miércoles, 30 de enero de 2008

Sola ante el abismo



Puedo entender perfectamente lo que sientes, lo que piensas en estos momentos. Sin embargo, sé que estás sola, que por más gente que te acompañe, por más gente que te anime o te abrace, estás sola, terriblemente sola. Te enfrentas ante lo desconocido, y por mucho que te digan cómo puede ser el camino, o las variantes que pueda ofrecerte, en el fondo, nadie sabe cómo será. Nadie sabe cómo lo afrontarás.

Comprendo tu miedo. Pude sentirlo en tu mirada asustada el otro día, pero nadie puede acompañarte en este viaje.

Suerte. Nosotros estaremos aquí, esperando, y acompañándote un paso por detrás de ti, sin perderte la vista, por si en algún momento podemos estar algo más cerca de ti. Vuélvete y siempre nos veras.


martes, 29 de enero de 2008

Vísperas






Pasado mañana, por fin, a ejercer de comadre un rato. Y tengo ganas acumuladas de dos años.

Me siento casi como si viajara en el tiempo.Aunque luego, seguro, el tiempo me demostrará que no, y me confirmará que siempre viaja con un@.

Estoy deseando sentir el aire helado de la noche, quemarme con la cera ardiendo que se me caerá de la vela, y oir el sonido de los tambores, de los cigarrones acercándose y de la música, la misma, que todos los años vuelve por Carnaval. O por Entroido, que no es lo mismo pero es igual.

Estoy ahora concentrada con la ilusión de las vísperas, que es casi tan bonita como la fecha esperada.

Pero sólo casi.



(Perdón, perdón por los vídeos, pero no había otros)

martes, 22 de enero de 2008

Días grandes



powered by ODEO

(Si no se oye y quieres oirla, puedes pinchar aquí)


Teresa con el pelo liso
en año 73
incendiando el paraìso
con la huella azul de sus pies
tan bonita y tan frágil
bailando con extraños
es difícil que no se haga daño
es un pastel de cumpleaños
invitado a un huracán

Eran días grandes de Teresa
disparando contra el cielo de Madrid
eran días grandes de Teresa
yo estaba cerca y la seguí

Teresa y sus poemas rotos
de heridas y oscuridad
ha esperado tanto el desfile
que empieza a desfilar
a los veintiun años
con su vestido blanco
hay un coche para cada chica guapa
un anillo de hojalata
y una soga para collar

Eran días grandes de Teresa
disparando contra el cielo de madrid
eran días grandes de Teresa
yo estaba cerca y la seguí

Teresa haciendo chocolate
en el año 92
para su pequeño niño apache
que está tocando el tambor
ya lo sabes Teresa
como tu siempre dices
lo que quema deja cicatrices
y ahora sentada en la ventana
llegan cartas de tu hermana
puedes esperar sin prisa
que deje de llover

Eran días grandes de teresa
disparando contra el cielo de Madrid
días grandes de Teresa
yo estaba cerca y la seguí
No hay demasiadas canciones con mi nombre, ni demasiado bonitas. Así que esta lo tenía muy fácil para ser de mis preferidas.
Y soy consciente de que a veces, las coincidencias, por sorprendentes o evidentes que parezcan, suelen estar en el ojo del que mira. O el oído del que escucha.

lunes, 21 de enero de 2008

Vida vivida y vida pensada


"...y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio prisa a poner en efecto lo que deseaba..."


Miguel de Cervantes Saavedra: El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha.
Existe una vida que es vivida, y otra vida que es pensada, y nuestro vivir consta de esas dos partes, o fases, o momentos, el vivir y el pensar, que consumen nuestro tiempo y nuestra energía, y que pueden resultar igual de difíciles, complicados, gratificantes, productivos, destructivos o agotadores. Que ya lo dijo Descartes, "pienso, luego existo": el pensar es fundamento y causa y consecuencia y parte consustancial del meollo que es vivir.

Existe una vida que es vivida, y otra vida que es pensada, y la vida pensada puede ser y es tan importante (incluso a veces más, según los momentos y los casos) que la vivida. Y el pensar se nutre y a su vez alimenta el vivir. Pensamos tras vivir, y le llamamos recordar, o reflexionar, o evocar, o recrear, porque muchas veces en este pensar, alteramos, transformamos, manipulamos, a nuestro antojo o por azar, lo vivido, para enmarcarlo en el recuerdo. Por otra parte, también el pensar precede al vivir, y lo anticipa, lo diseña, lo condiciona, y lo llamamos ilusión, o planificar, o idear, o inventar.


Pero el pensar además puede ir por libre, y volar solo, pasando olímipicamente del vivir, y escapando de su gris tiranía, y lo llamamos soñar, imaginar, crear. O simplemente locura.

