programa del corazón, por ejemplo).

  • Si es su concepto de familia, el de familia cristiana, que hagan ellos examen de conciencia de por qué está en crisis, y apelen a los cristianos para que la preserven, la cuiden o la mantengan. Pero que no apelen a la legislación laica para que les saque las castañas del fuego o se configure según los intereses de ellos, que son un sector determinado de la sociedad. Ni más, ni menos. Y por favor, que lo asuman ya de una puñetera vez y nos dejen en paz.

  • La legislación sobre el aborto, el divocio expres o los matrimonios homosexuales no obligan a nadie a abortar, a divorciarse rápido o a casarse con alguien del mismo sexo. Si ellos no quieren hacer nada de esto, estas leyes no les afectan para nada. ¿Por qué les molesta tantísimo que otros hagan lo que ellos no quieren? Que nos dejen condenarnos en paz. por favor.

  • A ellos nadie les impone nada y a ellos nadie los limita. Son ellos los que nos quieren limitar e imponer unas normas y una moral determinadas y concretas, consecuencia de unas creencias religiosas determinadas y concretas, relativas y perdidas entre tantas posibles como hay en el mundo.

  • Que no erijan la bandera de la democracia cuando su actitud en este tema es claramente antidemocrática: intentan imponer las leyes de un grupo a otro grupo que las rechaza. Las leyes actuales permiten que los católicos tengan sus derechos a salvo y puedan vivir como ciudadanos acordes con sus ideas religiosas y morales, y además permiten esto mismo a los que no lo son. Las que ellas proponen impondrían las ideas católicas también a los que no lo son.

  • Los valores positivos (amistad, amor, solidaridad, compañerismo), para que sean sólidos, auténticos, duraderos y con sentido (y no tapadera, excusa o coartada hipócrita para otras cosas), por definición se pueden enseñar, pero nunca imponer por ley.

  • ¿Y luego se escandalizan del fundamentalismo islámico que mezcla política y religión? ¿Y luego quieren prohibir el velo en aras de la tolerancia? Pero qué cara más dura.

  • ¿¿¿¿Pero cómo se atreven avisar de los peligros de la laicización de la sociedad???? ¿¿A nadie más le parece increíble a estas alturas, tres siglos después de la Ilustración y cuando una ya parte de la libertad individual en cuestiones de ideología o creencia, y el respeto a los otros, y el reconocimiento del pluralismo y demás???

Y me asombra y me da miedo que hagan todas estas proclamas y reivindicaciones con tanta desfachaztez y creyéndose, además, en todo su derecho de decirle a la sociedad laica que debe legislar y regirse por sus principios religiosos, y que esto no suponga un escándalo general, y que no se les paren los pies pero ya, y que a las próximas elecciones vaya un partido que seguramente defenderá todo esto en su programa. Y resuenan todavía las increíbles palabras del obispo de Tenerife con su cínica visión del abuso a menores o la homosexualidad, y las de Fraga elogiando a Franco y el franquismo, y se me llena todo de miedo, de rabia y de indignación porque la España que ora suele también embestir y siempre avisa con rugidos. Así que por favor que alguien me diga que el que se considere todo esto como aceptable y no escandaloso no es para tener miedo, que me tranquilice y me convenza de que soy una exagerada alarmista.


Pero eso sí, yo seguré pidiendo respeto y sensatez. Qué menos.


Basta ya. Que se lo digan. Que son ellos, siempre y desde siempre, los que basan su poder y su influencia en la amenaza.


Basta ya. Ya basta.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Durmiendo con tu enemigo


Pink: Don't let me get me

Cada día entablo una lucha contra el espejo
No puedo soportar a la persona que me devuelve la mirada

Soy un peligro para mí misma
no dejes que me atrape
soy mi peor enemigo
es malo cuando te fastidias a ti mismo
muy irritante
ya no quiero ser más mi amiga
quiero ser otra persona
quiero ser otra persona

Doctor , doctor
podria recetarme algo porfavor
un dia en la vida de otra persona

Porque soy un peligro para mí misma
No dejes que me atrape.


