jueves, 4 de diciembre de 2008

Del dolor a la solidaridad


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de este enero.

Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.

Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Para leer a Vallejo hay que usar el corazón. Olvídate de la cabeza, sus razonamientos, su lógica y sus conceptos. Deja que los sentimientos afloren a los ojos y no pienses. Lee sin pensar, con la razón cerrada para percibir el aroma de las palabras y los ecos que nos traen sin querer y sin buscarlos. Porque seguro que entonces vas a sentir. Aunque no entiendas. Porque en literatura no siempre se trata de entender en el sentido estricto de esta palabra. A veces podemos saltarnos ese paso y llegar directamente a la emoción pura de lo que se siente en forma de intuición, ilógica, infundada, sin asideros. Pero cierta. Fuerte. Auténtica. Tan cierta, fuerte y auténtica como lo que se sabe con el corazón y no se puede explicar y por eso no queda más remedio que escribir (o leer) poesías. Y quien lo probó lo sabe.

Tengo la impresión (pero ojalá me equivoque) de que César Vallejo, tan venerado por todas partes como hombre y como poeta, no es demasiado conocido en España. No me refiero, claro está, a los estudiosos de la literatura o a los aficionados a la poesía. Me refiero a en general, a los poetas proverbiales que a todo el mundo les suenan, como Neruda, Lorca o Machado . Yo, por ejemplo, no había oído hablar de él cuando tuve que estudiar (y así descubrí) su obra en la carrera. Y sin embargo, algunos han comparado su aportación a la poesía hispana en particular, y universal en general, con la de Dante y, Bryce Echenique, que prologa al volumen a él dedicado dentro de la colección que vende los miércoles El País, lo considera “a su entender” el más grande poeta de Hispanoamérica. Ahí es nada y ahí se quedan Neruda, Huidobro, Borges, Rubén Darío u Octavio Paz.



Su biografía nos habla de un peruano, profundamente peruano, nacido en 1892, con rasgos y raíces marcadamente mestizos que parecieron también marcarle: sus abuelas eran indias y uno de sus abuelos era un sacerdote gallego . Es decir, que era lo que allí se conoce como “cholo”: el que hunde sus pies en una tierra que mezcla la cultura colonizadora y trasplantada desde Europa que aquí se convierte en otra cosa con el barro mágico del pensar y el sentir indígena. Y tal vez sus raíces sean las que hacen que Dios y la familia afloren una y otra vez en sus versos. Sobre todo en los más doloridos.

Porque Vallejo es el poeta del dolor, un dolor tan antiguo y tan perenne que ya parece no tener causa sino ser parte de uno mismo, y de la solidaridad salvadora.

Dolor profundamente arraigado, tanto, que forma ya parte de la propia identidad (como expresa en el poema de arriba: yo nací un día que Dios estuvo enfermo... En esto Vallejo me recuerda mucho a otro de mis poetas preferidos Miguel Hernández, que había nacido, como el toro, para el luto, que tenía la pena de una sola pena,los huesos hechos a las penas, no encontraba tijeras para cortar el dolor , que había nacido en una una mala luna, y se sentía el más descorazonado de los hombres, tanto que quería descorazonarse para dejar de sentir el dolor... , y a Rosalía, que habló de la negra sombra y del clavo en el corazón que no podemos arrancarnos porque sin él no sabemos sentir. Y a mí, claro, que conozco el dolor absurdo pero no sé ponerle nombre ni convertirlo en verso y que entreno cada día para acallarlo y guardarlo tan dentro que llegue a olvidarme de él..

El dolor aflora desde las entrañas, en la obra de Vallejo, sobre todo en “Los heraldos negros”, su primer libro, en el que utiliza ecos de los gorgoritos modernistas pero mezclándolos con la profundidad de un sentimiento tan desgarrado como pocos (por no decir ninguno) estetas del modernismo se atreverían a dejar traslucir. Hay que ser un genio para seguir una corriente pero desmarcándose así. A este libro pertenece el poema de arriba, y este otro, que da título al poemario. Dolor en estado puro. Y sólo incertidumbre ante tanto dolor, en el que anda mezclado, siempre, Dios:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!