Recordar, idear y soñar pueden cambiar el vivir. Porque un instante vivido se amplifica, se densifica, se alarga y se engrandece cuando es recordado, evocado y soñado por el pensamiento, que es capaz de convertirlo en eterno. Y porque toda una era vivida se desvanece hasta convertirse en nada en el instante mismo en que ya no nay nadie que la recuerde, la evoque, la imagine, la piense.

La dicotomía vivir-pensar está presente en la filosofía y la literatura universales,y por ella han vagado y divagado Hamlet, el Quijote, Azorín, Machado, Baroja, Nietzsche, Borges o Schopenhauer. La historia está llena de nombres y hombres que lucharon con la vida para realizar su pensamiento, que construyeron su pensamiento a partir de lo que vivieron, o que vieron su pensamiento contradecido y aplastado por la vida. Y una clasificación posible (aunque arbitraria e inútil como todas) de los seres humanos sería aquella que nos dividiría en vividores y reflexivos, activos y contemplativos, pragmáticos y soñadores, currantes e ideólogos, guerreros y filósofos. Aunque, también como en todas, es cuestión de grados, y momentos, y circunstancias.

Yo tiendo a la ensoñación y a la nostalgia, disfruto de los buenos momentos, pero también (y casi más) de su anticipación ilusionada o de paladearlos en el recuerdo, y sufro mis males amplificados por la lupa del temor con que los pienso. A los 18 años tuve una depresión (o algo así) en que se me cruzó una "idea negra" invadiéndolo todo, y ya no soportaba pensar, y esto me impedía vivir. En mi biografía quizás haya tenido más peso e importancia la vida pensada que la vida vivida, porque esta ha estado muy condicionada por aquella, y no siempre para bien. Pero a veces sí. Y tengo muy claro que esto que vivo es resultado de algo que una vez pensé, o soñé, o imaginé, pero porque lo que había vivido me hicieron pensarlo, o soñarlo, o imaginarlo. Y topamos de nuevo en este punto con el dilema del huevo y la gallina, y otra pescadilla, otra más, que se muerde la cola.


Hay personas que se dedican con fuerza a la vida vivida, y descuidan la vida pensada, por una cuestión de inclinación natural, carácter, formación o incluso miedo. Son los vividores impulsivos y compulsivos, pero también los conformistas acomodaticios y prácticos. Hay otras personas que se dedican desaforadamente a la vida pensada y pueden llegar a descuidar la vida vivida, también por inclinación natural, carácter, formación o incluso miedo. Aquí se sitúan algunos artistas, algunos filósofos, algunos solitarios (porque el pensar suele hacerse en soledad), algunos raros, algunos maníacos depresivos, y, como no, muchos de los adictos a Internet.


La categoría más preciada, como casi siempre, es la vía del justo medio tan laureada por los clásicos y los pocos sabios que en el mundo han sido: la del equilibrio entre la vida vivida y la vida pensada. Entre el vivir y el pensar. Tan fácil de pensar y tan difícil de vivir.

Dicen los cursis (entre los que evidente y orgullosamente me incluyo) que un sueño, una idea, un recuerdo o un pensamiento pueden cambiar el mundo. Y esto, que tiene el acento inconfundible y chirriante de las frases facilonas y los tópicos etéreos que suenan muy bien, pero que luego a la hora de la verdad siempre se nos olvidan, es en realidad cierto, porque un pensamiento puede cambiar una vida, a veces sibilina e incontroladamente, para bien o para mal. Creo que todos seríamos capaces de encontrar ejemplos elocuentes de esto, y no sólo entre los grandes nombres de la historia o las listas de pacientes de los psiquiatras. Y no deberíamos olvidarlo, sino tenerlo muy presente, para tener muchìsimo cuidado con lo que pensamos, soñamos o recordamos, sobre todo sin darnos cuenta, porque puede cambiar o incluso determinar lo que viviremos.

Aunque la vida, a veces, también puede pulverizar hasta convertir en nada un sueño, una idea, un recuerdo o un pensamiento.

Y si no, que se lo digan al Quijote, que con armas oxidadas y un viejo caballo esquelético se atrevió a ir por el mundo desafiando a la vida para vivir su pensamiento hasta la derrota definitiva y final. Es decir, la muerte.

¿Y tú? ¿Vives más que piensas, o piensas más que vives? ¿Vives como piensas, o piensas como vives? ¿Primero vives, y después piensas, o primero piensas, y después vives?

domingo, 20 de enero de 2008

Miss you


Levy: Rotten love.

Me encanta.

