jueves, 6 de marzo de 2008

La buena educación


Sé que no soy nada original al hablar de esto, pero es que no entiendo la polémica en torno a la Educación para la Ciudadanía, la verdad. Me parece absurda y por ello, seguramente será oportunista. Me cuesta comprender la protesta de los padres, las manos en la cabeza y las denuncias en los tribunales. Por tantos motivos que mi habitual pensamiento caótico, que no sabe avanzar sin ahogarse en paréntesis y rodeos, es incapaz de ordenarlos. Así que allá van, como quiera que vengan:

  • No entiendo a esos padres que para atacarla dicen “a mis hijos los educo yo”. Claro que los educas tú. Y como buenamente puedas, a ver si te crees que es tan fácil. Y claro que tú eres la primera, y a veces tristemente definitiva, influencia (menuda responsabilidad, yo no sé cómo la asumen tnm alegremente y la reivindican además con tanta energía). Pero procura no olvidar que sobre tus hijos va a haber muchas influencias más. Y contra muchas de ellas, las más peligrosas, no vas a poder protestar, ni quizás actuar, porque son sutiles, sibilinas, camufladas, subliminales, imperceptibles. Y por tanto, imbatibles. Y muchas de esas influencias incontroladas quizás emanen de ti sin que tú puedas darte cuenta, ni ser consciente de su efecto positivo o negativo, ni potenciarlas o evitarlas. Pero sobre la influencia de esta asignatura, si tanto te disgusta, puedes poner a tu hijjo en guardia, y hacer que contribuya a su sentido crítico y a pensar por sí mismo. ¿Qué más quieres? Si hasta te puede ayudar a educar a tu hijo tal y como tú quieres, ya que tan claro lo tienes, a modo de ejemplo negativo o compendio de lo que no hay que pensar.

  • En educación importa más, pero mucho mucho más, la práctica que la teoría. Y esta asignatura es, por desgracia, teoría pura. A un niño se le educa cuando se le dice “no hay que ser machistas: hombres y mujeres debemos ser iguales en derechos y obligaciones”, vale. Pero también se le educa cuando se le imponen a hombres y mujeres roles, patrones de conducta y valoraciones diferentes en la práctica. A un niño se le educa cuando se le dice “no hay que ser racista ni xenófobo, porque todos tenemos los mismos derechos sea cual sera nuestra raza, etnia u origen”, pero también se le educa al hacerle crecer en un mundo en que los inmigrantes viven en peores zonas, en peores condiciones, con los trabajos peor pagados y cuando todo el mundo se queja de que nos quiten médicos, guarderías y colegios. Y el niño (y sobre todo la niña, la de Rajoy o cualquiera) sabrá que si se lía o se enamora de un negro, un gitano, un marroquí o un rumano, sus padres se llevarán un susto o un disgusto. Y eso, sin que se lo enseñen en ninguna asignatura. A un niño se le educa cuando se le dice “lo importante de una persona no es el físico, es el interior”, pero también cuando se hacen comentarios crueles o despectivos, en serio o en broma, en la calle o en la tele (ah, la telepoderosa tele, esa sí que educa), por sutiles que sean, sobre los gordos, a los bajitos, a los feos o los viejos. O cuando ve que a los famosos o admirados no se les permite ser gordos, bajitos, feos o viejos. Y eso es lo que se ve, ¿o no? Yo sé que educo mucho más a mis alumnos cuando premio su esfuerzo y penalizo la falta de trabajo que cuando les explico cualquier tema de historia o les hablo en teoría sobre la justicia y la importancia del trabajo. De verdad. Sé que el tema de historia o las teorías sobre la justicia y el trabajo quizás se les olvide. Que se les premió o se les castigó, es más probable que no.

  • Que sí, que es verdad, que incluso aunque no quieras o quisieras echarle la culpa a otros, a tus hijos los educas tú, y ten muy claro que tú serás la primera influencia, tan tan decisiva que yo vivo y sufro cómo el sistema educativo, por mucha buena intención que ponga, por muchos objetivos preciosos que se plantee, por mucha medida teórica maravillosa que piense, no puede contrarrestar esa educación que tú le das, queriendo o sin querer (y en muchos casos, yo preferiría aferrarme a pensar esto último, porque si algunos los educan así queriendo, es para aterrarse). Tus valoraciones, tu apoyo, tus referentes, pueden marcarles de por vida. Y te aseguro que si todo un sistema educativo difícilmente puede contrarrestar eso, menos lo va a hacer una asignatura de una hora semanal.