Las personas con una personalidad o conducta autodestructiva se castigan y se ponen trabas continuamente. De forma inconsciente, claro está. Provocan situaciones que les hacen sentir mal sin darse cuenta y, por tanto, sin poder evitarlo. Las formas de "automaltrato" son muchas: desde el descuido fisico (fumar mucho, consumir sustancias o alimentos que le hacen daño o no les sientan bien, autolesiones inconscientes -como morderse las uñas, quizás-...) a comportamientos que complican la vida afectiva (exigirse demasiado en los estudios, en el trabajo o en la apariencia física, buscar excusas para rehuir situaciones o actividades placenteras, o incluso ocasiones de éxito, tendencia al aislamiento o a "dejarse querer", provocar que no les quieran o engancharse siempre con relaciones sentimentales nocivas con la persona reiteradamente equivocada...) He leído que en casos más extremos pueden llegar a autoprovocarse -repito, de forma inconsciente, que es la más poderosa, peligrosa e incontrolable- accidentes o incluso enfermedades (la somatización de conflictos emocionales es algo más que probado). Incluso algún psquiatra describe su vida, en los casos más extremos, como un suicidido sin prisa pero sin pausa.

Por supuesto, una persona no nace siendo autodestructiva. Este tipo de personalidad se forja a fuego lento, también sin prisa pero sin pausa. Su origen es el mismo que el de todos nuestros grandes males: la falta de autoestima, el no quererese a uno mismo, el autorrechazo, que es lo único que puede llevar al autocastigo y al automaltrato. Porque nadie maltrata a quien quiere. Sólo una persona autodestructiva, claro. A las personas así, además, les cuesta dejarse querer, y les suele sorprender, y les resulta difícil de comprender, asumir e incluso respetar, que se las quiera. Suelen autocondenarse al aislamiento y a la soledad.

Son personas que no se sintieron queridas o valoradas en la infancia y primera juventud, lo cual no quiere decir que no lo fueran: simplemente ellas no pudieron, por las razones que fuera, percibirlo. Porque no se trata de buscar culpables, aunque sea necesario comprender las causas. Se trata, sobre todo, de buscar su solución. Como decía Lou Marinoff, no es bueno para una planta estar hurgando y removiendo constantemente las raíces. No importa el problema, importa la solución. Nacemos con unas cartas dadas, pero está en nuestra mano el cómo jugarlas (esto se lo leí a Lucía Etxebarría, y comprendí inmediatamente que es una verdad de consecuencias mucho más importantes de lo que pueda parecer a primera vista).

Las personas autodestructivas están a merced de su peor enemigo: ellas mismas, y lo peor es que en la mayoría de los casos, ni siquiera lo saben. Y la lucha contra uno mismo es la más difícil de todas. Por eso Lao Tse decía que Quien vence a otro hombre es fuerte, pero quien se vence a sí mismo es poderoso (que otros traducen como "el que vence a los demás es fuerte, el que se vence a sí mismo es la fuerza"). Y lo primero es saber cuál es tu lucha, y tener ganas de luchar, y confianza en que la lucha merezca la pena.

Como en casi todo, en esto de la personalidad autodestructiva también hay grados, desde las personas más profundamente autodestructivas con comportamientos extremos (Antonio Vega o Michael Jackson serían ejemplos evidentes, triste y aterradoramente -respectivamente- evidentes) hasta personas más o menos "normales" (uso este término para entendernos, porque creo que no hay palabra más escurridiza ni peligrosa ni falaz que esta) con ciertos rasgos, o "toques", más o menos acentuados, más o menos importantes, más o menos peligrosos, de autodestrucción.

Y por ahí, por el medio, perdida en algún grado de esa escala, estoy yo. Luchando, eso sí.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Tú a mí y yo a ti



Dicen que somos jóvenes y no sabemos,
que no lo descubriremos realmente hasta que crezcamos
bueno, yo no creo que eso sea verdad
porque tú me tienes a mí y, cariño, yo te tengo a ti.

Te tengo a ti, cariño.

Dicen que nuestro amor no va a pagar el alquiler
que antes de que lo hayamos ganado, ya nos hemos gastado nuestro dinero.
Supongo que es así, que no tenemos mucho
pero al menos estoy segura de todo lo que tenemos

Te tengo a ti, cariño.

Tengo flores en primavera
te tengo a ti para que lleves mi anillo,
y cuando estoy triste, tú haces el payaso
y cuando estoy asustada tú siempre estás cerca

Así que dejalos que digan que llevas el pelo demasiado largo
No me importa, contigo no puedo equivocarme
y pon tu mano en la mía
que no hay ni colina ni montaña que no podamos subir.

Te tengo a ti...

Te tengo a ti para coger mi mano
Te tengo a ti para comprender
Te tengo a ti para caminar conmigo
te tengo a ti para hablar conmigo
te tengo a ti para darme un beso de buenas noches
te tengo a ti para abrazarme fuerte
te tengo a ti y no te dejaré ir
te tengo a ti para quererme así.

Te tengo a ti.

