martes, 9 de diciembre de 2008

Gafas




A los cinco años me pusieron gafas.

Fue mi maestra la que detectó que yo metía demasiado la nariz en los libros, y mamá decidió llevarme rápidamente al oculista. Y puedo recordar que hasta me hizo gracia ir a elegir la montura (y elegí unas redonditas, que me daban todavía más aire de niña repollo del que ya tenía por mí misma, que no era poco). La ilusión duró hasta que vi a mis primas mayores que, al saber la noticia, empezaron con las burlas y chascarrillos que habrían de acompañarme durante años, y años, y años.

Y es que durante años, y años, y años, yo fui la niña de gafas, la chica de gafas, la de gafas sin más. Porque el poder de las gafas era, sin duda, sorprendente, tiránico, injusto y maléfico: daba igual cómo fueras, daba igual lo que llevaras, daba igual lo que hicieras, ellas siempre terminaban siendo lo que te definía, lo que te identificaba y hasta lo que te nombraba, como si el resto de tus características desaparecieran eclipsadas por esa pieza ortopédica que un día, un oculista ceñudo y aséptico colocó en tu cara, como si tal cosa, como si no pasara nada, como si no fuera algo que iba a cambiar de forma sustancial tu imagen, que sobre todo a determinadas edades pesa tanto, tanto, tanto. Tanto, que puede llegar a modificar lo que eres.Sé que puede sonar exagerado, pero yo sé que yo sería sustancialmente distinta si no hubiera llevado gafas. De verdad.

Durante años, he odiado apasionada, rabiosa y convencidamente las gafas de las que dependía. Porque sin ellas me he sabido siempre indefensa. ¿Puede haber una paradoja que dé más rabia?

Mi trauma personal empezó a empequeñecerse , a los 20 años y con los ojos hundidos por 15 años de escaparates en la cara, con la irrupción en mi vida del maravilloso invento de las lentillas, que me permitieron ver en el espejo, por primera vez, mi propia cara nítida y con los ojos sin empequeñecer por las dioptrías en los cristales. Y ese mismo trauma sufrió una mengua considerable cuando conocí a Dei, y resulta que le gustaban las gafas (por más que a mí me costara entenderlo). Y bueno, también se va debilitando con el cumplir años, que será una putada, pero te hace sacudirte muchas "tonterías".

Aunque desaparecer, lo que se dice desaparecer, creo que no desaparecerá jamás (y eso que no me opero, pero es por una mezcla de temor y desconfianza).

Por eso esta chica me ha parecido siempre sorprendentemente valiente y decidida; por saber llevar gafas contundentes con tanta gracia y tanto estilo, y por atreverse a hacerlas parte fundamental del aspecto que uno recuerda de ella.

Claro que a lo mejor fue cosa de sus estilistas y asesores de imagen... Que ahora, con la sofisticación de la industria discográfica, una ni siquiera puede forjarse mitos o creerse personalidades de los artistas a gusto, sin el riesgo de ser una pardilla que se traga la pildorita que el marketing ha dorado.

Feliz semana corta que nos ha librado de un lunes.

Llega el esplendor de las cenas y comidas y compras y películas y adornos de Navidad.

Ánimo. Que no puedan con nosotros.


2 comentarios:

Liz dijo...

cumplir años es una bendición, sin duda! cuántas cosas te quitan, hasta lo de ser víctima del marketing si te lo planteas.

A mí me pusieron gafas a los once y la verdad es que no me traumatizó, como casi todos en mi casa las llevaban lo vería normal. A día de hoy, alternando con lentillas, si no me doy cuenta me acuesto con ellas, las busco teniéndolas puestas... son parte de una ya.
Hace unos meses mi sobrina pasó por lo mismo que tú, pobrecilla. Ahora sólo desea cumplir años y ponerse lentillas porque no quiere ser la niña de gafas... qué curioso. Llegará el día en que se ría de eso, tiempo.

Que la "magia" de la navidad no te pueda.
Un beso!

P.D. en un ratito, si puedes, pasa por mi blog, te dejo algo.

kamala dijo...

¡Qué suerte que no te traumatizara! Yo siempre he admirado a la gente que lleva bien las gafas (como Lisa Loeb, o Anastasia), quizás por ser algo de lo que yo no he sido capaz jamás. Aún ahora, cuando alguien me ve por primera vez con gafas me da muchísimo corte... Que hay cosas que no con los años. oiga. Eso sí, cada vez me dejo ver más con ellas, lo cual es un gran avance, porque desde el descubrimiento de las lentillas, apenas salía con gafas a la calle.

A tu sobrina insístele en que está muy guapa con ellas, aunque no sea verdad del todo. Por si llegan a formar parte de ella. Para que no corra riesgo de quererse menos aunque sea solo un poquito, que es lo peligroso.

Hala, qué ilusión!!! Y qué emoción!! Me paso enseguida!!

Un beso, y gracias

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...