martes, 2 de septiembre de 2008

Sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido



“¿Qué es el insomnio?

La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.

Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa”.

Jorge Luis Borges, de “Dos formas de insomnio”.


Tengo la suerte de ser una auténtica marmota. Por lo general, me duermo apenas un minuto después de haber puesto la cabeza sobre la almohada, y hacerlo es para mí una inmersión total en un abismo profundo del que no me resulta fácil salir, y en el que suelo sentirme muy a gusto (salvo sueños extraños o incómodos, claro está). No me despierto con casi nada, aunque con los años esto se vaya atenuando un poquito (pero muy poquito).

Por ejemplo, cuando tenía yo unos 10 años, compartía habitación con mi hermano menor. Pues bien, el pobriño se puso malísimo una noche con una fiebre que no bajaba. Mi madre, histérica, decidió llevarlo al hospital en plena madrugada. Por supuesto, no tuvo reparos en gritarle a mi padre –seguramente tan reacio a médicos y hospitales como ahora- , encender la luz, y abrir y cerrar puertas con sonoridad, porque , como me pasa a mí, el sigilo no está precisamente entre sus virtudes. Yo no me enteré de nada hasta la mañana siguiente, en que vi la cama de mi hermano vacía.
Mi madre se las veía y se las deseaba para despertarme por las mañanas para ir al cole, porque ahí, además, a mi natural buen dormir se unía mi también natural repelús a ir al colegio a primera hora de la mañana. Incluso ahora el pobre Dei, con el insomnio de su hipertiroidismo a rastras, se desespera porque sólo me entero de sus desvelos cuando él y la claridad logran despertarme, bien entrada la mañana.

Si no pongo el despertador puedo dormir tranquilamente 12 ó 13 horas seguidas (en mi época de juergas nocturnas, incluso más), y dormir (también soñar) me encanta. Me gusta remolonear, y apurar las mañanas en que no tengo que levantarme, en la cama, entreabriendo los ojos sólo para comprobar que puedo volver a cerrarlos otro buen rato, que paladeo concentradamente en esa envolvente semiconsciencia del que no ha despertado del todo.

La parte negativa de todo esto es que necesito dormir bastantes horas para estar bien, y acuso profundamente la falta de sueño: me pongo de mal humor, me escuecen los ojos todo el día, no tengo ganas de nada, me cuesta concentrarme en todo e incluso ser persona se convierte en una ardua tarea.

Es raro que yo no pueda dormir. Generalmente, me cuesta dormir cuando tengo que acostarme pronto si ese día me he levantado tarde, pero no deja de ser algo anecdótico y pasajero que se supera al segundo día, que es lo que yo tardo en “cambiar el sueño”. Sin embargo, en una ocasión, a causa de un tratamiento con cortisona para una alergia, conocí la terrible realidad del insomnio: la mente bulle en la oscuridad, los pensamientos van y vienen durante horas, las preocupaciones se agrandan, los proyectos se complican, los problemas se vuelven irresolubles, los miedos revolotean, una se empequeñece, y el día siguiente aterra. Conozco la angustia por querer dormir y no poder, el nervio por volver a agitarte justo cuando parecía que ya te estabas quedando dormida, el pánico a mirar el reloj, el no poder evitar verlo, el pensar cómo estaré mañana, la obsesión tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que dormir. El paroxismo de desesperación llega cuando acudo a los tópicos consejos de siempre: el contar ovejitas, el contar hacia atrás desde cien imaginando una pantalla dividida en cuatro partes, el intentar visualizar lugares relajantes, el hacer listas de cosas..... para comprobar que no, que no funcionan (y pensar que hay científicos que han hecho estudios para llegar a esta conclusión... con preguntar a cualquier insomne, lo tenían solucionado). Y la dulce insconscienca del dormir se convierte en un bálsamo suave, deseado, añorado y de repente inalcanzable, que llega justo un ratito minúsculo antes de la hora en que tengo que levantarme . Y he llegado a sentir rabia y ganas de llorar, y he sabido lo que es que la situación se repita una noche, y otra, y otra, haciendo terrorífica la hora de dormir, por el temor a que llegue y no poder. Hasta que por fin, una noche, el sueño llega otra vez sin ser llamado, y vuelvo a ser la de siempre.