  • Aún así, a pesar de que los padres educan, en los centros educativos, por pura necesidad práctica y de supervivencia, tenemos que intentar enseñar valores y normas de convivencia y disciplina. Y repito que no siempre con éxito. Tenemos que educar, y muchas veces intentar contrarrestar (la mayoría de las veces infructuosamente) la falta de buena educación (en el sentido más tradicional y elocuente del término) con la que nuestros niños vienen de sus casas. Pero son muy pocos los casos de niños que vienen maleducados de casa y salen bien educados del centro escolar. Generalmente, los que terminan siendo personas bien educadas, es porque vienen educaditos de casa y en casa colaboran a que nosotros les ayudemos a mejorar.

  • Te repatea la subjetividad, el contenido moral de la asignatura. Pero toda enseñanza, cuando la imparte una persona, es subjetiva. Y eso es lo que el que enseña tiene que dejar cuanto más claro mejor. Lo peligroso es presentar esa enseñanza subjetiva como verdad objetiva. Cuando yo explico temas complicados que afectan a la literatura (como por ejemplo, los principios del liberalismo, la literatura social, la Reconquista, los inicios de España con los Reyes Católicos, los cimientos del Imperio, la conquista de América, la Guerra Civil o el franquismo) dejo claro que muchas cosas de las que digo, porque tengo que decirlas, son cosas que yo pienso pero que no tienen que ser universalmente aceptadas. E intento que mis alumnos reflexionen sobre ellas, busquen sus propios argumentos y lleguen (si quieren o pueden) a sus propias conclusiones. O no. Porque lo importante del proceso no es la conclusión. Lo importante es el planteamiento. Y los argumentos. Y la reflexión. Repito que la subjetividad expuesta (y más si es expuesta para que sea discutida y consensuada) como tal no es peligrosa. La peligrosa es la camuflada.
  • Los contenidos de esta asignatura son obviedades y lugares comunes que sirven de base al ideario de nuestra democracia. Respeto, igualdad, participación ciudadana, lucha contra la desigualdad o la discriminación, tolerancia (con todos los peligros del término) y etc. etc. etc. Y a ellos me remito, que yo los he leído con mucha curiosidad, y que se pueden consultar, por ejemplo, aquí . Y después de leerlos y releerlos, no entiendo qué es lo que les asusta a estos padres que inculquen a sus hijos o cuál de los contenidos es el que consideran moralmente inaceptable y cuál el que ven como peculiar de una determinada ideología e incompatible con la suya. ¿Quizás "el respeto al otro aunque mantenga opiniones y creencias distintas a las propias"? ¿El tratar "la diversidad y los derechos de las personas"? ¿Tal vez "la igualdad de hombres y mujeres en la familia y en el mundo laboral"? ¿O el de "identificar y rechazar situaciones de marginación, discriminación e injusticia social"? ¿"El conocimiento y la valoración de los servicios públicos y de los bienes comunes"? Porque "el conocimiento de las normas y principios de convivencia establecidos por la Constitución" no será, ¿verdad? Que los sectores objetores y con las vestiduras rasgadas por esta asignatura son los que esgrimen el carácter sagrado de la Constitución cuando se abordan otras cuestiones. De verdad que me gustaría que me dijeran exactamente cuál o cuáles son. Por pura curiosidad. Y en todo caso, ¿por qué no piden que se quite ese contenido en concreto? ¿ Por qué rechazan tooooda la asignatura? ¿Son toooodos estos contenidos los que no quieren que contaminen a sus hijos? Alucinada me dejarían si fuera así, de verdad. Y entonces sí que me gustaria preguntarles qué principios y qué educación quieren darle ellos. Con la misma curiosidad, pero ya con cierto miedo.



  • Pero lo más gracioso o irónico, es que el tipo de contenidos que plantea esta asignatura (que podemos considerar valores que rozan la moral o la ética) han estado SIEMPRE Y DESDE SIEMPRE presentes en los contenidos que se imparten en la enseñanza formal, inevitablemente, de forma implícita o explícita. Y repito que yo prefiero la segunda. Primero, estaban presentes a modo de “currículum oculto” (siempre que se enseñan contenidos, se enseñan implícitos, de forma inevitable, unos valores, una visión del mundo, del hombre, de la vida). Cuando yo preparé la oposición y empecé a formarme como docente, los valores que debían impregnar nuestra enseñanza se hicieron explícitos y se les denominaba “temas transversales” (educación para la paz, para la salud, para la igualdad de sexos, para la democracia, etc.) porque debian recorrer "transversalmente” todas nuestras enseñanzas. Se insistía en la importancia de que se hicieran explícitos precisamente para eso: para que pudieran ser consensuados, criticados, contrastados, modificados. Y curiosamente, nadie protestó ni esgrimió su derecho a educar a tus propios hijos y a que la moral la impongo yo y etc. Ahora, simplemente, se han convertido en asignatura. ¿Y por esto tanto follón? ¿Y que pasaba antes con la asignatura de Ética, que era el sustituto de la religión? ¿No había miedo a lo que podían enseñarle ahí a los críos? ¿Todos los padres sabían lo que se les enseñaba y cómo? ¿Entonces el problema es saberlo?