Y aunque la canción se titule "amor podrido", y su letra decepcionada esté en las antípodas de lo que tú y yo tenemos, en estos días de soledad extraña, inesperada y pasajera, esta música triste es la banda sonora del trocito recóndito del pensamiento en que me escondo a ratos para echarte de menos.

Porque te echo de menos, churril ;-), y estoy deseando que vuelvas.

sábado, 19 de enero de 2008

"Versos de amor para los que se examinan del carnet de conducir"


Sí, como lo leéis. Poniendo eso en el Google llegó alguien hasta este nuestro blog.

Creo que a mí no se me hubiera ocurrido colocar en el mismo sintagma nominal (es decir, un grupo de palabras que nombran o describen algo entre todas), términos como "versos de amor" y "carnet de conducir", en las antípodas de las coordenadas asociativas que utiliza mi cerebro, que sitúan los versos de amor y los recuerdos sobre la terrible experiencia con el carnet de conducir en compartimentos herméticamente aislados entre sí que no saben el uno del otro(aprobé el práctico a la séptima, con eso os lo digo todo... y mira que me gusta conducir, eh... que paradójica, yo y mi circunstancia).

Y ahora me corroe la curiosidad... ¿Por qué extraños y poéticos motivos alguien puede estar buscando semejante cosa por esas páginas de Internet? ¿Quizás para desear suerte y aliento a su pareja al tiempo que le recuerda su amor? ¿Quizás para motivarla? ¿Quizás para aprovechar el momento de nerviosismo, sensación de vulnerabilidad y fragilidad que supone el trago de examinarse del carnet de conducir, y lograr una correspondencia amorosa difícil y que por tanto necesita de estrategia y de esperar el momento justo para atacar? ¿Quizás para consolar con amor -el mejor de los consuelos- un fracaso tan difícil de asumir -por lo personal y lo tonto en apariencia- como no sacarse el carnet de conducir? ¿Quizás porque el tránsito hacia el carnet de conducir le enamoró? ¿¿¿Qué???

No creo que este "buscón" -con cariño, eh- encontrara los versos que deseaba en este blog. Y la otra curiosidad que me corroe es... ¿los encontraría? ¿dónde? ¿quién los escribió? ¿cómo son?

Pero es verdad. Qué bien me hubieran venido a mí unos versos de amor cuando me examiné del carnet de conducir. Sobre todo a partir de la tercera vez.

jueves, 17 de enero de 2008

Entretanto



Nana de marineros
nudo de antojos
que nadie te querrá tanto como yo
Si ahora pudiese estar mirando tus ojos
iba a estar escribiendo yo aquí esta canción.

Y esperaré
y si no vuelves
bajo el olivo
me quedaré dormido.

Y dormiré
entre libros prohibidos
al olvido de un tiempo que añoro
el que viví contigo.

Mi caballo negro
yo te lo regalo
carbón, ramas secas,
al enamorado.

Perdonarte quiero
más no tengo prisa
disculpa un momento
que me desenredo.

Sírvete entre tanto
lo que te apetezca...


El tiempo muerto, vacío y lleno de posibilidades
y de suspense
de los paréntesis.
El tiempo de servirse algo
entretanto
para llenar el tiempo muerto, vacío y lleno de posibilidades
de los paréntesis,
para percibir su encanto
y olvidar las prisa
y torear a la impaciencia.

Descubrir
contemplar
recorrer
y paladear
los paréntesis.

Vivos, por vacíos y llenos de posibilidades.

martes, 15 de enero de 2008

Cigarros y tiempo


Fumo un montón
No estoy hablando de hierba o hachís
Fumo lo normal.
Fumo un montón
Y si tú eres también un fumador
Tienes que saber que a veces es duro
Estar en compañía sana,
De esa gente que siempre dice
“fumas un montón,
imagínate la cantidad de dinero que podrías ahorrar si lo dejaras.
Fumas un montón.
A estas alturas podrias haberte compardo una bici
¿no estás concienciado sobre los niños?”
“Bueno, por supuesto que lo estoy,
concienciado (un poco)
pero en cuanto a esa bici, podría haberme matado con ella
y eso no es lo que quieres en realidad, no?”
Así que fumo un montón,
Fumo un montón.
Dios mío, fumo un montón
Y me siento bien
Y me siento bien.
Fumo un montón.
Fumo un montón.

