lunes, 11 de agosto de 2008

"Te joden vivo"


Yo me lancé a este libro (“Te joden vivo”, obra del psicólogo británico Oliver James) en cuando supe de su existencia, su temática y sus intenciones (demostrar la influencia determinante de la familia en la configuración de nuestro carácter para contrarrestar lo que de negativo o incluso patológico esa influencia pudiera haber conllevado), porque aborda una de las obsesiones personales que me ha acompañado tercamente durante los últimos veinte años, consecuencia de una situación también personal, supongo que difícilmente transferible y sin solucionar.

Partiendo de las teorías freudianas, pero lógicamente reformuladas, criticadas y depuradas de aquellos elementos que, a lo largo de su siglo de existencia, la mayoría de los estudiosos de la psique humana cuasiunánimamente han dado por rebatidas, el libro analiza e intenta demostrar cómo somos consecuencia del trato que recibimos por parte de nuestros progenitores en nuestra infancia. Y lo hace centrándose en varios puntos clave de nuestra personalidad (la conciencia moral, los patrones de comportamiento, la conciencia del yo, el patrón de apego), para cada uno de los cuales establece sendas tipologías que van de lo más sano, equilibrado y por tanto deseable (lo que él llama la conciencia benigna, la seguridad, la autestima, el patrón de apego seguro) a lo problemático, en toda su casuística y gradación. Aquí se sitúan las zonas oscuras del ser humano, desde trastornos más o menos leves o graves de la personalidad ( inseguridad, adicciones, depresiones, hiperactividad, insatisfacción constante, fijación oral o anal -conveniente o inconvenientemente sublimadas, claro; la fijación oral, por ejemplo, suele ser uno de los factores que hacen que una persona sea más propensa al tabaquismo-, trastornos alimentarios, conductas antisociales, patrones de apego evasivos o dependientes, conciencia débil, conciencia punitiva, perfeccionismo insaciable...), a patologías severas como el autismo, la psicopatía o la esquizofrenia.

El autor insiste sobre todo en intentar demostrar que todos estos problemas (y otras características psicoafectivas y sexuales como la homosexualidad) no son, al menos en la mayor parte de los casos, consecuencia de unas tendencias genéticas –como la mayoría de los especialistas parecen afirmar- sino del trato recibido por el niño, especialmente durante los primeros meses o años de vida.

Y todo esto lo ilustra de forma muy efectiva y amena con el repaso a los casos de personajes muy conocidos, como George Bush , Carlos de Inglaterra, Elton John, Woody Allen o Mia Farrow.



El libro es voluminoso y serio (a pesar de la impresión que en un primer momento pueda producir su título), pero se lee con facilidad (de hecho, yo me lo leí en la piscina, que es de los sitios donde más me cuesta concentrarme) y descubre, al menos a los profanos de la materia, algunas cosas que van de lo curioso, a lo deprimente o a lo esperanzador.

Así, por ejemplo para reforzar la demostración de que nuestra infancia explica muchos de nuestros rasgos psíquicos y nuestra consecuente biografía, aporta la coincidencia curiosa de que muchos de los personajes más influyentes en la historia (Napoleón, Stalin, Lenin, Gandhi, Robespierre, Danton, Ho Chi Minh), la ciencia (Newton, Darwin) o las artes y las letras( Lennon, McCartney, Rousseau, Baudelaire, Zola, Moliere. Poe, Andel, Sartre, Madonna y yo añadiría a Bécquer ahora mismo, que se me acaba e acordar) comparten el dato biográfico de la pérdida temprana de uno o ambos progenitores. Y es que la desgracia personal (o el trato “inadecuado” o más o menos traumático durante la infancia en otros casos ) suele tener como consecuencia la infelicidad sustancial y puede llevar incluso a la neurosis en sus distintos grados, pero también al desarrollo de una actividad, creativa, pública o del tipo que sea, en la que el individuo intenta inconscientemente “huir de” o compensar o acallar ese trauma, y esa actividad le lleva a veces al “triunfo social” (pero ojo: no a la felicidad). Y eso ya lo contaba muy bien Ciudadano Kane de Orson Welles.

El libro apunta que detrás de esos problemas de personalidad o incluso patologías psíquicas están lo que el autor llama cuidados poco –o nada- "empáticos" (sic) recibidos por el infante, sobre todo por parte de su madre y sobre todo durante los primeros meses y años de vida. Así, según el grado de poca empatía, según lo tempranos y prolongados de esos cuidados inadecuados (o falta de cuidados si nmás) se producirán esos trastornos proporcionalmente graves, profundos o acusados. El caso más extremo, por supuesto, será el de aquellos niños que sufren maltratos, humillaciones o abusos sexuales, que tienen todas las papeletas para terminar desarrollando las patologías psíquicas y los trastornos de la personalidad más graves.

