miércoles, 31 de diciembre de 2008

He visto a la muerte como a un ave extraña...


Esta vez no planeaba en silencio sobre los caminos; no, esta vez estaba inmóvil, esperando su momento. Kevin Carter hacía esta foto en 1993 durante la gran hambruna de Sudan. Un año después recibía el premio Pulitzer. Dos meses después de recibir el premio, el fotógrafo se suicidaba. Apenas contaba 33 años. La foto le hizo famoso en el mundo entero, pero él personalmente la aborrecía: es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

¿Por qué no la ayudo entonces? Muy posiblemente porque la niña era ya un cadáver que se arrastraba. Muy posiblemente, por la misma razón por la que nosotros tampoco lo hubiéramos hecho. Estaba, estamos anestesiados, agradeciendo todos los días la suerte de tener lo que tenemos, de procurar barreras para que no nos lo quiten, de exigir a los gobiernos que esas barreras sean cada vez más altas, más fuertes (puesto que nos han enseñado, que legítimamente lo nuestro es nuestro). Al mirar esa imagen y muchas otras, solo podemos pensar: menos mal que nosotros estamos aquí, lejos, a salvo. No se nos pasa ni por un instante por la cabeza, un sentimiento de ayuda, a no ser que no sea aquello que nos sobra y que entregamos a cualquier organización que nos lave la conciencia, siempre que no tengamos que hacer mucho esfuerzo para entregarlo. Él no ayudo a esa niña por la misma razón que nosotros. Él se compadeció de ella, nada más; lo mismo que hacemos nosotros.

Hoy, 1.000 millones de personas en el mundo, se mueren literalmente de hambre. Son los desechos de nuestra forma de organización social, los excedentes, los daños necesarios para que nosotros podamos vivir como vivimos. Nadie nos ha otorgado ningún derecho de superioridad sobre esos seres humanos, pero de manera inconsciente pensamos que sí. Que nosotros tenemos derechos que ellos no tienen, por alguna causa cósmica o religiosa de carácter superior. Que de alguna manera, nosotros somos los elegidos.

2.500 millones de personas pertenecientes a la raza humana, viven con menos de 1,50 euros al día en el mundo; es decir, casi la mitad de la población se muere de hambre y carece de la mínima dignidad que le pertenece a un ser humano. Eso lo hemos conseguido nosotros solos, hemos sido dueños de nuestra forma de organización social. Podíamos (a lo largo de la historia) haberlo hecho de otra manera, pero elegimos ésta, y ahora solo dependemos del azar, de la suerte de nacer aquí y no allí, más allá del abismo. Como dijera Groucho: partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria.

Pero a la pobreza le gusta viajar y quedarse en los sitios donde se encuentra cómoda. La pobreza también ha visitado y se ha quedado en mi “querido” país (rico entre los ricos, octava potencia del mundo según algunos. Orgullo de nuestros líderes). Hoy, podemos presumir que también hemos sido capaces de conseguir que haya en España 500.000 personas que viven en situación de extrema pobreza, y más de 8.000.000 millones en pobreza relativa y riesgo de exclusión. Afortunadamente yo, y vosotros, no estamos ahí. Otra vez tuvimos suerte.

Hoy, después de hacer las colas en el supermercado y de fastidiarnos porque la mujer que estaba delante en la cola, se haya llevado los últimos langostinos frescos o que no haya la marca de sidra que le gusta al abuelo, nos sentaremos a comer nuestros ricos productos, mientras oímos en el telediario que hay crisis en el mundo y que los bancos lo están pasando mal y que por consiguiente, nosotros deberemos apretarnos el cinturón.

Bien, mientras eso pase, mientras yo me lleve el tenedor a la boca, la única manera de que un crío tenga algo que beber en algún lugar del seco suelo africano, será ésta:

Yo, mientras tanto, seguiré inmóvil, sin hacer nada, ni ahora ni nunca, y seguiré pensando la suerte que tengo, de que él, no sea yo, es más, él no puedo de ninguna manera ser yo. Pensaré en el abrigo que vi el otro día, a ver si hay suerte y no me lo quitan en las rebajas. Seguiré, por lo tanto, siendo el ser más despreciable, un ser inmoral, capaz de vivir gracias a la miseria del mundo, y seguiré anestesiado para no tener que suicidarme. Eso sí, sé que no estoy solo, sé un ejercito de seres sin conciencia me acompaña en este tránsito, y eso me consuela.

