jueves, 21 de agosto de 2008

Causas y azares



Un anciano cumplió 98 años
Le tocó la lotería y murió al día siguiente.
Es una mosca negra en tu Chardonne
Es el indulto de la pena de muerte dos minutos tarde
Eso es irónico... ¿no crees?

Es como la lluvia el día de tu boda
Es como una ronda gratis cuando ya has pagado
Es el buen consejo que tu acabas de no seguir
Quién lo hubiera pensado... calcula

El señor “Precauciones” tenía miedo de volar
Hizo su equipaje y dio un beso de despedida a sus hijos y su mujer.
Esperó toda su puta vida para coger ese vuelo
Y mientras el avión se estrellaba él pensaba
Bueno, no está bien esto?
Y es irónico... no crees??

La vida tiene un modo curioso de sorprenderte
Cuando tú crees que todo está bien y que todo está yendo genial
Y la vida tiene un modo curioso de ayudarte
Ccuando crees que todo ha ido mal mal y que todo te explota en la cara.

Es un atasco cuando tú ya llegas con retraso.
Es un cartel de no fumar sobre tu cigarro encendido.
Es como diez mil cucharas cuando todo lo que necesitas es un cuchillo.
Es conocer al hombre de mis sueños
Y luego conocer a su preciosa mujer.

Y eso es irónico, ¿no crees?
Un poco demasiado irónico... y yo realmente lo creo.

Los clásicos ya mezclaban ironía y tragedia, y para las tragedias clásicas se ha acuñado de hecho la categoría de “ironía trágica”: hasta los héroes con las mejores cualidades y más esforzados sucumben en sus obras a finales terribles, a veces ilógicos, injustos, inmerecidos, pero siempre anunciados. Porque los griegos achacaban esos finales aciagos, esencia de la tragedia, no a la causalidad lógica, sino a la casualidad ilógica,a la fatalidad, al fatum o destino trágico, que dependía de la voluntad caprichosa de los dioses, y que era imposible de esquivar, por muy bueno, o fuerte, o bravo que uno fuera, y por mucho que lo intentara. Aquiles moría de una herida de dardo, destino elegido para él por los dioses, y un héroe intachable como Edipo terminaría cometiendo la monstruosidad de matar a su padre y acostarse con su madre, tal y como las deidades helenas habían dicho.

Nosotros, sin la red salvadora de poder achacar a la voluntad de unos dioses, ( aunque caprichosos, impredecibles e irracionales, pero dioses al fin y al cabo), nuestros finales trágicos, nos quedamos solo con la idea de un fatum, que unos consideran destino, y otros, simplemente, azar.

Pero es que cuesta tanto aceptar que el mazazo terrible y definitivo de la tragedia, que llega sigilosa, sin anunciarse, siempre inoportuna, siempre traicionera, y siempre por la espalda, se deba al aleteo juguetón, absurdo y vacío del azar puro y duro, más duro que nunca, el más duro de todos. Cuesta tanto aceptar que todo lo que tenemos se destruya por un cúmulo de pasos inconscientes que nosotros creíamos que nos llevaban a otro lugar. Cuesta tanto aceptar que perdemos lo que más queremos con una cosa tonta, por un cruce injustificado de lo inoportuno, por una broma del destino o un despiste de las causas que nos llevan a la consecuencia más imprevista y más trágica.

Cuesta tanto creer que la muerte nos pille por irnos de vacaciones. (aunque sí, en vez del “por” irnos de vacaciones habría que saber decir simplemente “al” irnos de vacaciones). Cuesta tanto aceptar que salvar la vida pueda ser consecuencia de querer ahorrar diez euros, y perderla, de subirse a un avión, entre los millones que se podrían haber tomado y dejado de tomar, y que se convierte de pronto en “ese” avión. Cuesta tanto creer que el final terrible y el dolor más insoportable dependan de una decisión tan sujeta al azar y a mil y una circunstancias caóticas como tomar ESE avión, o coger el coche ese día para ir justo por ese lugar, o estar en ese tren justo en esa mañana, o pasar por allí justo en ese momento.

Cuesta tanto aceptar que no había una causa lógica, pesada, aplastante, inevitable. Cuesta tanto asumir que en realidad el azar es tan inevitable como si esa causa existiera, cuesta tanto, que a veces tenemos que inventar un destino para pensarlo, aunque sea sin un dios caprichoso detrás.

Y me pongo a pensar en esto porque me resulta casi insoportable hacerlo, una por una, en las 153 historias, con sus caras, y sus nombres, y sus detalles, y sus recuerdos, y sus miedos, y sus esperanzas, y sus desengaños, y sus planes, y su constelación de afectos, 153 historias, una por una, que hoy se convirten en tragedia. Sin más causa que haber cogido un avión y por el azar de que fuera ese avión.

Porque la tragedia (y la buena fortuna) llegan así: por causas que son azares y azares que se convierten en causas.