A veces es genial.
A veces no lo es
Pero fumo un montón

K's choice: I smoke a lot


15 de Enero de 2001. Hora de comer. Acababa de comprarme, aquella misma mañana, mi cartón semanal de BN, que era lo mínimo que fumaba normalmente. Pero dos días atrás una compañera me había comentado muy acontecida el caso de un conocido común, que se había muerto de cáncer de pulmón con 35 años. "Es que fumaba un montón, era una pasada. Lo había dejado hace dos años, pero ya ves, empezó con una gripe que no se le curaba, que no se le curaba, le diagnosticaron cáncer y en un mes..." Recuerdo que en esta conversación yo estaba -como no- fumando, y que se me cayó el cigarro, y que lo que se quedó resonando en mi cabeza fue "lo había dejado hace dos años". "Lo había dejado hace dos años", y aún así le mató. "Lo había dejado hace dos años", pero fue demasiado tarde y fue inútil, o quizás fue casualidad y resulta que le hubiera dado el cáncer de pulmón igual, porque hay fumadores empedernidos que llegan a los ochenta y más allá, y en cambio hay gente de vida sana que se cuida y... En fin, ya sabéis, el tipo de razonamientos y hechos extraordinarios a los que nos aferramos los fumadores para justificarnos y seguir siendo valientes y libres y fumando...

Pero ahi estaban los hechos, que ya no eran cifras y estadísticas e informes lejanos y etéreos. Una cara, un nombre, un conocido, un hábito, una muerte. ¿Una causa? ¿Una consecuencia? Y de pronto me vi a mí misma, por un momento, desde fuera. Feliz fumadora empedernida, tan empedernida que lo de fumadora era ya una de mis características definitorias en todos mis círculos y en casi todos mis momentos. Tan fumadora y tan empedernida que me gustaba ser fumadora, y me parecían siempre mucho más simpáticos los lugares reservados para fumadores, las zonas de fumadores (porque en aquel tiempo las había... qué nostalgia) y las reuniones de gente que fumaba. Tan fumadora y tan empedernida que el llevar un paquete de tabaco, y un mechero, y juguetear con ellos antes del instante precioso de prender el cigarro y aspirar la primera calada, o el gesto juguetón de sacudir la ceniza, o tenerlo entre los dedos, o apagarlo contra el cenicero, formaban ya parte imprescindible y consustancial de mis hábitos y de mi gestos, casi como el respirar inconsciente e involuntario que ya no tenemos que decidir hacer, ni opción de no hacerlo. Tan fumadora y tan empedernida que defendía el tabaco y a los fumadores, y que proclamaba que me gustaba, y que no pensaba dejarlo, ni siquiera intentar fumar menos.

Nunca, jamás, en los 14 años que llevaba fumando, desde que me esforzara aquel lejano primer año de instituto en coger el gusto y el hábito, cuando todas mis amigas lo tenìan ya, me había planteado la posibilidad de dejarlo. Entre otras cosas, porque estaba convencida de que yo nunca sería capaz de dejarlo. La vida y sus avatares me habían situado en el bando de los fumadores, como a mis padres, y ahí creía yo que iba a quedarme para siempre, sin que me rozara la mente la posibilidad de que esto no fuera así.

Así me vi, un momento, desde fuera, imaginando que quizás algún día también alguien comentaría de mí que fumaba un montón, y que claro, que lógicamente, causa... consecuencia... Que no, que no, que es verdad, que no es una amenaza abstracta y lejana en el tiempo y que al final siempre afecta a otros. Que a todos nos pueden atropellar, es cierto, pero corren mucho más riesgo los que caminan por el medio de la carretera, y además se niegan a verlo. Que sí, que podía ser cierto, y podía pasarme a mí. Que la posibilidad era real, de verdad, y que tras la posibilidad se agazapaba la probabilidad que yo había ignorado feliz, voluntaria y concentradamente. Pero que estaba ahí, tal vez esperando por mí.

Así pues, dos días antes de aquel 15 de enero de hace siete años, empecé a plantearme que quizás debería fumar menos. Sólo eso. Ser como esa gente que controla sin esfuerzo, y se fuma uno de vez en cuando porque le apetece sin necesitarlo. Así que intenté fumar menos. Estuve dos días haciendo ímprobos esfuerzos para no fumar hasta tal hora (lo cual suponia vivir obsesionada y contando los minutos para que tal hora llegara), y pensando toooodo el rato en el tabaco. Y con tan ímprobos esfuerzos, que me condicionaron y casi diría me obsesionaron como pocas cosas lo habían hecho en mi vida hasta entonces, lo único que logré fue no pasar del paquete diario. ¿Qué podía hacer? ¿Seguir toda la vida intentando reducir? ¿Volver a fumar sin control y sin pensar en el riesgo? ¿Olvidar los dolores de garganta, los ceniceros a rebosar, la compulsión cuando fumaba distraida en otra cosa? ¿Ignorar las evidencias de que fumaba demasiado, y que estaba fuera de control, y que quizás sí fuera un problema, y que existían la posibilidad y la probabilidad, y que ya no iba a ser capaz de dejar de verlas?