Esta es mi versión preferida de este clásico sencillo, precioso y optimista hasta la ingenuidad. La original aparecía interpretada por la entonces jovencísima y hoy superrequeteoperadísima Cher, una survivor que supo reinventarse (física y artísticamente hablando) a sí misma, al menos hasta los 90, y de la que hace muuuucho que no sé nada (mi Cher preferida, la de la película "Hechizo de luna", cuando Nicolas Cage no era todavía garantía de que una película era mala). A su lado, su exmarido, con el que formaba el dúo "Sonny & Cher", muy exitoso musical y televisivamente durante los últimos años 60, pero que terminaría en divorcio profesional y personal, parece ser que por el choque entre el paternalismo de él y el mayor éxito de ella. El tal Sonny Bono terminaría metido en política y gobernador de algún estado yanki, y parece que siempre mantuvo con Cher una buenísima relación, hasta que él murió (creo recordar que en un accidente de ski, pero tampoco me hagáis mucho caso), y a él estaba dedicado el disco más esplendoroso de la reaparición de ella en los 90, Believe (¿os acordáis?). Pues así cantaban esta canción los dos (ojo al look de Sonny, tan a lo príncipe de bekelar que resulta imperdonable hasta para un hippy, y la curiosa actitud de ambos, más propia de estar en casa aburridos mirando las molduras del techo y calibrando la necesidad de una manicura, que de estar cantando en un escenario):



De la canción hay muchas más versiones. La más curiosa, sin duda, la de la propia Cher, pero la de los noventa, acompañada de Beavis y Butthead, la pareja de gamberros de la MTV que parodiaban exitosamente a su propia audiencia. Algo así como el Neng de Buenafuente, pero en americano y en pegados a la tele...



Qué bonita la canción.

Y qué bonito cuando es verdad. Que a veces lo es.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Feliz...



No me gustan el amor y la paz maquinales, huecos y tópicos que se han inventado para los anuncios.
No me gustan los adornos dorados, ni el espumillón, ni las bolas de Navidad.
No me gusta la alegría obligatoria que se inventa el calendario.
No me gusta que me impongan el como, el donde y el cuando de la felicidad.
No me gustan las compras apresuradas y absurdas.
No me gustan los regalos difíciles y para salir del paso.
No me gustan las cenas y las comidas y las citas cuando son sólo comprometidas y obligadas.
No me gustan los villancicos norteamericanos ni la música de campanillas.
No me gustan los gorros de papa noel ni los papa noel en general y en particular.
No me gusta decir a todos lo mismo ni que me digan lo mismo que a todos los demás.
No me gustan los estrenos de pelìculas navidéñas ni los telefilmes navideños de después de comer.
No me gusta la hipocresía de hablar de paz en el mundo y de caridad desde nuestras mesas repletas y la miseria allá al fondo, en la tele.
No me gusta tanta falsa bondad a la que han dejado en harapos y sin sentido.
No me gusta el amor a un prójimo tan abstracto como un dios que no existe.
No me gusta el espíritu de las navidades pasadas y sus comparaciones odiosas.
No me gustan los especiales televisivos con actuaciones pregrabadas y presentadores de sonrisa tan perenne y estirada que no tiene ni sentido.
No me gustan los árboles de Navidad.
No me gustan, no.

Pero me gusta reunirme con mi gente. Y me gustan los reencuentros. Y me gustan las vacaciones. Y me gustan el turrón de chocolate, y los polvorones, y el pollo y las vieiras que hace mamá, y probar los chorizos de este año, y el buen cava, y me gusta el fuego en la chimenea, y el calor dentro cuando afuera hace frío, y volver de viaje, y comprar poca lotería e imaginar que me toca, y las excusas para volver a saber de algunos que sí recuerdo aunque el resto del año no se note, y me gusta el rey Melchor, y me gustan los regalos sencillos a los niños, y me gusta la alegría espontánea, inevitable y aunténtica y no sólo porque sea Navidad, y me gusta darle un beso entre tantos besos a Dei cuando comienza el año, y me gusta la noche de reyes, y los belenes naif, con musgo, río de papel albal y harina a modo de nieve, y me gustan el maria maria ven acá corriendo que el chocolatillo se lo están comiendo, y el vinde ve-lo neno, falade a modiño, pra que non esperte o noso meniño, y las sobremesas agradables y largas.

Te gusten o no te gusten, felices días (estos también, pero no sólo estos) llenos de mucho, mucho, mucho amor. Porque como decía García Marquez, "con amor hasta morirse es bueno", como decía la Cabra Mecánica, "cuando llega el amor todo el mundo parece más guapo y mejor", y como decía Hesse, el amor se puede conseguir de muchas maneras, pero no se puede robar. Por eso es especialmente necesario desearlo, y cuando se desea amor, se está deseando ya todo lo demás.

