viernes, 15 de febrero de 2008

La patita de la derecha


El PP está enseñando la patita derecha sin pudor, tras años de aclararse la voz y cubrirse la garra con harina para hablarnos a nosotros, incautos cabritillos -ojalá- que habíamos cerrado la puerta. Ahora, de forma repentina y para mí soprendente, muestra -o casi se podría decir que exhibe- tics y gestos de derecha pura y dura que antes matizaba, colocaba en un discreto segundo plano o directamente disimulaba.

Las líneas que anuncian para su campaña incluyen aspectos, tan arriesgados para un partido que hace poco tiempo intentaba tener un sonriente look de centro, como la defensa de los valores tradicionales de la decencia, el como Dios manda, la familia de y para toda la vida, con padre, madre y muchos hijos a ser posible, la España una, única, grande, y libre sobre todo para ser una, el desprecio hacia personas o ideas diferentes, la consideración de muchas reivindicaciones éticas y sociales casi como "tonterías", la intransigencia total y sin pudor con la inmigración (nuestras costumbres ante y sobre todo, y para todos, y al que no le gusten que se vaya), la mano dura durísima con la delincuencia, llegando incluso a hablar de rebajar la edad penal a los 12 años (!!!!!), o la sustitución del diálogo por la imposición sin miramientos de "su" verdad y "su" razón (que por supuesto es la que vale, así que para qué andarnos con zarandajas).

Lo que a mí me asusta de todo esto (aparte de la posibilidad de que ganen y se empiece a llevar a la práctica, que ya es bastante susto por sí mismo, la verdad) es que no es algo aleatorio, ni espontáneo, ni fortuito. Pocas cosas habrá más minuciosamente estudiadas que una campaña electoral, en la que yo sé que se intenta decir lo que el electorado querría oír, o, al menos, se intentan cubrir las verdaderas intenciones con el manto llamativo de los deseos y los sueños de los votantes. Por tanto, si giran con gestos tan bruscos e incluso ariscos hacia la derecha, es porque alguien ha indagado y ha descubierto que en España hay, agazapados o no, electores, muchos electores, que están deseando oír todo esto. Tantos como para que la campaña de uno de los partidos mayoritarios se dirija abierta y casi exclusivamente a ellos.

Creo que todos hemos escuchado conversaciones en las que se reinvindica mano dura, se desprecia al diferente o se pide una vuelta a los valores y normas de toda la vida. Yo pensaba que eran algo anecdótico y excepcional, algo de lo que sorprendernos y a lo que no merece la pena ni replicar porque cae por su propio peso. Porque esta cara de la derecha no resulta simpática, y en las campañas electorales se buscaba hasta ahora la simpatía o, por lo menos, el maquillaje de la corrección política.

La necesidad de maquillaje y sonrisa de la derecha para enfrentarse al espejo de nuestra sociedad me tranquilizaba. El que exhiban ahora las fauces sin pudor me hace preocuparme, y mucho, por ese espejo.

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