No. La única solución, clara, evidente, diáfana, asumámoslo, era cortar por lo sano, y alejarme del tabaco para siempre. ¿Pero podría? ¿Yo, una no-fumadora? ¿De verdad iba a poder? ¿Con lo nerviosa, ansiosa, compulsiva, cagueta y obsesiva que soy? ¿Yo, una no-fumadora? ¿Seguiría siendo siquiera yo? ¿Yo, una ex-fumadora? ¿Como voy a creérmelo? Si no me cabía en la cabeza. Juro que por descabellado que me pueda parecer hoy esto, era eso lo que pensaba. Y lo que sentía, que es peor.

Pero a pesar de todo, y sobre todo de mí misma, aquel día me decidí. Probaría a ver cuánto aguantaba sin fumar. Sólo para ver hasta dónde podía llegar. Fue cuestión de ir rompiendo pequeñas barreras. Superar sólo el momento fugaz en que la costumbre te hacía encender un cigarrillo. Era sólo dejar que pasara ese momento, sin encenderlo. Simplemente, nada más. Así de fácil, y así de difícil. El momento de después de comer. El cambio de hora. La salida de clase. La cañita de las ocho. La parada en el semáforo. Después de cenar. El ratito de ver la tele. Antes de acostarme... Cada momento se convirtió en consciente e inmenso. Cada momento superado era un pequeño triunfo enorme, un motivo de ansiedad, y de nerviosismo, pero también de satisfacción, incrédula, orgullosa y admirada -por fin y por una vez- de mí misma. Y, claro, no iba a tirarlo por la borda en el último momento. Así pasé el último momento antes de irme a dormir, y asísí logré completar lo que me pareció el primer día sin fumar de mi toda vida de fumadora. Pasé una noche malísima de sueño intermitente, ligero e inquieto. Pero a la mañana siguiente seguí rompiendo hábitos y momentos. Rompiendo barreras y logrando aquellos pequeños triunfos a los que, precisamente por difíciles, era más duro renunciar.

Quien diga que es fácil, miente. Se nota el síndrome de abstinencia físico. La ansiedad. El malestar del estómago. Los nervios. El sueño todo el rato. Te sobra tiempo. El no saber qué hacer con las manos. El sentirse raro. Pero, ay, está la satisfacción de que lo estás haciendo. De que, contra todo pronóstico, lo estás logrando. De que has llegado ya a alguna parte, a la que nunca habías soñado llegar. Y da pereza y rabia dar marcha atrás.

Lo peor, para mí, la obsesión. Solo piensas en fumar y dejar de fumar, sólo te fijas en el tabaco, en quién fuma, quién no fuma, dónde fuma, cómo fuma, cuánto fuma, por qué fuma. Hasta en la tele te fijas en esto. Tienes que avisar a todo el mundo, porque a todo el mundo se le hace raro ver que no fumas. Te conviertes casi en la noticia de la semana, aunque sabes que todos te miran con escepticismo (como tú misma, claro, què otra cosa ibas a esperar). "¿Te das cuenta de que últimamente contigo siempre se acaba hablando de dejar de fumar?" -llegó a decirme un amigo. Ahí me di cuenta de que me estaba volviendo cansina y pesada, como todos los obsesivos demasiado nerviosos para molestarse en disimular.

Por suerte, cuando llevaba dos días en estas circunstancias, cayó en mis manos el famoso libro de Allen Carr, "Es fácil dejar de fumar si sabes cómo" ¿Puede haber un título más poco... "título"? Aún así, tengo que reconocer que me ayudó un montón. Sobre todo para relativizar la ansiedad, desdramatizar todo el proceso y convencerme de que iba a ser capaz. De que estaba decidido. De que aunque yo hubiera sido durante años una fumadora empedernida y feliz que jamás se había planteado dejar de fumar, ahora iba a ser una no-fumadora. Porque quería ser una no-fumadora, y podía ser una no-fumadora. Y de que no iba a probar el tabaco nunca más. ¿Para qué?