Así que yo os deseo mucho amor, el amor que queráis o el amor que podáis, que hay muchos amores posibles y hasta probables. Os deseo amor, ese amor, algún amor, todo el amor, cualquier amor, el que sea, menos el de los anuncios.

Y que os olvidéis de lo que dicen la tele y la costumbre tiránica y los demás, y viváis estos días como realmente queráis. Y que queráis. Y que os dejéis querer. Y que os quieran.

sábado, 22 de diciembre de 2007

"Si contemplan la pampa y sus rincones...


...comprenderán las sequedades del silencio"


Esas palabras todavía resuenan en mi mente y hace ya más de 20 años que las escuché por primera vez. Corresponden a la "Cantata de Santa María de Iquique", compuesta por Quilapayum en los '70.

Esa cantata llegó para mí por casualidad cuando yo contaba 14-15 años y me sobrecogió de una manera intensa. La descubrí por casualidad y es así como debe ser para que las cosas impresionen y marquen. La cantata, que narra la crudeza de la vida en las minas del salitre del Norte Grande chileno, y la matanza que allí aconteció.

Hoy hace 100 años de aquello. En 1907, los mineros del salitre iniciaron una protesta que significaba los primeros movimientos obreros, más aún, los primeros movimientos organizados de reinvindicación de la más elemental dignidad humana. Los mineros pedían ser tratados simplemente como seres humanos, no como bestias de carga. Carentes de todo derecho elemental, vivían en condiciones infrahumanas y sus salarios se pagaban en fichas que solamente podían canjearse en las oficinas de los dueños.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

Los trabajadores bajaron con sus familias a Iquique, sólo allí podrían ser oídos. El gobierno ya había mandado reforzar la guarnición de la zona. Ante la llegada de obreros fue declarado el Estado de Sitio. Se conminó a los trabajores a abandonar la Escuela de Iquique antes de las 2.30 del 21 de diciembre de 1907, pero muy pocos lo hicieron. A las 3.30 se abrió fuego. Los soldados después de ametrallar desde afuera entraron por las clases matando a mujeres y niños ante los gritos desesperados de estos. El resto fue llevado a sablazos y golpes al Club Hípico y desde allí a la Pampa. Se cree que más de 2000 cadáveres quedaron allí, amontonados. Hijos abrazados a sus madres. Harapos sobre harapos.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

Hoy se cumplen 100 años de la matanza. Durante este tiempo hemos tenido oportunidad de recordar otras muchas en cualquier parte del mundo. Los protagonistas casi siempre los mismos: los desheredados de la tierra. Hoy, recordamos ésta, como preludio de la siguiente...que vendrá.


Feliz Navidad.

martes, 18 de diciembre de 2007

Nieve en el telediario


Hoy no he podido ir a trabajar. Lo intenté de veras, pero nada más recoger a mi compañero de Departamento y viaje me avisó preocupado de que la radio decía que la A-II estaba cortada. Y aunque cogimos el coche, y avanzamos unos kilómetros, pronto llegaron noticias de que el bus daba la vuelta, la carretera estaba cortada por tres puntos, en el instituto, rodeado por tres palmos de nieve, apenas había nadie y seguramente se sustpenderían las clases (yupi, para qué negarlo... ni disimularlo). Hoy ha sido un día de nieve. Y desde que yo recuerdo, los días de nieve son días extraordinarios.


Si eres de un sitio donde nieva poco y donde los escasos días blancos son todo un acontecimiento, es casi seguro que te va a gustar la nieve, porque al encanto intrínseco de este helado elemento (ese blanco deslumbrante bajo esa atmósfera gris, ese aire hiriente de lo frío y de lo limpio, ese crujir de las huellas que nacen bajo tus pies, esos pasos que se vuelven importantes sin querer, esas bolas tiradas con manopla, esa sensación de frío por fuera contra el calor y la respiración agitada de correr, y saltar, y correr), se une el atractivo todopoderoso e incontestable de que nos libre de las obligaciones cotidianas y su simple presencia convierta un día, cualquier día, en extraordinario, en el sentido más amplio y completo de la palabra. Fuera de orden y fuera el orden. Y hoy ha sido un día de nieve.


