lunes, 15 de diciembre de 2008

Una cobarde con suerte





Un hombre está enamorado. ¿Cómo lo sé?
Vino a dar un paseo conmigo y me lo dijo
en una canción que cantaba, y entonces supe
que un hombre está enamorado de ti.

Un hombre está enamorado. ¿Cómo lo oí?
Le oí hablar demasiado siempre que tú estás cerca.
Susurraba tu nombre cuando sus ojos se cerraron.
Un hombre está enamorado, y lo sabe.

Un hombre está enamorado. ¿Cómo lo he adivinado?
Lo adiviné mientras él estaba mirándote vestirte .
Te lo daría todo, sólo con que tú quisieras.
Un hombre está enamorado
y soy yo.


The Waterboys

“Los amores más convulsos suelen llevarse dentro mucho tiempo, como las tormentas en los mares calientes, antes de manifestarse”
Manuel Vicent: Son de Mar.


Pocas cosas hay tan difíciles de decir como ese te quiero tembloroso, que apenas se atreve a salir de los labios tras todo el tiempo que lleva creciendo en silencio, dentro . Pocas palabras salen del pecho con tanta incertudumbre como aquellas que arropan un sentimiento cuya correspondencia se ignora. Pocos interrogantes producen una mezcla tan extraña de pavor y emoción como el que abre una declaración de amor.

Yo nunca he tenido que declararme, por una mezcla curiosa (y en mi caso efectiva) de circunstancias: soy muy cobarde (y vivo bajo la tiranía estúpida de preferir no ganar antes que atreverme a perder: cosas de la inseguridad y sus parálisis) y muy afortunada: cuando he estado enamorada, o bien he sido correspondida y el otro ha dado el primer paso, dejándome a mí el confortable papel de responder, o bien no lo he sido y se me ha pasado antes de verme en la necesidad de declararme (mi amor en esos casos nunca era más fuerte que la tozudez de mi inseguridad y su cobardía).



Para declarars ea quien se conoce hace tiempo y con quien se tiene una relación ajena al amor, hace falta ser valiente y conviene ser ingenioso, porque en este caso la sorpresa siempre va a jugar a nuestro favor. Lo malo es que la variedad de medios posibles están casi todos tan explotados (en la realidad o en la ficción) que constituyen ya un repertorio de clásicos y es muy difícil ser verdaderamente original.



En el colegio, por ejemplo, teníamos como recurso por excelencia el jueguecito aquel del beso, atrevimiento o verdad , que servía de marco y excusa para algunas de nuestras más inocentes (y ridículas) escenitas de amor novato, que contaban con el handicap de la exhibición pública y los seguros comentarios burlones del nutrido auditorio que participaba del jueguecito.

Luego, y manteniéndose muy luego en el tiempo, llegaban las notitas, y hasta las cartas de amor. Ah, las cartas de amor. Qué sería de la vida, la literatura y la memoria sin ellas. Y ahora,además, la tecnología nos proporciona variantes tan atractivas y adaptables a distintas situaciones y talantes como los email, los sms, o, incluso, los posts en un blog. Yo conocí a un chico que con quince años se lo escribió a lo grande, a la que luego seria su novia, en la pared de enfrente de su casa, que era lo primero que ella veía por la mañana al levantar la ventana de su habitación. Por aquel entonces, existía también el recurso de las dedicatorias en la radio, medio reservado solo a los más audaces, porque el exceso de publicidad es siempre un riesgo añadido.

Otra posibilidad consiste en contárselo a un amigo, con la intención, explícita o sutil, de que haga de intermediario y tantee el terreno para definitivamente empujarnos a tirarnos a la piscina, o disuadirnos para que nos quedemos el borde y desechemos incluso la idea del flotador. Una variante para los más cobardes y/o tímidos consistía en decírselo a alguien muy cotilla, para que así llegara con todas seguridad a oídos de la persona interesada... Este método tenía además la (rastrera) ventaja de, en caso de no correspondencia, poder negarlo todo y dejar la dignidad más o menos alta (pero esto es solo para los muy muy cobardes a los que importe más esa supuesta dignidad que la poesía).