El del insomnio es un problema que puede parecer trivial, pero que no lo es en absoluto: quien lo probó lo sabe, y la riquísima literatura (tradicional y digital, a juzgar por los resultados que ofrece google: hay páginas espécíficas e incluso blogs dedicados al tema) da fe de ello. El cuerpo quiere dormir, pero la mente no se apaga. A veces, dicen, por las preocupaciones; a veces, sin ellas. No sé si en el reino animal habrá casos de insomnio, pero no sé por qué, intuyo que debe ser uno de esos males asociados al supuesto privilegio de la racionalidad humana que nos obliga a ser artificiales. A ir contra natura. A dejar que la psique vaya por derroteros que el soma por sí mismo jamás recorrería. Porque poco más contra natura hay que querer dormir, o querer descansar, o querer comer, y no poder por razones escondidas y siempre absurdas.

Y es que esto de ser algo más que pura biología no siempre es bueno, y no para todo.

Ayer tuve una de esas terribles noches de insomnio, y hoy he arrastrado todo el dìa las secuelas. Y dentro de un ratito me meteré en la cama, y sólo espero que el sueño venga sin tener ni que llamarlo ni esperarlo demasiado. Porque además, mañana es mi día de vuelta al curro, y de conducir hasta el trabajo, y no quiero empezar este curso cargada con el peso del sueño y el miedo a no dormir, que de miedos estoy ya sobrada.



En memoria de Morfeo
tengo a media hasta el párpado
es la hora de la siesta
veo un tronco y una sierra
y un rebaño de ovejitas
y un montón de zetas

La coca cola sin cafeína
el nescafé descafeinado
y la cama ya me espera
horizontal o vertical
yo prefiero Horizontal
y a dormir a pierna suelta

Colecciono moscas moscas tse-tse
bebo cloroformo y meriendo valium diez

Camino de la cama es el mejor camino
sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

Cuatro esquinitas tiene mi cama
cuatro angelitos me la guardan
y ya estoy en el nirvana
no hay nada como mi almohada
yo la abrazo y la consulto
me aconseja y me ama
vaso de agua y palmatoria
y galletitas por si hay hambre
en el lecho conyugal
y con esto y un bizcocho
hasta mañana si Dios quiere
y si no quiere me da igual

Oye tronco cómo ronco: volumen brutal
por mucho que me muevas no me pienso despertar

Camino de la cama es el mejor camino
sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

Qué buenos, los Siniestro.


********************************************



Mi rosa robada de hoy: haber montado, contra todo pronóstico y esperanza, la estantería de Ikea yo solita -bueno, acompañada sólo del calor y de mis problemas de orientación espacial, que hacen que las instrucciones y sus croquis tengan que ser descifrados por mí como jeroglíficos egipcios antes de la Piedra Rosetta-, haberla puesto en su sitio y haber comprobado feliz que no se cae, ni tiene ninguna pieza en la posición incorrecta, ni se ha roto nada.

Ahora solo queda que pase la prueba de ponerle libros. A ver si esta puede ser mi rosa del sábado, que es cuando Dei quiere que nos dediquemos a reorganizarlos.

6 comentarios:

Ubalda dijo...

Pero.. la reorganización de Dei consiste en que él manda y tú colocas o va a echarte una mano de verdad???? jejejeje


Espero que hayas dormido bien, yo el lunes también estuve de insomnio y te comprendo perfectamente. Y también espero que tu primer día haya sido suavecito.

Bss

kamala dijo...

Pues más le vale que organice él y sea yo la que eche una mano, porque yo ya me niego a hacer nada más solita.

He dormido como un tronco otra vez, y el primer día ha ido mucho mejor de lo esperado... :-))

Muchos besos, guapa

nandara dijo...

Yo dormía como una lirona hasta que nació mi hijo mayor. Esa misma noche desapareció la tranquilidad, podía escuchar el roce de las uñitas en la cuna... hoy en día, cualquier ruido es perceptible, sobre todo si es la tos de un niño. :))))

kamala dijo...

Qué miedo, la maternidad... O sea, que quita el sueño en sentido metafórico y literal... ;-)

¡Un saludo!

nandara dijo...

Y tan literal... tú pregunta a mamás (y algunos papás creo que también) :))))

nandara dijo...

Y tan literal... tú pregunta a mamás (y algunos papás creo que también) :))))

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