No ha habido demasiados días de nieve en mi vida. Creo que podría recordarlos casi casi todos. De niña, allá en el interior orensano, la nieve era un fenómeno raro que mamá anunciaba con alborozo al despertarnos y levantar la persiana, haciéndonos saltar inmediatamente de la cama y pegar la nariz contra el cristal paladeando lo que la insólita imagen de los techos nevados significaba automáticamente: que no habría clase y que tendríamos carta blanca -nunca mejor dicho- para jugar, y correr, y jugar, y caernos, y jugar, y jugar. Recuerdo también ir a buscar la nieve al monte, con papá, a veces al mismo tiempo que buscábamos musgo para montar el Belén en días iguales a estos en que ya no lo montamos. Recuerdo la nieve desde el autobús que me llevaba a Santiago, aquella nieve tras el cristal que nos obligaba a detenernos, y que yo veía resignada al entreabrir los ojos, sin despertarme apenas del sueño viajero de la vuelta a clase y a la obligación de lunes desganado por la mañana, y que alargaba el viaje casi hasta el límite de lo sensato o sencillamente soportable. Recuerdo la nieve como amenaza en la carretera cuando empezaba a coger el coche, y recuerdo la nieve incomparable en el castillo de Loarre, que nos impidió llegar hasta San Juan de la Peña, el día de Reyes de hace un par de años, las primeras navidades que pasé por aquí.


Y hoy los ecos de nieve no me han dejado ir a trabajar, y en el telediario el temporal era noticia, al ladito mismo de Gadafi, que hace una década era un dictador y por ello había sido concienzudamente demonizado por estos mismos medios, y bombardeado por Estados Unidos -¿no?-, y que ahora es recibido con todos los asquerosos y cínicos honores de los que unos mandatarios, que en días como hoy da repelús llamar "nuestros", son capaces. Y tenemos que tragar a la hora de comer cómo pelotean, sin pudor ni titubeo, al "ex-dictador" (¿?) y "estadista" africano los mismos que están empeñados en convencernos de que Chávez o Evo Morales son "dictadores", y son "malos", y opresores y tiránicos con sus pueblos respectivos, y que además se atreven a "atacar" a España, a la que Hispanoamérica debe tanto (hasta el nombre, ya me dirás... si es que sin España y sus cuatro siglos de invasión, dominación y barbarie, Hispanoamérica no sería lo que es.... serán desagradecidos), y mira si son malos que fíjate que hasta nuestro rey, que es tan majo y tan campechano siempre, tuvo que llegar al extremo de decirle a Chávez "por qué no te callas", porque insultaba descarada e injustamente (no como nuestros medios de comunicación o algunos de nuestros políticos cuando los insultan a ellos, que lo hacen muy justamente y porque ellos dan motivos) a un benefactor de Essspaña y de Irak (y no del resto de la humanidad sólo porque no le ha dado mucho tiempo, que si no...) como es Aznar.

Cuando se intentaba, por ejemplo, el bloqueo a Cuba -cuyas consecuencias sufren los cubanos- o la invasión de Irak -que también sufrieron y sufrén los irakíes- deberían habernos dejado claro, para evitarnos ahora estupor y confusiones, que no era porque Castro o Sadam fuesen dictadores que opriman tiránica e injustamente a cubanos e irakíes,como hacía antes Gadafi con los libios (quizás ahora ya no), sino que simplemente eran dictadores que no interesaban a las empresas occidentales. Porque hoy insisten todos (de hecho, lo dicen como quien no quiere la cosa cada vez que dan la noticia) en que se recibe así a Gadafí porque "hay muchas empresas españolas interesadas en el mercado libio" (!!!!!!!!). ¿Y que pretenden, que entendamos, y "disculpemos"? ¿Que asumamos que el rey, y zapatero, y todos, hacen ese "sacrificio" por el bien de nuestra economía? ¿Que todo esto nos salvará de la inflación y de las amenazas de crisis y de comer conejo? ¿Que asumamos por fin con cinismo y sin tapujos que el dinero todo lo justifica, todo lo compra y todo lo vende? ¿Que palabras como coherencia, principios, dignidad, honestidad, autenticidad, bien, mal no son más que una broma, un juguete que usar para entretenernos , pero completamente inútiles a la hora de la verdad; es decir, una farsa, una excusa, una tapadera, un timo, una estafa? ¿Que este mundo de mierda es definitiva y completamente una mierda, y que ya no se van a molestar ni en disimular?


Hoy ha sido un día de nieve, y un día, por tanto, extraordinario. No he tenido que viajar, he podido dedicarme a marujear y perder el tiempo relajadamente, dar un paseo para comer con Dei, ir al gimnasio a primera hora de la tarde y volver para sentarme a blogear.


Y aunque hoy ha sido un día de nieve, y aunque no me ha dejado ir al cole, y aunque por ello le estoy tan sincera y profundamente agradecida como cuando era niña y Gadafi un dictador malo, en realidad no la he llegado a ver más que en el telediario, un segundo antes de que apareciera Zapatero preocupado por que Gadafi se situara bien para la foto en la que se dan la mano.