Toda esta teoría –y sus inevitables corolarios- es peliaguda por varios motivos, y el propio Oliver James se muestra diligente en matizar o intentar limar esa “peliagudez”, consciente de cómo puede ser interpretada o incluso atacada en los tiempos en los que él la saca a la luz con la mejor de las intenciones.

En primer lugar, es peliaguda porque su teoría parece “culpar” -o al menos responsabilizar- a los progenitores de las características y trastornos de la personalidad de sus vástagos. Casi nada. Se te quitan las ganas de tener hijos de un plumazo. En este punto, el autor señala la obviedad de que esto nunca (o casi nunca) es intencionado ni conscientemente controlado –factor indispensable para que haya responsabilidad y ya no digamos culpa-, que la mayoría de los padres crían a sus hijos de la manera que ellos creen más conveniente y que no suelen ser conscientes de sus “fallos” o de por qué su trato hacia ellos resulta poco “empático” (siendo esa falta de conciencia, conocimiento y control el principal problema, claro). Es más, señala que la mayoría de los padres que dan a sus hijos un trato poco o nada “empático” es porque ellos mismos no lo recibieron en su infancia, en una especie de perpetuación y transmisión generacional de estos trastornos, por lo que algunos científicos lo achacaban a la genética, que es lo que James parece obsesionado en rebatir, recurriendo, por ejemplo, a casos de gemelos idénticos genéticamente, pero que crecieron en entornos distintos, y con cuidados por tanto distintos, lo que suele dar lugar a personalidades distintas, desmontanto así la explicación genética de esos “trastornos, sean leves o graves..


En este punto, se plantean dos cuestiones importantes y delicadas. Uno: ¿qué son cuidados “empáticos” en la práctica y hasta dónde deben llegar? El libro parece decir que si las necesidades físicas y afectivas del crío, sobre todo durante los primeros meses, no son atendidas de forma diligente y cariñosa, puede desarrollar inseguridad, ansiedad por conseguir esa satisfacción frustrada y la convicción inconsciente, oscura y tenaz de que no es merecedor de esos cuidados, y que todo eso serán sombras que se proyectarán sobre el resto de sus días, condicionando su personalidad y su comportamiento de forma incontrolable (precisamente por inconsciente). Por tanto, se plantea un difícil equilibrio entre atender a las necesidades del niño y evitar malcriarlo, equilibrio que a mí, personalmente, me parece dificilísimo tanto en la teoría como sobre todo en la práctica. James además rebate otras doctrinas psicológicas y pedagógicas que han fluctuado y se han alternado desde que el ser humano se planteó la posibilidad de sistematizar, planificar y controlar la educación de los hijos. Creo que todos hemos oído alguna vez hablar de los traumas, y hemos asistido de una forma u otra a la moda de hace unos años de no contradecir a los críos para no “traumatizarlos”, que se convirtió en un tópico absurdo e irrisorio, pero de consecuencias casi trágicas que sufrimos en la actualidad. Y también hemos oído otras teorías que defienden por ejemplo que al niño hay que acostumbrarle a horarios regulares y disciplina, y no permitir que consiga todo mediante lloros, que no se le debe coger demasiado ni hacer demasiado caso a sus numeritos (y cuyos absurdos demostraba también José Luis Sanpedro en ese libro maravilloso que es La sonrisa etrusca). ¿Qué hacer, pues? Ser madre se muestra más complicado que hacer encaje de bolillos, y no hay cursillo serio que valga, y aunque lo hubiera, serían inevitablemente efímero y contigente, porque todo es relativo y depende del color de la teoría psicológica con que se mire...

La segunda cuestión peliaguda, delicada y espinosa, es las consecuencias negativas que puede tener para el infante el ser hijo de una mamá trabajadora que, por ese mismo motivo no va a poder estar siempre para ofrecerle los cuidados físicos y afectivos completamente empáticos y que sólo una madre puede dar. Oliver James es muy consciente de las ampollas que puede levantar una afirmación como esta, corolario ineludible de toda su teoría, y se apresta a indicar que renunciar a trabajar tampoco es la solución, porque una madre que se quede con el bebé a regañadientes y sintiéndose frustrada por renunciar así a su realización personal, o a su independencia económica, o a su vida social, o a lo que sea que le aporta su vida laboral, tampoco va a ser una cuidadora demasiado empática ni que transmita al crío la sensación de que vale mucho y es merecedor de todos y los mejores cuidados del mundo. Afirma entonces James que lo fundamental es la actitud de la madre con su bebé, y recomienda elegir cuidadosa y escrupulosamente al cuidador sustitutivo para que resulte el más adecuado y que por lo que dice, no parece ser la guardería a la que la mayoría tiene que recurrir (y eso con suerte, en algunos de los casos más sangrantes ni eso es posible por circunstancias tan diversas y tan absurdas como que no hay plaza o que es demasiado cara para el nivel económico de la familia).