La familia es otro de los motivos recurrentes de los versos de Vallejo, y de la familia habla siempre con un acento de nostalgia dolorida que evoca sin duda una adulta pero sentida orfandad sentimental. De hecho, se sabe que la muerte de su madre, en 1917 le marcó profundamente y en 1923 Vallejo parte hacia Europa (de la que no volverá) y en Paris se enterará de la muerte de su padre. Nunca podrá (ni seguramente querrá) sacudirse esa nostalgia dolorida hacia el Perú que ha dejado porque lo tenía que dejar, ni hacia la familia que quiso dejar, pero queriendo querer no dejarla, y a la que ya no puede volver jamás porque ya no estará allí esperándole.

Cuando yo tuve que estudiar a Vallejo, en la carrera, me costaba llegar a la emoción de sus poemas, porque todavía no sabía leer sólo con el corazón, con la parte del corazón más en las antípodas de la cabeza, ni tenía todavía capacidad para percibir la emoción pura, no filtrada por la racionalidad, con la que Vallejo cada una de las imágenes de sus versos. Y sin embargo, el final de este poema se quedó ya entonces conmigo en esa parte del alma donde sólo te tocan algunos, quizás porque intuía que algún día yo conocería la nostalgia de la familia, las raíces, la infancia que se ha quedado y que he dejado atrás, una nostalgia en la que se mezclan el cariño, la memoria, la pena y la culpa, tan tan parecida a la suya:

Los padres lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.



También la muerte prematura de su hermano Miguel ,a causa de una neumonía traicionera, en 1915, le marcó profundamente y alimentó el dolor intrínseco que late en sus poesía, como testimonian algunos de sus amigos y poemas comoo este, elegía soñadora sobre la figura del hermano y de un tiempo que no volverán, que yo no puedo leer sin un escalofrío

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo.
Me acuerdo que jugábamos a esta hora, y que
mamá
nos acariciaba: "Pero hijos..."

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.

Oye hermano, no tardes
en salir. ¿Bueno? Puede inquietarse mamá.

Vallejo vino a la vieja Europa con la esperanza de encontrar terreno más acogedor para sus versos, que anticipaban en su libro "Trilce" los procedimientos que en nuestro continente desplegarían en la década de los veinte como radicalemnte innovadores las Vanguardias, y que en su Perú natal no fueron demasiado bien acogidos. Se vino casi con lo puesto, y tuvo que malvivir un par de años.

En Paris conoció a su Esposa, Georgette Marie Philippart Travers, con la que vivió una historia que no deja de llamarme la atención, por las versiones tan diferentes a las que ha dado pie.



Su historia es descrita por algunos con tintes románticos y esotéricos: incluso se cuenta que a ella, que lo conoció con unos 15 años cuando el tenía 33, le había anunciado el encuentro una vidente), y su forma de enamorarse fue bastante curiosa, a través de las ventanas de sus casas, que eran vecinas.


Pero otros (entre ellos los amigos del poeta) la describen como una mujer tiránica y aprovechada que “se pegó” a Vallejo consciente de su genialidad, pero con la pretensión de dominarlo y empaparse a su costa de su grandeza y de gloria. De hecho, Bryce Echenique, que la conoció por haber sido ella su profesora de francés, le hace un retrato nada amable en el prólogo a sus poemas, describiéndola como una racista de rostro concienzudamente emblanquecido que en realidad despreciaba a Vallejo, y adjudicándole sin ambages ni diplomacia ni correción política el calificativo de “insoportable” .

El caso es que tras la muerte del poeta, ella ejerció activa y entregadamente de viuda, publicó la obra póstuma de su marido "Poemas humanos" y se dedicó en cuerpo y alma a la propaganda de la figura y la obra de Vallejo. Parece ser que hubo también bastante follón con los restos mortales del poeta, que Georgette luchó porque no se llevaran a Perú y porque terminaran en un determinado cementerio de París, que no todos consideran el más adecuado, por distintos motivos. Y ella hizo que en el epitafio del poeta estuviera ella misma: “He nevado tanto para que duermas” (que Echenique interpreta como “estás aquí por todo lo que yo he hecho por ti”), cuando muchos creen que el mejor epitafio lo habría escrito, como el poema de recuerdo de su muerte, el propio Vallejo: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Grave”

