viernes, 26 de diciembre de 2008

Lobo.



La niebla cala hasta los huesos, y su pesado manto te abraza hasta helarte en lo más profundo. Solo la luz de la luna llena, y los débiles focos de las linternas, permiten atravesar débilmente la brumosa capa y hacer menos duro el avance en esta noche fría. Los perros parecen ajenos a todo, saltando y ladrando alborotados cerca de sus amos, que todavía les mantienen sujetos con las correas. Por poco tiempo: los canes ya han olido presa. Nerviosos, no ven el momento en que la mano de sus amos los liberen.

Los ladridos rebotan en todas partes, apagando cualquier otro sonido, de aquellos que puede producir el bosque. Los hombres van en silencio, prestos, saltando un tronco aquí y una raíz allá, con las botas mojadas por la escarcha y por los pequeños arroyos que ya en esta época de comienzos de la primavera, empiezan a recibir el agua de los neveros.

Lejos de la escena, a centenares de metros, la luna llena se refleja en unos ojos brillantes, huidizos, tristes. Ojos que miran en la distancia, patas que arañan el suelo, orejas que lo oyen todo. El joven lobo tiene que alejar a los cazadores lo bastante como para no comprometer a sus crías. Su instinto de supervivencia de la propia especie, está actuando a pleno rendimiento. Otro aullido; corto, pero lo suficientemente sonoro para que la jauría humana y perruna, pueda sentirlo.

El joven lobo vuelve a correr entre la espesura, siente a los perros ya sueltos acercarse. El animal conoce bien su territorio; hace ya dos años que abandonó la manada original para crear la suya y sabe el terreno que pisa. Última parada; su mirada atraviesa la noche y siente que están cerca, y que él ya está lejos de su guarida, de sus cachorros, de su loba. La última mirada a la luna, la última vez que la luna se mecerá en sus ojos. Un aullido, eterno, profundo, sin eco, que rasga la noche y que incluso hiela la sangre de los cazadores. Un aullido que atraviesa el espacio, que recorre el bosque buscando su destino.

Es la señal aprendida durante generaciones. La señal ya está dada. La loba debe partir al alba con las crías. Segundos después de que se haga el silencio, la bala cruza la niebla. A la mañana siguiente, el cuerpo de un joven lobo apareció decapitado y colgado de un viaducto en una carretera de España.

Siempre ha habido razones para matar al lobo. Razones viejas y razones nuevas que se sumaban o que sustituían a las anteriores, y cuando estas razones nuevas desaparezcan, vendrán otras a sustituirlas. El lobo, solo su nombre era objeto de terror. A veces, ni siquiera se podía nombrar. Recuerdo cuando mi abuela me contaba que en las noches de invierno, cuando ella era pequeña, oían a los lobos rondando el pueblo. Nombra al lobo delante de un niño pequeño y sentirás su llanto.

El lobo es hoy por hoy, quizás junto con el oso pardo, el último gran depredador europeo. Lleva compitiendo con el hombre durante miles de años por el mismo espacio y los dos comparten la cima de la cadena alimenticia. Por consiguiente, el lobo ha sido a lo largo de la historia: el enemigo. Ha formado parte de leyendas y mitos, y permanece en lo más profundo de nuestros ritos. A punto de ser exterminado más de una vez en España y en Europa, el lobo hoy sobrevive como gran depredador en el continente más poblado y más industrializado del mundo. Solo su sentido de la manada y de la supervivencia, junto con una adaptabilidad sin límites, han podido obrar el milagro, de momento.

Es tanto lo que nos han contado sobre el lobo. Es tan contrario a la realidad. Felix Rodríguez de la Fuente, no pudo expresarlo mejor: después de convivir dos años con lobos y estudiar detenidamente su comportamiento y lenguaje, pude ya sopesar `las razones del lobo' y las razones de mis semejantes. Hasta ahora, los hombres me habían contado una sarta de falsedades. En cambio, cuanto los lobos me han dicho es una verdad inconmovible. El lobo 'cruel' es un protector incondicional de los débiles y las hembras de su especie; el lobo 'traicionero' es capaz de morir por fidelidad; el lobo 'asesino' es un cazador que mata para comer.

El lobo es un ser absolutamente social, incluso se han visto lobos en Polonia ayudando a caminar a otros. Su aullido, ese sonido tan característico, mezcla de melancolía y llanto, forma parte de esa sociabilidad y actúa como vínculo, pues muchas veces no tiene un significado de territorialidad o llamada.

Un día acabaremos con todos los lobos. El último ejemplar, no sabrá que lo es. Tratará de aferrarse a la vida y defenderá a su prole hasta el final, sin saber que su prole ya no existe. Ese último ejemplar clavará su mirada en nosotros y desaparecerá. Su último aullido, muy posiblemente será la señal de inicio de nuestra cuenta atrás.

Feliz Navidad.

video

En un tiempo sin tiempo, cerca de uno de los principios, la luna era siempre redonda y lejana, atada detrás del cielo y colgada de la nada entre vacíos. Miraba el mundo a sus pies coronada de plata y olvido. Y estaba bien mirando en la distancia. Pero una noche, distraída, se acercó demasiado a la Tierra y se le enredaron los dedos en las ramas de un árbol. Cayó de pie sobre la hierba y de repente le salió al paso una sombra oscura: pelo crespo, ojos negros y una sonrisa lobuna. Cabriolas de luz de luna enmarañada de lobo jugando entre arbustos y colinas. Aullidos y risas y rumor de estrellas entre las hojas. Pero todo lo que empieza acaba y el lobo volvió al bosque y la luna al cielo. Cuenta la leyenda que antes de separarse, la luna le robó al lobo su sombra para vestirse de noche el rostro y recordar el aroma de bosque.


Y que desde entonces el lobo le aúlla a la luna llena que le devuelva su sombra...







Aullidos de lobos -

3 comentarios:

kamala dijo...

Mi madre siempre cuenta que, cuando ella era maestra en un pueblo de esos perdidos en medio de la montaña, y tenía que hacer un par de kilómetros a pie entre la nieve, desde la parada del autobús hasa el pueblo en que tenía su escuela y su casa, el lobo la seguía a una distancia prudencial, sin agresividad, casi como ofreciendo vigilancia o compañía. Y que caminaba mientras ella caminaba, y se paraba cuando ella se paraba. Y que ella, mi madre, quizás la mujer llena de miedos por antonomasia, no tenía entonces miedo. Es más, te cuenta esto casi sonriendo.

Liz dijo...

la cuenta atrás desgraciadamente la comenzamos hace tiempo. Hemos hecho desaparecer demasiadas especies animales y vegetales sin pensar que nos pasará factura.
El lobo es un animal hermoso, tu relato genial, y el vídeo me ha puesto los pelos de punta.

Feliz Navidad!

Dei dijo...

Un encuentro precioso con un lobo; eso es suerte. Y sí, la cuenta atrás ya ha comenzado. Comenzó en el mismo momento en el que pensamos que nosotros éramos los dueños de todo, y que por lo tanto podíamos utilizarlo a nuestro antojo.

Feliz Navidad.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...