lunes, 15 de septiembre de 2008

Los últimos extraterrestres


El otro día vi en la tele a un abuelo en la playa, en bañador. Hay muchos hoy en día (abuelos) que van a la moda, bailan y ligan con abuelas. La modernidad es un halo del que uno debe revestirse. De hecho, hoy en día, no ser moderno es casi como llevar la letra escarlata que te señala allá por donde pasas. El abuelo del que hablo estaba en Benidorm, llevado en las alas del Inserso. Estaba con otros abuelos y abuelas, bailando, tomando el sol y seguramente, por la noche, bebería algún cubatilla que otro.

Mi abuelo no era así. Mi abuelo iba siempre de traje, y tenía dos. Uno para el trabajo, de Lunes a Sábado, y otro para los Domingos (eran iguales, pero uno estaba más limpio). También tenía dos boinas, que usaba de igual manera. Iba siempre de negro y llevaba la camisa abotonada hasta el cuello. En verano y en invierno, siempre llevaba la camisa de manga larga y la americana, y jamás le vi sudar ni tener frío. Sólo estaba moreno por el cuello y por las manos, y llevaba siempre calzoncillos largos.

Mi abuelo no tenía bañador, porque sólo se bañaba en la bañera, los sábados. Mi abuelo jamás miró a una mujer que no fuera mi abuela. Cuando mi abuela murió, mi abuelo también lo hizo. Mi abuelo no tenía amigos en ninguna otra parte que no fuera su pueblo, así que no escribía cartas, ni las esperaba. Mi abuelo, siempre iba a misa los domingos, y luego a la partida, y se levantaba siempre a la misma hora (sobre las 6.30).

Cuidaba muy bien de sus vacas. Era muy profesional en su trabajo. No se esforzaba nunca por ser amigo de sus nietos, y se sentía raro, perdido, cuando mis hermanos y yo le escondíamos la boina, o le hacíamos cualquier tipo de broma, o le hacíamos rabiar. Mi abuelo no sabía tratar a los niños. Eso sí, cuando mis hermanas le daban besos, yo notaba en su cara, seca y dura, absolutamente marcada por las arrugas, un gesto de infinita ternura, casi de rubor.

Nunca bebió Coca-Cola, ni Kas, ni nada que no fuera agua, vino o leche (algo de mosto, quizás), y siempre desayunaba sopas de pan, y las cenaba. Nunca estuvo malo ni fue operado de nada. Mi abuelo nunca nos dio una propina y no por eso le queríamos menos. Eso sí, un día perdí un balón de fútbol por la noche y a la mañana siguiente, él se levantó antes que nadie para encontrarlo. Cuando me desperté, el balón estaba ahí.

Era un tipo serio y nunca decía cosas que no fueran necesarias; no era muy hablador, pero era absolutamente honesto y de vez en cuando se reía a mandíbula abierta. De la tele le interesaba el “parte”, y poco más; lo demás le dejaba indiferente. No leía, ni le gustaba viajar. Ordeñaba las vacas, araba, quitaba las hierbas, partía leña... En mis veranos, siempre le recuerdo trabajando hasta casi los 80 años. Sólo salió de su pueblo con el carro de la yunta, de joven, para ir a vender leña por León. Después, cuando no necesitó viajar, ya no lo hizo.

Mi abuelo era esencialmente feliz y, a veces, hasta cantaba. Nunca le faltó de comer ni a él ni a los suyos. Nunca firmó contratos para vender o comprar vacas, le bastaba la mano. Al final, se fiaba de sus hijos: él no leía nada de lo que firmaba. No sabía lo que era una tarjeta de crédito, ni la usó jamás. El dinero que necesitaba, lo llevaba en el bolsillo. No tuvo miedo nunca. Jamás cerró la puerta de casa.

Mi abuelo luchó en una guerra que no entendía muy bien, y luchó en el bando que le tocó. Paso ciertas calamidades, y luego dureza en el pueblo, en la postguerra; pero yo todo eso no lo sé por mi abuelo, lo sé por mi madre. Mi abuelo nunca hablaba de eso. No sabía dónde estaba USA o Petra o Madagascar (sitios tan interesantes para los turistas de hoy), pero se conocía cada palmo de su pueblo. No sabía utilizar el teléfono, ni conducía. A mi abuelo no le hubieran gustado estos tiempos.

A mi abuelo no le hubiera gustado Benidorm.

Mi abuelo no era un hombre moderno. Creo que hoy sería un extraterrestre que estaría fuera de sitio en casi todos los lados.

Mi abuelo siempre iba despacio.

4 comentarios:

Enttropia dijo...

Mi abuelo usaba bastón y le costaba caminar. Apenas hablaba y cuando se hizo mayor dejó de ir a jugar la partida al casino por si le pasaba algo fuera de casa, para no molestar.

A mi abuelo le habría caido bien tu abuelo. Se hubieran entendido con pocas palabras. Puede que los dos vinieran del mismo planeta.

Dei dijo...

Seguramente los dos venían de allí. Creo que es un planeta que ya no existe, y cuyos habitantes van poco a poco desapareciendo, hasta que no sean más que un recuerdo de otra manera de vivir.

El increíble hombre menguante dijo...

Eran otros tiempos. Estaban acostumbrados a una vida austera, y eso forja un carácter.

Se pasaron la vida trabajando, sin lujos ni caprichos, no como nosotros ahora, que cuando nos cae algo de dinero en las manos vamos a gastarlo donde sea.

Así que la próxima vez que nos tomemos unas cañas, que no se nos olvide brindar por ellos.

Un beso para todos los abuelos, aunque algunos no se enteren de que se lo damos...

kamala dijo...

Y seguramente tu abuelo no entendería que su nieto escribiera sobre él en un blog, ni entendería muy bien para qué sirven Internet y los ordenadores...

Y aún así, sigue siendo tan bonito que lo hayas escrito...

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