Es tonto dar la vuelta o pararse en la valla 98 cuando tienes que saltar 100. Y así he llegado yo a mi séptimo año sin fumar. Y aquí sigo, en la valla 100, convencida de que no volveré a fumar jamás. Ni probarlo. Me dan igual bodas, bautizos o comuniones, porque estoy muy contenta. Me parece genial que fume el que quiera, y me ponen un poco de los nervios las leyes antitabaco, y el falso paternalismo cínico de este estado censor que se forra fomentando sibilinamente lo que luego prohíbe, y la persecución material, ideológica y estética de los fumadores. Pero yo no pienso volver a fumar. El único rastro que queda -al menos, que yo sepa, y cruzo los dedos, porque un compañero un poco cenizo y también exfumador me dijo que del enfisema no te libras- es que de vez en cuando sigo soñando cuando duermo, como he soñado todos estos años, con fumar. Eso sí, en el mismo sueño, lo que pienso es "jo, y ahora volver a dejarlo, con lo que me costó". O sea, que mi inconsciente está convencido y tengo su bendición. Menos mal que por fin me ayuda en algo.

Manuel Vicent, en Son de mar, hace que Ulises, profesor de literatura, se desespere al tener que explicarle a sus alumnos adolescentes el tópico del Carpe diem, que van a ser incapaces de entender realmente, porque los jóvenes se sienten, por definición, inmortales. Y hoy, con siete años, siete, de perspectiva, cuando ha llegado a resultarme insólita y ajena y extraña la imagen de mí misma fumando, y cuando sé que también les resulta así a los demás, me doy cuenta de que , quizás, aquel quince de enero de hace siete años empecé a dejar de ser joven.

Y de nuevo me sorprendo a mí misma pensando que, quizás, eso no sea tan malo como yo creía.

domingo, 13 de enero de 2008

Lo que queda



Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.


Ángel González.
1922-2008


Murió ayer. Lo que queda: un resto de esperanza y de poesía.


Nos dejan harto consuelo sus poemas, y su memoria.


Porque ya Manrique supo que nada como la poesía para perdurar más allá del frío de la piedra en el recuerdo que arropa.

martes, 8 de enero de 2008

Reivindicación


No entiendo como este chico no es más escuchado ni más conocido, porque tanto por la música como por las letras, para mí es de los artistas mejores y perdurables del panorama musical español de todos los tiempos (aclaro que con esto me refiero, por supuesto, a mis tiempos, que para mí son todos: de los ochenta para acá).

Yo aún recuerdo que tendría 17 años cuando escuché en una discoteca (las discotecas entonces eran así, y más las de pueblo: te podían poner cualquier cosa) el "Aburrido de esperar". Y recuerdo que apenas volví a escucharla nunca más, ni en la tele, ni en la radio, ni siquiera en aquella misma discoteca, ni nada. Sólo alguna otra vez que no recuerdo, pero gracias a la que pude saber el nombre del cantante, Marc Parrot. Y como los grandes amores fugaces que nacen de un flechazo, nunca la olvidé ni nunca pude conseguirla, porque entonces no teníamos el chollo este de Internet.

Años después Marc Parrot reapareció camuflado, gracias a la publicidad y el markéting, en una graciosa pirueta en la que parecía reirse pero aprovecharse de todo eso, transformado en "El chaval de la Peca", su alter ego hortera y más allá de lo comercial a lo que él nunca pareció ni rendirse ni venderse, y que supongo que le dio dinero suficiente para volver a hacer lo que quería y lo que le gustaba, aunque ahora lo haga en catalán y a mí me pille más lejos.

Sus letras son verdaderos poemas que recorren los rincones más recónditos, oscuros y auténticos del alma humana." Solo para locos "y "Solo para niños" son dos discos originales, sorprendentes, atrevidos, coherentes, rebeldes y auténticos. Rompecabezas y Dos maletas son mucho más directamente líricos (los otros dos lo eran también, pero a base de piruetas), y los cuatro están musicalmente elaborados con mucha pulcritud.

En todos ellos, Marc Parrot sabe. de distintas maneras, expresar de forma renovada, original, auténtica y sensible (pero para nada sensiblera o tópica) el amor, el desamor, el sentirse raro o solo, el rozar la depresión o la locura, el desconcierto ante el mundo, la necesidad de indagar y reconstruir en el pasado para indagar y reconstruirse a uno mismo, el tránsito de los caminos de las afueras, los de ida y los de vuelta, la nostalgia radical de la infancia o la locura como forma de rechazar todo lo que vino después....

Me encantan, y los sigo escuchando y reescuchando continuamente, los cuatro, gracias a un compañero que me los consiguió hará unos cuatro años. Algunas de mis muy más preferidas -que dirían los ingleses- podrían ser:

-"Todo": preciosa canción de amor (todo lo que tengo que decir sabré decírtelo en silencio, todo lo que quiero descubrir está en el fondo de tus sueños)

-"Dentro del armario" (fuera tengo miedo y no entiendo nada, no quiero salir de aquí, dentro del armario no hay tiempo ni hay trampa, solo está mi amor por ti, el mal no puede entrar y nadie nos puede hacer daño aqui

-"Cuando pase el tiempo..."(Estaremos muy juntos para no darnos cuenta de cómo el tiempo nos cambia Y seremos los reyes de un país en el que no existe el mañana Y cuando pase el tiempo te seguiré queriendo...)