Y aquí llegamos al punto del que el autor es también muy consciente y que es el punto clave de todos los puntos que queramos abordar en este mundo loco en que vivimos: el dinero. Las familias que tengan el nivel socieconómicoeconómico suficiente para seleccionar, y sobre todo pagar, los mejores, más adecuados y entregados cuidadores lo tiene más fácil para criar hijos equilibrados, seguros de sí mismos, con una sólida autoestima y capaces de ser felices. Los pobres, como siempre y por si no tuvieran bastante handicap en todo lo demás, tienen muchas más papeletas en la rifa de la infelicidad, porque cada vez es más difícil que una mujer pueda no trabajar y dedicarse a criar a sus hijos a tiempo completo y de forma completa, sobre todo en las clases menos favorecidas, que son además las que tienen peores posibilidades de conciliar de una manera mínimamente adecuada maternidad y vida laboral..

Con todo, el libro ofrece un punto impoortante de optimismo, ya que plantea el análisis de todo esto como un medio para contrarrestar sus consecuencias negativas. Si algo no es genético sino ambiental, si no es innato sino adquirido, se puede, por lógica, revertir el proceso, es decir, se puede perder, modificar, atenuar. Y este parece ser el principal propósito de James, poniendo como ejemplo de superación de una infancia difícil a sus propios padres, que lo hicieron por la vía de la psicoterapia, una solución que, aun siendo imprescindible en los casos patológicos, en la práctica depende también del nivel socieconómico de la persona.



El propio libro se presenta como un medio que puede contribuir a superar esa posible influencia negativa, proponiendo una especie de “auditoría” psíquica y afectiva sistematizada sobre nuestro pasado y su proyección sobre el presente, como forma de hacernos conscientes de qué es lo que nos está condicionando y poder así modificar aquello que entorpece o incluso impide nuestra felicidad, nuestro equilibrio y nuestras relaciones con los demás, que forman parte del mismo conglomerado vital sustancial. Para ello, propone una reflexión personal que aplique los distintos aspectos que se analizan en el libro a través de preguntas muy concretas, y finalmente un ejercicio práctico a través de la escritura de un relato.


Como casi todas las teorías sobre lo humano, lo intangible, lo relativo, lo subjetivo, creo que la de Oliver James peca de reduccionista y parcial, y yo, que tengo mis sombras y mis zonas oscuras, sobre las que llevo años dando vueltas sin llegar nunca a la luz definitiva, no creo que esto explique ni solucione completamente algo tan complejo como la personalidad y sus problemas. Pero aporta cosas muy interesantes, y ya simplemente leyendo el libro yo me di cuenta de cosas que antes y sin él no se me hubieran ocurrido...

Supongo también que yo acudo a este tipo de obras buscando una especie de panacea o varita mágica que ilumine el quid de mi cuestión, y supongo que no la encuentro por el simple hecho de que no existe. Yo sé que tengo una especie de nudo dentro que me impide caminar como yo querría, y voy descubriendo los hilos que han formado la maraña, e intuyo a veces parte de lo que hizo que se enmarañara, pero sigo sin ser capaz de deshacerla.


Puede que el plantearse todo esto, y el intentar analizar el nudo, sea ya un buen síntoma y un paso en el buen camino, si es que existe o simplemente puede hacerse al andar, aunque se me pase la vida en ello y nunca parezca llegar algo así como la “paz”, la luz, la nitidez, la suavidad, la calma, el equilibrio fundamental que sé que me falta. Y sé que quizás sí, que la solución sea la psicoterapia, pero desconfío mucho de los malos psicoterapeutas, que yo sé que proliferan como las setas en otoño porque vivimos un clima de desconciertos húmedos, bosques frondosos en los que perdernos y perspectivas de negocio que son su hábitat natural idóneo. Así que, sin ánimo para buscar agujas entre tanta paja, pululo entre libros, teorías, entrevistas, páginas de internet o mis recuerdos, y me escudriño hurgando en la maraña, hilo a hilo, con torpeza a veces y no sé si con demasiado resultados, cogiendo una cosita de aquí, otra de allí, y cansándome a veces del autoanálisis, la psicología, el subconsciente, la inseguridad y sus vericuetos, y de que se me pase la vida en ello cuando sería tan fácil que se me pasara en todo lo demás, que es tan bonito y que la maldita maraña a veces me impide ver y disfrutar.

Con todo, no hay que perder la esperanza, porque James también dice que los efectos e influencia de los primeros tratos recibidos se van atenuando con los años, y no está mal que te ofrezcan alguna ventaja al cumplir años en estos tiempos de sobrevaloración atroz y cruel de la juventud , que convierte a la edad inexorable en una gran desgracia.