  • Una cosa es conocer y otra aceptar, asumir, creer. Yo opuedo conocer el islamismo, el protestantismo, el judaísmo, el budismo y no decantarme por ninguna religión. Eso sí, cuanto más conozca, más capacidad tendré para decidir. En todo caso, repito, si la asignatura consiguiera adoctrinar (que repito, tengo mis recelos), adoctrinaría en lo que son las bases ideológicas de nuestro sistema, que implica no la imposición de la diferencia, sino la aceptación de una pluralidad entre la que cada uno va a tener la capacidad de elegir. Por ejemplo, en el tan manido tema del tratamiento de la homosexualidad: que tú aceptes que hay personas homosexuales ni te impone ni te incita a serlo, ¿no? Es más, a casi todos los homosexuales reconocidos actuales se les educó para ser heterosexuales. Y ahí están, contra viento y marea y a pesar de los pesares. ¿Qué peligro hay en que tu hijo no los desprecie, desde la heterosexualidad que tú tanto deseas (porque que te salga homosexual ni nos lo planteamos, ¿no?) De verdad que dudo que ningún hijo de nadie vaya a salir homosexual por estudiar esta asignatura. Y si te sale tolerante, intenta comprenderle o, al menos, no despreciarle. Y ya de paso, a ver si se te pega algo...

  • Esta asignatura, si es efectiva, servirá sobre todo para plantear temas de reflexión a los alumnos. Y por supuesto, conocerán una postura sobre ellos, o mejor dicho, varias: las de los distintos profesores que la impartan a lo largo de su vida escolar, que no siempre van a tener la misma ideología concreta. Pero repito que yo dudo que esos profesores adoctrinen más que lo que otros pueden hacerlo desde otras asignaturas.

  • Y asumido que esta ley simplemente enseña el funcionamiento y los principios y valores que sostienen el sistema ideológico oficial de nuestra democracia, que es, en todo caso, un sistema ideal que, por desgracia en muchos aspectos, está lejos de funcionar en la práctica, y que todos deberíamos como mínimo conocerlos (¿¿no?? aunque sólo sea por una cuestión práctica), llegados al punto de la libertad en educación, nos adentraríamos en un terreno peliagudo... Rizando el rizo y recurriendo a la elocuencia de los extremos, si un padre es racista, por ejemplo, ¿debemos permitir que a su hijo no se le intente educar en la tolerancia o la lucha contra el racismo? ¿Un padre violento tendría derecho a exigir que a su hijo no se le explicaran ideas pacifistas? ¿Un padre maltratador podría reclamar que a su hijo no se le hiciera recharzar la "violencia de género"?


  • La democracia, que se basa en la decisión de todos, necesita para tener sentido y funcionar lo mejor posible, de la educación de todos. De que todos tengamos la mejor y más completa educación posible. Para la democracia, para la buena democracia, es vital la buena educación. Y parte fundamental de esa educación es conocer el funcionamiento y las bases del sistema democrático. Por pura lógica. Y quizás esto hace necesaria esta asignatura, aunque yo creo que eso se aprende cuando se aprende a leer, a observar lo que te rodea, cuando se aprende historia, geografía, filosofía, literatura, ciencias. Pero lo fundamental es aprender a pensar, a juzgar, a discernir, incluso a desconfiar (y en esta sociedad de la información y la manipulación que estamos -o nos están- construyendo, la desconfianza se está convirtiendo en imprescindible, aunque no se fomente demasiado porque al poder no le interesa). Es decir: a tener espíritu crítico. Y eso no lo va a enseñar una triste asignatura. Por eso, y aunque entiendo su justificación y fundamentación teórica, yo soy escéptica con ella, y por eso me sigue resultando ridícula, estéril, absurda, tapadera y seguramente interesada, toda esta polémica.

Porque los verdaderos problemas de la educación, de la buena educación, en el sentido más amplio y profundo del término y en toda su importancia, son otros, son mucho más complejos, y están en otras partes a las que quizás todo esto no nos deja mirar. Porque quizas esa mirada no interesa. Y que no interesen los verdaderos problemas de la educación, de la buena educación, es lo que me preocupa. Porque repito que la buena educación es fundamental para la buena democracia. Y si no interesa que la educación sea buena, es porque, en el fondo, no interesa que la democracia lo sea.

Qué miedo. O qué pena.

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