-"Tomo el sol": Tomo el sol sentado en las aceras, apuesto a los chinos con los chicos del bar,persigo lagartijas por la carretera,voy llamando a los timbres para molestar.Hubo un tiempo en el que todo tenía sentido y todo lo que hacía lo creía de verdad. Pero ahora sé que el engaño es hermoso, y pensar que fui feliz hoy me da risa...

-"Mi nueva madre" :esta canción parece ser que en algún momento fue escandalosa, porque la crítica o el público no la entendió, y tomó lo que era la evocación de una novia maternal por una declaración incestuosa (A su lado soy niño, a su lado soy hombre, a su lado soy sabio,a su lado soy torpe, cuando huelo su cuello, cuando siento sus manos, cuando me ata las botas, cuando estudia mi cara, cuando estoy enfermo, cuando estoy cansado, cuando estoy contento, cuando estoy callado, cuando estoy con ella todo tiene sentido,cuando no está conmigo estoy perdido...)

-"Tengo un agujero": Tengo una luz que a veces se apaga Tengo una fuerza que a veces me ataca Tengo la bestia que devora mis entrañas Tengo cadenas y tengo fantasmas Tengo un agujero, no se cómo taparlo Tengo un agujero, no se cómo se ha hecho...

-"El conjuro" :ésta es genial, realmente genial. Una oda al no crecer. (Dice mi tía Mariana, que un día de estos tendré que cambiar Empezaré a crecer, empezaré a dudar, empezaré a dejar Y dejaré de empezar Querida gitana ¿cuál es el conjuro para sortear el futuro? Querida gitana ¿qué puedo hacer para dejar de crecer? Enterrar una sardina, trocear un moscardón Despedazar una rana, fumar piel de banana Mezclar sodio con agua, escupir por la ventana Patinar por los pasillo Y saltar sobre la cama Si haces lo que digo podrás continuar sin odios ni rencores ni penas que ocultar Si no lo haces me dice la bola de cristal que en unos años tus ojos se van a llenar de sal...)

-"Mis botas" (No me llevan nunca por donde yo creo que hay que ir Siempre escogen el camino más dificil de seguir Dejan a través del tiempo una estela singular Que no puedo predecir, ni tan siquiera imaginar Pero me ayudan a escapar )

-"Mientras duermo": (Mientras duermo amanece en un país lejano y te llevo conmigo cogida de la mano a pasear por las calles en las que jugué... )

Pero también son imprescindibles "Aburrido de esperar", "Mi corazón", "Rompecabezas" o "Sopa de letras". Muchas, muchas imprescindibles. Si podéis, no os lo perdáis. Y si os gusta, recomendadlo y reivindicadlo.



Aburrido de esperar



Quiero ser silvestre


Juego con fuego


Mi casa

Y reivindico también, ya de paso, al "Chaval de la Peca".Hale.

sábado, 5 de enero de 2008

Magia


Cuando una tiene seis, siete u ocho años -depende de la suerte de cada uno, pero no suele retrasarse mucho más- descubre que los Reyes Magos a los que ha estado esperando, con los nervios casi en la garganta, la noche de cada 5 de enero de todos los años de su vida, son un timo, un fiasco, un engaño urdido por un complot universal que le ha hecho creer -pero como pudiste ser tan tonta- en la magia. Y a pesar de que una había visto ciertas cosas extrañas -ninguna explicación coherente o mínimamente aceptable a que estén en varios sitios a la vez o a que les dé tiempo de llegar a todas las casas de todos los niños de todos los países del mundo- todo te lo explican con la "magia" multiusos, omnipotente e incuestionable en la que tú debes y quieres creer. Y te lo crees, claro. Porque lo más difícil de este mundo es atreverse a no creer.

Mi hermana y mi tía cuentan siempre como una vez, siendo mi hermana pequeñita, mi tía la llevó a la cabalgata de Reyes del pueblo, y la niña estaba muy extrañada porque los amigos de mi tía llamaban al rey Baltasar "Pato" y decían que "cómo iba" y no sé qué. El tal Pato era el mote de uno de los piezas de mi pueblo, que tenía que hacer de rey negro y que no tuvo mejor ocurrencia que empinar el codo antes del evento, hasta el punto de ir en la cabalgata cayéndose hacia los lados.