Feliz año a todos y buena noche.

Yo te desafío, pobreza. Con duros versos te golpeo el rostro, te embarco y te destierro. Yo con otros, con otros, muchos otros, te vamos expulsando de la tierra a la luna para que allí te quedes fría y encarcelada mirando con un ojo el pan y los racimos que cubrirá la tierra de mañana.
P.Neruda


6 comentarios:

josean dijo...

A estas horas del año, y despues de leer el post de año viejo de Kamala.

Sólo podemos decir que efectivamente nacimos en el lado bueno de la tierra, y dentro de ese lado nacimos en el trozo bueno de nuevo.

Es díficil no sentirse golpeado por la realidad de este mundo.En un telediario que sólo habla de Euribor, IBEX,acciones,economia global....

Pocas vecs se oye hablar de los golpeados, de los desfavorecidos.Es mejor no saber nada, nuestra salud mental sólo es posible si tenemos todo encallecido.

Yo tengo una vida fácil, no me la he ganado, me la han regalado,ni aproveche, ni desaproveche la oportunidad, sólo me he limitado a recoger la realidad de mi nación y de mi familia, soy hijo de clase media,del 8º pais del mundo, por eso tengo lo que tengo casa, coche, licenciatura.....
Si hubiera nacido en un barrio marginal de Zaragoza, no sería lo que soy, y si hubiera nacido en Sudán, estaría muerto.

PERO, la 2º parte de mi reflexión es la declaración de la OIT (de 1950 me parece)
"La pobreza allí donde exista, pone en peligro el bienestar de todos"

A mi el cambio climatico me preocupa, pero no demasiado, en esto soy como Aznar pero por diferentes motivos, a él por que en esta época de crisis no podemos parar la economia por unos leones, linces, ballenas, árboles.....
A mí por que antes de la destrucción del ser humano de la tierra, los parias de la tierra nos van a pasar a cuchillo a los pijos de occidente.¿Quién los culpará?, yo no por supuesto.

Dei dijo...

Sí, llegará un día en que no podamos hacer las vallas más altas o más sofisticadas. Llegará un día en que nuestros muros no puedan hacer nada. Llegará un día en que el ejercito de los desheredados, de los hambrientos, tomará conciencia de su derecho a la vida y nos pasará por encima.

Si yo hubiese nacido en Sudan, también estaría muerto.

NoSurrender dijo...

es descorazonador, es profundamente inmoral que exista el hambre de esta manera mientras farmacéuticas supuercapitalizadas destinan tantos recursos a crecepelos, mientras políticos globales dedican su trabajo a mantener aranceles al comercio de materias primas, mientras las iglesias organizan manfifas contra el aborto, mientras todos nosotros nos preocupamos de la cena de una noche de 31 de diciembre.

Salud y buen año a todos.

Dei dijo...

Al final, habrá que creer a Carl Sagan, que indicaba que solo somos genes con una envoltura y que por lo tanto, no podemos dormir si nuestro hijo está tirado en la calle (con quien compartimos esos genes), pero si podemos hacerlo, si son otros "hijos" los que lo están. Al final resultará que no somos ni humanos...

Liz dijo...

Con la constante vigilancia que ejercen hoy en día los organismos internacionales y las ONG's las hambrunas son perfectamente evitables. Pero, lamentablemente, el hambre genera muchos beneficios políticos y militares.
Deberíamos apreciar, valorar la suerte que tuvimos de nacer aquí y no allá, pero no por ello levantar muros que eviten que otros puedan hacerlo. Carl Sagan estaba en lo cierto, lo humano es otra cosa.

Que al 2009 sea amable y generoso contigo.
Saludos!

Geras dijo...

Buenas es para decir que utilice sus comentarios en el blog que cree y tambien para que me ayuden a divulgarlo, por cierto siempre leo su blog, desde ya gracias y tambien si quieren y pueden, opienen sobre el artículo publicado.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...