Y cosas así son las que hacen que nuestros días extraordinarios se conviertan, por un instante, en raros.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Equilibrio



Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa
fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.
Y ¿cómo puede ser de otro modo?



Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón,
más alegría podréis contener.
¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma
copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?
¿Y no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la
misma madera que fue tallada con cuchillos?

Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón

y encontraréis que es solamente
lo que os produjo dolor, lo que os da alegría.
Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro
corazón y veréis que estáis llorando, en verdad,

por lo que fue vuestro deleite.

Algunos de vosotros decís: «La alegría es superior al dolor»

y otros: «No, el dolor es más grande.»
Pero yo os digo que son inseparables.
Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con vosotros a vuestra mesa,

recordad que el otro está durmiendo
en vuestro lecho.

En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza,
entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata,
es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor
suban o bajen.

Khalil Gibrán

Y así nos pasamos la vida,
algunos
oscilando sin equilibrio de la alegría a la tristeza
de la ilusión a la decepción,
de la euforia a la angustia,
huyendo sin fin del horror al vacío,
ese vacío que nos vigila,
ese vacío que solo ellas llenan
y que quizás esconda tras su máscara horrible
y misteriosa
la promesa del equilibrio y la calma,
y que por ello algunos sabios dicen que buscan.

Yo, no.

De momento.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Y volver, volver, volver



Qué abandonado tenemos todo esto (sí, Dei, tenemos, eh, que esto también es tuyo ;-). A lo mejor hubiera sido este el momento de convencerse de que ya no tenemos tiempo para robar rosas, y poner un post de despedida, definitiva o temporal, y cerrar.

Pero no. No voy a cerrar, ni abandonar. Aunque tenga poco tiempo y aunque solo pueda escribir de vez en cuando, y aunque la vida urbana, el viajar todos los días, las celebraciones, exámenes y puentes apenas me dejae unos minutos al día para sentarme al ordenador, y aunque entonces siempre prefiera leer, y nunca me dé tiempo ni siquiera a leer todo lo que quiero. Como soy algo ingenua, sigo confiando en que todo esto se estabilice, y vuelva a poder dedicarme buenos, largos e inútiles ratos a divagar entre las rosas esperando que aparezca alguna que se deje robar. Porque tengo varias por ahí. Y como hay que elegir, hoy me quedo con una. Con volver.

Hay muchas maneras de volver. Se puede volver ilusionado. Se puede volver por obligación, o a regañadientes, o por azar, o ironía, o tal vez destino. Se puede volver con la vista y el corazón puestos en aquello que se deja, en aquello adonde se había ido. Se puede volver con nostalgia y se puede volver para confirmar por qué nos habíamos ido. Volver puede ser alegre o triste, definitivo o temporal, grandioso o amargo. Volver puede ser una derrota, o todo un heroísmo, o un acto de cobardía. Se puede volver a un lugar, a un momento, a una persona, a un comportamiento, a una costumbre. Volver puede ser recaer o puede ser recuperarse. Se puede volver a casa y se puede volver al infierno. Se puede volver con motivos o sin ellos. Se puede uno pasar la vida muriéndose por volver. Y se puede no volver.

John Le Carré decía algo así como que siempre es triste contemplar con nuevos ojos aquello a lo que hemos extendido nuestra capacidad de adaptación. Y algo de eso pasa al volver. Por que la mirada al volver siempre es distinta. Y porque para poder volver, antes hay que irse.

Hay muchas maneras de volver, y creo que yo las conozco casi todas. Porque a mí me gusta volver.


Y ésta es una época de vueltas: vuelvo a robar rosas, vuelven los exámenes, vuelven las notas, y vuelven las navidades (ay, las navidades, y sus obligaciones, y sus problemas, y sus ventajas, y sus inconvenientes, y sus tonos agridulces, y su contradicción).

Y en el puente volvimos a Galicia. A la Galicia otoñal casi somnolienta antes de entrar en el invierno, húmeda, neblinosa y colorida, de la que recorrimos un trocito por el interior ourensano. A destacar:

-Recordar y confirmar lo pésima que es la señalización de nuestras también bastante pésimas carreteras. Lo que uno busca no está señalizado, los pueblos que están en el mapa no aparecen en el camino y los que aparecen en el camino no están en el mapa. Gracias que existe la intuición, la suerte y que la gente es muy amable.

-La locura de los museos en Galicia. A pesar de tener la sincera y casi entusiasta intención de recorrer todos los que pudiéramos, no pudimos ver ni uno: en Allariz, porque sólo abren en fin de semana; en Rivadabia porque no abren en fin de semana. Claro, es que Galicia es la tierra del depende. Y que sea sensato, razonable y conveniente que un museo abra en fin de semana, parece depender de donde esté.