Otro forma de declararse es el regalo especial y revelador, desde las clasiquísimas flores, hasta ese detalle único, personal e intransferible que apela a la complicidad que pueda ya haber entre los dos y queremos que se convierta en otra cosa, y que puede hacerse con cualquier excusa: el cumpleaños, las navidades, la vuelta de un viaje, una fiesta... Qué sé yo.

También está el recurso clásico de calcular -o en su caso preparar- la ocasión y el momento, y tener las palabras y los detalles cuidadosamente ensayados, paladeados y vividos con el pensamiento. Aquí caben toda una gama de aderezos y posibilidades adaptables al carácter del objeto de nuestro amor.... Desde el bar ruidoso que nos obligaba a acercarnos, hablar al oído o coger por la cintura, a la cena, las velas, las flores, la piscina, la playa o un paseo por el parque... Claro que también se puede dejar hacer al tiempo o la ocasión, y dejar que la declaración surja cuando menos lo esperramos y más inoportuna parezca (este suele ser el caso frecuente y prosaico de cuando nos suelta la lengua el alcohol).

Y está también esa otra forma, tan usada que ya no resulta original y que poetiza esta canción: la de hablarle del amor de otra persona y terminar revelando que quien te quiere, soy yo.

Desde que la escuché por primera vez, hace tantos años, cuando me enamoré sin silencios de los Waterboys, siempre he pensado que si yo tuviera el valor de declararme, lo haría utilizando, de la manera quue fuera, ya se me ocuriría cómo, esta canción.

Pero claro, la ocasión nunca llegó, porque siempre he sido una cobarde con mucha, mucha suerte.

4 comentarios:

cesarillo dijo...

Te recomiendo la letra de esta canción (al hilo):
http://www.musicoscopio.com/manos-de-topo/letras/10781/

La canción es muy extraña por culpa de la voz del tío, pero el grupo es buenísimo y las letras ponen el dedo en la llaga

http://www.youtube.com/watch?v=nzpuK1VzULM

un besito y hasta pronto

Liz dijo...

me ha encantado el repaso a las modalidades para declarse. La sensación ahora es de nostalgia y con los Waterboys de fondo un lujo. Si hay que reconocerse en algún papel... el mío es el de la valiente con suerte.
Eso se nota, por mucho que se quiera disimular y cuando tú también estás por labor, para qué alargarlo más?
Creo que esas ocasiones en las que no me lo pensé no las voy a olvidar nunca. Voy a escucharla otra vez.

Besos!

NoSurrender dijo...

Yo también me enamoré de la música de los Waterboys. Y esa canción siempre me gustó mucho, tan sencilla y festiva. Tienes buen gusto ;)

Yo no recuerdo haberme declarado de una u otra manera. Simplemente he dicho lo que sentía según me iba ocurriendo, sin ceremonias. Claro que siempre tuve la certeza de que los sentimientos eran compartidos.

kamala dijo...

Gracias por la recomendación, cesarillo. Me encanta la letra, directa a la llaga.

El perfil de valiente con suerte es la combinación infalible, .Liz Yo sigo entrenando mi valentía.,, Me alegro mucho de que te gustara la entrada, aunque faltan muchas formas también muy típicas... Por ejemplo, aquella de decirle que te gusta alguien, explicarle como te sientes, incluso dejarte aconsejar, para luego, zas, decirle que es él/ella... Seguro que también te suena. Lo dicho, que es dificilisimo ser original.

NoSurrender, tengo un gusto peculiar, créeme... Pero soy incondicional de unos cuantos grandes, y los Waterboys (y Mike Scott en solitario) están entre los primeros.

Y eso de decir los propios sentimientos, con sencillez y sin ceremonias, es también "declararse" (o al menos, a eso me refería yo con esta palabra, que no me gusta demasiado, pero es que alguna tenía que utilizar). Y cuando digo que yo nunca me he declarado, quiero decir que nunca he sido la primera en revelar lo que siento. Mi cobardía siempre me ha hecho esperar a poder contestar, porque incluso cuando intuía que los sentimientos eran compartidos, la cobardía me hacía dudar.

Que es muy perra, la inseguridad. Muy perra.

Muchos besos

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