sábado, 5 de enero de 2008

Magia


Cuando una tiene seis, siete u ocho años -depende de la suerte de cada uno, pero no suele retrasarse mucho más- descubre que los Reyes Magos a los que ha estado esperando, con los nervios casi en la garganta, la noche de cada 5 de enero de todos los años de su vida, son un timo, un fiasco, un engaño urdido por un complot universal que le ha hecho creer -pero como pudiste ser tan tonta- en la magia. Y a pesar de que una había visto ciertas cosas extrañas -ninguna explicación coherente o mínimamente aceptable a que estén en varios sitios a la vez o a que les dé tiempo de llegar a todas las casas de todos los niños de todos los países del mundo- todo te lo explican con la "magia" multiusos, omnipotente e incuestionable en la que tú debes y quieres creer. Y te lo crees, claro. Porque lo más difícil de este mundo es atreverse a no creer.

Mi hermana y mi tía cuentan siempre como una vez, siendo mi hermana pequeñita, mi tía la llevó a la cabalgata de Reyes del pueblo, y la niña estaba muy extrañada porque los amigos de mi tía llamaban al rey Baltasar "Pato" y decían que "cómo iba" y no sé qué. El tal Pato era el mote de uno de los piezas de mi pueblo, que tenía que hacer de rey negro y que no tuvo mejor ocurrencia que empinar el codo antes del evento, hasta el punto de ir en la cabalgata cayéndose hacia los lados.

Y yo recuerdo que hubo un año que yo quería un regalo -que fíjate tú, ahora no puedo recordar- y los Reyes no me lo trajeron. En su lugar, me dejaron una guitarra y una carta en la que me explicaban el porqué. Recuerdo hoy la guitarra porque recuerdo la carta, y porque recuerdo que cuando una prima mía bastante mayor me dijo con bastante malicia que los Reyes Magos eran los padres, uno de los principales argumentos en los que se apoyó al principio mi tozuda pero efímera credulidad, fue aquella carta, cuya letra se reveló repentina y sospechosamente como muy similar a la de mi tía..

Así que desde los seis, siete u ocho años uno crece ya arrojado al frío y desnudo escepticismo y la áspera decepción de que la magia no existe, pero sin demasiado rencor hacia el mundo y su complot, porque al fin y al cabo, existen los regalos.

Y ese es el quid de la magia. No existe, pero existen sus efectos.

La RAE dice:

magia.

(Del lat. magīa, y este del gr. μαγεία).


1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.

2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.

Pero yo no estoy de acuerdo del todo con esta definición. Me parece mucho más acertada y adecuada la que daba un artículo que proponían para comentario en algún examen de Lengua de las pruebas de selectividad de alguno de los últimos años. Allí se definía magia como el paso inmediato a las consecuencias obviando los pasos intermedios, es decir, las causas. Los seres humanos hablamos de magia cuando algo sucede sin que podamos percibir sus causas, y por ello la magia es "ilusion" y los magos "ilusionistas": porque no es que no haya causas, es, simplemente, que no podemos verlas. Y por tanto, una vez que tú descubres las causas ocultas para los demás, y llegas a controlarlas sin que éstos se enteren, te conviertes en mago. Porque la magia no existe, pero existen los regalos. Existen las consecuencias.

La magia existe. Suceden en nuestra vida y a nuestro alrededor cosas cuyas causas no podemos percibir. Pero suceden. Y si queremos controlar que sucedan o que dejen de suceder, solo tenemos que percibir, y luego intentar controlar, las causas.

Y a veces, para lograr cambiar algo de tu vida como por arte de magia, solo tienes que actuar sobre sus causas, y para ello a veces solo tienes que hacer dos cosas muy muy simples, pero no tan fáciles como pueda parecer:
  1. Querer realmente, pero de verdad, de verdad, hasta la profundidad del inconsciente, que algo suceda o que no suceda.

  2. Creer, pero de verdad, de verdad, hasta la profundidad del inconsciente, que tú mereces que eso suceda o que no suceda.


Y si a partir de los seis, siete u ocho años tienes que convivir con la áspera verdad de que los reyes magos eran y son los padres, a partir de cierta edad tienes que asumir que tu reina maga eres tú. Y comprender que aunque no hayas sido siempre buena, ni todo lo buena que pudieras o debieras haber sido, sería más justo fijarte en todo lo que has hecho bien, y entender que nadie puede vivir a gusto con tanto carbón. Y traerte por fin eso que te has atrevido a pedirte.

Yo el año pasado me lo traje. Casi sin querer, lo reconozco, pero me lo traje. Y este año, me he pasado los últimos meses pensando en mi carta a la reina maga que hay en mí. Y ya sé lo que quiero, y me he convencido de que lo quiero, de verdad, de verdad, aunque mi subconsciente sea tan capullo y tan pesado. Así que me he escudriñado para buscar sus causas, y para intentar controlarlas aunque sea sin la destreza y la rapidez de un prestidigitador. Y aunque no he sido para nada todo lo buena que pudiera y que debiera haber sido, aunque no todo lo haya hecho bien, y aunque incluso haya hecho algunas cosas realmente mal -pero nada que no tenga remedio, por suerte-, como ha habido algunas que sí que las he hecho bien, y teniendo en cuenta mi sincero propósito de enmienda, me he decidido a traérme esa cosa que por fin me he decidido a querer. Aunque sea una cosa que no me puedo traer en una noche, y encontrarla por la mañaña en el salón para ser abierta y para ser mía para siempre. Es algo que deberé traerme cada noche, confiando en la magia, y ser feliz al encontrarla cada mañana, y estar muy agradecida a mi reina maga, consciente de que de ella, y de mí, depende que no la pierda una noche, cualquier noche, por un descuido o una bajada de guardia. Y que debo saber merecerla, cuidarla, conservarla, y hacer de cada noche, noche de reyes, y de regalo, y de magia. Que no existe, pero existen las consecuencias, que son las que importan.


Que el año nuevo es una fecha tan buena como cualquier otra para empezar a cambiar algunas cosas. A golpe de magia.


Ojalá.


Eso sí: esta año prometo intentar ser más buena. Con el corazón lo digo, de verdad.

2 comentarios:

Liz M.D. dijo...

Ojalá.

Liz M.D. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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