-Qué bonitos son algunos de los pocos pueblos gallegos que han conservado las tradicionales construcciones de piedra y no han sucumbido (como pasa en Verín) a sustituir lo antiguo por esas "modernas" y horrorosas construcciones de cemento, ladrillo y aluminio, a veces pintadas en los colores más imposibles. Y que bonitas son las que además aprovechan el entorno natural y todas sus posibilidades (otra vez, no como en Verín, donde todo lo que tenemos es pura y enorme potencia que llora porque nunca va a poder llegar a ser acto. Qué rabia). El que quiera comprobarlo, que pase por Allariz, por el barrio judío de Ribadavia o que se recorra la Ribeira Sacra. Que son bonitos en sí mismos y porque significan esperanza y demuestran que, contra todo pronóstico por el ser y el estar típicamente gallego, que sí, que es posible, que puede ser.

-Nos encontramos en una Iglesia (si es que esta tierra nunca deja de sorprendernos) con la polémica que hay en Ribadavia con la próxima construcción de un parque medioambiental donde se reciclará prácticamente toda la basura industrial de Galicia. Tema muy complejo y lleno de tantos grises, contrastes y contradicciones como nuestra tierra. ¿Es bueno o es malo? ¿Es ecológico o antiecológico? ¿Traerá limpieza o suciedad? La experiencia dice que hay muchos que no son lo que prometen y que funcionan mal, incluso catastróficamente mal. Pero alguno habrá que funcione bien, y en todo caso, será cuestión de vigilar esta cuestión y denunciar en su momento...


Por otra parte, este tipo de parques son necesarios, está claro, pero nadie los quiere cerca y todos esperamos que se sitúen en la casa de otros. ¿Y es justo que sea una zona rural, eminentemente agrícola y núcleo del cultivo de uva y la elaboración del Ribeiro quien pague el pato de otras zonas prósperas por su actividad industrial? El parque trae un riesgo, y sí, es traer basura, pero también creará puestos de trabajo, que de los campos bonitos y puros no se vive. Algo así se plantea también por aquí, por Aragón, con la inminente construcción en pleno desierto de los Monegros de un descomunal parque de juego y ocio, lleno de más de treinta casinos -!!!!!!-, no sé cuantos parques temáticos y cosas así... ¿A favor o en contra? Nosotros en Ribadavia firmamos en contra, porque dimos con los vecinos movilizados -pero muy muy movilizados- en contra, que tenían una exposición montada sobre el tema y hasta te daban vino y algún pinchito, y te vendían lotería, y tenían sonando todo el rato una versión femenina del "Unicornio azul" de Silvio, para ponernos sentimentales, supongo. Pero claro del todo, tengo que reconocer que no lo tengo.

-Comimos y bebimos como sólo se come y se bebe en Galicia. Mucha cantidad y mucha calidad. Aunque comer pulpo en Carballiño es bastante "accidentado" si no conoces bien los rituales y costumbres de una pulpería tradicional, donde uno tiene la sensación de que todos se comportan como si estuvieran en su casa, en la que tú te has colado sin haber invitado ni ser incluso demasiado bien recibido, porque debido a la indolencia e indiferencia del señor que cocía y cortaba el pulpo, y de las atareadas mujeres que servían las mesas, fue imposible saber si llegaríamos a tener mesa o no, si podíamos sentarnos fuera y allí nos atenderían o si nos daría tiempo de comer antes de la hora de cierre que era inminente y estaba ostentosamente señalada. Y con la duda nos fuimos a un mesón más convencional donde sí, por fin, pudimos saber a qué atenernos, como comportarnos y comer pulpo.

-Recorrimos montes otoñales, contoda su explosión de vegetación húmeda emitiendo su canto de cisne de colores y matices antes de sumergirse en el gris invernal, e hicimos parada en algunos puntos turísticos muy conocidos: el monasterio de San Esteban Ribas de Sil (reconvertido en Parador turístico, y más turístico que nunca en estas fechas), las mámoas (tumbas neolíticas que eran poco más que una piedra que, la verdad, porque me avisan de que es una mámoa, que si no igual me da por moverlas), en lo que más bonito fue ver a un corzo que se paró desconcertado a mirarnos antes de echarse a saltar fugaz y perderse en el monte, y San Pedro de Rocas.