Pero antes de todo esto, Vallejo, aparte de implicarse activamente en la vida cultural y literaria de su época, vívida como pocas en este sentido (imaginaos el París de la Vanguardia, con su ilusión, su fe en el futuro y en lo radicalmente nuevo, su creencia de estar explorando territorios ignotos para la humanidad, su efervescencia artística y literaria, sus vuelos de bohemia e intelectualidad), no dudó en hundir sus manos hasta el fondo en el compromiso y la política. Estudió con interés el marxismo y viajó a Rusia en 1928. Y él, preocupado por la injusticia social y la atroz explotación del hombre por el hombre ya desde su experiencia de juventud que le había marcado, allá en el Perú de sus nostalgias, en la hacienda azucarera "Roma", encontró en el comunismo mucho más que una doctrina que podía cambiar el mundo por otro en el que no hubiera injusticias ni desigualdades: encontró una salida, un alivio, una respuesta, a su propio dolor personal, a través de la solidaridad, la conciencia de ser uno más dentro de la “masa”, de ser como el otro y comprender que luchar por el otro y con el otro (en el sentido de "junto a", no en el de "en contra de") es luchar también por uno mismo.

Y el compromiso social y político, la apertura hacia la realidad humana, que es la de los demás pero es también la propia, teñirá sus últimos poemas, tanto los póstumos "Poemas humanos", publicados tras su muerte por su esposa, como los dedicados a la contienda española, que él vivió en primera fila y en la que se implicó con los versos y con la maza, participando en comités de defensa y en la lucha antifascista, y fundando con Neruda el “Grupo Hispanoamericano de ayuda a España”.

Este viaje de Vallejo "del yo a nosotros" es común a casi todos los poetas de la Vanguardia, e inevitable en el paso de los felices veinte a la crisis de los años 30, en los que resultaba cínico seguir hablando, como se había hecho desde Ortega hasta las Vanguardias, de la deshumanización del arte ,y del arte por el arte, y de la finalidad sin fin, y de que el arte es juego, y creación pura y radicalmente libre, y expresión pura y radicalmente libre, e intuición pura, que no tiene por qué hablar de la realidad ni siquiera seguir su lógica, porque en nuestra mente hay más que pensamiento, y a veces los pensamientos falsean nuestro sentir, nuestra emoción, nuestra autenticidad y nuestro yo.

Porque en los años 30, la realidad y su lógica golpeaban la conciencia, e impedían mirar hacia otro lado y volar en las alturas de las preocupaciones puramente intelectuales, estéticas y artísticas, y hacían necesario volver al pensamiento y al mundo, a manchar el arte con la realidad y sus impurezas, a hablar de ella, a gritar si es necesario, para que no quedara sin denuncia y sin protesta, y para intentar cambiarla, antes de que nos aplastara con su contundencia.

Pero este camino del arte al compromiso, mucho mejor que yo lo expresó, sin duda, el propio Vallejo. Porque ellos querían deshumanizar el arte, y entonces, un hombre pasa...;

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un grama en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paría duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más alla?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

La poesía se transforma en grito y los poemas, que una vez estos poetas quisieron deshumanizados y vaciados de sentimentalismo, se llenan de humanidad y sentimiento. Se empieza considerando al hombre en frío, imparcialmente, pero el camino de acercamiento a lo humano, a todo lo humano, que nunca nos es ajeno, termina, claro, en la emoción, y el sentimiento, la emoción de comprender que somos pequeños, y miserables, y frágiles, y necesitados de todo, y necesitados unos de otros, y de que asumir de verdad esto muestra que sólo sirven la mano tendida, el abrazo y el perdón. La solidaridad, la compañía, lo que el cristianismo llamó amor al prójimo y luego lo llenó de hipocresías, intereses, manipulaciones y culpa, pero que ajeno a leyes, supersticiones e imposiciones, muchos saben que es el bálsamo más efectivo contra el dolor:

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué mas da! Emocionado... Emocionado...


Vallejo no llegó a ver el final de la contienda española que tanto le afectó (a España dedica todo un libro, de título elocuente, dolorido y con ecos religioso, como aquellos primeros poemas del dolor con los comenzó a dar sus pasos a la solidaridad: "España, aparta de mí este cáliz"). Murió en París en 1938, un día de lluvia, tal como él predijo en un poema que escribió un jueves pensando que moriría en jueves, aunque el día de su muerte fue viernes., y no fue otoño sino primavera.


Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.


César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro


también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...


