martes, 18 de marzo de 2008

El alma de los hechos



“Un hombre cuenta tantas veces sus historias, que, al final, él mismo se convierte en esas historias. Ellas le sobreviven, y siguen viviendo cuando él ya no está, y de este modo, el hombre se hace inmortal”
Big Fish


Tengo que rectificar. No son tres las películas que me gustan de Tim Burton: son cuatro. Porque hoy he visto Big Fish, y aunque hubo momentos por el medio en que me cansó un poco la sucesión de historias, me dejé atrapar por la mayoría, me emocioné con el final y me reencontré con el tema que refleja con sencillez y poesía: la importancia de la fantasía. Los límites borrosos entre ficción y realidad. La importancia de la imaginación en la vida contada y recordada. La complicada cuestión de la verdad y la mentira. Y volví a escuchar los ecos de Valle ("Las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos", pero el recuerdo es un espejo trucado que miente y deforma, a veces sin querer, que es la mentira más peligrosa de todas) y, por supuesto, de Cervantes, el primero en universalizar el choque entre el mundo y la mente que lo percibe e intenta hacer con él lo que quiere, en el mejor de los casos, y lo que puede, por lo general.

No sé si la película es una explicación personal de Tim Burton de su predilección por la fantasía. No sé si quizás es un homenaje a su padre o figura similar (pero os aseguro que si has tenido un padre... "excéntrico"... y has tenido una relación difícil y llena de contradicciones con él, soñando siempre con una especie reconciliación final, con él, o contigo mismo... esta película te va a emocionar). No lo sé, pero logra plasmar de forma directa, ligera y sonriente la importancia de la mentira que es la ficción, la fantasía, y su relación con lo "realmente ocurrido". La fantasía es importante para recordar lo ocurrido, e importante también para contarlo. Por extraño que parezca, así es.


Porque la subjetividad no es más una forma de fantasía, y sin subjetividad es imposible que el suceso se convierta en vivencia, y sin vivencia no hay biografía, ni literatura, ni cine, ni arte, ni poesía. Por eso para recordar y para contar es inevitable, indispensable y fundamental la subjetividad, que es siempre fantasía, sea en el grado que sea.

La verdad nunca está en la realidad, sino en nosotros, y en nosotros está con ella, inherente e ineludible, la fantasía. Juan Carlos Onetti dijo muy bien que "hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipiente que tomarán la forma del sentimiento que los llene." Y el alma de los hechos está siempre en la subjetividad para la que esos hechos significan algo. O sea, en la fantasía que los recrea y los transforma. Y el sentimiento es también y siempre, inevitablemente, una forma de fantasía con que nos enfrentamos o nos acercamos a la realidad (y ahí tenemos al enamoramiento y sus "mentiras" como caso extremo y evidente).

La película deja claro que la fantasía es también necesaria para transformar y hacer soportable lo que “objetivamente” sería una gris existencia. Y tenerla en grado extremo, como el Quijote, o como el Edward Bloom de Big Fish, es en realidad un don extraordinario pero que no siempre es bien comprendido (como le pasa en principio al hijo).


La fantasía (o sea, la ficción, o sea, la "mentira") es importante, pues, para recordar, para contar, pero también para vivir. Y para morir, que es parte fundamental, quizás la parte fundamental, de la vida. Y para sobrevivir a la muerte. Y a la escena final y a las palabras finales de Big Fish me remito.

Hay quien dice que la fantasía es mentira, porque no habla de la realidad. Y no habla de la realidad, sino de nosotros mismos, y nosotros mismos somos, al final, la realidad que importa y la única verdad que merece la pena ser descubierta. Y contada.

Sin fantasía, por tanto, no hay verdad. Solo hechos sin alma.



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