San Pedro de Rocas. Maravilloso y sorprendente lugar distinto a cualquier otro que hayas visto. Puede ser el monasterio más antiguo de Galicia (siglo V... ahí ahí debe de estar, en reñida competición con el de Samos), y de hecho, es un monasterio con iglesia rupestre, es decir, excavada en la roca. A pesar de ello, el letrero explicativo decía "iglesia troglodita". Y aunque no me atrevo a afirmar que sea incorrecto, a mí me sonó a chiste y a chapuza turística, de verdad.


Entramos por detrás, y de pronto me encontré caminando por lo que se ve en la foto: un suelo lleno de agujeros, que enseguida reconocimos como tumbas. El corazón me dio algo así como un vuelco por una impresión fugaz e irracional, y volcado se me quedó también al entrar en las capillas rupestres, con una iluminación oscilante y claramente insuficiente (había que meter monedas, pero la verdad, se distinguía muy poco cuando la moneda había hecho su supuesto efecto), que seguramente era simplemente cutre, pero que resultaba realmente efectista. El suelo de las capillas estaba igualmente lleno de tumbas, algunas más pequeñas que al parecer correspondían a niños (Dei y Fer, que son mucho más observadores y menos impresionables que yo fueron los que se fijaron en esto). Sobre el suelo irregular estaban puestos unos cuantos bancos de iglesia, que resultaban desconcertantes, y en la capilla central habían reconstruido el Cristo medieval original: una imagen entre naif y tétrica, no sé si por ella misma o por el entorno en que se encontraba:



Desproporcionado, pálido, expresionista, con unos ojos enormes y, curiosamente, dos clavos en los pies en vez de uno, como tienen los Cristos tradicionales y como dicen los Evangelios que se les crucificó. Mamá dijo que el Cristo de la catedral de Orense también es así, pero yo nunca me he fijado. Quízás el detalle tenga algún significado o algún sentido artístico. Yo no lo sé.

El bosque que rodea al monasterio, por el que anduvimos un buen rato, es simplemente una maravilla de esas que te dejan ganas de volver. Pero lamentablemente volví también a olvidarme la cámara de fotos (cagüentó). Como me pasó en Asturias. Supongo que será la falta de costumbre, porque a mí me ha dado por las fotos desde hace bastante poco. Así que tanto en Asturias como en Galicia hemos desperdiciado algunas fotos maravillosas que seguramente podríamos haber ampliado para poner en el salón encima del sofà. Y como no sé cuando volveremos a tener la oportunidad de hacer una foto maravillosa, quizás volvamos definitivamente a la idea de poner el malecón de la Habana. Ya veremos.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Ahora que ya no estoy yo





Internet tiene estas cosas. Es la última y gran oportunidad del ingenio popular, de lo personal e intransferible, de la libre creatividad auténtica. El medio de comunicación, de verdadera comunicación, de la comunicación más completa y libre que pudiéramos imaginar, con todas sus ventajas y todos sus peligros. Alguien anónimo versiona una canción de un grupo consagrado, y le sale bien, muy bien, hay quien piensa que incluso mejor que al grupo consagrado, y nosotros podemos verlo, escucharlo y comentarlo. Y a él pueden llegar nuestros comentarios, y también al grupo consagrado. Qué grande, ¿no?


¿Quién no ha pensado alguna vez dónde estarán ahora, en este mismo instante efímero, como todos, de nostalgias y evocaciones, aquellos que estuvieron y compartieron y ya no están? ¿Quién no ha echado de menos a lo que éramos cuando ellos nos acompañaban? ¿Quién no ha sentido lo extraña que es esta vida que nos une y nos separa, que convierte en extraños y ajenos a los que una vez fueron propios? ¿Quién no ha sentido un nudo en la garganta al mirar la senda que nunca se ha de volver a pisar y que ha llevado a aquellos que eran tan nuestros a un paraje extraño, allá lejos, que sucede en otra parte mientras nosotros sucedemos en esta?


La Margot de esta canción es como la princesa de Sabina: la mujer perdida en malos pasos que no se deja querer,aunque lo necesite más que nadie. Que se castiga a no ser querida, por una herida antigua que la ha c0nvencido incontestablemente de que no lo merece y no lo tendrá. Y ella dedica su vida a confirmar esa condena en una espiral sin frenos de autodestrucción. Las Margaritas Gautier deshojadas por la vida, autorias ficticias de su propia tragedia, a las que alguien que las quiso querer tiene que echar de menos aspirando el perfume amargo de lo que pudo ser y no fue por las razones más inexplicables e incontestables que existen: las que un@ mism@ se impone sin darse cuenta. El lado oscuro. Los malos pasos. La mala senda, que ella no elige pero elige seguir, y cuyo final es siempre el mismo: empezar a montar la fiesta sola, en su habitación.
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