En fin, que el libro me ha dejado tan cansada y ahíta de tanta psicología y tanto análisis (últimamente observo a todo el mundo indagando en silencio sobre el niño que fue y que nunca dejó de ser, y dibujando hipótesis sobre el trato que debieron darle sus padres), que tengo que dejarlo reposar. Así que dejo esa auditoría personal que tanta falta me hace para un poquito más adelante. Prometo hacerla, que sé que me vendrá bien, aunque la idea me produza una mezcla de pereza y temor indefinible.

Ahora me voy a sumergir en El corazón helado de Almudena Grandes, que no pude terminar por el curso y sus ajetreos, y para el que espero que la cuenta atrás de las vacaciones –ay- sea la más adecuada oportunidad. Por cierto, la autora encabeza el libro con una cita de Ortega y Gasset muy apropiada para esto de los padres y los hijos: "Lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente"


“Las familias son comparables a una obra de teatro. Como si fuéramos personajes de ficción, a todos nos es asignado un papel estipulado en el guión y se nos dirige con mano férrea durante la interpretación, en la que lucimos el adecuado vestuario psicológico y estamos obligados a cantar y bailar al son característico de nuestra familia. Así queda patente cada vez que hay una reunión familiar... En Navidad, por ejemplo.

Durante la comida navideña, nuestros padres y hermanos exigen que interpretemos el papel que en su momento nos fue asignado.(...) Un método sencillo de comprobar esta idea es convertirnos durante la próxima representación navideña, en autores de nuestros propios diálogos, en desviarnos del guión de forma deliberada (...)

Si tenéis fama de ser tacaños a la hora de comprar regalos, haced unos presentes verdaderamente caros y ostentosos. Si sois conocidos porque nunca laváis los platos, corred raudos al fregadero después de la cena. Si os consideran un dormilón, sed los primeros en llegar a la mesa del desayuno por la mañana. Parte de la gracia de este juego radica en que los demás se esforzarán en no darse por enterados, en engar cualquier posible cambio. De la misma forma que los actores en una representación teatral se quedarían pasmados, e incluso asustados, si un miembro del reparto de pronto empezase a recitar los diálogos de otra obra, y en un principio fingirían que no pasa nada araro, así sería la reacción de vuestra famila. Cuando la diferencia resulte ya innegable, es posible que traten de aunar fuerzas e imponeros vuestro viejo papel de siempre (...) Puede que insistan en hacer referencia a episodios pasados (...) Pero, en lugar de irritarons, haced hincapié con tranquilidad en que los hechos de hoy apuntan a lo contrario. Cuando menos, la experiencia os resultará divertida. Y, ¿quién sabe?, puede que la próxima Navidad os encontréis interpretando un papel que, esta vez sí, será vuestra propia creación.


(Cualquiera que haya visto Familia, de Fernando León de Aranoa, seguramente no habrá podido evitar evocarla al leer este fragmento... )

2 comentarios:

nandara dijo...

¡¡Kamala, qué post más trabajado!! :)))
Tema complicado el de la educación de l@s hij@s, doy fé de ello...
Soy mamá de tres joyas y tres mundos distintos...
Es muy peliagudo educar, intentando evitar caer en la sobreprotección y a la vez queriéndol@s como si fuera mi segunda piel.
Recordar cómo me educaron a mí...
Maternidad/paternidad responsable he ahí el quid de todo.
El libro, tal y como los has resumido, me parece muy recomendable. Apuntado y gracias por compartir.
En cuanto a "El corazón helado", a mí me gustó mucho, mucho, mucho. Engancha y se lee de un tirón. La carta de la abuela me llegó al alma.
Salud y descanso. :) :)

kamala dijo...

Repito que cada vez me parece más difícil eso de ser padres, sobre todo por la responsabilidad enooorme que conlleva (que si asumes lo que explica el libro, se multiplica por mil).

Sobre todo me preocupa que los hijos terminen pagando nuestros problemas no resueltos... Que reflejen nuestros traumas, o nuestras zonas oscuras, o que eso les condicione. Esa sensación de que la vida de una personta dependa tanto de ti me da como vértigo, no lo puedo evitar, quizás porque soy tremendamente independiente (y empiezo a pensar que lo soy como consecuencia de algo... si es que no se puede leer tanta psicología, que a veces más que formarnos, parece deformarnos)

El libro es recomendable si realmente te interesa el tema (como a mí); si no, supongo que se puede hacer bastante pesado. Pero lo de la auditoría personal yo creo que puede resultar un ejercicio de lo más sano para cualquiera.

Un saludo, y gracias por pasarte por aquí y comentar.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...