Y yo recuerdo que hubo un año que yo quería un regalo -que fíjate tú, ahora no puedo recordar- y los Reyes no me lo trajeron. En su lugar, me dejaron una guitarra y una carta en la que me explicaban el porqué. Recuerdo hoy la guitarra porque recuerdo la carta, y porque recuerdo que cuando una prima mía bastante mayor me dijo con bastante malicia que los Reyes Magos eran los padres, uno de los principales argumentos en los que se apoyó al principio mi tozuda pero efímera credulidad, fue aquella carta, cuya letra se reveló repentina y sospechosamente como muy similar a la de mi tía..

Así que desde los seis, siete u ocho años uno crece ya arrojado al frío y desnudo escepticismo y la áspera decepción de que la magia no existe, pero sin demasiado rencor hacia el mundo y su complot, porque al fin y al cabo, existen los regalos.

Y ese es el quid de la magia. No existe, pero existen sus efectos.

La RAE dice:

magia.

(Del lat. magīa, y este del gr. μαγεία).


1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.

2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.

Pero yo no estoy de acuerdo del todo con esta definición. Me parece mucho más acertada y adecuada la que daba un artículo que proponían para comentario en algún examen de Lengua de las pruebas de selectividad de alguno de los últimos años. Allí se definía magia como el paso inmediato a las consecuencias obviando los pasos intermedios, es decir, las causas. Los seres humanos hablamos de magia cuando algo sucede sin que podamos percibir sus causas, y por ello la magia es "ilusion" y los magos "ilusionistas": porque no es que no haya causas, es, simplemente, que no podemos verlas. Y por tanto, una vez que tú descubres las causas ocultas para los demás, y llegas a controlarlas sin que éstos se enteren, te conviertes en mago. Porque la magia no existe, pero existen los regalos. Existen las consecuencias.

La magia existe. Suceden en nuestra vida y a nuestro alrededor cosas cuyas causas no podemos percibir. Pero suceden. Y si queremos controlar que sucedan o que dejen de suceder, solo tenemos que percibir, y luego intentar controlar, las causas.

Y a veces, para lograr cambiar algo de tu vida como por arte de magia, solo tienes que actuar sobre sus causas, y para ello a veces solo tienes que hacer dos cosas muy muy simples, pero no tan fáciles como pueda parecer:
  1. Querer realmente, pero de verdad, de verdad, hasta la profundidad del inconsciente, que algo suceda o que no suceda.

  2. Creer, pero de verdad, de verdad, hasta la profundidad del inconsciente, que tú mereces que eso suceda o que no suceda.


Y si a partir de los seis, siete u ocho años tienes que convivir con la áspera verdad de que los reyes magos eran y son los padres, a partir de cierta edad tienes que asumir que tu reina maga eres tú. Y comprender que aunque no hayas sido siempre buena, ni todo lo buena que pudieras o debieras haber sido, sería más justo fijarte en todo lo que has hecho bien, y entender que nadie puede vivir a gusto con tanto carbón. Y traerte por fin eso que te has atrevido a pedirte.

Yo el año pasado me lo traje. Casi sin querer, lo reconozco, pero me lo traje. Y este año, me he pasado los últimos meses pensando en mi carta a la reina maga que hay en mí. Y ya sé lo que quiero, y me he convencido de que lo quiero, de verdad, de verdad, aunque mi subconsciente sea tan capullo y tan pesado. Así que me he escudriñado para buscar sus causas, y para intentar controlarlas aunque sea sin la destreza y la rapidez de un prestidigitador. Y aunque no he sido para nada todo lo buena que pudiera y que debiera haber sido, aunque no todo lo haya hecho bien, y aunque incluso haya hecho algunas cosas realmente mal -pero nada que no tenga remedio, por suerte-, como ha habido algunas que sí que las he hecho bien, y teniendo en cuenta mi sincero propósito de enmienda, me he decidido a traérme esa cosa que por fin me he decidido a querer. Aunque sea una cosa que no me puedo traer en una noche, y encontrarla por la mañaña en el salón para ser abierta y para ser mía para siempre. Es algo que deberé traerme cada noche, confiando en la magia, y ser feliz al encontrarla cada mañana, y estar muy agradecida a mi reina maga, consciente de que de ella, y de mí, depende que no la pierda una noche, cualquier noche, por un descuido o una bajada de guardia. Y que debo saber merecerla, cuidarla, conservarla, y hacer de cada noche, noche de reyes, y de regalo, y de magia. Que no existe, pero existen las consecuencias, que son las que importan.


Que el año nuevo es una fecha tan buena como cualquier otra para empezar a cambiar algunas cosas. A golpe de magia.


Ojalá.


Eso sí: esta año prometo intentar ser más buena. Con el corazón lo digo, de verdad.

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