Murió víctima de una enfermedad (parece ser que un paludismo que habría contraido 20 años atrás y que se había traído soterrado de su Perú natal, como la nostalgia, y que habría rebrotado fieramente en un momento de debilidad) Tal vez esa enfermedad soterrada estuviera en alguna de las raíces inconscientes del dolor constante que impregnó su vida y sus versos., Tal vez la poética coincidencia del Paris con aguacero tenga algo de premonición mágica. O tal vez el Vallejo enfermo aguardó a un día de lluvia para morirse, porque él, que había hecho sus versos con su vida, decidió que su último gesto fuera hacer su vida a partir de sus versos. O tal vez porque cuando escribió este poema, Vallejo estaba decidiendo, queriendo o son querer, dónde y cuándo moriría, un día tan cierto que lo tenía ya en el recuerdo.

7 comentarios:

NoSurrender dijo...

Creo que yo, más aficionado a la prosa que a la poesía, me he acostumbrado a moverme entre dos tipos de buena literatura: la que siente con la cabeza y la que piensa con el corazón. ¿Pueden nuestras emociones desligarse de nuestro pensamiento? Cuesta pensarlo, cuesta sentirlo.

Mi madre tiene en su casa poesía de Vallejo. La próxima vez que vaya a comer a su casa me acordaré de lo que aquí escribes, y leeré.

kamala dijo...

Cuando yo empecé a leer a Vallejo (o al Lorca del Romancero, o de Poeta en Nueva York), me quedaba con determinadas expresiones que me impactaban sin que yo estuviera muy segura de lo que decían, pero me perdía la emoción de los poemas. Porque yo entonces necesitaba una lógica, una referencialidad clara y lisa para las emociones. Porque necesitaba "entenderlas"

Con el tiempo, he aprendido a percibir la emoción pura, que es como los recuerdos que traen lo olores, por ejemplo, sensación pura vinculada a una emoción pura que se salta la fase de lo conceptos.

En otras obras literarias, se empieza por entender, y se termina por sentir. En estas, se empieza a sentir, y luego se termina por entender. O no, da igual. Porque surgen de -y se dirigen a- el inconsciente, o el corazón, o como quieras llamar a esa parte de nosotros o de nuestra mente o de nuestra alma (¿ves como los conceptos no llegan?)que nos habla en nuestros sueños (y con sueños me refiero a los que tenemos cuando dormimos), que sí, están vinculados al pensamiento, pero manejan nuestros pensamientos, impresiones y recuerdos de una forma distina a como lo hacemos nosotros cuando nos ponemos a pensar.

Tal vez no te guste Vallejo. Tal vez no te llegue del todo, como me pasaba a mí al principio. Porque la poesía es subjetividad pura, y depende puramente de la subjetividad. a la que es muy difícil aconsejar. Pero gracias por tenerme en cuenta y leerle. Muchas gracias, de verdad.

kamala dijo...

Y yo no estoy segura de que seas más de prosa que de poesía. poruqe te recuerdo que las letras de canciones son poemas...

Quizás seas más de poesía, y todavía no lo sepas.

Liz dijo...

Todo un homenaje a Vallejo. Después de leer tu entrada entran ganas de conocerlo a fondo.

Es cierto que la poesía no es entendimiento, es sentimiento, llega o no, mueve, conmueve o no. Hace falta un poco de práctica para disfrutarla, pero en cuanto la pruebas te gana para siempre.

Que disfrutes el fin de semana!

kamala dijo...

Gracias! La verdad es que sí, que lo he disfrutado.

Es un muy pequeño homenaje para lo grande que es Vallejo, que despierta pasiones y por algo es...

Saludos!!

Miguel Pachas Almeyda dijo...

Muy interesante artículo sobre Vallejo. En lo que se refiere a la labor de Georgette me parece muy atinado y justo, a excepción de lo que escribe Bryce Echenique, lo cual no solo es injusto, sino mezquino, en no reconocer todo lo que hizo Georgette por difundir y defender la vida y obra del autor de Los heraldos negros, de manera fidedigna. Sin duda, la crítica de Echenique tiene una auntentica base Larreana.

En el año 2008, he publicado la obra, Georgette Vallejo al fin de la batalla,con la finalidad de reivindicar la integérrima figura de Georgette Marie Philippart Travers, la tenáz esposa del poeta más humano, César Vallejo.

Miguel Pachas Almeyda, autor del libro, Georgette Vallejo al fin de la batalla.Lima-Perú.

Miguel Pachas Almeyda dijo...

Ruego al autor del presente blog se digne aclarar la bibliografía donde pueda encontrar las afirmaciones de Bryce Echenique sobre Georgette Vallejo. Por favor sírvase remitir dicha información valiosa a mi correo electrónico almeyda560@hotmail.com

Muchas gracias.

Miguel Pachas almeyda.

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