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Mi rosa robada de hoy (un día que se ha convertido más que nunca en avenida de la muerte,) es la imagen de las lágrimas de Gemma Mengual y sobre todo Andrea Fuentes, al recibir la medalla de plata por un ejercicio que según los expertos roza la perfección y que a los pobres profanos nos deja boquiabiertos.

No soy demasiada aficionada a los deportes ni siento los triunfos patrios más allá de lo razonable. Es más, a veces hasta me repatea ese triunfalismo ridículo con el que nos bombardean tras cada éxito deportivo, y con el que parecen querer hacernos pensar "qué grande es España", "qué orgullo ser españoles", y "España es la más mejor en todo y con ella, nosotros" . Seguramente, para intentar llevarnos a eso de “todo por la patria”, y en el todo se incluye, claro, aguantar, a ser posible sin rechistar, todo lo que tenemos que aguantar, que no es poco, y todo lo que nos quedará, que seguramente tampoco lo será.

Pero hoy, al verlas con el rostro completamente desencajado y sin poder reprimir las lágirmas mientras les ponían su medalla de plata, me he emocionado al pensar en lo que seguramente ellas pensaban y les hacía llorar: las horas diarias de entrenamiento, el esfuerzo constante y sin tregua día tras día, lo mejor de sus vidas entregado a esto, los sacrificios, el sudor, los fracasos, los tropiezos, el cansancio, los dolores, las renuncias, todo lo que han dejado fuera y todo lo que han dejado atrás, el precio de tantos años, pagado por ese leve minuto de gloria, en que sientes que sí, que lo has logrado, que eres bueno. Por ese minuto de gloria que es tuyo, solo tuyo, ese minúsculo pero inmenso minuto de gloria, efímero como todos los minutos, pero con el que el hombre desde siempre ha intentado rozar la eternidad.

Y tal vez también, forjar el propio destino, transformándose en héroe que convierte su esfuerzo en una causa capaz de superar al azar.


5 comentarios:

Ubalda dijo...

La pena es que el azar mate a tanta gente, y que luego haya mucha más que simplemente quieren hacer un circo alrededor de toda esa tragedia.

Bss

kamala dijo...

Y tanto. Por eso yo he optado ya por dejar de ver la tele.

Es espeluznante hasta qué punto pueden llegar los periodistas.

Bicos, guapa

El increible hombre menguante dijo...

Desde la aparición de las primeras bacterias, el movimiento propio de los seres vivos y el azar de las mutaciones consiguieron sembrar el planeta de vida.

Es cierto que esta se ve condicionada por millones(?), billones(?), trillones(?) de variables agitándose constantemente que, sometidas a números aleatorios, combinados estos con las funciones de probabilidad de las primeras, convierten nuestra existencia en una invisible red tupidísima de rectas, curvas, campanas de Gauss, exponenciales…

Pero no todo se lo debemos a la diosa Fortuna: día a día tomamos decisiones que afectan a nuestra vida. Las consecuencias de estas son a menudo leves, para bien o para mal. Pero a veces una decisión puede marcarnos para siempre.

Para completar el mejunje hemos de hablar del tiempo. Socio del azar, hace que los números aleatorios vayan cambiando constantemente, y que las consecuencias de tomar una decisión en un instante no tengan que ver con las que podrían darse unos segundos o minutos después.

Al final tenemos un galimatías difícil de entender.

En el caso del avión, dejando aparte los comentarios estúpidos de la Santa Prensa, experta como siempre en todo, ávida de morbo y sensacionalismo, lo que está claro es que si ha explotado un motor, eso no podemos achacarlo al azar. Podremos decir que el mantenimiento era o no el adecuado, que era fácil o difícil detectar determinadas anomalías, que se ha seguido o no el protocolo del manual de instrucciones del aparato… pero un motor no explota si está en condiciones.

Hay quien dice que los accidentes no existen, que lo que existen son las imprudencias.

Eso sí, claro que el azar intervendrá en que uno coja o no ese avión (‘ha salido el nueve: llegas tarde. Si pasas por la casilla de salida no cobras las veinte mil’, ‘ha salido el uno: vas a montarte en un avión al que, si nadie lo remedia, le va a reventar un motor’…).




(Mira que protestaba yo el otro día por la existencia del ‘overbooking’: pues mira, creo que alguno se ha salvado porque le ha salido el cinco…).

kamala dijo...

Al azar de coger ese avión me refería yo, al que te hace estar debajo de la teja cuando cae, aunque la teja caiga por la fuerza del viento...

A mí me asusta a veces esa dependencia del azar, de que tus decisiones tengan consecuencias con las que no contabas, a ser como un palito que arrastra la corriente aunque él crea que navega.

Pero sólo a veces. La mayoría del tiempo, me olvido, que supongo que es la única forma de no crearte fobias y poder vivir.

Eso sí: al azar puro e incontrolable le debo yo muchas de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Que, como casi todo, el azar tiene dos caras...

Bicos, y gracias por comentar ;-)

vandrea dijo...

Lo tienes todo: Las rosas de Bukowsky, las lagrimas de Roy,otras voces de The Cure... y mil cosas bellas que has hecho de ellas...
Miles de besos y pura admiracion
V

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